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Miércoles, 20 de noviembre de 2019
Arte vs. ciencia

Cómo la magia se ha adelantado a la neurociencia

Ricardo Martínez

En The Spectacle of Illusion, Matt Tompkins aborda de manera histórica y científica el modo en que los magos y prestidigitadores se adelantaron -siglos- a temas que luego serían cubiertos por la neurociencia contemporánea, la psicología de la atención y la percepción y las ciencias cognitivas, mostrando, una vez más, que la ley de la calle suele llevarse por delante a la academia, y que de ella todavía hay mucho que aprender.

Cualquier persona que haya viajado alguna vez en un bus interurbano entre, supongamos, San Fernando y Curicó, ha visto como el sobrecargo se empinaba en el entretecho del bus, y ponía en el reproductor de videos empotrado en dicho entretecho -en los noventas un VHS, y en este siglo un DVD o un pendrive- películas para amenizar el viaje en medio de los hoyos (llamémoslos eventos, por ahora) de la carretera y los desvíos en la ruta.

Y las cintas favoritas de estos sobrecargos resultaban ser las de Los secretos del mago, donde El Mago Enmascarado explicaba trucos como cortar a su asistente, femenina y habitualmente ligera de ropas, por el medio en una caja, o hacer desaparecer la mitad de la utilería del escenario en un solo chasquido de dedos.

El Mago Enmascarado revelaba paso a paso y toma a toma cada uno de los trucos de magia que nos han sorprendido desde siempre en la televisión o en vivo y mostraba como el mayor truco de los magos consistía en, básicamente, distraer la atención del lugar donde realmente sucede la magia (frase que usan los raperos cuando muestran por MTV sus jacuzzis de diez cuerpos), para que la audiencia se sorprenda.

Un libro publicado este año, The Spectacle of Illusion, de Matt Tompkins, editado por Thames and Hudson, abunda en este y otros trucos aprendidos sobre un bus interurbano y concluye que magos y prestidigitadores, mucho antes que psicólogos o neurocientistas, empezaron a reparar en cómo funcionan la mente y la atención humanas, y de qué manera puede engañárselas.

En una reseña para dicho libro aparecida recientemente en Science, Valerie Thompson, da cuenta de las mayores fortalezas del trabajo de Matt Tompkins, señalando entre otras cosas que este indica con claridad que “Jean Eugène Robert-Houdin, el padre de la magia moderna, argumentó que el mago no es un artista de trucos de malabares, sino un actor que interpreta el papel de alguien con poderes sobrenaturales. Los franceses usan magicien para referirse al componente sobrenatural y prestidigateur para describir a un mago con dedos ágiles. Esta distinción confunde el hecho de que lo que se percibe como magia tiene lugar no en manos del mago sino en la mente del espectador”.

La entrada sorpresiva

La mente humana, así como la de los otros animales que poseen cerebro y columna vertebral, esto es, un sistema nervioso vcntral (SNC), a los que se llama cordados, como los mamíferos, las aves, los reptiles o los peces, se enfrentan al mundo básicamente con un aparataje para percibir y actuar donde el papel fundamental lo realizan las neuronas.

Pero, como señalara en innumerables ocasiones el gran neurocientista chileno, Francisco Varela, este aparataje no procesa el mundo literalmente. Esto es, no guarda una fotocopia de cómo es el mundo externo, sino que una interpretación que pretende ser lo más adaptativa posible, aunque no sea una representación exacta de lo que hay allá afuera.

De este modo, por ejemplo, la atención, esto es, la orientación del pensamiento a algún estímulo, no es perfecta y se encuentra con muchas pifias.

Una de esas pifias fue descubierta por Alexander Dean, el teórico del teatro que publicó Fundamentals of play directing en 1946. Dean presentaba el siguiente problema: si queremos hacer que algún actor ingrese al escenario por sorpresa, de modo que las y los espectadores no noten que ha hecho su entrada ¿cómo podemos lograr que no se note su presencia? Dean y otros directores ensayaron durante muchas sesiones cómo se podía lograr y llegaron a una sorprendente conclusión: si los actores que deben entrar de sorpresa a escena lo hacen desde el lado derecho del escenario, a menudo son menos notados que los que lo hacen desde otros lados.

La explicación de este hallazgo solo ocurrió en 1980, cuando Bowers y Heilman hallaron que efectivamente nuestro cerebro humano no resulta muy eficiente para atender a sucesos que ocurren en el campo visual derecho (de ahí que casi siempre que nos pegamos inadvertidamente en el meñique con la pata de una mesa cuando vamos a buscar un vaso de agua a la cocina en medio de la noche, sea en el meñique derecho).

¿La razón? La zona básica en el cerebro que procesa la atención, que se llama LIP, está mucho más desarrollada en el hemisferio derecho (que presta atención a las imágenes del lado izquierdo) que en el hemisferio izquierdo (que presta atención a las imágenes del lado derecho).

Magos psicólogos

Todos los artífices del engaño, como magos, ladrones (lanzas) o especialistas en artes ocultas, han debido, desde hace siglos, ir de a poco descubriendo este tipo de debilidades en la manera como las personas procesamos los estímulos de nuestro entorno. Cualquier fisura en ese procesamiento puede ser aprovechada para hacer un espectáculo de magia, robarle un celular a un viandante pajarón o para hacer creer a un grupo de personas que tal gurú es un ser con poderes sobrenaturales.

Y, entonces, en el capítulo más recordable de su libro Acto Cinco: La psicología de la Ilusión, Tompkins, deja caer cómo todos estos especialistas se han adelantado a los cientistas cognitivos en el conocimiento de cómo funciona la mente humana.

Ellos, antes que nadie, se dieron cuenta de la ceguera al cambio (change blindness) que es el fenómeno que consiste en no darse cuenta de que algo en el entorno ha cambiado radicalmente. Esto sucede particularmente en uno de los más reconocidos trucos de magia, The Princess Card Trick, que incluso circula como un video de Facebook. En este truco se muestra una serie de cinco cartas de baraja inglesa (la que tiene un rey de tréboles y una reina de corazones, por ejemplo) a una persona y luego se le pide a otra persona que elija y recuerde una de esas cartas. A continuación, el mago indica que va a retirar una de esas cartas y lo hace en frente suyo con las cartas ocultas a su vista. Posteriormente le muestra las cuatro cartas que quedaron a la persona y, efectivamente su carta había sido removida del lote. ¿Cuál es la magia? De acuerdo con Thomas Nelson Downs en una publicación de 1909, lo que sucede es que el lote de cartas mostrado originalmente tenía, como se indicó, el rey de tréboles o la reina de corazones, pero en las cuatro cartas, con una removida, que se muestran al sujeto luego, ¡todas las cartas han cambiado! El rey de tréboles por un rey de picas, la reina de corazones por una reina de diamantes, y así. Como el participante no estaba quizá poniendo atención a las otras cartas diferentes a la que eligió, no se da cuenta del cambio (de ahí lo de ceguera al cambio”), y resulta engañada o engañado.

“El libro The Spectacle of Illusion combina de manera elegante la experiencia y las perspectivas tanto de los psicólogos como de los magos para ofrecer una poderosa explicación de cómo funcionan las paradojas metacognitivas a través de las ilusiones de omisión y comisión.

Todavía hay mucho que desentrañar sobre la naturaleza de los procesos cognitivos humanos, pero no hay razón para creer que no lo terminaremos haciendo. Como escribe Tompkins, “ningún psicólogo puede afirmar que la ciencia ha podido describir completamente cómo una mente humana puede construir una experiencia consciente. Pero solo porque algo debe permanecer sin explicación no significa que sea inexplicable”.

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