Charles Aránguiz

Hoy el proceso es otro. Apenas un jugador destaca, el objetivo deja de ser consolidarlo y pasa a ser venderlo. El club necesita recursos; el representante busca una oportunidad; el futbolista entiende que quedarse puede significar perder el tren hacia Europa. Todos tienen razones atendibles. El resultado, sin embargo, es devastador para el campeonato. Los hinchas apenas alcanzan a aprender el nombre de una promesa cuando ya está haciendo las maletas.

La clasificación al Mundial Sub 17 es, sin duda, una buena noticia. Pero sería un error tratarla como un triunfo en sí mismo. Es, en realidad, un punto de partida. Y lo determinante no estará en lo que haga la Sub 17 en la cancha, sino en lo que el sistema haga con ella cuando las luces del torneo se apaguen.

"En un país donde se discute el salario mínimo, el derecho a la salud y la protección laboral en múltiples rubros, ¿por qué el fútbol, que genera ingresos millonarios en sus divisiones superiores, sigue tolerando esta desigualdad interna tan brutal? La ANFP y el SIFUP podrían —y deberían— exigir un piso mínimo contractual y previsional para cualquier jugador inscrito en el fútbol profesional, independientemente de la división".


