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Viernes, 22 de marzo de 2019
INTERFERENCIA en Venezuela

Chávez, el omnipresente

Nicolás Massai D. (Desde Caracas)

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Interferencia
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Aunque la crisis se acentúa en Venezuela, con una parte de la población que ruega por mover al oficialismo del poder, hay algo que permanecerá: los seguidores de Hugo Chávez, el ex presidente que comenzó la llamada Revolución Boliviariana, quien en el menor de los casos despierta la adhesión de uno de cada tres venezolanos. 

La casa comunal del urbanismo Hugo Chávez Frías es un bloque de concreto montado sobre una planicie. Por dentro huele a sombra y cemento. No tiene detalles finos, más allá de una enorme pintura del ex comandante en su fachada.

Sus espacios sirven para que la comunidad haga actividades culturales y ahora militares, dada la contingencia. Ahí, cerca de ocho jóvenes apenas mayores de 20 años se arrastran a punta y codo por el suelo en el patio de la entrada. Portan armas de grueso calibre. Se están enrolando en la milicia, una especie de fuerza civil preparada para defender lo que llaman la soberanía venezolana. Reciben las instrucciones de los soldados que resguardan la entrada a la casa.

En una esquina de la sede está el espacio que alberga la radio comunitaria, manejada por José Correa, un hombre negro y alto, lo suficientemente musculoso para que la manga corta de su polera quede ajustada a su brazo, un poco más abajo de su hombro.

Él, junto a otros residentes del sector -emplazado en el estado de Vargas, levantado por el plan Misión Vivienda impulsada por Hugo Chávez- forman un círculo entremedio de los micrófonos y computadores de la emisora, y empiezan a hablar de la actualidad venezolana. 

No están al aire. Se han reunido para conversar con este periodista y eso les da más libertad.

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A lo largo de dos horas criticarán al oficialismo con contundencia. Correa contará que es de izquierda, que su formación política la tuvo en Cuba y que los rusos no le generan ningún cariño: "Rusia no es mi aliado, su trigo hoy en día lo debo comprar en 3.000 bolívares".

Luego hablará de lo que está pasando con los departamentos que van quedando sin moradores dentro del urbanismo, desde que comenzó la ola migratoria de venezolanos hacia el exterior y desde la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente encargado. "Desde el 23 de enero a la fecha han habido 40 abandonos por distintas razones. Frente a eso, hay funcionarios del gobierno que creen que esto se cae mañana, y por eso están raspando la olla, tratando de quedarse con algún departamento", dirá.

Correa hablará también sobre la urgencia de un cambio, al igual que todos los presentes en esa reunión, incluyendo una militante del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que al final le pedirá a este periodista resguardar su nombre por temor a ser identificada.

Todos, sin excepción, demostrarán manejo acerca de la Constitución de 1999, la carta magna de Hugo Chávez. Se harán de ese insumo jurídico para argumentar. Así como lo hizo, a su vez, el mismo Juan Guaidó en su autoproclamación.

La militante del PSUV, después de criticar la administración del gobierno encabezado por Nicolás Maduro, dirá que "el comandante Chávez era distinto".

Unos días antes de esa junta, en el teatro Teresa Carreño, donde se realizó el programa de televisión Con el mazo dando, el conductor del espacio, Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, mencionó incontables veces a Hugo Chávez.

"Numeral Juventud Chavista", gritaba Cabello.

"¡Invencible!", respondía el público, conformado en su gran mayoría por cadetes de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas. Era una consigna para redes sociales, pues el "numeral" es la versión en español de hashtag,

Encima del mesón, desde donde conducía el programa, había un lema impreso en el que se leía lo siguiente: "#AquíNoSeHablaMalDeChávez".

Todo el programa fue en realidad una liturgia en el que el centro espiritual era Hugo Chávez Frías.

En el espacio, solo en dos oportunidades, al menos durante el primer bloque, se habló de Nicolás Maduro, pese a que una gigantografía de la foto oficial del actual presidente de Venezuela adornaba el costado izquierdo del set televisivo.

Sea en disidencia chavista o en el oficialismo más descarnado, la herencia de Chávez es evidente en la identidad de a izquierda venezolana.

Maduro no es Chávez

Dentro de algunos círculos oficialistas -a los que accedió INTERFERENCIA- no hay duda de la diferencia entre el liderazgo de Nicolás Maduro, actual presidente, y el de Hugo Chávez.

Chávez es quien comenzó la Revolución Bolivariana a partir del fallido golpe de Estado militar de 1992. En ese entonces tuvo que rendirse y como parte de la negociación de su capitulación logró poco más de 40 segundos en televisión, los que para muchos fueron claves en su popularidad. "Compañeros, lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital", dijo, haciendo del "por ahora" todo un ícono político que lo llevaría a ganar la presidencial seis años después, en una elección libre en la que obtuvo el 56% de los votos. 

Luego de ello, con una retórica envolvente y particularmente sugerente para las clases populares, y acompañado por el llamado superciclo de los precios de los commodities que elevaron el valor del petróleo a niveles inusitados y sostenidos por buen tiempo, Chávez se transformó en una máquina de ganar elecciones que terminó moldeando la institucionalidad del país a imagen y semejanza de su ideario político: el bolivariano. Un líder carismático, tanto a nivel nacional como internacional.

Su acento estuvo en lo que llamó la soberanía del país. De ese modo, nacionalizó el sector petrolero, el de mayor envergadura en Venezuela, que para sus mejores tiempos -en 2012- significó disponer de recursos frescos a partir del precio del barril, que ese año alcanzó un promedio de 103 dólares. Los presupuestos anuales de la nación bolivariana eran calculados con un valor menor al vendido, según informaron distintas fuentes ligadas al oficialismo, por lo que el saldo que quedaba se iba a políticas sociales, culturales, educacionales e incluso a un fondo de ahorro que Chávez pensaba usar cuando las cosas no anduvieran bien.

En otras palabras, tuvo billetera a su disposición para prácticamente lo que quiso, y repartió parte de la renta petrolera en programas comunitarios, bonos y subsidios.

Tanta fue su popularidad, que en su última elección presidencial (la cuarta ya) en 2012, el ex comandante le ganó al opositor Henrique Capriles por amplia mayoría, obteniendo 55% de los votos. Parecido a lo que obtuvo la primera vez. Capriles no era un aparecido: se había quedado con la gobernación del Estado de Miranda en 2007 venciendo al mismo Diosdado Cabello, iniciando así el camino que lo elevó como el primer hombre fuerte de la oposición que en el momento se vio con un liderazgo como para disputarle la presidencia a Chávez, aunque sin éxito.

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"Maduro no es carismático, es hijo de Caracas. Él no quería estar ahí, quería acompañar al comandante, pero es parte de una revolución, viene de la base sindical y tiene formación política", dice una funcionaria. 

Esta funcionaria piensa que a Maduro le ha tocado más difícil el desafío que a Chávez, por los precios del petróleo significativamente más bajos, y con 20 años de desgaste, pero que su principal problema sigue siendo que no es Hugo Chávez.

Por otra parte, muchos respetan a Maduro precisamente porque fue él a quien el propio Chávez ungió como su sucesor en 2012, cuando ya sabía que estaba mortalmente enfermo de cáncer.

Chávez, Perón

Benigno Alarcón, analista político de la Universidad Católica Andrés Bello, explica que el efecto del ex presidente se parece al que tiene hasta el día de hoy Juan Domingo Perón en Argentina.

Dice que hay un recuerdo positivo, que la gente lo sigue añorando y que en la casa de estudios han medido este tópico.

"En nuestras encuestas hemos preguntado si usted es chavista, si apoya a Maduro. En noviembre pasado, que es nuestra última medición, los que eran chavistas y apoyaban a Maduro andaban en el orden del 14%. Hoy debe ser menos. Sin embargo, el chavismo se ha mantenido entre 28 y 27% o un poco más. Cuando le preguntamos a los encuestados si es que les gustaría que Chávez siguiera gobernando, un 30% dijo que sí", dice.

Si bien Alarcón afirma que este porcentaje es mayor a cualquier popularidad de un partido de oposición, al mismo tiempo asegura que el dato no debería dejar contento al oficialismo "luego de 20 años en el poder".

Por lo mismo, el académico no cree que sea bueno para la oposición hacer guiños evidentes al chavismo, como sí lo podría hacer alguna derecha argentina hacia el peronismo.

"Una cosa es que mantengas la política de asistencia social, pero no bajo el lenguaje y la imagen de lo que hacía Chávez. Si tratas de parecer chavista, terminas perdiendo el apoyo de la oposición. La mayoría, en la actualidad, es anti-Maduro y anti-chavista", dice.

De todos modos, a comienzos de 2018, en marzo, la consultora Datanálisis cifró la popularidad del ex comandante más cercana al 50%.

Pintar a Chávez

Más allá de las cifras de unas y otras empresas de medición de la opinión pública, el chavismo en 20 años logró dejar instalada una narrativa, que se observa con un simple paseo por las calles de Caracas.

Entre el sector de museos y la Universidad Nacional Experimental de las Artes, en el barrio Bellas Artes de Caracas, se ubica un murallón de al menos tres metros de alto por unos nueve de ancho. Cualquier persona que pase caminando por ese lugar es observada por un enorme Hugo Chávez, una pieza muralista multicolor que plasmó hasta los detalles del ex presidente, como unas arrugas que tajean las bolsas que pesan abajo de sus ojos.

El creador es Nikolay Monroy, pintor conocido como Shamániko, de unos cuarenta años, chavista acérrimo, que incluso participó de la campaña presidencial de Nicolás Maduro en mayo pasado. Hace unos días estaba sentado al pie del mural que creó después de la muerte del ex comandante, calzando unas zapatillas negras con puntitos blancos, caídos ahí producto de la aplicación del aerosol sobre las paredes.

Llegó un poco tarde a la cita, miró el dibujo y dijo que necesitaba una retocada. Era cierto: estaba un poco descascarado por la humedad, pero ningún defecto en la pintura disminuía la sensación de estar siendo observado por el mismo Hugo Chávez.

"Su muerte fue lo más doloroso de mi vida", dijo Shamániko.

Su primera visita a Venezuela -nació en Colombia- fue en 2002, cuando junto a unos colegas viajaron para acompañar a Chávez luego del fallido golpe de Estado en su contra, en el que el comandante incluso fue detenido en instalaciones controladas por militares rebeldes por tensas y largas horas.

Luego Shamániko regresó en 2005, para el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Contó que para ese momento trajo una pancarta de Simón Bolívar que se destacó en medio de la multitud, y que lo hizo avanzar hasta el escenario donde estaba el ex presidente, quien lo subió y le habló al oído.

"Lo abracé y le dije 'gracias taita por unir a nuestro pueblo', y él me dijo 'tranquilo muchacho, que ahora estamos empezando y ustedes lo tienen que hacer'".

Desde entonces, este artista se dedicó a pintar figuras sociales en Venezuela, como ese gran Hugo Chávez dispuesto en un murallón del barrio Bellas Artes. Shamániko lo definió como una "transmutación del dolor", que tiene tres tipos de técnicas: brocha y pincel en el lado derecho, que estuvo a cargo del Comando Creativo; brocha y aerosol en el lado izquierdo, a cargo de Ramón Pimentel; y solo aerosol, a cargo de él.

No fue el único pintor que conversó con INTERFERENCIA la mañana de este martes frente al mural. También estaba Víctor Rodríguez, conocido como Forastero LPA, venezolano, del popular barrio de Petare y de familia chavista. Él empezó a admirar a Hugo Chávez cuando trabajaba en un Burger King casi 12 horas al día y una política del ex mandatario le bajó su horario a 8 horas, por el mismo salario.

En 2012, junto a otros compañeros, hicieron una campaña que se llamó "Chávez otro beta", una frase que llevada a un castellano más austral vendría a ser algo como "Chávez el bacán".

Los murales que pintaron en ese tiempo tenían un objetivo: sacar a Chávez de sus situaciones comunes. Lo diseñaron jugando béisbol, o clavándose en un aro de básquetbol, o arriba de una motocicleta.

Hasta que llegó 2013, el fatal 2013. Forastero LPA recorría las calles de Caracas y pensaba que el presidente no se recuperaría si es que todo el mundo rumoreaba su muerte. Por eso, pintó un mural que ya no existe, titulado "Sanando", que mostraba a Hugo Chávez en posición de meditación, sin camisa, con unos dibujos en su piel.

Desde entonces, pintar a Chávez se ha hecho más habitual que pintar a Simón Bolívar, el libertador venezolano que también tiene presencia en muchas murallas de Caracas.

El objetivo lo definieron con claridad ambos aristas: "Antes, una manera de chocarle a la derecha era pintar a Chávez. Ahora pintar a Chávez es marcar territorio".

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