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Miércoles, 15 de julio de 2020
Entrevista con Pablo Casals

Director de 'Los Invasores' a propósito de 'Parasite': "Estas obras no remecen las conciencias de las elites"

Paula Huenchumil
Diego Ortiz

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 Director Pablo Casals. Foto Álvaro Venegas
Director Pablo Casals. Foto Álvaro Venegas

Los Invasores, escrita en 1963 por el dramaturgo chileno Egon Wolff, retrata como un grupo de mendigos se apropia de la mansión de un acaudalado empresario. Parasite, la película coreana ganadora de cuatro premios Oscar, relata la historia de una familia desempleada que a pulso y engaños logra instalarse al interior de la mansión de un millonario empresario. INTERFERENCIA conversó con Pablo Casals, quien dirigió la obra de Wolff el 2012, sobre las similitudes entre ambas obras y la vigencia de la lucha de clases.

El padre Kim Ki-taek, la madre Chung-sook, el hijo Ki-woo y la hija Ki-jeong ríen, beben y conversan en medio de una lujosa mansión que no les pertenece, pero que de cierta forma ya es parte de ellos. Sumidos en el desempleo y la pobreza, logran infiltrarse dentro de la millonaria familia Park al hacerse pasar por un profesor de inglés, un chofer, una psicopedagoga y una empleada doméstica. En un living enorme y bajo una luz tenue, una familia trabajadora disfruta de los privilegios de la élite surcoreana.

El China y la Toletole, dos mendigos del otro lado del río, descorchan vinos caros en una sala de la mansión de los Meyer, ubicada del lado correcto del río. De a poco y junto al resto de sus amigos mendigos logran invadir la lujosa casa; disfrutando, compartiendo y, últimamente, derribando privilegios que jamás han estado reservados para harapientos como ellos.

Dos historias similares, separadas una de otra por más de 55 años y 18 mil kilómetros, remecen a su público con una crítica profunda a una sociedad cimentada en la diferencia entre pares, a través del privilegio y la desigualdad.

La primera historia corresponde a Parasite (o Parásitos), una película surcoreana de 2019 que se ha tomado gran parte de las secciones culturales de diarios y noticieros del país y el mundo durante lo que va de esta semana. Y es que el pasado domingo 9 de febrero, la cinta dirigida por el sociólogo y cineasta Bong Joon-ho arrasó con los premios Oscar, quedándose con el premio a Mejor Película, Mejor Película Internacional, Mejor Guión Original y Mejor Director.

La segunda historia es la obra Los Invasores, escrita por el dramaturgo e ingeniero químico chileno Egon Wolff en 1963. La obra, dirigida por primera vez por Víctor Jara, es ya un clásico del teatro nacional, siendo puesta en escena en numerosas ocasiones por varios directores, la cual también generó gran revuelo en la sociedad chilena de la época, bajo el gobierno de Jorge Alessandri.

Lo contado en Parasite o en Los Invasores puede recibirse con igual fuerza en Chile o Corea del Sur, dos sociedades que se caracterizan por haber instalado férreos capitalismos tardíos bajo épocas de dictaduras de derecha.

INTERFERENCIA conversó con Pablo Casals, quien dirigió la obra Los Invasores durante el año 2012, presentándola en lugares como el GAM o el Museo de la Memoria. Casals se refirió a las similitudes entre la cinta coreana y la obra chilena, a la historia tanto de Wolff como de Los Invasores, y a la lucha de clases como motor artístico y también social, advirtiendo que la tarea del artista no termina en la pantalla del cine o en el escenario del teatro: “Tanto Parásitos como Los Invasores se enmarcan en un contexto de representación. El activismo lo hacemos en la calle”, asegura.

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Elenco de Los Invasores el año 2012
Elenco de Los Invasores el año 2012

- Los Invasores comparte mucho con la película Parasite, recientemente ganadora de cuatro premios Óscar ¿Qué opina del filme surcoreano?

- Me gustó muchísimo. Creo que naturalmente conecta, te conecta con esa y con otras tanta obras o libros o películas que están circulando por ahí. Y el logro es que es un tema con tintes internacionalistas más que propios chilenos o coreanos.

- Esa temática internacionalista, relacionada a la lucha de clases, puede quizás chocar con todo lo que simbolizan los Oscar y la academia hollywoodense ¿Qué conclusiones saca de que una película como Parasite, coreana y muy crítica, esté ganando los Oscar?

- Yo el Oscar lo dejaría a un lado, no me parece que sea tan determinante, mas si el contenido. Es triste, es triste ver que don Egon Wolff escribió el año 63 Los invasores y, hoy día, al 2020, estamos en lo mismo y no solo en Chile, sino también como podemos ver ahí en Corea. Vemos obras de Argentina, del Líbano, en fin… Están sucediendo en distintas partes del mundo. El Capitalismo es un monstruo gigante que efectivamente carcomió a gran parte de la sociedad.

- Preguntamos por los Oscar porque, más allá de que sea un premio relacionado a la concepción estadounidense del cine, uno igual podría considerar que existen mensajes en que precisamente sea esta la película que gane cuatro premios ¿no?

- Efectivamente pueden aparecer simbolismos o la conciencia o, en fin, un montón de cosas, a raíz de estos premios o de la difusión o de la distribución que pueda tener a nivel mundial.

Egon Wolff, ahí él tocó un tema en Los Invasores, un tema fundamental. Primero, él nunca quiso -y conversamos mucho de eso- que la obra fuera una apología a la violencia, eso es una cosa. Él quería atacar por otro lugar, por la conciencia. Quería que esta clase alta pudiera tener cierta conciencia a través de la culpa, en fin.

Mi pregunta es, si una película como Parásito o una obra como Los Invasores, logra remecer cierta conciencia de esta gente.

A mi me parece que no. Más allá de la discusión que haga a partir del 18 de octubre en adelante, hemos podido ver cómo la gente se sorprende por cómo vive Chile. Por lo tanto, la conciencia es compleja, compleja como para subrayar e identificar los simbolismos que funcionan. Lo ideal sería que generaran cierta conciencia y se aterrizara en hechos concretos, en acciones concretas, tanto políticas, como sociales, en fin.

- ¿Cree que Los Invasores, bajo el contexto actual de revueltas sociales, cobra aún más relevancia?

- Creo que son obras que nunca dejaron de tener una vigencia. Se invisibilizó a Egon Wolff, pero nunca dejó de tener vigencia la temática, lo que es lamentable. Todavía no nos metemos a la casa de los poderosos como se metió el China en la casa de Meyer ¿no? Creo que se dan pasos y se dan avances, pero me parece que la vigencia sigue y es lamentable. Me gustaría que fuese parte del pasado.

- Si tuviese la oportunidad de montar la obra hoy en día ¿sería de la misma manera?

- No, no sería de la misma manera. Me parece que cuando la monté en ese minuto, con Egon todavía vivo [falleción en 2016], en estas conversaciones creativas o juntas informales que hacíamos, llegamos a ciertos acuerdos. Creo que en ese minuto me faltó faltarle un poco más el respeto a la obra. Se deberían haber llevado más al chancho ciertas cosas, haber profundizado y poner en escena ciertos tintes que hemos visto del 18 de octubre en adelante.

- Sin ir más lejos, el audio que se filtra de Cecilia Morel diciendo que hay que renunciar a algunos privilegios, es una escena que perfectamente podría haber sido sacada de Los Invasores...

- Absolutamente. Y me parece que no solo el audio de Cecilia Morel: hemos visto un desfile de declaraciones y comentarios que a uno no hacen más que lastimarle el alma.

Finalmente, lo que tiene Los Invasores es que es una obra de ficción, que da cuenta de algo, es una representación. Pero todos los movimientos, las circunstancias y el contexto en el que estamos viviendo están en otro carril. Uno mucho más doloroso, mucho más penoso. Triste, pero a la vez esperanzador.

Eso no hay que perderlo de vista también; tanto Parásitos, Los Invasores, la última obra de Luis Barrales, se enmarcan en un contexto de representación. El activismo lo hacemos en la calle.

- La obra de Egon Wolff en su estreno fue dirigida por Víctor Jara y estrenada en 1963 en medio de un complejo contexto histórico en que gobernaba la derecha y se veían venir muchos cambios ¿cuál fue el impacto que tuvo?

- El impacto fue altísimo y en muchos sentidos. Víctor Jara con Wolff terminaron peleados. Egon nos contaba que dentro de su “juventud arrogante” pensaba tener la respuesta y no permitió que Víctor moviera ciertas cosas que le parecían pertinentes. Lo contaba con mucha tristeza, que prácticamente le costó su carrera, perdió muchas amistades. Un bando lo tildaba de facho, otros de comunista. Era el contexto también de los 60, y posteriormente ya sabemos qué vino.

El impacto fue alto a nivel público, pero también a nivel privado. No tengo la versión de Víctor Jara, pero sé por dónde iba, porque yo también tuve una discusión con Egon y me dijo que era la misma que había tenido que Víctor, que tenía que ver con ciertas visiones sobre todo con el final de la obra.

- ¿De qué trató esa discusión?

- El final de la obra es básicamente un sueño de Meyer: hay un sonido fuerte, se rompe la ventana como en un inicio de la obra, dejando entrever que lo que era un sueño se haría realidad. A mí me parecía tibio el final para el contexto que ya estábamos viviendo en 2012. Imagínate lo visionario que fueron con Víctor Jara el 63. Por eso me parecía que cuando dirigí la obra debí ser un poco más radical, alejándola de lo onírico, llevándola un poco más al extremo.

- Los problemas que genera la desigualdad los vemos en todo el mundo ¿cree que existe otra forma de solucionarlos o la vía es la recuperación o invasión que realiza el China y la Toletole, o los personajes coreanos?

- Es una pregunta grande, me queda como poncho. Lo veo difícil y no quiero arrogarme cierta voz. Karl Marx lo dejó muy claro, el tema de la lucha de clases, todo está atravesado por las clases. Si uno hace un reduccionismo de cualquier circunstancia vamos a llegar eso y lo que conlleva naturalmente. Las revoluciones nunca han sido pacíficas y creo que son necesarias. Nada se consiguió con marchas pacíficas. Estas luchas que estamos viendo en muchos países, como Egipto, por decir una, son luchas del pueblo.

- ¿Cómo cree que se recepcionan las demandas de estas luchas por parte de la clase dominante?

- Ese delirio que tiene la derecha o el fascismo en este país de pensar que todos los que estamos en las calles somos violentistas habla simplemente de la ignorancia. Para la clase social alta, una de sus características -no todos por supuesto- es la ignorancia y la desconexión. Imagínate que leí un tweet de alguien que escuchó a una persona saliendo del cine, diciendo, “bueno, el mensaje es claro, hay que trabajar duro para tener plata y surgir”. Entonces no entiendo nada, no entendiendo la realidad.

- ¿Quiénes cree que serían los actuales invasores?

Todos los que estamos en la calle, todos los que vamos a las marchas. Está lleno. Uno va, pasea, se junta con amigos y está lleno de Toletoles, de Chinas, está lleno. No solamente la imagen del China y la Toletole como gente más joven, sino que envejecieron también. Entonces Los Invasores hoy día son transversales en edad, en sectores sociales incluso, y no saben qué hacer. Esos otros, los del otro lado del río, no saben qué hacer.

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