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Domingo, 18 de abril de 2021
A 30 años de su asesinato (Parte III)

El contexto político y social donde surgió el gremialismo en la Universidad Católica

Manuel Salazar Salvo

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Ya titulado como abogado, en su departamento frente al Parque Forestal.
Ya titulado como abogado, en su departamento frente al Parque Forestal.

El joven Jaime ingresa a la Escuela de Derecho de la UC y comienza a tejer redes para construir una nueva derecha que se oponga a la marea demócrata cristiana que inunda al país.

En marzo de 1963 Jaime Guzmán llegó a la Escuela de Derecho, en el segundo piso de la casa central de la Universidad Católica. Quienes lo conocieron no lo imaginan en otra carrera. Dicen que existía un perfecto isomorfismo entre su estructura mental y las leyes.

A los pocos días hizo amistad con un egresado del colegio Saint George, un joven liberal e hincha de Colo Colo que se llamaba Jovino Novoa Vásquez. Pronto ambos muchachos se vincularon a otros novatos dando forma a un compacto grupo de amigos. Entre ellos estaban Máximo Silva, Pola Valdés, José Joaquín Ugarte, Roberto García, Hernán Felipe Errázuriz y Mario Manríquez. La empatía fue creciente y se decidieron a tomar ramos con los mismos profesores; Derecho Constitucional con Enrique Evans; Derecho Romano con Ramón Luco; Filosofía del Derecho con Sergio Contardo…

En las elecciones municipales del 7 de abril de 1963 el Partido Demócrata Cristiano se transformó en la primera fuerza política del país obteniendo 452.987 preferencias, con el 22,7% de los votos, desplazando a un segundo lugar al Partido Radical. La derecha, separada, consiguió el 13,2% para los liberales, y el 11,4 % para los conservadores

Jaime Guzmán observó esos resultados con preocupación. Desde su época de dirigente de la Juventud Conservadora en el colegio de los Sagrados Corazones de Alameda, había visto como importantes sectores de la derecha se iban desgastando en disputas personales irrelevantes, sin poder unirse en un proyecto común. Notaba también con inquietud como se abrían paso las ideas de una nueva doctrina social de la Iglesia Católica, fuertemente impulsadas por la mayoría de la jerarquía eclesiástica y congregaciones como los jesuitas y los padres franceses.

El gobierno de Jorge Alessandri había sido incapaz de formular un proyecto de desarrollo que entusiasmara a los empresarios y a los sectores medios. Muy por el contrario, había tenido incluso que convencer a los radicales para que lo apoyaran, abandonando cualquier intento de modernizar el Estado.

El joven Guzmán y sus amigos estaban convencidos de que la democracia debía de ser protegida de sus enemigos, encarnados en el comunismo ateo y en las ideas socialistas que prendían en todos los continentes y amenazaban a la sociedad occidental. Años más tarde, escribiría:

No se trataba del respaldo consciente del pueblo a determinadas ideas precisas, analizadas y evaluadas con el mínimo rigor. Era la efímera subyugación ante ciertas consignas revolucionarias, ya que frente a ellas sólo se levantaban otras consignas y no un cuerpo de conceptos sólidos, capaz de desnudar y vencer a las primeras. Y mientras las revolucionarias emergían con todo el vigor de las utopías, las consignas opuestas languidecían opacas, reflejando a una derecha desgastada y acomplejada.

En junio de 1963, Eduardo Frei Montalva fue proclamado candidato a la Presidencia de la República. Pocas semanas después los partidos Radical, Conservador y Liberal levantaron  como su abanderado al abogado radical Julio Durán Neumann.

La izquierda, agrupada en el Frente de Acción Popular (FRAP), estaba sumida en una dura polémica entre prochinos y prosoviéticos, agudizada en el mes de julio al separarse de su seno el Partido Democrático Nacional (Padena). De ese quiebre surgió la Nueva Izquierda Democrática (NED), que dirigían los parlamentarios Luis Pareto, Rubén Hurtado, Jorge Lavanderos y Jorge de la Presa, que decidió sumarse prontamente al freísmo.

Reformas constitucionales

A comienzos de noviembre de 1963 un grupo de incondicionales de Jorge Alessandri se aglutinó en el Movimiento Pro Reformas para intentar convencer a la derecha de que la única forma de evitar la llegada del PDC o de la izquierda al poder era cambiar la Constitución para que Alessandri pudiera repostularse a la primera magistratura. No se podía contar con los radicales, que habían abandonado el gobierno formulando ácidas críticas a la derecha y a la familia Alessandri por traicionar reiteradamente a ese partido. Además, la candidatura nacionalista de Jorge Prat Echaurren comenzaba a amenazar las posibilidades de Durán.

Francisco Bulnes, presidente del Partido Conservador y uno de los principales líderes de la derecha, manifestó de inmediato su terminante oposición a la reforma. Dijo terminante:

- La reelección es imposible de imposibilidad absoluta.

Los reformistas estaban encabezados por Hugo Gálvez -ex ministro del Trabajo de JAR-, Enrique Edwards, Gustavo Alessandri, Manuel Bunster, Ignacio Prado, Héctor Lehuedé, Jorge Fontaine y Pierre Lehmann. El secretario ejecutivo de la comisión jurídica del comité era Claudio Illanes Ríos. El presidente se vio obligado a emitir un comunicado donde afirmó que no era candidato a nada. Los reformistas acusaron entonces a Bulnes de que el Frente Democrático que reunía a los partidos de derecha en el Parlamento no los estaba defendiendo del marxismo, sino, por el contrario, empujándolos a él.

Durante el verano de 1964 la Iglesia Católica efectuó una misión general en todo el país con el propósito de llevar una buena nueva a los campesinos: la decisión de trabajar con ellos y por ellos para mejorar sus condiciones de vida. Carlos Lange, un joven sacerdote de los sagrados corazones que recién egresaba del seminario, tuvo que adentrarse al interior de Melipilla por la localidad de María Pinto. Le había tocado evangelizar a los campesinos del fundo El Chorombo. A diferencia de anteriores misiones, esta vez los sacerdotes iban dispuestos a instalarse junto a los campesinos, no en la casa patronal como era la costumbre. Lange así lo hizo, pese a la desconfianza inicial de las casi 22 familias que trabajaban en El Chorombo. Los dueños del fundo hicieron desocupar un galpón y le facilitaron un caballo para que se movilizara después de intentar convencerlo vanamente de que se alojara en la casa patronal.

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Uno de los mejores egresados del Sagrados Corazones
Uno de los mejores egresados del Sagrados Corazones

El cura sólo aceptó concurrir a un almuerzo dominical en la mesa de la familia propietaria, integrada por varios Errázuriz, entre ellos Rosario y Jaime Guzmán. La conversación fue grata y distendida; sin embargo, para el joven estudiante de Derecho no pasó desapercibido el discurso del sacerdote, partidario de una Iglesia que trabajara muy activamente con los pobres, inserta en las poblaciones y en los campos, compartiendo sus esperanzas y sufrimientos.

Un pequeño grupo de sacerdotes de diversas congregaciones, casi todos provenientes de familias muy acomodadas, estaban egresando de los seminarios con una nueva concepción de la vida religiosa. Ellos deseaban practicar la pobreza, no sólo en un voto sacerdotal junto a los de obediencia y castidad, sino en un verdadero apostolado.

En la congregación de los sagrados corazones ésta inquietud la encabezaban Esteban Gumucio, Pablo Fontaine, Ronaldo Muñoz, Patricio Frías y Fernando Ugarte. Sus contactos con la Juventud Obrera Católica los habían hecho muy sensibles a los graves problemas sociales que enfrentaba el país. Notaron, además, que sus posiciones eran compartidas por otros hermanos del clero en todas las latitudes y quedaban claramente expuestas en las reuniones preparatorias del Concilio Vaticano II, convocado por el Papa Juan XXIII.

Ellos querían seguir los ejemplos del obispo Manuel Larraín, del sacerdote Alberto Hurtado y de un cura que en el Seminario Pontificio predicaba sobre el apostolado popular, en su calidad de párroco de los campesinos que por esos años habitaban en La Florida. Ese sacerdote era Emilio Tagle Covarrubias, que más tarde llegaría a ser obispo y se transformaría en uno de los paradigmas conservadores de la Iglesia Católica chilena.

En marzo de 1964 murió Oscar Naranjo, diputado socialista por Curicó y hubo que efectuar una elección para reemplazarlo. El Frente de Acción Popular, Frap, se impuso con el 39,2% de los sufragios, la derecha unida obtuvo el 32,5% y el PDC el 27,7%. La derecha ya no tuvo dudas. Cualquier cosa era preferible a correr el riesgo de un triunfo de Salvador Allende y se volcó masivamente en favor de la candidatura de Frei.

Por esos días, Jaime Guzmán comenzó a asistir todas las semanas a la casa de Arturo Alessandri Rodríguez junto a Jovino Novoa, Sergio Gutiérrez y otros alumnos de Derecho de la UC. El respetado maestro de varias generaciones de abogados invitaba a cenar a los jóvenes pues disfrutaba con su entusiasmo y su disposición a polemizar en todos los temas.

Después de los postres empezaban a llegar otros invitados y cerca de las nueve de la noche, Alessandri anunciaba cuál sería la opera que escucharían en la velada.

Al término de la audición, casi siempre cerca de la una de la madrugada, y después de los comentarios correspondientes, los jóvenes se dirigían a alguna de las fuentes de soda abiertas en la avenida Bernardo O'Higgins, donde seguían conversando y discutiendo hasta el amanecer. Esa costumbre se transformó en un acontecimiento al que concurrieron puntualmente cada semana, durante casi tres años.

La marea DC

Entre mayo y septiembre de 1964 la campaña presidencial se polarizó como pocas veces se había visto en Chile. En la dura lucha electoral, la derecha trató de apropiarse de la imagen de Frei, así como el Frap intentó proyectar la imagen de que Frei era la nueva cara de la derecha. En el medio, cosechando del sol y de la sombra, crecía el PDC.

Los comicios no depararon sorpresas: Frei consiguió el 56,09% de los votos; Allende el 38,93 y Durán el 4,99. Las acciones de la Bolsa de Comercio subieron como no lo habían hecho en los últimos cinco años y el director de El Mercurio, René Silva Espejo, escribió un artículo titulado "Un gobernante para nuestra época", donde no se guardó elogios para el mandatario electo. No obstante, el de 3 de noviembre de 1964, en su primer discurso como presidente, pronunciado desde los balcones del Congreso Nacional, Frei provocó el primer síntoma de inquietud en las epidermis más sensibles de la derecha. Concluyó advirtiendo:

- Nada peor que la inmadurez de los impacientes. Ella es tan dañina como el cobarde temor de los insatisfechos que se oponen a los cambios necesarios. Yo sé que no puedo en un día, ni en un mes, ni en un año detener el tren inflacionista que trae una velocidad acumulada por décadas y que responde a raíces muy profundas, ni transformar en un año las estructuras de nuestra economía. pero también sé que si partimos desde el primer día y el pueblo ve el camino abierto y la voluntad inquebrantable de su gobernante para seguirlo, nadie podrá romper esa comunidad entre el gobierno y el pueblo que lo eligió.

Por eso tengo el derecho y el deber de pedir a las auténticas bases populares, a los trabajadores, a los mineros, a los campesinos, a los pobladores, a la mujer chilena, a la juventud, que así como lucharon por triunfar, me acompañen ahora para que no se cumpla en mí el viejo proverbio: "Me alzas en alto y me abandonas al viento".

El senador liberal Pedro Ibáñez y los diputados conservadores Edmundo Eluchans y Hugo Rosende fueron los que encabezaron a la corriente derechista dispuesta a marcar un rápido distanciamiento del gobierno de Frei. Casi simultáneamente, a las pocas semanas del cambio de gobierno, un creciente número de estudiantes de las escuelas de Economía, Derecho, Agronomía y Construcción Civil de la Universidad Católica, redobló sus duras críticas en contra de los partidos de derecha a los que culpaban de no haber sido capaces de levantar un candidato propio en los comicios ganados por el PDC.

Entre ellos se destacaba un grupo dirigente encabezado por Jaime Guzmán, Manuel Bezanilla, Jovino Novoa, Sergio Gutiérrez, Arturo Irarrázaval, Alfredo Foster, Raúl Lecaros y Hernán Larraín.

En los comicios parlamentarios de marzo de 1965 el PDC logró el 41.06% de los votos; socialistas y comunistas juntos llegaron al 21,71; y la derecha, sumados liberales y conservadores, sólo consiguió el 12,5.

El PDC estaba demostrando que sin variar un ápice las reglas de la democracia era capaz de dirigir un programa de cambios para modernizar las formas de acumulación capitalistas y atraer así a vastos sectores sociales que siempre habían votado por la derecha.

Los terratenientes, uno de los componentes de la derecha, si no el principal, fueron los que primero levantaron su voz en contra de las reformas demócrata cristianas. Ellos veían en peligro no sólo la propiedad de sus tierras sino también el orden social que habían logrado defender pese a las reformas impulsadas por los gobiernos radicales de los años cuarenta.

Aparece Fiducia

El 15 de mayo de 1965 se publicó en diario El Mercurio una inserción titulada "Respetuosa Presentación a Su Excelencia el Presidente de la República Don Eduardo Frei Montalva", referida a la "propiedad privada, uno de los fundamentos de la civilización cristiana, y una de las condiciones de la libertad de la Iglesia, expuesta a la mutilación y a la muerte en la Constitución chilena".

La publicación salía al paso de un mensaje que el Ejecutivo había enviado a comienzos de año al Congreso para modificar el artículo 10º de la Constitución referido al derecho de propiedad, con el objeto de efectuar una reforma agraria más drástica que la iniciada de manera balbuceante por el gobierno de Jorge Alessandri. Los firmantes de la declaración declaraban que constituían un grupo de jóvenes, casi todo universitarios, que "reunidos en torno a la revista católica Fiducia, nos consagramos a la divulgación y defensa de principios de los que participa n innumerables chilenos". Y refiriéndose al proyecto de reforma constitucional, señalaban en parte:

a) Por iniciativa de Vuestra Excelencia el Congreso Nacional se encuentra abocado a reformar el Artículo 1O,  Nº 10 de nuestra Constitución Política en términos tales que suprimen la garantía de la inviolabilidad del derecho de propiedad privada;

b) Esa proposición, si es aceptada, significará que Chile habrá dejado de reconocer el derecho de propiedad como uno de los corolarios necesarios de la dignidad del hombre y uno de los derechos emanados del orden natural instituido por Dios y que ninguna autoridad humana puede violar;

c) El derecho de propiedad, al que por los principios arriba expuestos todos los papas señalan como uno de los fundamentos necesarios de la Civilización Cristiana, podrá ser mutilado o suprimido por cualquier ley ordinaria, transformando así a Chile sin mayores dificultades, en un Estado anticristiano socialista o comunista.

Entre los 800 suscriptores figuraban muchos jóvenes provenientes de las familias más ultraconservadoras de la sociedad chilena y que en los años siguientes se transformarían en lo más duros adversarios del gobierno de Frei y luego de la Unidad Popular.

Jaime Guzmán -uno de los firmantes- se había incorporado a Fiducia y escribía artículo para la revista, la que ayudaba a distribuir entre sus conocidos. Le interesaba especialmente que la publicación fuera leída en los ámbitos de la Iglesia Católica, entre los políticos, los empresarios y ciertos círculos universitarios.

Fiducia tenía su origen en las diferencias surgidas entre el abogado y profesor Plinio Correa de Oliveira con la Acción Católica en la década de los años treinta en Brasil. Hijo de una familia acomodada de Pernambuco, Correa de Oliveira se dedicó desde joven a la Iglesia. En 1932, a los 24 años, apoyado por el electorado católico, fue elegido diputado constituyente; y, como candidato de la Liga Electoral Católica, fue uno de los más votados.

Educado en la congregación mariana, llegó a presidir la Acción Católica de Brasil, y fundó el semanario Legionario, por muchos años un órgano oficioso de la arquidiócesis de Sao Paulo, dedicado a combatir a los sectores progresistas de la Iglesia. Plinio Correa contó con el apoyo de los obispos Antonio de Castro Mayer y Geraldo de Proenca Sigaud, que fue arzobispo de Diamantina, en Minas Gerais, donde falleció.

Sigaud fue uno de los coautores del libro "Reforma Agraria, Cuestión de Conciencia", señalado por Fiducia como el "detonante de la revolución del '64" por "haber alertado a las elites brasileñas sobre el peligro comunista que se avecinaba, introducido en el proyecto de reforma agraria del gobierno de Joao Goulart".

Ambos obispos rompieron más tarde con Fiducia. Sigaud lo hizo poco después de la publicación del libro sobre la reforma agraria y Meyer en 1984.

Fiducia fue creada según sus integrantes para que "Satanás no domine el templo de Dios". Inicialmente fue registrada legalmente como una entidad filantrópica, civil y anticomunista, sin fines de lucro y se le denominó Tradición Familia y Propiedad, TFP. Sus miembros han explicado que estos son para ellos los tres valores básicos, la piedra angular de la civilización cristiana.

La Tradición -dicen- es el conjunto de conocimientos adquiridos por la Iglesia desde el inicio de los tiempos y la conservación de las enseñanzas de los patriarcas, profetas y apóstoles; la familia es la célula madre de la sociedad, sin la cual no hay armonía social, educación ni prosperidad; y, la Propiedad, es un instrumento de progreso social, del bienestar de la familia y de la realización personal del hombre.

La declaración de Fiducia publicada en El Mercurio recibió el apoyo del arzobispo de La Serena, Alfredo Cifuentes, el mismo que varios años antes habían tratado de que se excomulgara a los fundadores de la Falange Nacional. Adhirieron, además, la Junta Ejecutiva del Partido Conservador y la Sociedad Nacional de Propietarios Urbanos. También se sumaron a las críticas al proyecto de reforma constitucional, aunque no explícitamente a la inserción de Fiducia, las principales organizaciones patronales: la Sociedad Nacional de Agricultura, la Sociedad Nacional de Minería, la Sociedad de Fomento Fabril, la Cámara Central de Comercio, la Unión Social de Empresarios Católicos, la Confederación Interamericana de la Producción y del Comercio y el Instituto Chileno de Administración de Empresas.

El decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica, Jaime del Valle, junto a varios profesores de esa escuela, además de otros académicos como Julio Phillipi, ex- ministro de Jorge Alessandri, y el historiador Jaime Eyzaguirre, emitieron también su opinión en contrario sobre la iniciativa del Poder Ejecutivo.

Católicos observantes como eran casi todos los miembros de estas organizaciones patronales, no sólo manifestaban su desacuerdo con Frei sino también con la jerarquía de la Iglesia chilena que en septiembre de 1962 había dado a conocer una pastoral titulada "El deber social y político en la hora presente" donde instaba a los cristianos a "apoyar cambios institucionales, tales como una auténtica reforma agraria, la reforma de la empresa, la reforma tributaria, la reforma administrativa y otras similares".

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La irrupción de Fiducia en contra de la reforma agraria del gobierno de Frei Montalva
La irrupción de Fiducia en contra de la reforma agraria del gobierno de Frei Montalva

Justamente, para oponerse a cada una de estas reformas, la derecha chilena empezó a reorganizarse. En octubre de 1965, por ejemplo, se realizó una reunión del Comité de Defensa del Contribuyente, que presidía Miguel Luis Amunategui Johnson, decidido opositor al gobierno de Frei luego de haber sido un entusiasta partidario de que se instalara en La Moneda. Uno de los mayores críticos de la reforma tributaria era Jorge Alessandri, instalado al frente de la empresa Pizarreño y asesorado por Hugo Rosende.

Las antiguas discrepancias entre conservadores y liberales se habían diluido casi completamente en el fragor de las trincheras opositoras. Hubo un breve noviazgo antes de verificarse la unión de ambos partidos, en abril de 1966. El paso inmediato fue invitar a sumarse a los nacionalistas de Jorge Prat, los que aceptaron gustosos. Nació así el Partido Nacional. Su primer presidente fue Víctor García Garcena, secundado por el pratista Sergio Onofre Jarpa Reyes.

Casi simultáneamente, en el aula magna de la Universidad Católica de Valparaíso, UCV, se realizaban las Terceras Semanas Sociales de Chile con un tema central: “La Propiedad Privada: ¿Obstáculo o valor?”.

A fines de abril los alumnos de Medicina y Enfermería de la UC de Santiago declararon una huelga en apoyo a su decano, que solicitaba mayores fondos para duplicar la matrícula. Los jóvenes se reunieron en el patio de la Escuela de Derecho donde tuvieron un violento altercado con el director de la escuela, el abogado Sergio Urrejola, un hombre con fama de ser irascible y peligroso a la hora de levantar los puños.

Urrejola no defraudó ese prestigio. A las palabras siguieron los insultos y en cosa de segundos varios de los más furibundos estudiantes lamentaron su osadía. Urrejola tuvo que dar explicaciones al decano ante las quejas de los estudiantes por lo que fue considerado un abuso de autoridad. El incidente era un indicio casi anecdótico de lo que ocurriría en los meses siguientes y que reflejaba la exacerbación de los ánimos en los claustros pontificios.

Ruidos en los cuarteles

En julio el gobierno llamó a retiro a ocho generales, incluido el comandante en jefe del Ejército. Pocas semanas después hizo lo mismo con el comandante en jefe de la Armada, el almirante Jacobo Neumann. Una semana después, en el tercer piso del Club de La Unión, decorado con claveles rojos y todas sus arañas luminosas encendidas, se realizó un almuerzo en adhesión al marino. La manifestación la ofreció el almirante en retiro Ronald Mac Intyre y estaban presentes Hugo Zepeda, Jorge Prat y Sergio Onofre Jarpa, entre otros destacados miembros de la derecha. Se leyeron cartas de apoyo de Exequiel González, Pablo Vicuña y Pedro Ibáñez Ojeda.

Entre corvina con mayonesa y pollo con arvejitas y champiñones, Mac Intyre dijo que la destitución de Neumann había producido sorpresa y confusión. Pidió que se legislara para que los altos mandos "de las Fuerzas Armadas se retiraran sólo por enfermedad o extrema vejez y que, si se les pedía su renuncia, las causales deberían explicársele al Congreso para que todo el país las conociera. Más tarde, antes del último brindis en copa de pata larga, los asistentes comentaron con indisimulado entusiasmo las tácticas políticas de Onganía, Castello Branco y otros militares extranjeros que en Argentina, Brasil, Bolivia y Paraguay dirigían gobiernos castrenses. Varios de esos nuevos regímenes militares tenían su raíz ideológica en el integrismo católico y en las relaciones establecidas por oficiales de diversos países en la Segunda Guerra Mundial y en la Europa de la postguerra.

Por aquellos días el canciller Magalhaes Pinto establecía contactos en casi todos los países del continente para convencer a los gobiernos de que se sumaran a una iniciativa encabezada por los militares brasileños: la creación de una fuerza interamericana de paz para defender a la región de una posible agresión comunista.

El 20 de agosto de 1966, mil universitarios adhirieron en una inserción publicada en El Mercurio a la campaña que Fiducia realizaba en contra de la reforma agraria. En parte, declaraba:

-( ... ) levantamos nuestra voz de aliento y decidido apoyo a la revista Fiducia, que con claridad, definición y sólida argumentación enjuicia una reforma agraria mostrando a la faz del país como ella es persecutoria para con determinados grupos sociales -considerados en la totalidad de los elementos sociales que los integran-, atentatoria contra el derecho natural de propiedad, y esclavizante para con la futura actividad agrícola y para con aquellos a quienes se les prometen ilusorios beneficios.

Como una demostración del cambio fundamentalista que se estaba operando en los jóvenes estudiantes católicos, a fines de 1966, llevando de candidato a Manuel Bezanilla, los gremíalistas arrebataron a la Juventud Demócrata Cristiana el centro de alumnos de la Escuela de Derecho de la UC, organización estudiantil que habían controlado sin sobresaltos durante varios años consecutivos.

Por otra parte, a comienzos de enero de 1967 fue designado nuevo obispo de Talca Carlos González Cruchaga, primo de Alberto Hurtado Cruchaga, fundador de la Juventud Obrero Católica, JOC, en reemplazo de Manuel Larraín. González decía que el campesino estaba despertando y que adquiría cada vez mayor conciencia de sus derechos. De los últimos prelados nombrados en Chile por El Vaticano, tres obispos estaban íntimamente ligados a la JOC.

Estos contrastes daban cuenta de una agitación ideológica y social en la esfera de influencia de la Iglesia católica sólo comparable con la de la década de 1930 a 1940, cuando nació la Falange, el partido fundado por el hombre que ahora presidía Chile.

Jaime Guzmán era primer ayudante de la cátedra de Derecho Procesal que dictaba Jaime del Valle, en la Universidad Católica. Entre los profesores destacaban, además, Sergio Miranda Carrington, José María Eyzaguirre, Arturo Aylwin, Enrique Evans, Ramón Luco, Alejandro Silva Bascuñán, Gustavo Cuevas Farren y Víctor García Garcena. Bajo la influencia de este notorio grupo de académicos conservadores, en marzo de 1967 el movimiento gremial se constituyó oficialmente y emitió una declaración de principios firmada entre otros por Manuel Bezanilla, Sergio Gutiérrez, Arturo Irarrázaval, Alfredo Foster, Jovino Novoa, José Joaquín Ugarte, Maximiano Errázuriz, Raúl Lecaros, Hernán Larraín, Jaime Náquira, Juan Pablo Bulnes y Eugenio Guzmán.

Todos ellos estaban seguros de que en los meses siguientes habría una arremetida política sobre la Universidad Católica, dirigida por los jóvenes denominados "chascones" o "iluminados", procedentes de la Juventud Demócrata Cristiana, pero que estaban llegando muy rápido a acuerdos de todo tipo con minorías marxistas.

Los gremialistas surgieron -según ellos- sólo como una fuerza destinada a promover y alentar una reforma universitaria que los mantuviera al margen de la política contingente.

Aquel año 1967 marcaría el inicio de grandes movilizaciones juveniles en todo el mundo. Los universitarios estadounidenses esgrimían la consigna "haz el amor, no la guerra" para oponerse cada vez con más ímpetus a la presencia de su país en Vietnam. Los jóvenes negros, por su parte, exigían mayores derechos y libertades.

En América Latina, los movimientos guerrilleros y la imagen del Che Guevara empezaban a crecer, mientras el Papa Paulo VI, muy consciente de los vientos de cambio que se extendían por el planeta, lanzaba su encíclica Populorum Progressio, que profundizaba la doctrina social de la Iglesia.

En Chile, a fines de abril de 1967, unos setecientos universitarios marcharon por la paz y en contra de la guerra, bajo una copiosa lluvia, entre el cerro Santa Lucía y el santuario de Maipú. El presidente de la comisión organizadora era Javier Luis Egaña Baraona, de 22 años, egresado de Derecho de la Universidad Católica y jefe de los jóvenes de la Parroquia Universitaria.

Casi al mismo tiempo, a comienzos de mayo de 1967, Fiducia decidió presentarse oficialmente como la Sociedad Chilena de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad, definiéndose en su primera declaración como "una fuerza nueva nueva y victoriosa al servicio de Chile contemporáneo".

El presidente nacional era Patricio Larraín Bustamante, de 25 años. Junto a él estaban Patricio Amunategui Monckeberg, Cristián Vargas Lyon, José Miguel Lecaros Mackenna, Jaime Antúnez Aldunate, Alejandro Bravo Lira, Max Griffin Ríos, Gonzalo Larraín Campbell, Fernando Larraín Bustamante, Alfredo MacHale Espinoza, Luis Montes Bezanilla, Héctor Riesle Contreras y Mauricio Vargas Lyon.

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