Chile y Argentina comparten más de 5.300 kilómetros de frontera, la mayor parte trazada sobre la cordillera de los Andes, pero el tramo austral —desde el canal Beagle hasta Campos de Hielo Sur— ha sido históricamente el más disputado. No es un problema nuevo ni exclusivo de un color político: gobiernos de todo signo, en ambos países, han enfrentado episodios de tensión limítrofe en esa zona, muchas veces sin relación directa con la orientación ideológica de sus mandatarios. La crisis actual por el Estrecho de Magallanes se inscribe en esa misma lógica y, para dimensionar su gravedad, conviene repasar los antecedentes que la anteceden.
La guerra que no fue
La disputa limítrofe austral tiene precedentes que se remontan a mediados del siglo XX. En 1958 ocurrió el incidente del islote Snipe, y en 1965 la muerte del teniente de Carabineros Hernán Merino Correa en Laguna del Desierto detonó manifestaciones antiargentinas en Santiago y sobrevuelos militares sobre buques trasandinos. Dos años después, en 1967, una torpedera chilena se desvió de su ruta e ingresó a la bahía de Ushuaia durante maniobras militares argentinas anunciadas con anticipación.
El punto más álgido llegó por las islas Picton, Nueva y Lennox, en el canal Beagle. Un laudo arbitral británico de 1977 favoreció a Chile, pero Argentina lo rechazó y, hacia fines de 1978, ambos países estuvieron al borde de un enfrentamiento armado. La mediación de Juan Pablo II evitó la guerra, y en 1984 se firmó el Tratado de Paz y Amistad que fijó la soberanía chilena sobre las islas.
La paz con cuentas pendientes
El tratado de 1984 no cerró todos los frentes. En 1991 ambos países suscribieron una declaración con 24 puntos limítrofes por resolver, entre ellos Laguna del Desierto y Campos de Hielo Sur. El arbitraje de 1994 adjudicó casi la totalidad de la zona de Laguna del Desierto a Argentina, fallo que Chile terminó aceptando tras una apelación rechazada. En 1998 se firmó un acuerdo para precisar el límite en Campos de Hielo Sur, pero dejó sin definir un sector de unos 1.000 kilómetros cuadrados entre el monte Fitz Roy y el cerro Daudet, controversia que sigue abierta hasta hoy.
El decreto pendiente
En 2021, durante el gobierno de Alberto Fernández, Argentina aprobó el Decreto 457, que fijó su Directiva de Política de Defensa Nacional. El texto habla de fortalecer la exploración y el "control conjunto" de espacios compartidos, incluyendo al Estrecho de Magallanes y al Mar de Hoces —o de Drake—, lo que generó reparos desde Chile apenas se conoció.
A ese decreto se suma otro, el 256 de 2010, que exige autorización a naves que naveguen entre puertos argentinos y las Malvinas: seis excomandantes en jefe de la Armada chilena han advertido que esa norma también afecta la libertad de navegación en la zona.
La chispa de 2026
La polémica volvió a instalarse este año luego de que el jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea argentina, brigadier general Gustavo Valverde, planteara en un podcast, a fines de agosto, la soberanía de su país sobre el estrecho. Chile respondió con una nota de protesta formal y una ofensiva de ministros para exigir la derogación del decreto de 2021.
Chile responde con maniobras navales
Días antes de recibir a Milei, Kast viajó a Punta Arenas y encabezó una demostración de fuerza a bordo de la fragata Prat: maniobras tácticas, ejercicios antisubmarinos, operaciones de abordaje y fuego real de la Armada. Desde ahí afirmó que Argentina "no tiene ni tendrá jamás" soberanía ni control sobre el estrecho. El propio gobierno de Milei intentó bajarle el perfil al episodio y calificó los dichos de Valverde como "desprolijos".
Bilateral exprés, gesto esquivo
El 3 de septiembre, Milei llegó a La Moneda para reunirse con Kast: era su primera visita al palacio presidencial desde que este asumió el cargo. El encuentro duró menos de 50 minutos —el más breve de los tres que han sostenido en el año— y no arrojó definiciones sobre el decreto. Pese a que el ministro de Defensa, Fernando Barros, había asegurado que Argentina tenía listo un texto para derogarlo desde marzo, solo faltaba la firma de Milei, esta nunca se concretó durante la visita.
Horas después se difundió una declaración conjunta en la que ambos gobiernos reafirmaron la vigencia de los tratados de 1881 y 1984 sobre el estrecho, a cambio de que Chile reiterara su respaldo a la soberanía argentina sobre las Malvinas.
Milei mira al Atlántico
Esa misma noche, ya en Buenos Aires, Milei encabezó una cadena nacional centrada en las Malvinas: anunció sanciones a petroleras que operen en aguas de las islas, una nueva base naval en Tierra del Fuego y un Consejo de Seguridad Nacional, apoyándose en insinuaciones previas de Donald Trump sobre una eventual revisión de la neutralidad de Washington en la disputa. El protagonismo se lo llevó el Atlántico Sur, no el Pacífico ni el Estrecho.
El lapsus de Bullrich
La calma duró apenas dos días. El 5 de septiembre, la senadora y ex ministra de Seguridad Patricia Bullrich, en entrevista con Radio Mitre, incluyó al Estrecho de Magallanes entre los puntos estratégicos que Argentina debía "controlar" para reforzar su presencia en el Atlántico Sur. La mención, hecha apenas horas después de la declaración conjunta que daba por zanjado el tema, reabrió de inmediato el reclamo en Chile.
Bullrich debió salir a corregir sus palabras al día siguiente: envió una comunicación al embajador chileno en Buenos Aires atribuyendo el traspié a una "confusión de nombres" —dijo haber querido referirse al canal Beagle— y pidió que sus disculpas llegaran hasta Kast. La secuencia no convenció a todos: el diputado Álvaro Carter resumió el hartazgo de un sector con una frase corta: "A los argentinos ya no les creo nada".
El costo político para Kast
Días después, Kast explicó en Radio ADN por qué no le exigió a Milei firmar la derogación durante la visita a Chile, y remarcó que la soberanía chilena "no tiene ni tendrá jamás" cuestionamiento válido desde Argentina.
La última encuesta Cadem difundida el fin de semana mostró que un 47% de los consultados considera que Kast manejó mal la crisis.
Un prontuario de fricciones
La relación bilateral acumula además otros roces menores que rara vez escalan: la disputa por Laguna del Desierto, resuelta por arbitraje en 1994 a favor de Argentina; el litigio nunca cerrado del todo en Campos de Hielo Sur; y, ya en democracia, tensiones puntuales por cortes unilaterales de gas argentino a comienzos de los 2000 y diferencias recurrentes en materia migratoria. Ninguno, sin embargo, alcanzó la intensidad del actual conflicto por el Estrecho de Magallanes.
La secuencia deja una relación bilateral tensionada por partida doble: un problema limítrofe no resuelto desde hace más de dos décadas y una afinidad ideológica entre mandatarios que no se tradujo en gestos concretos hacia Chile. Es, en ese sentido, el episodio de mayor fricción entre ambos países desde la crisis del Beagle en 1978.





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