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Lunes, 13 de julio de 2020
Julio de 1970

El balance de Revista Ercilla de la Reforma Agraria iniciada por Frei Montalva en 1967

Fernando Barraza

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Asentamiento campesino de Pullalli en Valparaíso. Museo Eduardo Frei
Asentamiento campesino de Pullalli en Valparaíso. Museo Eduardo Frei

Este artículo corresponde a la segunda entrega de INTERFERENCIA acerca del balance de la Reforma Agraria efectuada durante el gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva.

El gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970) dio un decidido impulso a la balbuceante reforma agraria que había iniciado su antecesor, Jorge Alessandri. Bajo el lema "La tierra para el que la trabaja" el programa de Frei buscó modernizar el agro mediante la redistribución de la tierra y la sindicalización campesina.

Una nueva Ley de Reforma Agraria, promulgada en julio de 1967 -la ley 16.640-, y la Ley 16.625, fueron los dos instrumentos legales para expropiar cerca de 1.400 predios agrícolas –unas 3,5 millones de hectáreas-, y organizar unos 400 sindicatos que agruparon a más de 100 mil campesinos.  

La ley de la Reforma Agraria estableció que nadie tenía derecho a conservar más de 80 hectáreas básicas con una calidad de tierras semejante a las existentes en el valle del Maipo o su equivalente en el resto del país. El excedente de tierras debía ser expropiado y redistribuido. Además podían ser expropiadas todas las tierras que estuvieran en manos de corporaciones o sociedades. La ley estableció también un plazo de tres años para que todo predio que fuera mal explotado podía ser también expropiado.

"La eliminación del predominio del sistema de haciendas, aunque se produzca con tumultos y dificultades, significará un progreso hacia un Chile superior y más unido, significará un mejor aprovechamiento de los aportes naturales, un nivel de vida más alto para la masa del pueblo, mayor ilustración para la nación entera, más genuina libertad y armonía más completa entre los diversos elementos de la población". 

Esta opinión no la· recogió la revista Ercilla en el afiebrado tiempo de controversia que el deceso de Hernán Mery Fuenzalida, en abril de 1970, revitalizó para la Reforma Agraria. Tampoco corresponde al pensamiento de un político destacado, ni siquiera a un compatriota. La formuló el economista norteamericano Jorge Mc Bride, en su libro “Chile, su tierra y su gente”, publicado en 1935. Tal vez el más agudo estudio crítico del agro chileno desde que, en 1542, Pedro de Valdivia repartió cinco millones de hectáreas entre cuarenta soldados españoles, inaugurando el discutido capítulo de la tenencia de la tierra en nuestro país. 

El proceso de Reforma Agraria generó tantas lupas como observadores se interesaron en su curso. "Despojo legal", para algunos; "revolución marxista", para otros; "apenas un tímido intento reformista dentro del sistema", para aquellos, nunca antes un acontecimiento fue decorado con municiones tan disímiles, disparadas con tal apasionamiento que la primera víctima tiene ya un nombre, un apellido y un sitio en la historia de estos días. 

Pero hay algo que nadie pudo negar. En los últimos cinco años el campo chileno se remeció en sus más ocultas raíces. Se batieron en retirada el Gran Señor, el inquilino, el álamo huacho, la china de trenzas, el arroyito idílico que se pierde en la noche serena. 

Ahora surgieron la huelga, la escuela, el sindicato, el villorrio, la jornada de ocho horas, el duro despertar de un campesino que aprendió a discrepar, a leer, a escribir, a plantear sus derechos y a conocer su, obligaciones. 

Luis Durand, Eduardo Barrios o Mariano Latorre ya no reconocerían la temática de sus obras criollistas. La realidad agraria que ellos escribieron, en el presente sólo reposa en las páginas de Frontera, Gran Señor y Rajadiablos o Zurzulita. Las muchas nueces justifican el mucho ruido. 

Cifras necesarias 

No es fácil divisar el bosque tras los tupidos árboles de declaraciones y contra declaraciones que se prodigan los sectores en pugna, frente al sentido y contenidos de la Reforma Agraria. No se trata sólo de animosidades personales o retóricas. El oleaje empieza a encresparse varias leguas mar adentro. 

Un hecho es cierto: en los últimos treinta años, el sector rural se deterioró gradual y aceleradamente. Mientras, en 1950, la agricultura contribuía con un 14 por ciento al ingreso geográfico total del país, trece años más tarde su aporte sólo llegaba al 9,4 por ciento. 

Si la comparación la llevamos al Comercio Exterior, los resultados son igualmente desalentadores. Hacia 1950, Chile exportaba productos agrícolas por un valor de 40 millones de dólares, y las importaciones en el mismo rubro alcanzaban a 64 millones de dólares. En 1963, las cifras señalaban 39 millones de dólares de exportaciones y 181 millones de importaciones. El balance comercial se había desmejorado de menos 23 millones de dólares en 1950, a menos 141 millones en 1963. 

Los índices de producción y las variantes en la población urbana y rural completan los colores grises de tan negro paisaje. Entre 1945 y 1959, la tasa de producción agropecuaria crecía en un 1,83 por ciento anual, mientras la población aumentaba en un 2,2 por ciento al año en el mismo período. 

En 1920, la población urbana del país llegaba a un millón 800 mil chilenos (46,6 por ciento del total de habitantes del país}, mientras la población rural ascendía a dos millones de personas (53,4 por ciento). Cuarenta años más tarde, en 1960, las cifras señalaban otra realidad: cinco millones de chilenos (65 por ciento) habitaban la zona urbana, y sólo dos millones y medio de personas (35 por ciento) residían en el sector rural. 

Tal era, a grandes brochazos, el estado de nuestra agricultura en las últimas tres décadas. Se podía discutir la receta, pero nadie osaba renegar de la necesidad de urgentes remedios. 

Discrepancias de fondo 

Las espadas contingentes que hoy se entrecruzan para juzgar la Reforma Agraria del gobierno del Presidente Frei Montalva se afilaron en ese hecho objetivo e insoslayable: el deterioro del sector rural en nuestro país. 

Para quienes concibieron, gestaron y aplicaron la Reforma Agraria, las causas de la decadencia eran claras: tenencia de la tierra (gran superficie en pocas manos, poca tierra en muchas manos), mal aprovechamiento de los recursos naturales, atraso tecnológico, carencia de un sentido regional y nacional para la explotación del agro.
Remedio: una Reforma Agraria que redistribuyera la tenencia de la tierra, intensificara el aprovechamiento de los recursos, integrara los cultivos con un sentido global e incorporara a la gran masa campesina al proceso de desarrollo económico. 

Para los empresarios agrícolas, las causas del deterioro rural tenían otros nombres: despreocupación y agravios de la política agraria del Estado, en beneficio del proceso de industrialización del país. El avance industrial lo pagaba la agricultura. 

Tónicos impostergables: adecuada política de precios, planificación crediticia, asistencia técnica. En una palabra, protección y ayuda estatal al sector agrícola. La tenencia de la tierra había que abordarla, pero no era el capítulo fundamental para encarar el desmejoramiento del sector rural. 

Tras ambos esquemas se alinearon los analistas de la realidad agraria chilena, Y de esa divergencia fundamental derivó todo el proceso contingente que en estos últimos años remeció la estructura social, política y económica del país.

Voz empresarial 

ocuaz, amable, documentado, el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, Benjamín Matte, sentado tras un grueso escritorio, intenta entregar una imagen renovada del latifundista de antaño: el empleador agrícola, una especie de "agricultor 70", estudioso, serio, entregado integralmente a su tarea, A juicio de Matte, no hay relación entre el tratamiento que el Estado dispensa al sector industrial y al sector rural. 

-Se discrimina contra la agricultura. Mientras por un receptor de radio se paga tres veces más que el valor del mismo producto en el extranjero, un litro de leche vale tres veces menos que fuera de Chile. Hace quince años, un campesino necesitaba trabajar ocho días para adquirir un par de zapatos. Hoy día debe hacerlo durante quince días.

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Benjamín Matte
Benjamín Matte

 

La inversión por hombre activo, llega a 800 escudos en la agricultura, mientras asciende a cinco mil escudos en la industria y a quince mil en la minería. Las provincias agrícolas están desmejoradas respecto a las urbanas, frente a salud, servicios, educación, comunicaciones. En Chile hay dos países: uno subdesarrollado -el rural- metido en otro desarrollado. 

Para Benjamín Matte, la Reforma Agraria es un proceso equivocado: 

-Llegó la moda estructuralista y se dijo: "15 mil propietarios han fracasado y hay que reemplazarlos". La tenencia de la tierra no es lo fundamental. Una verdadera Reforma Agraria consiste en usar integralmente los recursos del país. Existe un proyecto aero fotogramétrico, realizado en el anterior gobierno, que determina tipos de cultivo, calidad de los suelos, climas, etc. La CORA no le hace caso a ese documento. Veinte millones de hectáreas erosionadas son una acusación a los gobiernos de los últimos treinta años. Actualmente nos olvidamos de que somos un país ganadero, pesquero, forestal y agrícola. Se exportan proteínas de pescado a 200 pesos el kilo y hay que importar proteínas animales a 10 escudos el kilo. Yo no entiendo eso. Y eso también es Reforma Agraria. 

A juicio de Matte, los agricultores no le tienen miedo a un proceso de Reforma Agraria: 

-En el campesinado se ha hecho un avance fundamental, que no negamos. Hemos tenido peleas con "Fiducia", porque ellos creen que la propiedad es un derecho divino. Nosotros, no. Soy dueño de la tierra, si doy trabajo y justicia social; de lo contrario, no. Comprendemos la dignificación del campesino. Todos hemos nacido para ser ricos, no es malo serlo. Ya no se trata de regalarles terneros viejos a los inquilinos del fundo de la Totó. Hay que crear una estrategia de desarrollo del campo. 

 

Pero no todas las apreciaciones del presidente de la SNA son piropos para la Reforma Agraria: 

-La ley de Reforma Agraria se ha aplicado con criterio político. Rafael Moreno habló en Osorno en la proclamación de Tomic y eso no puede ser. El interés nacional no es el odio de clases. Ahora, en período preelectoral, hay una competencia de quién dice más burradas. Somos esclavos de los políticos, que llevan treinta años discutiendo imbecilidades. Faltan realizadores y sobran programadores. Estamos anestesiados y los doctores no saben qué operarnos, A lo mejor, como en el chiste, sólo llevábamos una carta para el cirujano... 

Sigla polémica 

Con sólo 33 años de edad, Rafael Moreno ligó los recientes seis años de su vida a la sigla más discutida del país: la Corporación de Reforma Agraria (CORA). Tranquilo, sereno, sus apreciaciones no parecen las de un hombre que se mantiene sin pausas en candelero: 

-Hemos hecho con lealtad algo que nos propusimos hacer. La Reforma Agraria es irreversible. El nacimiento de un grupo de dirigentes de la base campesina así lo asegura. Ya no hay agentes políticos ni dirigentes improvisados en el campo. Diez mil líderes organizados garantizan el futuro. 

Moreno no tarda en hacerse cargo de los aspectos controvertidos: 

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Rafael Moreno
Rafael Moreno

 

-El señor Matte se caracteriza por hacer afirmaciones que no está en condiciones de respaldar, El proyecto aero fotogramétrico es fundamental para la CORA. Nos basamos en él para las expropiaciones y para los planes de área. Asistí a reuniones internas de la campaña de Tomic, por- que soy un hombre definido claramente. Los campesinos de Cautín me invitaron a una concentración y concurrí a ella. 

El vicepresidente de la CORA ha conversado en su oficina con más de mil propietarios, antes de expropiar sus predios: 

-Muchas veces la reacción fue positiva. Yo les dije: "Comprendan que lo que se está haciendo es doloroso, pero necesario. Abran los ojos y sitúense en el tiempo que les tocó vivir". Algunos, después de dos o tres años, reconocieron que teníamos razón. Otros, no, incluyendo demócrata cristianos. Si la mayoría de los expropiados no pertenece a la DC es simplemente porque la mayor parte de los demócratas cristianos no son dueños de fundo. 

Para Rafael Moreno, la Reforma Agraria es una sola ("Es una vieja argucia de la Derecha dividir para impedir que se hagan las cosas") y la capacitación campesina constituye la herramienta fundamental para superar las limitaciones humanas del proceso. Categórico frente a la violencia, la condena sin remilgos: 

-Han recurrido a la fuerza para defender sus privilegios. Cuando supe la muerte de Hernán Mery, me quedé helado. Siempre pensé que algo nos podía ocurrir. Después sentí una gran ira interior ante la cobardía con que lo asesinaron. 

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La capacitación, una herramienta imprescindible
La capacitación, una herramienta imprescindible

 

A muchos observadores sorprendió la eficiencia del personal de CORA, dado su número relativamente escaso (su vicepresidente aseguré que, desde 1968, la planta no varió un centímetro: "mil 720 funcionarios, desde el vice hasta el último ascensorista"). 

Rafael Moreno atribuye a dos factores las bondades del equipo de CORA: 

-El que trabaja aquí tiene que estar convencido de lo que aquí se hace. La responsabilidad prima, no hay hueco para actitudes emocionales. Nadie puede acusar a nuestro organismo de caer en extremos personales. Aquí la consigna es el sentido de responsabilidad y el respeto a la jerarquía. 

Mañana: Los argumentos a favor y en contra

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