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Domingo, 16 de junio de 2019
Análisis

Cuenta pública: La fórmula contracíclica con que Piñera quiere reflotar la economía

Andrés Almeida

Palabras más, palabras menos, el gobierno de Sebastián Piñera será evaluado por su capacidad de traer Tiempos Mejores, como prometió en campaña. Y esto es más dinero en el bolsillo para los chilenos. Frente a un clima económico mundial adverso, el pragmatismo keynesiano indica que hay que aumentar el gasto e invertir en cosas tales como trenes...

La economía irá sobre rieles. Literalmente. Conforme lo dijo el presidente Sebastián Piñera en su segunda pública ante el Congreso, el gran anuncio económico del gobierno es un ambicioso plan de obras públicas en transportes que incluye un tren que conecta a San Antonio y Valparaíso con Santiago. Esta obra, más otras de similar naturaleza, sumarán US $ 20.000 millones durante su periodo, de los cuales US $ 4.000 serán ejecutados este año.

Se trata de una decisión que inyecta dólares y empleo a la vena de una economía que está cada vez más anémica. Esto, en un contexto internacional de guerra comercial entre China y Estados Unidos, que amenaza con mantener enfriando el comercio global por lo menos hasta la elección presidencial de 2020. 

¿De dónde saldrán los recursos para trenes, carreteras, aeropuertos y cableados 5G? El ministro de Obras Públicas Juan Andrés Fontaine, aseguró que serán principalmente concesiones, es decir inversión privada, por lo que no necesariamente se incurrirá al gasto público ¿El problema? Es que si la rentabilidad privada de los proyectos no son atractivas, o las obras no se harán, o Piñera terminará haciéndolas a cuenta de deuda pública, algo por lo que ha criticado ásperamente a su antecesora, Michelle Bachelet (y algo por lo que el país ha aumentado su clasificación de riesgo).   

Pero la necesidad tiene cara de hereje, y a lo mejor en su ida a China Piñera escuchó la clásica cita de Deng Xiao Ping; "no importa el color del gato sino que este coma ratones", con lo que un presidente de talante liberal acérrimo como él puede terminar aplicando las políticas contracíclicas de sus despreciados opositores socialdemócratas, al más puro estilo de Henry Keynes.

'Quiéranme por el 2018, no por el 2019'

Respecto del mensaje presidencial, en materia económica, Piñera realizó una evaluación de 2018 complaciente, destacando el crecimiento en torno a 4% de ese año, por encima del 1,3% de 2017, y por sobre los crecimientos del mundo y América Latina. También el presidente se aplaudió la creación de empleo (aunque no se refirió a la contracara; la destrucción de fuentes laborales, que va más rápido), la recuperación de los niveles de inversión (que ha sido más lento que la esperado) y los incrementos en las cifras de comercio internacional del sector agrícola (felices con un dólar a 700 pesos).

Sin embargo, reconoció que el 2019 será un año más "difícil". Esto, fundamentalmente por la guerra comercial, el bajo precio del cobre, el alto precio del petróleo, y el contexto latinoamericano con los decepcionantes performances de Brasil y Argentina (ambos con gobiernos de derecha y liberales) y de Venezuela. Dados esos elementos, Piñera rebajó la expectativa de crecimiento del país de 3,5%  a un número indeterminado entre ese guarismo y 3%.

Algo de lo que no habló el Presidente fue de los niveles alarmantes de desempleo, en torno al 7%, ni de otras noticias que solo la semana que pasó han alarmado a los agentes económicos, como lo fue el retroceso de Chile de 7 puestos en el ranking de competitividad de la escuela IMD, llegando a la posición 42° o el derrumbe del IPSA (que mide la actividad bursátil) de este año, que llegó a -4,39%, por debajo de los niveles alcanzados después de la primera vuelta presidencial en 2017, cuando los inversionistas no vieron como carrera corrida la elección de Piñera.

¿Qué está pasando con Chile? Esa es una pregunta que tiene intrigados a los economistas. Para algunos el modelo que tanto éxito dio al país ya se agotó y es necesario pasar a una fase de promoción del desarrollo vía financiamiento de industrias y sectores clave, como el tecnológico. Mientras que para otros, todavía se estarían sintiendo los efectos de la reforma tributaria de Michelle Bachelet que afectarían la inversión, lo que -junto con el "obstruccionismo" actual de la oposición para aprobar una contrarreforma tributaria liberalizadora de tributos para las grandes empresas- tiene al país en una especie de compás de espera para desatar las fuerzas productivas.  

Cualquiera de estas tesis no ayudan al Presidente.

El cambio del modelo hacia uno que se vea como más intervencionista por parte del Estado va en contra del ADN del Presidente y de todo su sector, aunque estar pensando en trenes da cuenta de cierta disposición arquetípica hacia el pensamiento desarrollista.

Echarle la culpa a Bachelet, por otro lado, puede ser más cómodo e incluso puede Piñera convencerse de que es cierto y convencer a muchos. Pero eso no lo va a llevar a cumplir su objetivo de llevar a Chile a los Tiempos Mejores, un eslogan que a esta altura está descartado, por alimentar expectativas irreales. El nuevo eslogan es Poner a Chile en Marcha, algo más aterrizado, pero de todas maneras exigente. Al menos no admite incumplirlo por lo que hizo o dejo de hacer Bachelet. Después de todo, Piñera fue elegido justamente para superarla.

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Y los tiempos mejores? Gracias a todos los imbéciles que votaron por el delincuente de chilezuela.

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