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Viernes, 27 de noviembre de 2020
¿Cuál es el norte?

Antes del derrumbe: Las 5 claves de un cambio de gabinete

Andrés Almeida
Laura Landaeta
Camilo Solís

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Foto: Luis Hidalgo
Foto: Luis Hidalgo

La derechización del gobierno, el fin del piñerismo como eje conductor del gabinete, la neutralización de Mario Desbordes, la mantención del rumbo social y económico, y el plebiscito como horizonte de acción. Estos son los principales ejes para explicar el 9° cambio de gabinete del segundo gobierno de Sebastián Piñera.

El 31 de julio es la fecha en que el gobierno se comprometió a hacer su cuenta pública al país, instancia en la que tradicionalmente los presidentes buscan orientar la agenda de la discusión política y hacer anuncios que refuercen sus conducciones.

Cuando faltaban solo días para ello, Sebastián Piñera tenía poco o nada que decir, frente a una crisis política de grandes proporciones dejada por la votación del retiro del 10% de las AFP en el Congreso, la cual quebró a la coalición oficialista y la sumió en el conflicto.

Es por eso que el cambio de gabinete era una necesidad ineludible antes de la cuenta pública, aunque el misterio era qué es exactamente lo que cambiaría para evitar la profundización de esa crisis y con eso la extrema vulnerabilidad en que se encuentra el gobierno.

A continuación las cinco claves de este cambio de gabinete, el 9° desde que Piñera asumió su segundo mandato, y el más profundo desde la salida de Andrés Chadwick y la llegada de Gonzalo Blumel a Interior, tras el estallido social de octubre de 2019.

1. La derechización del gobierno

Dados los niveles de represión como casi única respuesta al descontento social, la priorización de la salud de la economía -en especial los grandes grupos empresariales- por sobre la de las personas durante la pandemia, y la férrea defensa de las AFP, parecía muy difícil llevar más a la derecha al gobierno.  

Pero fue posible. 

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Foto: Luis Hidalgo
Foto: Luis Hidalgo

Esto, pues el cambio actual contempla el ingreso de varios parlamentarios de Chile Vamos que se han caracterizado por posturas crecientemente más duras.

El caso más notorio es el de Víctor Pérez, el nuevo ministro del Interior, un -hasta ayer- senador de la UDI, cuyo debut en la política fue como alcalde de Los Ángeles designado por Augusto Pinochet en 1981, a los 27 años. Dejó el cargo en 1988 para competir como diputado por el distrito 47° (correspondiente a las comunas de Los Ángeles, Laja, Santa Bárbara, entre otras) sin afiliación política a partido alguno, aunque en cupo UDI, derrotando a la carta de RN.

Más que al gremialismo puro y duro, a los Chicago Boys, a la Universidad Católica y o al neoliberalismo de Jaime Guzmán, la figura de Pérez corresponde a la de un antiguo caudillo del pinochetismo terrateniente de provincias, habiendo forjado su capital político inicial principalmente en la representación de los intereses de los grandes propietarios del valle central de la zona del Bío Bío (algo que perdura al día de hoy, a juzgar por este artículo de INTERFERENCIA El intenso lobby de los agricultores contra la reforma al Código de Aguas que involucra al senador Allamand, en el cual también está envuelto Pérez).

Así y todo, Pérez se incorporó a la UDI al cabo de su primer periodo como diputado, para las elecciones parlamentarias de 1993, en las cuales resultó reelecto en el mismo cargo. Continuó siendo diputado hasta el año 2005, cuando se presentó por su partido al cargo de senador por la circunscripción correspondiente a la región del Bío Bío. Posteriormente llegó a ser secretario general de la UDI en 2008, cuando Juan Antonio Coloma era el presidente. 

Toda esa experiencia parlamentaria y partidaria lo ha vuelto un político con cierta cintura para conversar con todo el mundo, pero Pérez nunca dejó de representar posturas duras en el Congreso, tanto en el plano valórico, como en el político y en el social.

Un ejemplo de ello es que se opuso férreamente a cambiar la declaración de principios de su partido en 2017, la que incluye la frase: “la UDI destaca el patriotismo y espíritu de servicio de las Fuerzas Armadas y de Orden de Chile, incluida su acción liberadora del once de septiembre”.

Sin ir más lejos, él, junto con Andrés Allamand, fueron los principales operadores en favor de evitar el retiro del 10% en la Comisión de Constitución del Senado, esto, al punto en que Pérez estuvo a favor de pasar al tribunal partidario a los parlamentarios que votasen rechazo: 

“Todo aquel que permita que una iniciativa dañina para las pensiones y para nuestro desarrollo económico presentada por el Partido Comunista y el Frente Amplio, sea aprobada, se autoexcluye de la UDI”, escribió recientemente en una carta a El Mercurio.

También respecto de La Araucanía, el nuevo ministro es un halcón. Tras ser nominado en Interior, Pérez señaló que tendrá una "especial atención" con lo que pase en la región, cruzada por el conflicto social. Algo lo que sonó a amenaza, dado que día a día crece la tensión ahí, con la huelga de hambre de 27 presos políticos mapuche, lo que es una olla a presión para el gobierno

“Tendré una especial preocupación por La Araucanía, merecen paz y vivir en tranquilidad. Hay que alejar a los violentos para resolver los problemas, tendremos esa principal preocupación. Yo no veo posible que todos los habitantes de esa región, que la gran mayoría, por no decir la inmensa mayoría, quiere vivir en paz y tranquilidad, no puedan a través del diálogo y la conversación, aislar a los violentistas”, dijo ayer.

Allamand también representa ese giro a la derecha.

Si alguna vez desafió al factótum de RN, Sergio Onofre Jarpa y buscó encarnar una derecha liberal -en los tiempos de la famosa Patrulla Juvenil de RN, en la que también estaban Alberto Espina, Evelyn Matthei y el propio Piñera- hoy, pasadas ya tres décadas, Allamand se parece mucho más a Jarpa que cualquiera de sus correligionarios.

De ese antiguo modo, el ex senador, y ahora canciller, buscó controlar la rebelión de los parlamentarios RN que votaron a favor del retiro del 10%, y pactó con Carlos Larraín (otro factótum del partido) y la UDI para este diseño ministerial que perjudica a los díscolos, el cual tempranamente fue motejado como el Gabinete del Rechazo.

El mote no es gratuito, dadas las notorias y férreas posturas en contra de un cambio de Constitución de los nuevos ministros, lo que lo incluye a él, tal vez el que más, dado su matrimonio con Marcela Cubillos, quien salió del Ministerio de Educación el 28 de febrero para encabezar el comando de quienes defienden la opción Rechazo en el plebiscito.

Si bien los cancilleres suelen moderar sus opiniones una vez en el cargo, la figura de Allamand derechiza al gobierno dadas sus anteriores declaraciones relacionadas a la política exterior de Chile, lo que tiene efectos -en especial- sobre la relación con Argentina.

A pocos días de realizarse las votaciones para las elecciones presidenciales de 2017, en las que finalmente Sebastián Piñera derrotó a Alejandro Guillier, Allamand realizó duras críticas a los gobiernos kirchneristas de Argentina: “Un gobierno de Guillier sería más de lo mismo y alejaría a Chile aún más de la ruta del progreso. Quizás más que a Venezuela un gobierno nos pondría en la ruta de Argentina de Kirchner y Fernández”, dijo. 

Hoy Alberto Fernández es el presidente argentino y nunca se ha reunido con Piñera.

Además la relación se augura como crecientemente difícil, considerando que está abierto un flanco de conflicto dada la publicación de mapas confeccionados en Argentina en los que se refuerza la soberanía marítima argentina sobre la Antártica, con miras a aumentar la presión sobre el Reino Unido, que administra el territorio correspondiente a las Islas Malvinas. El problema está en que los mapas argentinos consideran como propias zonas que Chile reclama.

El pasado jueves 23 de julio, el Senado de Argentina aprobó dos proyectos de ley que contemplan esta política, cuyo objetivo es reforzar “la soberanía” del país. 

El entonces canciller Teodoro Ribera emitió el 11 de mayo una nota diplomática dirigida a la Cancillería argentina y también a la ONU, en la que se señala que las pretensiones trasandinas colisionan con las chilenas, además de ser una declaración unilateral por parte de Argentina.

Pese a lo anterior, fuentes cercanas a Allamand señalan que el ex senador ha evaluado la acción de Ribera como "débil" frente a Argentina.

Respecto de Venezuela, Allamand salió a defender la infructuosa ida de Piñera a Cúcuta, Colombia, el día en que se intentó la intervención de Estados Unidos a través del envío no solicitado de ayuda humanitaria. "Apoyar a [Juan] Guaidó en una de sus iniciativas más importantes no es ningún fracaso, sino un testimonio de una convicción: apoyar a la oposición venezolana para lograr la salida de [Nicolás] Maduro", dijo el entonces senador Allamand en un artículo de La Tercera de respaldo al mandatario.

Jaime Bellolio es el tercer nuevo ministro político del cambio de gabinete que proviene del Congreso, quien llega a la Secretaría General de Gobierno. Aunque en algún momento representó una mirada fresca en la UDI e incluso se inclinó por el Apruebo, hoy cambió de postura y está por el Rechazo, según él por dos razones: 

"La primera, es que el país que teníamos después del 18 de octubre nos exigía un pacto que permitiera generar más paz social y democracia. Este ciclo virtuoso de la Constitución se estaba agotando y el éxito económico en términos de calidad de vida y reducción de la pobreza era insuficiente para las demandas. Pero ese país del 2019 fue borrado por la pandemia del 2020. El Chile que viene va a ser más pobre y más vulnerable y tenemos una obligación de hacer una reconstrucción social, económica e institucional sin la tremenda incertidumbre y las divisiones que se den en un proceso constituyente. Esto es como el boxeo: Chile no resiste otro golpe al mentón y por eso ahora votaré rechazo en octubre", dijo a Canal 13.

La primera declaración de Bellolio como ministro es justamente sobre este tema, en la que trata de sacudir al gobierno del mote del Gabinete del Rechazo: "Las opiniones que hemos dado, hoy día quienes somos ministros y que en el pasado fuimos diputados, lo hacíamos a título personal, y hoy día lo hacemos a nombre del gobierno y el gobierno quiere que ese plebiscito se realice tal como lo indica nuestra Constitución".

2. El fin del piñerismo como eje conductor del gabinete

Este fue un cambio de gabinete 100% político, en estricto sentido, al punto en que son varios los analistas que dicen que su razón de ser fue para aplacar el conflicto interno de los partidos oficialistas y contener a los rebeldes, más que para trazar una agenda de gobierno que le permita a Piñera gobernar hasta marzo de 2022.

Como juego de poder, el cambio de gabinete expresa exactamente el reordenamiento de la derecha tras la crisis por el retiro del 10% de las AFP, el que se produjo a través de una reagrupación de las fuerzas más tradicionales de la UDI y RN bajo las trincheras del Rechazo y del contro del sector.

De tal modo, la UDI puso a uno de los suyos en Interior, algo que venía buscando con fuerza desde al menos principios de julio, cuando su presidenta, Jacqueline van Rysselberghe, lanzó duras críticas contra Gonzalo Blumel. Además, el partido consiguió también instalar en La Moneda a Bellolio, con lo que puede sentirse plenamente identificada en el gobierno, incluso respecto de sus sensibilidades internas.

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Foto: Luis Hidalgo
Foto: Luis Hidalgo

Los poderosos de RN también lograron lo suyo, al descomprimir la tensión del partido al sacar de su discusión interna a Allamand y -en especial- a Mario Desbordes, al llevarlos a ambos a las carteras de Relaciones Exteriores y Defensa. Con esto gana Carlos Larraín, quien queda libre para ordenar el partido como siempre ha sabido hacerlo. 

Si bien ninguna de estas carteras acercan a sus ministros al juego de poder, al parecer RN queda tranquilo al lograr que Cristián Monckeberg integre el gabinete político, al convertirse en ministro de la Secretaría General de la Presidencia.

Por otra parte Allamand -quien empujó este diseño- cumplió con un viejo sueño; ser canciller, algo que Piñera se lo venía negando desde el primer gobierno, cuando puso en ese lugar a Alfredo Moreno.

Evópoli, por su parte, es el gran perdedor. Pierde a Blumel y con eso toda incidencia en el gabinete político, aunque se queda con Ignacio Briones en Hacienda, pero en un escenario en que la trama es enteramente política, y nunca se habló de cambiar el equipo económico.

La pregunta es entonces, ¿dónde está Piñera dentro de todo esto?

Aunque no se conocen los detalles de la negociación, es claro que los nombres del nuevo gabinete son cosa de los partidos.

Pérez es el ministro de Interior menos cercano que haya tenido Piñera en sus dos administraciones; Es menos cercano que Chadwick, Rodrigo Hinzpeter, o el propio Blumel, quien accedió al cargo sin peso político propio ni experiencia, por lo que se limitó a seguir los designios de su jefe, sin que haya podido plantar ninguna de las ideas madre de Evolución Política, y sobre quien además pesan acusaciones graves por violaciones a los derechos humanos por no haber podido controlar nunca a Carabineros.   

También en la ecuación hay que contar que Piñera pierde a Karla Rubilar, quien tras abandonar la vocería, tomó el Ministerio de Desarrollo Social como premio de consuelo, tal como lo hizo en su momento Cecilia Pérez con el Ministerio del Deporte, dejando además, sin mujeres la conducción política. 

¿Gobernaran los partidos oficialistas en nombre de Piñera ? Es temprano para evaluarlo, en especial dada la personalidad del Presidente, pero lo que es claro es que no tuvo la fuerza como para que esta vez no se le metieran hasta la cocina.

3. La neutralización de Mario Desbordes

El destino de Mario Desbordes como ministro de Defensa, y ex diputado líder de la revuelta pro-retiro del 10% de las AFP y ex presidente de RN, puede ser visto como parte de esta toma de posiciones de los poderosos de la UDI y RN en el nuevo mapa de poder.

Pero es más relevante que eso. Esto, porque hasta ayer 28 de julio de 2020, Desbordes lideraba una facción en RN y en la Cámara de Diputados, que estaba apostando por crear un polo que algunos llamaron de derecha social, que incluye a todos los diputados y senadores díscolos que votaron contra las  AFP y que además están con la opción Apruebo en el plebiscito.

Hoy esa facción ha quedado huérfana de líder, pese a que -al cierre de esta edición- sonaba con fuerza en los whatsapp de RN que la diputada desbordista Marcela Sabat, iba a tomar el puesto de Allamand en el Senado, y con ello cierta prominencia. 

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Foto: Luis Hidalgo
Foto: Luis Hidalgo

"Me extraña mucho lo que pasó con Mario, porque antes le habían ofrecido cargos en el gobierno y había dicho que no. No me lo explico, a menos que me esté faltando algo que desconozco de las negociaciones", dice un desbordista que accedió a hablar con INTERFERENCIA a condición de ofrecerle un off the record.

Según esta fuente, Desbordes tiene que haber recibido "fuertes presiones" -tal vez incluso amenazas o extorsiones- para abandonar el proyecto que estaba encabezando. Sin embargo, otros en RN señalan que el ex diputado accedió gustoso a su nuevo cargo, persuadido por Monckeberg que era su mejor opción. 

Más allá del destino personal de Desbordes -quien para muchos estará feliz de recibir honores de las Fuerzas Armadas habiendo sido oficial de Carabineros- y de sus intenciones políticas ulteriores, el resultado de su nominación en Defensa es que neutraliza en especial a los diputados que apostaron por él en la revuelta del 10% y que intentaban levantar una derecha más sensible a lo social. Algo que pudo tener mayor fuerza a propósito de la plataforma de su opción por el Apruebo en el plebiscito y teniendo en la mira las elecciones internas de RN de noviembre. 

Finalmente, con la salida de Desbordes de escena, la UDI gana un nuevo punto, pues el centro político de la derecha queda libre para Joaquín Lavín, quien corre por ese carril sin competencia, y -lo más importante- corre descafeinado de las ideas más corrosivas para el sector. 

4. La mantención del rumbo social y económico

Si este cambio de gabinete responde 100% a la esfera política, el negativo de la situación es que no hay ningún otro cambio en las otras esferas relevantes de un gobierno: la social y la económica.

Prueba de ello es que el cambio de gabinete no responde de ninguna manera a la situación social de base que produjo la crisis: la creciente situación económica desesperada de la población, frente a una pandemia que la tiene sin poder trabajar y un gobierno que no ha tomado la definición de ir en su ayuda de manera decidida.

La única cartera afecta a esta situación y que experimentó cambios de cabezas es la de Desarrollo Social, pero la llegada de Rubilar no vino acompañada de ningún cambio significativo de políticas, y pareció más bien una jugada de acomodo, para no dejarla a ella completamente fuera del tablero. 

Tampoco ha cambiado la mirada estratégica que debe integrar las distintas esferas de un gobierno. Cristián Larroulet sigue incólume en su puesto como jefe del Segundo Piso, y Briones -junto a todo el equipo económico- han sido meros espectadores de este cambio de gabinete.

En este punto, incluso varios empresarios expresaron privadamente inquietudes por la falta de una perspectiva más general del problema, señalando que el cambio de gabinete no ayuda a disminuir la incertidumbre sobre la base social y económica del problema.

5. El plebiscito de octubre como horizonte de acción

Al estar tan expuestos y abiertos los intereses del mundo político partidista en el gobierno y con una elección a menos de tres meses; el destino del gabinete parece estar atado a lo suceda en los comicios.

Si bien Bellolio puede decir todas las veces que quiera que éste no es un Gabinete del Rechazo, lo cierto es que todos quienes lo sostienen -los poderosos dentro de los partidos oficialistas- van a estar preocupados de aquello y sobre eso seguramente intentarán girar las políticas sanitarias y sociales, en contexto Covid-19.

Una derrota aplastante del Rechazo implicará una derrota también de la derecha más dura que exigió al sector agruparse tras esa definición, lo que a esta altura identifica plenamente al gobierno. Si la derrota no es tan terrible, tal vez Pérez y compañía puedan empezar a plantearse el objetivo de llegar a marzo del 2022 sin derrumbarse.

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Comentarios

Comentarios

Excelente artículo. Enfatizo , no solo el ajuste a nivel político más que económico, pero poco y nada se habla de los efectos del tablero cuando sacan parlamentarios para cargos oficialistas , lo que no altera la posición del voto, pero si violenta la elección popular, que para alguno actos se vota por personas y en casos como esto , se establece que uno vota por programas.Un acto profundamente antidemocrático .

hola los sigo

Gobierno y derecha restauradora del "orden" ya están alineados. Se la jugarán con todo contra el apruebo en el plesbicito .Las fuerzas policiales ya están aperadas de bombas, balines, nuevos Guanacos y carros de asalto. Todo indica que la represión será sin parangón. Solo queda esperar que la ciudadanía se organice y la oposición política muestre unidad en la acción.

Buen articulo

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