Gracias al apoyo de nuestros lectores conseguimos 280 nuevos suscriptores
Ya sumamos
de 1000 suscriptores | meta septiembre
Suscríbete recomiéndanos,
compártenos

Estamos donde tú estás. Síguenos en:

Facebook Youtube Twitter Spotify Instagram

Acceso suscriptores

Sábado, 24 de agosto de 2019
Crisis en Venezuela

El golpe militar que no fue: la última bala de Juan Guaidó

Andrés Almeida

guaido-lopez.png

Juan Guaidó y Leopoldo López, y el día en que no fue
Juan Guaidó y Leopoldo López, y el día en que no fue

Al auto proclamarse ‘presidente encargado’ en enero pasado, el opositor sabía que su carrera política en esa posición tenía una fecha de vencimiento. Ayer, el enemigo favorito de Maduro en Washington y en gran parte de Occidente trató de disparar una de sus últimas balas. Pero erró el blanco.

El guión era audaz. Una mañana inesperada, un grupo de militares rebelados libera de su prisión domiciliaria a un líder significativo -Leopoldo López- y lo pone al frente de una insurrección militar, codo a codo, con quien se supone detenta el poder legítimo, Juan Guaidó.

La escena es sobre un puente de una autopista, en un lugar del este de Caracas, la más acomodada, donde la oposición históricamente se moviliza. Dicen que se trata de la toma de una unidad militar: la base aérea de La Carlota, y la versión es creída. El símbolo de rebelión y la imagen de López insuflan a las masas antichavistas, se levantan, acuden al lugar y se toman efectivamente La Carlota, mientras que en paralelo un complot militar de alto nivel opera y granjea apoyos de comandantes que habían mostrado tonos grises en los sondeos de inteligencia acerca de su lealtad al régimen de Nicolás Maduro.

Las masas avanzan hacia Miraflores, el palacio de gobierno de Venezuela, y el chavismo se inhibe de salir en defensa de Maduro ante el quiebre del ejército y la incertidumbre. Los leales a Maduro no se animan a una guerra civil, en la perspectiva de tener que enfrentar en un futuro cercano a Estados Unidos, y van acogiéndose uno a uno a la amnistía ofrecida por Guaidó. Los jerarcas del régimen ven que pierden, y huyen en aviones, gracias a los rusos que permiten la huida a cambio de que el nuevo régimen incluya a un sector que protege sus intereses. Guaidó entra a Miraflores y declara el cese de la usurpación.  

Ese pareció ser el guión de la oposición venezolana ayer. Sólo que casi nada salió acorde a lo planificado.

López y Guaidó llegaron a metros de La Carlota, se parapetaron con cuatro ametralladoras con una centena de militares, algunas motos y ocho tanquetas, y todo lo demás no sucedió.

En cambio, los insurrectos fueron aislados, los militares movilizados fueron abandonándolos de a poco, acusando haber llegado ahí engañados, no llegaron las masas y no se tomaron La Carlota. En cambio todos huyeron, los militares a la embajada de Brasil, López a la embajada de Chile (y luego a la de España) y Guaidó nadie sabe a dónde.

A las 19:24 -hora de Caracas- Juan Guaidó twitteó un mensaje grabado en video, contrapicado, y sin ventanas, sobre un escritorio y dos figuras de Simón Bolívar fuertemente contrastadas, en el que básicamente dijo en casi tres minutos que lo que acaba de pasar es el principio de la Operación Libertad, que Maduro no cuenta con el mando de los militares y que mañana -el 1° de mayo- la operación debería obtener más oxígeno. "Nos vemos en las calles. En Venezuela no hay posibilidad de un golpe de Estado, a menos que me quieran apresar a mi. Hoy Venezuela tiene la posibilidad de una rebelión pacífica, como fue el día de hoy, frente a un tirano que se encierra en cuatro paredes por miedo de dar la cara a nuestra gente", dijo.

A eso de las 20:00 -también de Caracas- fue el turno de Nicolás Maduro, en cadena nacional, quien se tomó casi una hora para referirse a los hechos, rodeado por los más altos mandos civiles y militares de su gobierno. Se esperaba su intervención, pues durante la jornada no tuvo mayor figuración que un temprano Twitt, a las 9:00, en el que llamaba a la movilización de sus partidarios.

En su alocución explicó el transcurso de los eventos de la mañana, enfatizando que el gobierno no quiere producir un enfrentamiento y en los ocho heridos por parte de los insurrectos. También desacreditó las intervenciones de varias figuras de la administración de Donald Trump, en especial en referencia a las de Michael Pence, el secretario de Estado de Estados Unidos, quien afirmó que temprano en la mañana Maduro estuvo a punto de dejar Venezuela para partir al exilio en Cuba, pero que los rusos lo obligaron a quedarse.

Además, se refirió a Leopoldo López y Juan Guaidó en duros términos. Calificó el partido de ambos -Voluntad Popular- de "terrorista", por lo que calificó como una "escaramuza golpista" con potencial de convertirse en un "desastre" y una "tragedia". "Quién se frota las manos con este tipo de situaciones. Quién las auspicia. Quién las financia. Sin lugar a dudas, los que estuvieron ahí presentes. Diputados y factores de la extrema derecha de un partido terrorista llamado Voluntad Popular. Es público, notorio y comunicacional, que ellos estuvieron allí en el lugar de los sucesos, y estuvieron alentando con videos el golpe de estado contra el gobierno constitucional que presido, contra las instituciones legítimas que existen, contra la Constitución y contra la paz del país. Y eso no puede quedar impune", dijo, tras lo que informó que tres fiscales nacionales oficiarán de persecutores del caso.

El día de después de Guaidó

Es difícil decir cómo será el 1° de mayo de 2019 de Venezuela, pero a 99 días del momento en que Juan Guaidó se autoproclamó presidente encargado, es posible presumir que los mejores tiempos del líder de la oposición ya pasaron. Al menos en su calidad de auto ungido presidente encargado.

Tal vez logre eludir la promesa de Maduro de aplicarle el rigor de la ley por lo sucedido el 30 de abril pasado, tal como logró no ser detenido tras su regreso a Venezuela luego de lo de Cúcuta, pese a violar una orden judicial de no salir del país, por la presión de Estados Unidos que ha prometido acciones de represalia si algo le pasa a Guaidó.

Sin embargo, tras el fracaso de ayer, su figura queda en un fuerte entredicho. Su apuesta fue muy alta, pues buscó una salida violenta que no es compartida por toda la oposición, la que ahora se fragmentará más de lo que ya está. También el golpe fallido va a ser esgrimido por el gobierno como prueba de la ilegitimidad de los propósitos de Guaidó y todo su sector, quienes antes corrían sin mayores baches en la retórica republicana de la Constitución y las leyes. 

Esto en un contexto en el que ya le quedaba poco oxígeno, pues el entusiasmo opositor comenzaba a flaquear, y con eso aparecían las diferencias entre los sectores que claman a gritos que Guaidó llame a los marines estadounidenses (algo que no es realista, pues Estados Unidos, incluso antes de lo ocurrido el 30 de abril, no ve factibilidad política ni militar en una intervención clásica), y los que se abren a la negociación con el régimen.

Guaidó sabía que le quedaba poco tiempo, y que su tono presidencial en la que daba órdenes que nadie cumplía, pronto se iba a revelar como una pantomima. Ese es un elemento que da crédito a una versión de El Confidencial, un periódico español que ha seguido de cerca el caso venezolano, en el que se dice que este líder -junto con Leopoldo López- se apresuraron adelantando una operación mayor, que incluía en el complot a varias figuras del chavismo que habrían estado dispuestas a abandonar a Maduro, incluido Vladimir Padrino, el poderoso ministro de Defensa. 

Sean ciertas las versiones de El Confidencial o no, lo concreto es que el golpe no fue y se perdió la tercera -y tal vez última- gran bala de cañón que Guaidó tuvo como némesis presidencial de Maduro, pues incluso hay quienes ven que ya Guaidó dejó de ser útil o confiable para Estados Unidos, país que ya le había reclamado por las falencias de inteligencia en el episodio de Cúcuta (la segunda bala, disparada el 23 de febrero, a propósito del intento de un derrocamiento con la excusa del ingreso de ayuda humanitaria por la frontera colombo-venezolana).

Tal vez el mejor momento de Guaidó fue su primer día, cuando lanzó la primera bala. El día cero de esta historia: el 23 de enero de 2019, cuando logró hacerse conocido ante el mundo y los propios venezolanos, y ser reconocido por más de 50 estados como presidente encargado, levantando grandes movilizaciones y la esperanza de un nuevo liderazgo capaz de enfrentar a un presidente Nicolás Maduro, debilitado en ese entonces por una paupérrima situación económica.

Eso fue hace largos 99 días.

Ya que estás aquí, te queremos invitar a ser parte de Interferencia. Suscríbete. Gracias a lectores como tú, financiamos un periodismo libre e independiente. Te quedan artículos gratuitos este mes.

Comentarios

Comentarios

ya estoy suscrito. saludos

Gracias por la info

Gracias

Añadir nuevo comentario