Pelé

La popularización del fútbol entre las masas favoreció su irrupción en la arena política. Los primeros Gobiernos de corte populista, como el de Getúlio Vargas en Brasil o el de Juan Domingo Perón en Argentina, usaron el deporte como herramienta de cohesión nacional y de propaganda. La construcción de estadios, el impulso de los clubes y las selecciones nacionales y el desarrollo de las competiciones formarían parte de una política de Estado a gran escala. Esta estrategia fue replicada posteriormente por las dictaduras militares latinoamericanas como instrumento de legitimación internacional. El caso más paradigmático fue el Mundial 1978 de Argentina, donde el combinado albiceleste logró su primer título mundialista.

Podría decirse que el principal atractivo de estas mediciones es la relevancia que tienen en la elección de los patrocinadores y el tratamiento de los medios de comunicación: los equipos que se encuentran en posiciones privilegiadas tienden a atraer más atención mediática y auspicios, lo que puede traducirse en mayores ingresos y oportunidades de exposición.

Edson Arantes Do Nascimento fue sepultado ayer en Sao Paulo. Detrás queda el mito del Pelé tricampeón del mundo que alcanzó la inmortalidad en México 1970. “Pusieron de manifiesto una especie de ideal platónico que ya nadie sabría encontrar de nuevo, ni siquiera los propios brasileños”.


