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Domingo, 26 de mayo de 2019
Desaparición de 11 miembros del Comité Central del PS en 1975

El fallo judicial que estremeció a los viejos socialistas

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Dirección de la Juventud Socialista en 1971, posando en la Plaza de Armas de Concepción.
Dirección de la Juventud Socialista en 1971, posando en la Plaza de Armas de Concepción.

El ministro Miguel Vásquez condenó esta semana a seis ex miembros de la DINA por el secuestro y desaparición en 1975 de 11 miembros del Comité Central del PS.

El ministro en visita para causas por violaciones a los derechos humanos de la Corte de Apelaciones de Santiago, Miguel Vázquez Plaza, condenó a seis ex miembros de la Dirección de Inteligencia Nacional, DINA, por su responsabilidad en los delitos de secuestro calificado de 11 integrantes del Comité Central del Partido Socialista, detenidos en diversas fechas de 1975 en la Región Metropolitana.

En el fallo -causa rol 47.518- de casi 240 páginas, el juez Vásquez condenó a Raúl Eduardo Iturriaga Neumann a la pena de 20 años de presidio efectivo, como coautor de los delitos de secuestro calificado de Alfredo Rojas Castañeda, Michelle Marguerite Peña Herreros, Ricardo Ernesto Lagos Salinas, Mireya Herminia Rodríguez Díaz y Exequiel Ponce Vicencio.

En tanto, los ex agentes Rolf Gonzalo Wenderoth Pozo y Manuel Andrés Carevic Cubillos deberán purgar 18 años de presidio, como coautores de los secuestros calificados de Alfredo Rojas Castañeda, Adolfo Ariel Mancilla Ramírez, Michelle Marguerite Peña Herreros, Ricardo Ernesto Lagos Salinas, Exequiel Ponce Vicencio, Mireya Herminia Rodríguez Díaz, Carlos Enrique Lorca Tobar, Modesta Carolina Wiff Sepúlveda, Rosa Elvira Soliz Poveda, Sara de Lourdes Donoso Palacios y Jaime Eugenio López Arellano.

En el caso de Gerardo Ernesto Urrich González, el ministro lo condenó a 16 años de presidio efectivo, como coautor de los delitos de secuestro calificado de Michelle Marguerite Peña Herreros, Ricardo Ernesto Lagos Salinas, Exequiel Ponce Vicencio, Mireya Herminia Rodríguez Díaz, Carlos Enrique Lorca Tobar, Modesta Carolina Wiff Sepúlveda, Rosa Elvira Soliz Poveda, Sara de Lourdes Donoso Palacios y Jaime Eugenio López Arellano.

Finalmente, los agentes represores Miguel Krassnoff Martchenko, deberá cumplir 15 años y un día de presidio, en calidad de autor de los delitos de secuestro calificado de Alfredo Rojas Castañeda y Exequiel Ponce Vicencio; y Juvenal Alfonso Piña Garrido, 12 años de presidio, como coautor de los secuestros calificados de Alfredo Rojas Castañeda, Michelle Marguerite Peña Herreros, Ricardo Ernesto Lagos Salinas, Mireya Herminia Rodríguez Díaz y Exequiel Ponce Vicencio.

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Exequiel Ponce V. junto a Salvador Allende.
Exequiel Ponce V. junto a Salvador Allende.

En la etapa de investigación, el magistrado interrogó a diversos militantes que fueron detenidos en 1975 y testimoniaron la presencia de sus camaradas  desaparecidos en los cuarteles secretos de la Dina. Entre los declarantes figuran la ex presidenta Michelle Bachelet; el ex ministro y ex presidente del directorio de TVN, Ricardo Solari; Raúl Díaz, Gustavo Ruz, Lautaro Videla, Patricio Barra, Fidelia Herrera y Jaime Lorca Tobar.

El ministro Vásquez estaba muy interesado en aclarar si el desaparecido dirigente Jaime López Arellano, miembro de la cúpula clandestina del PS, fue colaborador o agente de la DINA y si entregó antecedentes que permitieron la detención de los desaparecidos miembros del Comité Central del PS. Logró recopilar una serie de antecedentes que así lo hacen suponer y que, incluso, siguió trabajando para la policía secreta de la dictadura militar.

En la mira desde antes del 11

Desde mucho antes del golpe militar, los socialistas estaban en la mira de los aparatos de inteligencia de las Fuerzas Armadas. Por ello, desde el 11 de septiembre de 1973 la represión en su contra fue rápida e implacable. En La Moneda, en diversos edificios públicos que la rodean, en algunas industrias y poblaciones, los socialistas intentaron resistir la asonada con las armas en la mano. Casi todos perecieron en su intento. En los días y semanas siguientes la persecución fue encarnizada. Los 26 prisioneros que se rindieron en el palacio presidencial, entre ellos 16 miembros del GAP, fueron asesinados en el complejo castrense de Peldehue, al norte de Santiago. Poco después fue abatido Arnoldo Camu, miembro del Comité Central y encargado de los grupos operativos especiales, el aparato militar del PS. Luego, siguieron los fusilamientos por ley de fuga, la muerte de al menos otros diez integrante del GAP y el exterminio de dirigentes de los regionales. En la denominada “Caravana de la Muerte”, que recorrió Chile en octubre al mando del general Sergio Arellano, e integrada por varios oficiales que luego pasaron a la Dina, fueron masacrados 16 dirigentes socialistas locales. Lo mismo ocurrió en matanzas registradas de norte a sur en localidades como Pisagua, Salamanca, Tejas Verdes, Isla de Maipo, Paine, Mulchén, Laja y Chiuhio, cerca de Valdivia  Otros muchos fueron llevados a campos de concentración o se asilaron en diversas embajadas.

En diciembre de 1973, diez integrantes del Comité Central estaban presos y a lo menos otros 15 de los máximos dirigentes del PS permanecían refugiados en alguna representación diplomática en Santiago. El balance era desolador.

En diciembre de 1973, diez integrantes del Comité Central estaban presos y a lo menos otros 15 de los máximos dirigentes del PS permanecían refugiados en alguna representación diplomática en Santiago. El balance era desolador. Ese mismo mes, sin embargo, Carlos Altamirano Orrego, el secretario general del PS, uno de los hombres más buscados por los militares, logró eludir el cerco represivo y huyó de Chile a través de un paso cordillerano sureño para aparecer públicamente poco después en Cuba. Aquella evasión se transformó en una vergonzosa esquirla que permaneció durante muchos años bajo la piel de los principales jefes de la Dina.

Exequiel Ponce, un corpulento obrero portuario de origen campesino, encargado hasta entonces del frente interno del partido, asumió la conducción clandestina de los socialistas en Chile, apoyado por Ariel Mancilla Ramírez, Víctor Zerega Ponce, Joel Huaiquiñir Benavides, Manuel Carpintero, Ricardo Lagos Salinas, Gustavo Ruz Zañartu, Carlos Lorca y algunos otros militantes, hombres y mujeres, promovidos desde las dirigencias juveniles.

La diezmada situación de la tienda partidaria quedó registrada fragmentariamente en una carta que Lorca envió a un contacto en el exterior en  diciembre de 1973. En ella expresó: “...estamos remontando lentamente, con cierta ineficiencia por nuestra falta de experiencia en el trabajo clandestino, una situación inicial muy difícil, ya que la represión afectó fundamentalmente al Partido. Cuatro miembros de la dirección fusilados (Arnoldo Camú, Eduardo Paredes, Arsenio Poupin y Luis Norambuena), siete u ocho arrestados, muchos de los cuales deben estar pasándola muy mal (Uldaricio Figueroa y Tito Martínez brutalmente torturados, Clodomiro Almeyda enfermo y en la Isla Dawson) y direcciones regionales completas fusiladas. Pese a ello, hemos logrado reconstruir el Comité Central y hemos dado los primeros pasos para reconstruir la organización partidaria y el movimiento de masas”.

Lorca se quedó corto. Carecía, como la inmensa mayoría de los chilenos, de la información suficiente para ponderar el verdadero impacto de la embestida represiva desatada por la dictadura.

En marzo de 1974, la dirección interna produjo un informe titulado “Al calor de la lucha contra el fascismo, construir la fuerza dirigente del pueblo para asegurar la victoria”, más conocido como el “Documento de Marzo”, donde se propuso la conformación de un frente amplio, desde el MIR y el PC hasta el PDC, para oponerse al régimen militar. Además, planteó una reestructuración del partido para hacer frente a los tiempos oscuros que se vivían. Aquel escrito provocó una aguda polémica en el socialismo, la que se iría ahondando hasta su quiebre en 1979.

La DINA, en tanto, preocupada del MIR, ocasionalmente acometía en contra de algunas estructuras socialistas, algunas de ellas bastante cercanas a las redes de la resistencia que dirigía Miguel Enríquez.

La DINA, en tanto, preocupada del MIR, ocasionalmente acometía en contra de algunas estructuras socialistas, algunas de ellas bastante cercanas a las redes de la resistencia que dirigía Miguel Enríquez. No obstante, cuando terminaba el verano de 1975 y tras haberse efectuado en abril un pleno del Comité Central del PS en La Habana Cuba, y estando el MIR casi completamente diezmado, los jefes de las brigadas que dirigía el coronel Manuel Contreras, empezaron a orientar sus esfuerzos de búsqueda y captura hacia las nuevas dirigencias del partido de Salvador Allende.

Numerosos antecedentes recogidos de los testimonios de los detenidos que sobrevivieron a los cuarteles secretos y de los mismos agentes de la Dina, que desde la década de 1990 debieron acudir a declarar a los tribunales de justicia, permiten presumir que los grupos de tarea que operaban desde Villa Grimaldi fueron reestructurados de cara a la persecución de los socialistas. En las detenciones que siguieron figuran hombres y mujeres de las agrupaciones Caupolicán y Purén, además de otros integrantes y colaboradores que no estuvieron muy activos en los meses previos.

El 4 de marzo de 1975 fue detenido Alfredo Rojas Castañeda, 34 años, casado, tres hijos, ex director de Ferrocarriles del Estado, domiciliado en Clorinda Wilshaw 743, Ñuñoa. Había sido arrestado por primera vez a fines de septiembre de 1974 y trasladado al recinto de José Domingo Cañas, donde permaneció cerca de diez días tras lo cual fue dejado en libertad. Posteriormente, a fines de enero de 1975, nuevamente fue aprehendido por agentes de la DINA, entre ellos Osvaldo Romo, Basclay Zapata y Luz Arce Sandoval, siendo conducido a Villa Grimaldi y horas más tarde liberado. En la tercera captura fue llevado nuevamente a Villa Grimaldi y sometido a intensas torturas e interrogatorios. En ese recinto fue visto hasta finales de la segunda semana de abril de 1975, perdiéndose luego todo rastro de su persona. La DINA se quedó con su automóvil Citroen, AK-88 Yagán, patente KR-406 de Providencia. Durante su estadía en Villa Grimaldi, fue obligado a firmar cheques de su cuenta corriente los que posteriormente fueron cobrados por otras personas.

Diez días después, el 14 de marzo, detuvieron a Adolfo Ariel Mancilla Ramírez, 26 años, casado, un hijo, constructor civil, miembro del Comité Central del PS. Lo cogieron a  las 13:30 horas, al ingresar al inmueble de Cumming 732,  lugar en el cual se iba a efectuar una reunión del PS. La vivienda había sido ocupada previamente por unos 15 agentes de la Dina. Mancilla logró convencer a sus captores de que tenía una cita con otro dirigente del partido y salió con algunos de ellos, aprovechando el momento para lanzarse al paso de un microbús, resultando gravemente herido.

La DINA buscaba a Ariel Mancilla desde hacía varios meses, su casa había sido allanada dos veces y en tres ocasiones habían detenido a su cónyuge, Ema Fuenzalida Martínez, para conseguir que Mancilla se entregara. En una de esas oportunidades la mujer estuvo 15 días detenida en Londres 38.

Macilla fue visto en Grimaldi muy golpeado, cojeando de una pierna a causa de una herida. Lo tenían en las celdas con forma de cajones que los prisioneros llamaban "Casas Chile" y luego lo trasladaron a la “Torre”. Otros presos debían ayudarlo a caminar.

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Arriba, de izquierda a derecha: Andrés Signorell, Carlos Lorca, detenido desaparecido; Joel Hauquiñir, detenido desaparecido; y, Mario Sepúlveda. Abajo, de izquierda a derecha: Iván Párvex; Jaime López, desaparecido; Luis Lorca y Sergio"Chepo" Sepúlveda.
Arriba, de izquierda a derecha: Andrés Signorell, Carlos Lorca, detenido desaparecido; Joel Hauquiñir, detenido desaparecido; y, Mario Sepúlveda. Abajo, de izquierda a derecha: Iván Párvex; Jaime López, desaparecido; Luis Lorca y Sergio"Chepo" Sepúlveda.

Lautaro Videla, uno de los sobrevivientes, relató que en una ocasión “después de tres días de demanda de los presos para que lo viera un médico, conseguimos que lo atendieran y luego de un examen superficial, el médico decidió operar al compañero y solicitó la ayuda de nosotros para sujetarlo, mientras procedía a cortar tejidos muertos e infectados en su pierna. Yo fui uno de los que ayudó en la labor que realizaba el doctor al lado de nuestras celdas y sobre el suelo. La pierna de Ariel acusaba alguna forma de gangrena, sin embargo, fue vendado en el lugar y enviado de regreso a la Torre, para posteriormente desaparecer algunos días después".

Uno a uno, van cayendo

Fidelia Herrera Herrera, detenida en la Villa Grimaldi en aquellos meses, agregó: "Vi a Ariel Mancilla, malherido y con un pie destrozado. Durante tres noches consecutivas él fue conducido en una silla a la pieza en que yo permanecía sola. Lo llevaron para hacerle curaciones. Tenía la cabeza enteramente vendada, hablaba en voz muy baja, y hacía un tremendo esfuerzo para hacerse oír”.

El 17 de junio los agentes de la Dina cayeron sobre Ricardo Ernesto Lagos Salinas, 24 años, casado, dos hijos, contador, miembro de la comisión política del PS. Fue detenido en su domicilio de calle Tiros, en  Villa Japón, en Las Rejas, a la salida poniente de la ciudad. Aunque no hay testimonios directos de su aprehensión, existen antecedentes que permiten deducir que ésta se produjo junto a su pareja, Michelle Marguerite Peña Herreros 27 años, nacida en Francia y de nacionalidad española, soltera, ocho meses de embarazo, estudiante de Ingeniería Eléctrica en la UTE, ex empleada del Instituto Chileno-Vietnamita, asistente del Sindicato Mademsa y de los trabajadores de Cristalerías Chile

Juan Carlos Ruiz, también socialista, declaró que, en noviembre de 1974, después de salir libre de una detención, tomó contacto con Michelle Peña, cuando ella y Ricardo Lagos vivían en una pensión de calle Tocornal. Posteriormente, en 1975, el testigo asumió tareas de enlace entre Exequiel Ponce y los dirigentes Ricardo Lagos, Carlos Lorca y Michelle Peña. En marzo de 1975 ubicó la casa de calle Tiros en la que vivían Lagos y la afectada, domicilio en el que se reducían documentos, había un taller fotográfico y se realizaban los puntos de encuentro y reunión con Ponce.

Alrededor del 21 de junio, Ruiz concurrió al domicilio de Lagos e ingresó sin darse cuenta que la señal de alerta previamente convenida -una ventana abierta- estaba presente. Adentro había un gran desorden, los colchones estaban rajados y todas las cosas desparramadas.

Posteriormente, el 1° de julio de 1975, cuando el militante socialista Héctor Eduardo Riffo se encontraba recluido en el sector denominado "La Torre" en Villa Grimaldi, sintió que a una cabaña vecina ingresaban a dos mujeres detenidas. Escuchó sus voces y reconoció la de Michelle Peña. Riffo fue detenido el 24 de junio, cuando acudió a un domicilio de Villa Ríos, donde había acordado reunirse con Ricardo Lagos. El testigo llegó alrededor de las 15:30 horas y vio que cerca de la casa estaba estacionado un automóvil Chevrolet color blanco y celeste. En su interior se encontraba Lagos. Riffo pensó que Lagos venía recién llegando y subió al departamento de la cita. De inmediato fue detenido por dos civiles armados para ser conducido después hasta un auto MG amarillo al que habían trasladado a Lagos. Ambos fueron llevados a Villa Grimaldi. Según afirmó Riffo en los tribunales de justicia, entre los agentes que actuaron en ese momento estaba uno a quien llamaban "Alberto", que después sería capitán de la CNI, de unos 38 años, 1.70 de estatura, tez mate, cara redonda, ojos café oscuro, pelo entrecano y contextura fornida; y un conscripto de la Unidad de Comandos del Regimiento Buin de apellido Díaz, alrededor de 23 años, 1.75 de estatura, moreno, pelo negro ondulado, cara alargada, delgado, ojos café y que era de La Pincoya, una población de la comuna de Conchalí.

Ricardo Lagos había comenzado a ser buscado a partir del mismo 11 de septiembre de 1973. Su esposa, Patricia Paredes, abandonó el país junto a sus dos hijos en 1974, refugiándose en Alemania. El 16 de septiembre de 1973, el padre del dirigente socialista, Raúl Lagos Reyes, ex alcalde de Chillán; su madrastra, Sonia Ojeda, embarazada; y su hermano, Carlos Eduardo Lagos, habían sido ejecutados en el patio de su propio domicilio en Chillán por efectivos militares.

Ocho días después, el 25 de junio, cuatro agentes de la Dina apresaron a Exequiel Ponce Vicencio, 39 años, casado, una hija, obrero portuario, miembro de la comisión política del PS y el principal dirigente del partido. Lo arrestaron en una pensión en calle Tocornal, a la 1.30 de la madrugada, junto a su enlace, Mireya Rodríguez Díaz. Los agentes sabían con precisión que Ponce y Mireya Rodríguez ocupaban la última pieza de la residencial. En la calle esperaban a los menos tres vehículos que participaron en la operación. Uno de los agentes era chico, de bigotes tupidos y anchos.

Emilio Iribarren Lederman, el mirista que colaboraba con la DINA, declaró en noviembre de 2003 ante un grupo de detectives que lo entrevistó en Nueva York que a fines de junio de 1975 vio en Villa Grimaldi algo que nunca pudo olvidar: "Un hombre que fue largamente torturado durante un período de 24 ó 48 horas. Fue colgado con una soga que le amarraba las manos por detrás. La soga pasaba por encima de una viga. Unos agentes tiraban de la cuerda hacia una polea, levantando a este detenido. Simultáneamente lo apaleaban. El prisionero estaba desnudo y le mojaban constantemente el cuerpo para aumentar el efecto de la electricidad. Al hombre lo subían y lo bajaban. Le dieron hasta la madrugada. Gritaba. Cada vez que miré, pude ver a Germán Barriga dirigiendo personalmente la tortura. Al viejo Exequiel Ponce lo torturaron brutalmente".

Aquel mismo 25 de junio la Dina logró capturar a  Carlos Enrique Lorca Tobar, casado, un hijo, médico psiquiatra, ex diputado por Valdivia, miembro de la Comisión Política del PS. La detuvieron ocho agentes alrededor de las 16.00 horas, en la casa ubicada en calle Maule N°130. El domicilio pertenecía a Yolanda Abarca, ayudante de los dirigentes socialistas. Los sujetos llegaron cerca de las 13.30 para, según dijeron, esperar al doctor Lorca y a una acompañante.

Los agentes aguardaban que el médico llegara con su enlace, la asistente social Carolina Wiff, 33 años, quien luego del golpe militar, al alero del Comité Pro-Paz, se había dedicado a organizar programas de ayuda a familias de presos políticos y a reubicar niños huérfanos víctimas de la represión.

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Carolina Wiff, Mireya Rodríguez (arriba a la izq.), Sara Donoso (arriba a la der.), Michelle Peña (abajo a la izq.), Rosa Soliz (abajo a la der.).
Carolina Wiff, Mireya Rodríguez (arriba a la izq.), Sara Donoso (arriba a la der.), Michelle Peña (abajo a la izq.), Rosa Soliz (abajo a la der.).

De acuerdo a versiones de testigos, en el operativo habrían actuado Basclay Zapata, Osvaldo Romo y Juan Muñoz Alarcón. Otro agente habría sido el oficial de Ejercito Ricardo Thieme Bahre, hermano del ex secretario general del Frente Nacionalista Patria y Libertad, FNPL, Roberto Thieme. Todos ellos, bajo la supervisión del capitán Germán Barriga, Don Jaime o Don Julio. Testimonios recogidos posteriormente indican que también habrían participado la oficial de Carabineros Palmira Almuna y el teniente de Ejército Patricio Castro, quien años después se haría célebre en la CNI por su participación en la financiera clandestina “La Cutufa”.

Alrededor de las 15:00 horas arribó Carlos Lorca y Carolina Wiff. Sin poder retirar la señal de normalidad, un banderín del club de fútbol Audax Italiano en la ventana,

Alrededor de las 15:00 horas arribó Carlos Lorca y Carolina Wiff. Sin poder retirar la señal de normalidad, un banderín del club de fútbol Audax Italiano en la ventana, Yolanda Abarca fue conminada a abrir la puerta. Al hacerlo, los empujaron violentamente hacia el interior de la vivienda y lo redujeron. Raúl Romo le puso unos lentes ópticos al hombre y dijo, triunfante: “¡No hay duda, éste es el doctor Lorca!”.

Testigos que transitaban a esa hora por el sector afirmaron haber visto sacar de una casa a la pareja, rodeada por cuatro civiles que los mantenían asidos por los brazos. El hombre iba esposado. Ambos fueron subidos a un Fiat 125 rojo que salió raudo hacia Vicuña Mackenna.

Héctor Eduardo Riffo, testimonió que el 25 de junio de 1975, alrededor de las 17:00 horas, escuchó que ingresaba a Villa GRimaldi un gran número de vehículos. Estos hacían sonar sus bocinas y se oían gritos insistentes de “Lorca, Lorca“. Dentro de la Villa se notó entonces un gran ajetreo y alboroto. El testigo agregó que, el miércoles 2 de julio del mismo año, alrededor de las 10:00 de la mañana tuvo lugar una visita inspectiva a dicho recinto.  Pudo escuchar que cuando le informaron que Lorca y Ricardo Lagos se encontraban detenidos, el visitante se mostró interesado y pidió ver las celdas de ambos detenidos.

Otro detenido, Sergio Hernán Gajardo, vio a Carlos Lorca vestido con un terno plomo, camisa blanca y zapatos negros, pelo largo y barbón. Era conducido por dos guardias pues no podía caminar. Lo llevaron a una pieza donde había una mesa, una silla y una máquina de escribir. Allí uno de los agentes conminó al detenido: “bueno doctor va a llenar este cuestionario y contestar todas las preguntas. Queremos que las respuestas sean lo más completas posibles”.

En septiembre de 1975, Edwin Patricio Bustos, recluido en Villa Grimaldi, al ser interrogado por Osvaldo Romo, éste lo amenazó con colgarlo de los testículos, “tal como lo hicieron con Carlos Lorca”.

La arremetida contra la dirección clandestina del PS culminó con la detención de dos estudiantes universitarias. El 7 de julio apresaron a  Rosa Elira Soliz Poveda, 23 años, soltera, alumna de Enfermería en la sede Norte de la Universidad de Chile. Vivía en un departamento junto a Sara de Lourdes Donoso Palacios, 25 años, soltera, también alumna de Enfermería en el mismo campus. Ambas trabajaban  en el consultorio del Servicio Nacional de Salud, ubicado en calle Independencia Nº 1345, y las dos militaban en el PS bajo las órdenes de Modesta Carolina Wiff Sepúlveda, realizando funciones de enlace entre la directiva central y con otros partidos políticos. La fecha del arresto de Rosa no ha podido ser precisada, Sara, en tanto, fue detenida el 15 de julio, a las 8.30 horas, en la entrada del consultorio donde laboraba, desde donde fue subida a una camioneta que aguardaba a los agentes.

Las dudas y la desconfianza cayeron sobre Jaime Eugenio López Arellano (“Pablo” o “Felipe”), 25 años, estudiante de Medicina de la Universidad de Chile, encargado de las relaciones internacionales y de los vínculos con la dirección exterior.

El balance era desolador, pero también lo era la sombra de una terrible sospecha que mantendría con la piel erizada a los militantes que sobrevivieron y que se aprontaban a reemplazar a los caídos. Uno de los dirigentes más importantes de ese período, muy cercano a Exequiel Ponce y a Carlos Lorca, el más indicado para sucederlos en la conducción del partido, había desaparecido sin dejar rastros, de un modo extraño y sospechoso. Las dudas y la desconfianza cayeron sobre Jaime Eugenio López Arellano (“Pablo” o “Felipe”), 25 años, estudiante de Medicina de la Universidad de Chile, encargado de las relaciones internacionales y de los vínculos con la dirección exterior. Había sido enviado al pleno del Comité Central en La Habana y en busca de recursos financieros a Berlín oriental, en la RDA, donde se reunió con su pareja, Michelle Bachelet. Luego, ya de regreso en Santiago, su conducta fue errática y confusa, hasta que semanas y meses más tarde, al confrontar datos, fechas y situaciones, los nuevos dirigentes llegaron a la conclusión de que López, obligado o no, colaboraba con la DINA desde una fecha imprecisa.

Entre diciembre de 1975 y marzo de 1976, las detenciones nuevamente arreciaron, pero casi todos los aprehendidos recuperaron su libertad. Algunos de ellos contaron entonces que habían visto a Jaime López en Villa Grimaldi y no precisamente como prisionero. Su caso ha sido un misterio hasta el día de hoy. Varios de los antiguos dirigentes que sobrevivieron creen que “Pablo” puede haber sido un agente infiltrado en el PS desde antes del golpe militar; otros, lo consideran una víctima más del horror de aquellos tiempos. Lo único cierto, por ahora, es que nunca más fue visto ni se supo de su destino, aunque se cuenta que ha sido visto en diversos países, en Quillota, en Quilpué y en otros lugares.

En Valparaíso, diversos viejos socialistas creen que Jaime López, que era porteño, había estudiado en el liceo Eduardo de la Barra e incluso convivido con Exequiel Ponce y su esposa, trabajó para los aparatos de seguridad de Pinochet y la inteligencia naval junto a otro militante porteño, que servía café a los oficiales y torturadores en la Academia de Guerra Naval, y que aún circula por las calles del puerto.

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