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Domingo, 29 de noviembre de 2020
Especial elecciones de 1970

El discurso de Radomiro Tomic y sus diferencias con Frei Montalva

Luis Pizarro García (*)

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Radomiro Tomic
Radomiro Tomic

El autor, basado en los artículos de Luis Hernández Parker, relator político de la revista Ercilla, muy cercana al Partido Demócrata Cristiano, analiza los contenidos de la campaña de Tomic y las relaciones con Eduardo Frei Montalva desde los orígenes de la Falange Nacional.

La preparación del programa de gobierno de la candidatura de Radomiro Tomic no fue tan anticipada como la de su camarada Eduardo Frei para las presidenciales anteriores. Quizás previendo que la victoria les sería esquiva en esta oportunidad, las bases del Partido sólo comenzaron a preparar su hoja de ruta en mayo de 1970.

En el balneario de Cartagena se reunieron 128 delegados con el objeto de estudiar en particular el programa de gobierno de acuerdo a las bases programáticas aprobadas por la última Junta Nacional del Partido Demócrata Cristiano. Las deliberaciones se iniciaron el 15 de mayo con la exposición de Bosco Parra.

“Usó la palabra Alejandro Foxley sobre el tema “Nuevo Estado y Nueva Economía”, Gabriel Valdés sobre “Política Cultural”; Ricardo French Davis y Pedro Felipe Ramírez sobre “Política Social”. El programa elaborado, al igual que sus bases, perseguía dos metas fundamentales: La sustitución de las minorías en los centros de poder político, social, económico y cultural; y la sustitución del dinero por los trabajadores organizados como meta fundamental del esfuerzo productivo en la economía chilena, pasando a ser estos sus principales beneficiarios”.

Las circunstancias particulares de la elección del año 1970, en donde finalmente llegaban a la meta tres candidatos que representaban a tres tercios de la población, provocaron una polarización política: “En conjunto, se puede apreciar, que se revela la polarización política, en una contienda a tres bandas, que no logró aunar como en el sesenta y cuatro una lucha “contra el marxismo”, sino que se polarizaron las opciones: Alessandri, apelando a los principios de disciplina y autoridad; la centrista de Tomic, abogando por la profundización de las reformas de Frei; y la izquierdista de Allende con la construcción del socialismo.”

Si bien Tomic era a todas luces el continuador de la obra de Frei Montalva, en el comienzo de la campaña no disimulaba las diferencias que tenía con él y con la política de gobierno que había llevado a cabo. Tomic pensaba que las reformas debían ser más radicales para que el progreso que había vivido el país alcanzara a todos, y no sólo algunos. Manifestación clara de esta diferencia de estilos fue el discurso de aceptación de la candidatura de Tomic:

“Ganaremos, porque el pueblo chileno necesita que ganemos para continuar lo mucho de bueno que se ha hecho y para hacer lo mucho que falta todavía por hacer.

Ganaremos, porque durante el primer gobierno democratacristiano, durante el gobierno de Eduardo Frei, el pueblo ha visto una obra social y de otro género, como no se había hecho antes por ningún otro gobierno.

Ganaremos, porque, tal como lo dijimos en 1964, queda una inmensa tarea por cumplir para que el pueblo y no la minoría asuma el rol conductor de Chile y sea el motor que multiplique la riqueza, afirme la dignidad esencial del campesino, del obrero, del empleado, del funcionario, del técnico, del científico y desencadene su prodigiosa capacidad, cuando ellos saben que están al servicio del pueblo mismo y no de un pequeño grupo.

Al pueblo, al pueblo señor de Chile, al pueblo padre nuestro, le decimos. En vano construye quien quiera construir sin tu participación. El pueblo hace la historia. Tú, no el territorio ni las fronteras, ni la bandera patria ni la canción nacional, tú eres Chile. El alma y el cuerpo y la sangre de Chile. A ti la Democracia Cristiana te ofrece avanzar resuelta y alegremente en la construcción de una nueva sociedad, popular y democrática, que sólo tú puedes hacer posible.

No te escondemos nada, pueblo de Chile: no te ofrecemos desde el comienzo una vida fácil, sino mucho más hermosa en sus posibilidades, pero también en sus exigencias. Las grandes metas de la revolución sólo podrán alcanzarse con disciplina, trabajo y esfuerzo. No podrá Chile liberarse de la miseria y de la dependencia externa sino cuando seas tú, el pueblo organizado, quien haya sustituido a las minorías de los centros de poder e influencia, y tú, el trabajo organizado de millones de personas, el que haya sustituido al escaso número de los dueños del capital como el centro motor de la producción de riqueza y del progreso nacional. No hay sustituto para el pueblo mismo.

Nadie puede hacer por Chile lo que sólo la unidad, la organización, la disciplina y la determinación del pueblo mismo pueden lograr. No estamos aquí para ser tus primeros señores, sino tus primeros servidores, y esta bandera que levanto en nombre de la Democracia Cristiana para la elección presidencial de 1970, no tendría ninguna significación si tú no la alzas en tus manos multitudinarias”, señaló en su discurso de proclamación el 18 de abril de 1969.

Se puede apreciar claramente en las palabras de Tomic, un discurso más rupturista con lo que se venía haciendo. En su fuero interno Tomic pensaba que durante el gobierno de Frei Montalva, si bien se había avanzado, se había favorecido de sobre manera a los grandes capitales. Llegaba la hora de que el pueblo sintiera el progreso.

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Tomic en dos épocas de su vida
Tomic en dos épocas de su vida

 

El punto de partida de las transformaciones que pretendía implementar Tomic era el Estado: “El Estado se constituirá en el órgano transformador que dirija, guíe, realice y estimule el proceso de cambio cultural, institucional, económico y social; el pueblo no sólo ejercerá su soberanía delegando su ejercicio en autoridades representativas y constitucionales, sino directamente por medio del plebiscito en cuestiones de importancia fundamental.

“El instrumento primordial de participación popular, y de la acción del gobierno será la planificación. Se creará un Ministerio de Planificación, con poder real de decisión, que hará coherentes los objetivos básicos de crecimiento económico y de transformación de la estructura económica y social. Se crearán Consejos de Desarrollo Regional que tendrán, dentro del marco del plan nacional, facultades planificadoras, administrativas y financieras”, anunció Tomic”.

Frei Montalva y Tomic

La relación que Eduardo Frei Montalva tuvo con Radomiro Tomic puede dividirse en 3 etapas bien marcadas.
Una primera etapa que va desde que se conocen en la carrera de Derecho de la Universidad Católica (Tomic ingresa a estudiar cuando Frei Montalva estaba saliendo) hasta que se producen las primeras divisiones internas al interior del PDC por el manejo del gobierno durante la Presidencia de Frei. En ésta época el trabajo de ambos dirigentes iba de la mano. La similitud de sus carreras era tal, que incluso ambos llegaron a dirigir el mismo periódico: “Diario El Tarapacá” de Iquique, en donde Frei Montalva recomendó a su amigo Tomic para continuar su labor. En el campo docente, los dos políticos impartieron clases de derecho en la Pontificia Universidad Católica, y coincidentemente en materias laborales.

El trabajo desarrollado durante sus años de juventud fue absolutamente inseparable, y desembocó en la creación del Partido Demócrata Cristiano. Una vez que contrajeron matrimonio, las familias de los dos falangistas disfrutaban frecuentemente de comidas familiares que agrupaban a los dos clanes.

El apoyo de Tomic

El apoyo que Tomic brindó a Frei para la llegada a la primera magistratura fue absolutamente incondicional, llegando a ser su generalísimo de campaña. Pero esta estrecha relación se resiente una vez que Frei llega al poder, y Tomic considera que las reformas prometidas en la campaña no son tan profundas como él pretendía. La segunda etapa está marcada por las desavenencias entre ambos, que si bien fueron relevantes, siempre se manejaron en el ámbito privado y con profundo respeto. Jamás Tomic criticó públicamente a Frei Montalva.

Si las tendencias generales de la economía no prometían nada bueno a los demócratas cristianos, tampoco lo hacían las primeras manifestaciones de división dentro de las filas del PDC. Estas habían aparecido ya en julio de 1965, sobre el papel del partido en la adopción de políticas y el itinerario de la Revolución en Libertad. La tregua propuesta por Frei exacerbó el conflicto, y llevó al partido a un debate interno, el que culminaría con la separación de su ala izquierda.

A mediados de 1965, se levantaron las primeras voces de la disidencia demócrata cristiana de izquierda, las que expresaron dudas acerca de la lentitud de la reforma, del "trato" dado al capital privado, y a su hostilidad hacia los trabajadores y a la izquierda. Fueron apoyados por los militantes más jóvenes, y por aquellos descontentos con el limitado papel que el partido jugaba en la adopción de políticas. Un pleno del partido, en abril de 1966, trató de unir a los grupos leales y disidentes. Aun cuando se felicitaba al gobierno por sus logros hasta la fecha, también se le instaba a tomar medidas inmediatas con respecto a la sindicalización campesina, la reforma agraria y la participación de los trabajadores en el manejo de las empresas donde estaban empleados. 

El valor conciliador de estas resoluciones se perdió con la proposición de tregua hecha por Frei un mes más tarde. Convencidos de que el ritmo de la reforma era ya inadecuado, los elementos progresistas se descorazonaron aún más y se profundizó la escisión.

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El apoyo de los huasos a la candidatura de Tomic. Foto de Sonia Aravena
El apoyo de los huasos a la candidatura de Tomic. Foto de Sonia Aravena

 

Estos sucesos precipitaron la decisión de realizar una convención del partido a fines de agosto, donde se discutirían tópicos como el significado de la Revolución en Libertad, su relación con el ideal del partido de una "sociedad comunitaria", las relaciones partido-gobierno, y las políticas y programas para los próximos cuatro años. Los disidentes formaron dos grupos: los "rebeldes", liderados por Rafael Gumucio y los diputados Alberto Jerez, Julio Silva y Vicente Sota, y los "terceristas", encabezados por el diputado Bosco Parra y el  vicepresidente de INDAP, Jacques Chonchol. 

Los dos grupos compartían aspectos teóricos, aun cuando a nivel táctico, los "terceristas" tomaron una posición más conciliadora hacia el gobierno de Frei. Los oficialistas, esto es, aquellos que apoyaban a Frei y las estrategias y políticas de su administración, constituyeron la tercera facción representada. Los tres grupos estaban compuestos, predominantemente, por elementos pequeño-burgueses. Los rebeldes eran apoyados por los sindicalistas demócratas cristianos más progresistas, pero los oficialistas gozaban de apoyo mayoritario en todas las clases.

Tendencia hacia la izquierda

Las resoluciones finales significaron un acuerdo de los distintos grupos. Los puntos más teóricos reflejaron el pensamiento "tercerista" y "rebelde", pero los de políticas puntuales y las declaraciones sobre las relaciones partido-gobierno tuvieron carácter oficialista. Prácticamente, en todos los puntos los márgenes fueron estrechos, y marcaron una tendencia hacia la izquierda en el sentir del partido. Se hicieron esfuerzos para mostrar un frente unido, pero las pautas de trabajo y los informes de los debates que llegaron a la prensa revelaron desacuerdos significativos. La convención, inicialmente concebida como un medio para resolver divisiones y dificultades internas, sólo las confirmó y acentuó.

Radomiro Tomic nunca llegó a formar parte del grupo “rebelde”; adscribió a la línea “tercerista” del partido. A pesar de las diferencias nunca pensó en abandonar el PDC y siempre buscó realizar las transformaciones que creía necesarias desde el interior de la maquinaria partidista.

Esta segunda etapa de la relación personal de ambos falangistas se traduce en un cambio en la estrategia del partido que fue el eje del programa de gobierno de Radomiro Tomic. Se aprueba en agosto del año 68, un nuevo plan que pretendía recuperar la adhesión perdida.

Los dirigentes del partido reconocieron la pérdida de apoyo de los marginados y del proletariado, y se empeñaron en recuperarlo mejorando sus relaciones con la izquierda y los sindicatos y buscando maneras de acelerar la Revolución en Libertad. Cuando el PDC se reunió nuevamente en julio, aprobó un anteproyecto de una "vía no capitalista de desarrollo", y nombró a los "rebeldes" y "terceristas" para que lideraran el partido en los meses venideros.

Estas movidas fueron un abierto desafío para Frei y sus políticas. La "vía no capitalista de desarrollo" se hizo pública en agosto. Presentada como una versión más completa de las radicales propuestas llevadas el año anterior a la convención del partido, su preocupación máxima fue que el desarrollo industrial del país debía ser llevado a cabo de manera tal que socavara sus estructuras capitalistas y no las fortaleciera. El plan propuso dividir la economía en un sector público, uno privado y uno mixto. 

El sector privado no tendría acceso a ciertas áreas de la producción y habría un límite para sus utilidades, pero ésta sería su única restricción, ya que en todo lo demás era libre de funcionar como quisiera. El Estado ejercería controles directos e indirectos para asegurar el interés público y facilitar la participación del trabajador en la toma de decisiones. Se limitaría la inversión foránea a operaciones conjuntas que incluirían importantes beneficios técnicos o de comercialización, y estaría sujeta a las mismas restricciones del capital interno. El informe también recomendó, encarecidamente, un cambio de actitud y conducta hacia los sindicatos, insistiendo en que se les considerara como aliados y una fuente de apoyo para la revolución demócrata cristiana y no como enemigos o rivales.

Los oficialistas en vano atacaron el informe. Por su parte, Frei decidió pasar por alto estas sugerencias, aparentemente confiado en que el liderazgo del partido no tardaría en volver a posiciones más conciliadoras.
Este distanciamiento en la relación entre ambos líderes, puede definirse como una “ruptura partidaria”, más no una “ruptura personal”. A pesar de las diferencias en el plano político, siempre existió un respeto y una admiración mutua entre ambos dirigentes. Habían construido muchas cosas juntos, como para tirar una amistad de tantos años por la borda.

La tercera etapa comienza la noche del 21 de mayo de 1970, oportunidad en que el Presidente Frei Montalva daba a conocer su último mensaje al Congreso Nacional. En aquella ocasión la juventud Demócrata cristiana había invitado a Frei Montalva a un acto condecorativo en el casino del Cerro San Cristóbal.

Habla Frei

Los asistentes eran en su mayor número jóvenes, a los que se unió el gabinete en pleno, los máximos dirigentes y los parlamentarios de la colectividad. Estaban presentes las familias y esposas de Frei y Tomic, quien fue encargado de ofrecer el símbolo: “Me ha sido dado el privilegio de conocer a Eduardo Frei desde la hora en que él salía de la universidad y en que yo entraba. De ser generalísimo de su campaña de 1937, cuando por primera vez intentábamos… Allí quedó sembrada la semilla, polvo de estrellas hundida en tierra oscura como dice en verso de Neruda, en la pampa salitrera. Desde entonces hasta ahora. Les agradezco a los jóvenes de hoy la oportunidad de interpretar a los jóvenes de ayer. Para entregar en manos de quien fue entonces el primero de nosotros y que es el primero de nosotros ahora, la condecoración Ignacio Alvarado, como un símbolo de lo que ha ocurrido y un anuncio de lo que seguirá ocurriendo. Así como vimos a Ignacio Alvarado arder sin consumirse, así también a través de estas condecoraciones, la Juventud Demócrata Cristiana de hoy recoge el mensaje: Arderá también ella en esa luz pura que ilumina y no quema, que da lumbre y no consume”, dijo Tomic.

“Eduardo Frei es un preclaro testimonio de lo que Ignacio Alvarado sentía en su corazón y en su conciencia. A él le correspondía realmente ser el primero en recibir esta condecoración. Para mí es un gran honor entregársela”, agregó.
Fue un momento especial para la historia del falangismo, en donde se dejaban de lado las diferencias para tratar de continuar la obra de gobernar.

Frei Montalva replicó al “llamado de reconciliación” de Tomic. Agradeció la distinción, el afecto y los honores que había recibido a lo largo de su vida y  manifestó que “creía no merecerlos” y refiriéndose a Tomic, señaló: “Hoy ésta insignia la recibo a través de uno de esos viejos amigos de que hablaba, de la Primera Hora, desde Antofagasta, desde la Universidad, desde Tarapacá, desde toda la vida, de un amigo que el Partido ahora lo ha designado, y con razón, unánimemente, para continuar esta tarea. Gracias, Tomic, por tus palabras, por tu amistad… y sobre todo por la responsabilidad que te vas a echar sobre la espalda”.

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La reconocida elocuencia de Eduardo Frei Montalva
La reconocida elocuencia de Eduardo Frei Montalva

 

Otro discurso que quedó grabado a fuego en la campaña del 70´, y que graficaba la unión de dos grandes camaradas y amigos, fue aquel pronunciado por Tomic en un acto realizado en el mes de agosto en el teatro Caupolicán. El recinto estaba colmado con la dirigencia del partido, los funcionarios de gobierno, la casi totalidad de los ministros y jefes de servicios. El gobierno se volcaba de lleno a la campaña oficialista:

“¡Pierden su tiempo quienes hipócritamente se afanan en separar a Frei de la Democracia Cristiana!. Después de haberlo calumniado implacablemente durante seis años se retratan de cuerpo entero cuando tratan de explotar el prestigio de Frei en el pueblo, publicando volantes según los cuales Alessandri será el continuador de la obra de Frei y luego, Frei el continuador de la obra de Alessandri.

“¡Pierden su tiempo los que pretenden contraponer a Eduardo Frei con Radomiro Tomic! No solamente porque nos unen 40 años de una inquebrantable amistad personal! No solamente porque cumpliendo con mi deber, apoyé al límite de mi capacidad a Frei cuando fue candidato a diputado, a senador o a Presidente de la República sino, para decirlo en pocas palabras, porque Frei es Presidente de Chile por las mismas razones por las cuales yo soy candidato a la Presidencia de Chile.

“Aunque el programa de 1970 no es el de 1964, porque gracias al primer gobierno demócrata cristiano, Chile en 1970 no es el Chile de 1964. Somos solidarios, plenamente solidarios, con lo mucho que hemos creado y construido, con los éxitos y fracasos acumulados a lo largo de más de 30 años de compromiso con nuestra patria, con nuestro pueblo y con nuestra conciencia.

“Somos solidarios de la inmensa labor cumplida por el gobierno demócrata cristiano durante estos seis años, sin rehuir tampoco la responsabilidad que nos cabe a todos en los posibles errores, vacíos o insuficiencias, que son inseparables a toda forma de acción humana”, manifestó Frei en aquella oportunidad.

(*) Extracto de “Antecedentes documentales sobre las candidaturas presidenciales de Eduardo Frei Montalva y Radomiro Tomic Romero”; Memoria de Licenciatura, Facultad de Derecho, Departamento de Ciencias del Derecho, Universidad de Chile, Santiago, abril de 2011.  Profesor guía: Juan Eduardo Vargas Cariola,

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