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Lunes, 13 de julio de 2020
A 30 años de su muerte

Clotario Blest, el anciano de overol azul olvidado por la democracia

Manuel Salazar Salvo

Fundador de la Anef, de la CUT, del MIR, de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y del Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo, entre otras organizaciones fundamentales durante el siglo XX en Chile.

Nació bajo los últimos estertores del siglo XIX, el 17 de noviembre de 1899. Fue hijo de un militar, un padre autoritario, Ricardo Blest Ugarte, y de una profesora, sensible y devota de Cristo, Leopoldina Riffo, que lo apoyó hasta que se la llevó la muerte, en 1958. "Ella me enseñó a ser buen cristiano, era una mujer sin tacha", dijo Clotario poco antes de que a él también le tocara partir al más allá.

El hombre que se transformaría en el gran líder sindical del siglo XX vivió la pobreza desde pequeño y pudo estudiar sólo gracias a una beca. Vivió su adolescencia metido en las manifestaciones estudiantiles y de esos años data su vinculación a la Federación de Estudiantes de Chile.

Fue desde el comienzo uno más en las luchas callejeras, pero en 1920 contribuyó a fundar la Unión de Centros de la Juventud Católica, donde se transformó en su presidente. Al cumplir su mayoría de edad, Clotario Blest renunció al matrimonio y rompió su relación amorosa con una hermosa joven, que más tarde se hizo monja. La Unión de Centros duró hasta 1927 y Clotario decidió ingresar al naciente  grupo Germen, integrado por personas estudiosas del evangelio –las palabras y las enseñanzas de Cristo- y cuya influencia lo indujeron a rechazar el sistema capitalista.

Tras ser designado tesorero municipal de San Antonio, su primera organización sindical fue la Asociación de Empleados de Tesorería, donde percibió las dificultades que tenía los trabajadores del Estado para sindicalizarse. Se le ocurrió, entonces, organizarlos por medio del deporte y creó la Asociación Deportiva de Instituciones Públicas, (ADIP), que casi una década después se transformó en la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (Anef).

La fallecida escritora Mónica Echeverría, amiga y biógrafa de Blest, cuenta en su “Antihistoria de un luchador”, que en el humilde living de la casa del sindicalista colgaban las fotos de Martin Luther Kung, del abate Pierre y una imagen de Jesucristo, al que consideraba el más revolucionario de los revolucionarios. Por eso –explicaba Echeverría- Clotario no era muy amigo del sacerdote Alberto Hurtado. “Usted hace caridad”, le decía al actual santo chileno.

En 1946, por peleas entre socialistas y comunistas, se quebró la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCh). Sin instancia nacional que representara a los obreros y empleados, Clotario Blest formó la Junta Nacional de Empleados de Chile, (Junech).

En 1953 logró cristalizar su gran sueño: una central que agrupara a todos los trabajadores, la Central Única de Trabajadores, (CUT) que lo tuvo a él como primer presidente. Un año antes, en la concentración del Primero de Mayo, 50 mil personas se habían reunido para oírlo en la Plaza Bulnes. Impactados por sus palabras, comenzaron a gritar ¡Unidad! ¡Unidad! Entonces, Blest se volvió hacia los dirigentes sindicales y políticos sentados a su espalda y les dijo: "Señores, ésa es la voz del pueblo".

A partir de allí, Blest fue parroquiano frecuente de cárceles y calabozos. Estuvo 18 veces preso en su vida con un total de tres años de confinamiento bajo rejas. Siempre encabezó las movilizaciones reivindicativas promoviendo los métodos no violentos

Le hizo difícil su gobierno al presidente Carlos Ibáñez del Campo y éste no dudó en responder. Clotario debutó en prisión el 3 de mayo de 1953, precisamente por una orden del general Ibáñez, que le aplicó la Ley de Defensa de la Democracia, la llamada “Ley Maldita”.

A sus tantos encarcelamientos en esos tiempos pertenece la mayoría de las fotografías que lo muestran, manta en ristre, agarrado fuertemente por carabineros o gendarmes.

Su salida de la CUT

Junto con la década de los 60 llegaron sus últimos tiempos como líder activo. El 28 de agosto de 1961 la CUT convocó a un paro nacional. Gobernaba Jorge Alessandri y “El Paleta”, habilidoso, envió al Congreso un proyecto para revivir la temida “Ley Maldita”.

-"¡Qué le dijeron a los comunistas! Fueron inmediatamente a La Moneda a hablar con el mandatario derechista y le pidieron que retirara ese proyecto de ley. A cambio, ellos no iban al paro. Alessandri aceptó y nos hicieron fracasar el paro en forma ignominiosa", contó Clotario a fines de la década del 80.

A Blest no le quedó otra que renunciar. La misma noche de lo ocurrido redactó su carta de dimisión.

Poco antes había sido expulsado del Teatro Caupolicán en un congreso extraordinario de la CUT. Lo taparon a escupitajos y arrojaron monedas. Y con gran pesar habría llegado a su casa con intenciones de suicidarse. El impacto había sido enorme.

Luego, en su carta de renuncia, escribió:

-La unidad es la mejor arma de los trabajadores. No seré yo quien le ponga piedras y palitos en su camino a la clase trabajadora. En nombre de esa unidad renuncio a plantear ante ustedes los fundamentos de mi renuncia como presidente de la Central Única de Trabajadores.   

De allí en adelante, alejado de las cúpulas, Blest siguió teniendo un papel relevante en la vida nacional. Ingresó al movimiento Iglesia Joven, que buscaba la renovación del catolicismo bajo el prisma del Concilio Vaticano Segundo. Formó su departamento sindical e integró parte de su comité de "Los sin casa".

Más tarde, en agosto de 1965, fue uno de los fundadores del Movimiento de Izquierda Revolucionario, (MIR), de donde se marginó en diciembre de 1967.

Seis años más tarde, en 1973, en pleno gobierno de la Unidad Popular, Clotario concedió una entrevista al semanario Que Pasa, donde expresó:

-Los partidos políticos son estrechos y dogmáticos en sus apreciaciones. Además, a sus dirigentes sólo sus militantes les sirven cuando  los utilizan  para después echarlos hacia un lado. Igualmente azuzan a pelear a los jóvenes a las calles en un gesto de inconciencia extrema. Que salgan ellos, pues, sus dirigentes máximos a la calle, como lo hacíamos nosotros los sindicalistas, arriesgando nuestros propios pellejos.

Aunque siempre guardó un buen recuerdo de los presidentes con los que tuvo que lidiar, con excepción del general Augusto Pinochet, Blest nunca estuvo conforme con sus gestiones. Fue muy crítico de Eduardo Frei Montalva y de Salvador Allende.

Recordó en una oportunidad que, poco antes del golpe militar de septiembre de 1973, Allende lo invitó a La Moneda. Según Clotario, un atribulado presidente le confesó a solas aquella vez que ya no tenía mando gubernamental sobre el país, sino que lo hacían por él los partidos agrupados en la Unidad Popular.

Tras el Golpe

Los años de de la dictadura militar significaron para Clotario Blest un dolor permanente. Sin embargo, no amainaron ni su fuerza ni su entereza. En su casa, en 1974, fue uno de los fundadores de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos; se sumó a cuanta marcha por los derechos humanos y encabezó a los esmirriados obreros que se atrevieron a marchar los primeros de mayo de 1977, 1978 y 1979. Al promediar la década de los 80, se le vio siempre integrando las manifestaciones relámpago del Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo.

En esas apariciones era observado con devoción por lo  jóvenes concurrentes, que le abrían paso para que llegara hasta el escenario o lo que simulaba serlo. Su overol, su jockey y su larguísima barba blanca se transformaron en una leyenda viva para las nuevas generaciones.

Poco a poco, con la apertura política, pudo ser reconocido por multitudes. Se le invitó a los actos masivos del Primero de Mayo y a las concentraciones opositoras en el Parque O'Higgins. Vivía en su casona de Ricardo Santa Cruz y le cuidaban dos jóvenes, Oscar Ortiz y Francisco Díaz. La ANEF se preocupaba de él y para sus cumpleaños le llevaba tortas y bebidas. Una misa y visitas de dirigentes sindicales completaban el festejo.

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Funeral de Clotario Blest (Archivo Fortín Mapocho)
Funeral de Clotario Blest (Archivo Fortín Mapocho)

En 1988 fue designado presidente honorario de la Central Unitaria de Trabajadores, a cuyo congreso de apertura en Punta de Tra1ca llegó con dificultad.

Tras la crisis que obligó a un tratamiento hospitalario y a trasladarlo después, con 33 kilos de peso, a la Recoleta Franciscana (de cuya orden era seglar en su carácter de hermano tercero), halló un ambiente adecuado para su misticismo y para pensar y repensar en su anhelo de reunirse con Cristo.

Clotario Blest prometió públicamente que se cortaría su larga barba sólo cuando cayera la dictadura y el general Augusto Pinochet.

Cuenta la leyenda que en 1990, varios meses después de que asumiera Patricio Aylwin como presidente, pidió que le llevaran a su barbero.

-Don Clota, ¿le cortó la barba?

-Sí, pero sólo un poquito-, respondió el anciano sindicalista.

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