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Martes, 11 de mayo de 2021
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EE.UU. Verde ¿Esta vez sí?

Andrés Almeida

Joe Biden quiere matar dos pájaros de un tiro: reactivar la economía y hacerla "verde", con una inyección billonaria de recursos en el sector energético. La apuesta choca con una tradición estadounidense que tiene poco de sustentable.

Este artículo es parte del newsletter exclusivo La Semana del pasado sábado 24 de abril, y ahora se comparte para todos los lectores.

Estados Unidos tiene poca credibilidad en la lucha por el cambio climático. El país no es solo el segundo productor mundial de CO2, el principal gas de efecto invernadero, detrás de China, sino que también su adhesión a los acuerdos internacionales ha sido débil, incompleta e incluso nula, como durante el gobierno de Donald Trump, quien sacó al país del Acuerdo de París en 2017.

Joe Biden quiere cambiar las cosas. El primer día de su mandato, mediante una orden ejecutiva, devolvió a Estados Unidos al mencionado Acuerdo que en 2015 estableció directrices y metas para aminorar la producción de gases de invernadero. Y, recientemente, lideró una cumbre mundial de 40 países para comprometerse a reducir en el plazo de una década, 50% sus emisiones respecto de las que producía en 2005, implementando un cambio radical en la matriz eléctrica del país, la cual abandonaría la producción de CO2 en 2035. Cabe mencionar que Estados Unidos producía en 2015 el 13,1% de los gases de invernadero (China el 26,6%). Según datos del Banco Mundial 2016, eso equivale a 5 millones de kt al año.

La meta de Biden es ambiciosa, si se considera que Barack Obama se comprometió en 2014 a reducir solamente un 28% de estas emisiones para 2025, algo que quedó fuera de lugar dado el triunfo electoral de Trump. De tal modo, esto atiende a la urgencia del momento en el cual el mundo está cerca de un calentamiento global promedio de 1,5° celsius por sobre la línea de base de París, que se considera catastrófico y probablemente irreversible.     

Para lograrlo, Biden ha comprometido un plan de inversión de reconversión industrial de 2,3 millones de millones de dólares, con la esperanza de motivar a otros grandes países contaminantes a mejorar sus apuestas, en especial China. Incluso ya se habla de una nueva doctrina para combatir el cambio climático en Estados Unidos, la cual -según Ben Geman, Andrew Freedman, de Axios Generate- cuenta con cuatro puntales. Según detalla el artículo La doctrina climática de Biden que emerge, estos son: 1/ convencer al mundo que el poder ejecutivo puede funcionar, esto es, actuar sin esperar acuerdos con el Congreso. 2/ Confiar en que el decepcionante aparato global diplomático puede ser efectivo, para lo cual cuenta con la carta de John Kerry, ex secretario de Estado de Obama y ex candidato presidencial demócrata, quien fue convertido en un alto funcionario diplomático para el cambio climático, y quien debe coordinar acciones conjuntas con países aliados de Estados Unidos y presionar a China. 3/ Incluir a las altas finanzas como aliados en la lucha por el cambio climático, dada la inversión anunciada. 4/ Confiar en el crecimiento de la energías limpias.

Suena bien, pero no alcanza para curar el escepticismo. En Joe Biden enfrenta una prueba importante para construir la credibilidad de EE.UU. en la cumbre climática, Oliver Milman de The Guardian, elabora argumentos que muestran que las metas de Estados Unidos no pueden estar desacopladas de lo que haga China, pues colaboran y compiten en industrias mundiales integradas, donde la energía sigue jugando un rol clave.

Finalmente, hay un frente interno que considerar. Si bien Biden está apostando por las capacidades ejecutivas de su gobierno, más allá de la legislación, The Washington Post advierte: A medida que la economía se dispara, los republicanos esperan la llegada de la "depresión de Biden" que predijo Trump. En el artículo, David J. Lynch muestra cómo los opositores al gobierno no se han opuesto firmemente a las medidas económicas dado que son populares entre los estadounidenses (67% las apoya) y porque están a la espera de que su pensamiento económico esté en lo correcto, y haga su estreno la inflación y la crispación de los mercados financieros.

Al respecto, Andrew Ross Sorkin, autor del newsletter DealBook de The New York Times y guionista de la serie Billions, ofrece a sus lectores un interesante paper que dice que rara vez la inflación sigue a las pandemias

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