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Martes, 6 de Octubre de 2026
[Revisión del VAR]

Una gira para perder algo más que partidos

Roberto Rabi González (*)

¿Qué podemos esperar de Chile? Que termine la gira y empecemos en serio a tomar las decisiones definitivas, con expectativas serias y trabajo a mediano y largo plazo. La renovación no consiste en convocar futbolistas jóvenes ni en sumar apellidos que juegan en el extranjero. Consiste en construir un equipo.

La gira de la selección chilena por Norteamérica está terminando y lo que pase hoy frente a México no debería cambiar mucho las conclusiones. La principal de ellas es que la reconstrucción de la Roja no está funcionando.

Porque perder con Canadá por 1-0 y con Estados Unidos por 4-2 no constituye, por sí mismo, una tragedia deportiva. Son selecciones que han desarrollado proyectos, ampliado sus universos de jugadores y cuentan con estructuras competitivas que Chile debería observar con atención. Además, y aunque nos cueste creerlo manoteando la historia, son mucho mejores selecciones que la nuestra. El ranking Fifa las ubica en las posiciones 27  y 16, respectivamente, mientras Chile no aparece en el top 50, sino que se codea con Costa Rica y Uzbekistán. Entonces perder cuando es lógico que pierdas no es drama. Por eso tampoco cambiará mucho el diagnóstico lo que pase con México, que —pese a su mal momento relativo— está en el décimo lugar. Ganarles sería una sorpresa que no encajaría con lo que hemos visto, una real anomalía. Perder, más de lo mismo. Seguimos siendo un cuadro que viene de terminar último en las eliminatorias sudamericanas, que no estuvo en el Mundial de 2026 y que todavía no consigue transmitir una idea clara sobre el camino que pretende recorrer hacia 2030. Todo en un medio en que el principal debate es si un nuevo técnico podría hacer algo que valga la pena o si, con los jugadores que tenemos, estamos absoluta y totalmente desahuciados. 

La gira tenía, al menos en el papel, una virtud: enfrentar a los tres países organizadores del último Mundial. Era una oportunidad para medirse con realidades, como dijimos, muy superiores a la nuestra, observar jugadores y comenzar a construir una identidad. Pero una gira no se transformó en un proyecto por el solo hecho de acumular kilómetros, disputar amistosos y publicar fotografías de los entrenamientos. Para que tenga sentido debe existir una dirección, una planificación y, sobre todo, una idea de selección.

Y ahí aparece el primer problema. Nicolás Córdova sigue conduciendo un equipo cuyo futuro técnico permanece sin resolver. No se trata de desconocer su trabajo ni de exigirle que produzca resultados milagrosos con un plantel en transición. Se trata de entender que una selección nacional no puede vivir indefinidamente en la provisionalidad. La interinidad puede ser una herramienta para ordenar una transición, pero no puede convertirse en la política deportiva de una federación.

La derrota ante Estados Unidos, después de la caída frente a Canadá, volvió a mostrar las dificultades de Chile para competir con continuidad. Hubo momentos de respuesta, incluso capacidad para marcar dos goles, pero también fragilidad defensiva y problemas para sostener el partido. No basta con rescatar pasajes aislados ni con convertir cada gol en una señal de progreso. La evaluación debe considerar el funcionamiento completo, la capacidad de adaptación y la consistencia de una selección que necesita recuperar competitividad.

A ese escenario se agregó el episodio de Marcelino Núñez, cuya salida de la concentración por motivos personales, según la comunicación oficial, terminó rodeada de versiones y controversias sobre su relación con el entrenador y su condición dentro del equipo. Más allá de las responsabilidades individuales, el episodio volvió a poner en evidencia la fragilidad de una institucionalidad que parece reaccionar tarde y comunicar todavía peor. Una selección no puede depender de trascendidos para explicar sus conflictos. La autoridad técnica debe ser reconocible y la conducción dirigencial debe hacerse presente cuando corresponde. Todo un entorno total y absolutamente incompatible con la idea de una selección que quiere volver a ser un protagonista del fútbol de elite.

El partido con México llega, entonces, en un momento en que cuesta pensar que sentido tiene todo a estas alturas. La selección local también atraviesa una transición: Rafael Márquez comienza su trabajo como entrenador y todavía busca consolidar una propuesta. Su equipo viene de empatar con Colombia y Perú y de recibir un contundente 3-0 ante Estados Unidos. No enfrentaremos, por tanto, a una selección mexicana instalada en certezas, sino a un equipo que también necesita respuestas.

¿Qué podemos esperar de Chile? Que termine la gira y empecemos en serio a tomar las decisiones definitivas, con expectativas serias y trabajo a mediano y largo plazo. La renovación no consiste en convocar futbolistas jóvenes ni en sumar apellidos que juegan en el extranjero. Consiste en construir un equipo. Y eso exige  definir un cuerpo técnico, establecer criterios de convocatoria, desarrollar una política de selecciones y recuperar una relación de confianza entre los jugadores, el entrenador y la federación. Sin eso, cada fecha FIFA será una excursión que empieza y termina sin dejar demasiado.

La Roja no necesita giras para sacarse fotografías en estadios mundialistas. Necesita un proyecto que algún día permita volver a jugar en serio en ellos.

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