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Martes, 4 de agosto de 2020
Desde Ancud, la poeta Rosabetty Muñoz:

“El hilo conductor de mi poesía es el espacio cultural y simbólico de Chiloé”

Ignacio Vidaurrázaga Manríquez

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Rosabetty Muñoz Serón. Fotografía: Patricia Becerra R. (@patriciaceciliabr)
Rosabetty Muñoz Serón. Fotografía: Patricia Becerra R. (@patriciaceciliabr)

“Hay pérdidas que duelen más como el desmoronamiento de la cultura chilota que ha estado ocurriendo en las últimas décadas y ha llevado al abandono de ciertas prácticas comunitarias que marcaban nuestro modo de ser y mirar el mundo. He hablado mucho de esta pérdida especialmente en mi poesía. Pero, también está presente la esperanza en cada uno de mis libros”, dice la autora en esta entrevista. 

Una poeta atenta al territorio y al maritorio que lo entorna esa es Rosabetty Muñoz Serón (1960), además es profesora, tallerista y columnista y vive la cuarentena trabajando con vista al puente Pudeto en Ancud. 

Comenzó muy chiquilla a escribir, antes de irse a estudiar a Valdivia para convertirse en profesora de castellano. Por estos meses la Universidad de Los Lagos la ha nominado al Premio Nacional de Literatura. Rosabetty no se marea con esos reconocimientos, que además algunas veces significan disputas. Es madre de tres hijos, pero como chilota también cuenta a las nueras y dice seis en total, mientras como abuela reúne a cuatro nietas y nietos. Su compañero de vida es Juan Domingo Galleguillos, que por supuesto  es otro profesor. 

En marzo de este 2020 con el sello Lumen se publicó Misión Circular, una antología referida al conjunto de su obra, incluido un libro inédito titulado Veteranos y un poema de sus dieciocho años. La nueva publicación es su decimotercer libro. Ha sido reconocida con los premios Pablo NerudaAltazor y Manuel Montt de la Universidad de Chile.

Desde su ventana pareciera ser un faro atento a lo que transita por ahí. En su casa han compartido amigos creadores que siempre recuerda. Como el poeta Ernesto Cardenal que vació sus maletas de libros para llenarlas concochayuyo,antes de su retorno a Nicaragua. O los Schwenke & Nilo a los que me tope una vez, visitando a Rosabetty. Porque como toda casa, también la habitan sombras de memorias pasadas. Y ahí está no lejos de todo, el estudio de la poeta, con varios centenares de libros reunidos en viajes, intercambios e itinerancias por librerías. Ahí están, trajinados como corresponde. 

Rosabetty es una activa profesora de Educación Media en el Liceo Domingo Espiñeira Riesco de Ancud, donde conduce un taller literario. Lo mismo sale a giras y le llegan invitaciones de otros países que recibe a sus “chiquitas” y “chiquitos” del Taller Mistral en la Biblioteca Pública de la ciudad, que otrora fuera capital del Archipiélago. Nada diva, sus textos reflejan un Chiloé amasado desde la infancia que huele a leña y humedad. 

Justo por estas semanas, el sábado 27 de junio nos enterábamos de esa otra pandemia reiterada tantas veces: la fuga de 800 mil salmones desde un centro de cultivo de la empresa Blumar situada en el Seno de Reloncaví, próximo a Ancud. Días después, se evaluaba que era la mayor de esas fugas registrada en Chile y que significaría un nuevo daño a esos ya frágiles ecosistemas marinos. Así lo ha escrito Rosabetty:

Se ha producido el temido desembarco

y dejamos los gualatos,

las cosechas de manzanas,

el cuidado de las gallinas

rendidos a la humillación del salario mínimo.

(Marea Roja, Técnicas para cegar a los peses, 2019)

¿Qué está sucediendo en Chiloé y en Ancud a propósito de la pandemia? ¿Has perdido amistades o personas conocidas?

- Estos últimos días hemos tenido unos temporales feroces. En las noches arrecian vientos que han llegado a ciento veinte kilómetros por hora, entonces, junto a la incertidumbre por el futuro, el miedo al contagio por Coronavirus, a nuestras vidas se suma la inclemencia del tiempo. Entre los pobladores de  Ancud hace décadas que hay problemas económicos serios, que se han agudizado en esta crisis, por lo tanto, uno ve en las calles el comercio callejero, los tránsitos por temas laborales, mucha gente que no puede permanecer en sus hogares. Por otro lado, quedarse en la casa no tiene el mismo signo acá, porque en general, tenemos práctica en eso por los crudos inviernos de la isla.

Le temo, como todos, al contagio, especialmente de mis seres queridos pero hasta ahora, la enfermedad ha estado lejos de nuestro radio directo. Hace poco murió el dueño de la frutería donde compramos generalmente, su hija vino desde el norte a cuidarlo y ahora está grave. Aquí también la muerte se asoma, se deja ver.

¿Qué te dice tu olfato de poeta? 

- No es aventurado afirmar que estamos frente a una transformación de lo que venía siendo un sistema de vida. Nada será igual cuando salgamos del estado suspendido en que nos tiene la pandemia; pienso que ha sido tal el coletazo que ha pegado este virus que ha dejado al descubierto los carcomidos y podridos poyos sobre los que estaba construido este mundo. Todas las enormes desigualdades, todas las injusticias, todo el absurdo de consumir hasta el hartazgo ignorando la visible destrucción del planeta. Como va a haber, además, un grave problema económico, las demandas se van a agudizar y profundizar. Mientras grandes sectores tengan menos que perder, más riesgo corren los cimientos del sistema económico.

Una cuarentena activa

¿Qué nos puedes contar de tus escrituras y lecturas? 

- Como sabes, vivo en el campo, cerquita de Ancud y eso ha sido espacialmente bueno ahora. Miro hacia afuera y el verde, los árboles, el puente Pudeto a lo lejos, son un descanso para las tensiones. Estoy dedicada a los talleres, a encuentros de distintas organizaciones por plataformas digitales. Pienso que tenemos más trabajo ahora que antes porque ya no están los horarios acotados de la jornada laboral sino que pareciera un estado de disposición permanente con esto de las redes y la necesidad de participar tanto laboral como social y familiarmente.

He leído mucho. Estos días  releí Pedro Páramo uno de mis imprescindibles; avanzo cada noche Medea de Christa Wolf, atrapada en la excelencia del lenguaje y en la hondura de las emociones humanas; leí tres títulos “al hilo” de Olga Torckasuk (Los ErrantesSobre los huesos de los muertos Un lugar llamado antaño) y me he maravillado con su versatilidad y lenguaje  lírico. Hace poco releí al griego Yannis Ritzos en poesía y a Emily Dickinson, en fin, la lectura es un bálsamo y ayuda a mirar de otros modos este tiempo. 

¿Te ha sido posible escribir en medio de las noticias de la peste y el terror que Chiloé no tenga como responder sanitariamente a los contagios?

- Tal vez sea por mi forma de escribir, pero he estado muchas horas en mi escritorio trabajando. Hay torrentes de imágenes cada día y yo trato de registrar todo aquello que me conmueve, no es propiamente poesía, tal vez lo sea en algún momento. Por ahora, se trata de capturar los pliegues, los detalles, las percepciones, el tono de estos días. También me esfuerzo por comunicar, hacer de la palabra una herramienta de encuentro con otros, por eso sostengo (como tú sabes) una página semanal en El Insular de Chiloé, donde comento libros o acontecimientos. También he estado haciendo una suerte de crónicas para la página www.guionb.com , lo que ha sido un sano ejercicio para decir  cómo estamos en este rincón del mundo. 

La pérdida y la esperanza 

De tu obra poética se ha escrito y reunido un extendido listado. Quisiera rescatar dos conceptos de un par de académicos estudiosos de tu obra: la pérdida y la esperanza. La primera En nombre de Ninguna y lo segundo en Ratada

- Siempre estamos perdiendo algo, nada más evidente que el trabajo del tiempo sobre nuestro cuerpo y sus facultades. Así también con todo a nuestro alrededor, hay pérdidas que duelen más como el desmoronamiento de la cultura chilota que ha estado ocurriendo en las últimas décadas y ha llevado al abandono de ciertas prácticas comunitarias o colectivas que marcaban nuestro modo de ser y mirar el mundo. He hablado mucho de esta pérdida especialmente en mi poesía. Pero está también presente la esperanza en cada libro, en cada artículo o crónica que escribo porque siento que la capa de banalidad y enajenación se  muestra como delgada y parece resquebrajarse con los acontecimientos de los últimos años, pienso en el mayo chilote de 2016, en el estallido social de 2019 y ahora, en esta obligada vuelta a los interiores.

En casi 40 años de escritura, en tu trayectoria hay saltos, cambios, quiebres y continuidades. ¿Podrías referirte a los hitos más significativos?

- Tu pregunta se puede abordar desde muchos lugares. Empezaré diciendo que el hilo conductor primero y más grueso, que sostiene lo demás, es el espacio cultural y simbólico de Chiloé. Durante estos años he desarrollado una escritura que tiene domicilio conocido y, aunque no es complaciente ni idealiza los contenidos culturales de este espacio, me he esforzado por hacer de la palabra una herramienta que pueda decir las complejidades de este mundo particular.

Hay libros que me parecen más logrados en este sentido y a los que, cuando he tenido que releerlos, no les cambiaría nada: Ratada, En Nombre de Ninguna y Técnicas para Cegar a los Peces.

Las mujeres escritoras

¿Qué opinión tienes de la escritura de mujeres en el Chile de hoy?

- Pienso que desde los ochenta, cuando hubo una explosión de escritura femenina en el espacio público, se ha estado avanzando en la valoración de la literatura escrita por mujeres. Todavía hay que pelear contra los prejuicios y los intentos de marginarnos, por ejemplo en mesas de lecturas o revistas o antologías “solo de mujeres” como si estuviéramos incapacitadas para leernos en el mismo territorio que los hombres. Pero ya es incuestionable la fuerza, el talento, la capacidad de creación de un grupo creciente de mujeres tanto en la poesía como en la narrativa. Además de los nombres conocidos como Verónica Zondek, Malú Urriola, Elvira Hernández, Carmen Berenguer y otras, asistimos a la presencia tanto como creadoras, gestoras, editoras de mujeres potentes como Gladys González, Damsi Figueroa, Alejandra Costamagna, Nona Fernández, Poli Roa acá en el sur. Son demasiadas, por ello es difícil nombrarlas a todas.

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En su taller literario de Ancud.
En su taller literario de Ancud.

¿Cómo ha sido tu experiencia de realizar talleres literarios? ¿Vienen nuevas escritoras y escritores que aún están borroneando sus cuadernos o guardando en sus máquinas digitales?

- Hacer talleres es parte de mi oficio a estas alturas. Siento que es una manera de retribuir todo lo que he aprendido de otros escritores, de la comunidad en que, a veces, he tenido la oportunidad de hacer literatura. Muchos de los chicos del taller no serán escritores, seguramente, pero hago esfuerzos porque encuentren en la palabra su medio de expresión, su herramienta de búsqueda de sentido. Muchos se vuelven lectores y sí, hay varios que escriben regularmente, que aspiran a publicar y que participan en concursos literarios. En lo personal, agradezco este contacto permanente con la lengua fresca de generaciones jóvenes.

Allá, juegas roles múltiples: agitadora cultural, columnista de diario o páginas, profesora, etc. ¿Te articulas con otras y otros escritores dentro o fuera de Chiloé?

- Tengo viva la participación en talleres literarios desde muy temprano, primero en talleres escolares y luego en la universidad. Fue fundamental para mí el encuentro con otros poetas, con otros artistas, aprendí mucho y siempre he necesitado esa lectura crítica de compañeros; ese compartir descubrimientos de textos que “hay que leer”. Muy importante fue el Grupo Índice en Valdivia y he seguido teniendo contacto con varios de sus componentes a lo largo de los años. Ahora me siento muy cercana a otro colectivo: los Abandónicos o el Colectivo de los Pueblos Abandonados que un poco en broma y muy en serio, cuestiona los tópicos de vivir en provincia, del centralismo, de la idea de pertenecer, etc. Están allí Marcelo Mellado, Oscar Barrientos Bradasic, José Tomás Labarthe, Cristian Rau, Daniel Rojas Pacha y varios más.

Una amiga académica, Paula Tesche, que hizo su tesis doctoral con Iván Carrasco sobre tu obra me envió las preguntas que te propongo a continuación: 

“¿Calificaría su trabajo como un proyecto literario?”

- No hablaría de un proyecto literario. Mi forma de escribir funciona más o menos así: durante un tiempo hago una recogida de imágenes que me asaltan en la cotidianeidad, interesada por muchos temas distintos. Anoto y anoto hasta que, sin saber muy bien cómo, empieza a tomar forma un cuerpo de poemas que suelen mostrar un costado, un lado del complejo prisma de la realidad. Después viene el borrar, cortar, tirar hasta que queda lo que considero posible de compartir con otros.

“¿Considera que su poesía es de tipo religiosa?”

- No diría eso, sino más bien que la religiosidad es un tema que me interesa mucho porque está impregnada en mi formación desde la infancia. Tal como la convivencia con un clima duro; con el poder del mar. Es inevitable que forme parte de mi poesía como una de sus piedras angulares.

Evocaciones de tu poesía 

Quisiera proponerte un trozo de En lugar de morir, para invitarte a comentarlo… 

Dónde se fueron

Los que podían guiarnos en la noche

- Yo estaba muy desesperanzada sobre todo en el tema político hasta octubre de 2019. Sentía esa pesadumbre de falta de conducción en tantos temas, falta de líderes, guías. Viene de pronto el movimiento social y despierta la esperanza fuerte de que es posible vivir un país distinto con más justicia, menos desigualdad, más humano. Aún pienso que faltan personas que lideren esta fuerza pero tengo la confianza en que aparecerán con el mismo impulso del movimiento. Por lo pronto, en esta misma crisis, ya vemos algunas inteligencias que también son más completas porque junto a los contenidos ofrecen contención emocional como la de Izkia Siches, por poner un ejemplo.

Memorias de Aristóteles España, el Tote

¿Qué sucede cuando una poeta evoca a otro ya fallecido? Quisiera que este sea ese momento. ¿Cómo rememoras a Aristóteles, el Tote? 

- Lo primero que se me viene a la mente es su sonrisa. Su “carácter” -como se dice en Chiloé para aludir a la expresión del rostro- dulce, afable, manso, que lo diferenciaba un poco de otros jóvenes poetas más empoderados en la palabra que iban descubriendo y conquistando. El Tote hablaba en voz baja. Lo conocí en Castro, en casa de Carlos Trujillo. Yo no pertenecí al grupo Aumen, como vivía en Ancud, el contacto que tuve con los escritores de Castro fue esporádico, cuando Carlos me invitaba a algún evento especial, por ejemplo la visita de Nicanor Parra. Eso debe haber sido en 1977 cuando yo estaba en Cuarto Medio.

Después lo vi en diferentes ocasiones: lecturas en Santiago, sobre todo en la Sociedad de Escritores SECH donde se realizaban encuentros y lecturas y después pasábamos al Refugio López Pérez donde hablábamos horas. O en casa de amigos comunes, poetas.

En 1986 me invitó a formar parte de su colección de poesía Encuentro en una editorial que armó llamada Editorial Cambio. Alcanzó a editar allí a Rolando Cárdenas de Punta Arenas, Carlos Trujillo de Castro, Edmundo Moure y yo. Nos escribíamos harto por carta en ese tiempo, así profundizamos nuestra amistad. Cuando salió mi libro En Lugar de Morir, me escribió Georgina, su pareja de entonces para contarme que el Tote había ido a dar una conferencia o algo así en Bolivia y no lo dejaron entrar de vuelta, así es que me pedía una dirección para enviar las cajas de libros recién impresos. Poco después supe que estaba en Argentina y reanudamos la comunicación.

Tote le debo mi primera salida del país por razones literarias: él sugirió mi nombre a la organización del Festival de Poesía de Buenos Aires que organizaba Juano Villafañe y su Liberarte. Me quedé en el departamento que Toti compartía con Georgina en Lavalle. Él me consideró en casi todos los proyectos literarios en que se aventuró y que para mí significaron una visibilidad en el medio literario nacional: en la revista La Gota Pura que llevó en los años duros de la dictadura con el magallánico Ramón Díaz Eterovic; la edición del libro En Lugar de Morir; la inclusión en la Antología de la Generación NN -editada en Punta Arenas, Atelí-; la invitación a encuentros como el mencionado en Buenos Aires.

La iglesia del cura Mariano Puga

¿Extrañas la obra del obispo Juan Luis Ysern? ¿Cómo la reivindicarías? ¿Dónde está la iglesia del cura Puga? 

- Ha sido muy remecedor ser testigo de la pérdida de confianza en una iglesia que había sido tan importante en otros momentos de la historia. Como recordamos todos, en la dictadura fue un refugio y a su amparo se fundaron organizaciones que contribuyeron a la investigación y protección de los derechos humanos. En Chiloé, Monseñor Juan Luis Ysern fue un visionario que advirtió del riesgo en que estaban las comunidades frente al avance de una cultura basada en el tener y en la acumulación, totalmente contraria a la tradición. Con él trabajamos mi marido y yo, en varios proyectos como los Cuadernos de la Historia. Echo de menos a esa iglesia que hacía carne su opción preferencial por los pobres. Todos ellos, Mariano Puga también, pertenecen a otra iglesia. Pero el deterioro de los valores, el desmoronamiento es transversal, la iglesia como todas las instituciones tiene en sus interiores una corrupción que habla de este tiempo.

¿Qué habrá cambiado en el post Covid 19? 

- Me imagino que varias formas de convivencia. No creo que todos nos volvamos buenos ni pacientes ni reflexivos. Más bien creo que el encierro -para los que han podido tener ese privilegio- exacerbará o amplificará quienes ya éramos antes. Por lo pronto, pienso en los niños, están experimentando una forma tan distinta de crecer que eso sí será fuente de cambios en el futuro (en el caso que podamos pensar en un porvenir lejano). 

En septiembre 2020 se cumplirán 50 años desde la elección de Salvador Allende y 56 de la de Eduardo Frei. Ambos representaron en su momento visiones de proyecto-país. Hoy Chile carece de un proyecto-país. ¿Cuál es tu visión?

- No hay proyecto de país. Tal vez lo único que nos motiva ahora es recuperar algunas condiciones de vida mínimamente dignas pero en ese tránsito va a tener que aparecer un proyecto mayor que organice y garantice las demandas ciudadanas. Me alegra mucho cuando escucho a los jóvenes que se atreven a ser dirigentes políticos hoy y los escucho citar a Salvador Allende o los veo leyendo / estudiando a grandes líderes del pasado. Pienso que se empieza a soñar cuando se reconoce lo que han hecho otros en el pasado y cuánto podemos aprender de su historia. Por ahora, en el horizonte cercano pienso que nuestras energías tendrían que estar pensando en el cambio de la Constitución,  en la profunda transformación que necesitamos para nuestro pacto magno.

Hace algunas semanas escribiste un texto sobre el heroísmo y la épica de este presente. Te detenías en una trabajadora de Correos de Chile y también en emigrantes haitianos transfiriendo a sus familiares lejanos $10.000, cifras que nos podrían parecer mínimas. 

- En alguna parte leí que el bien tiene mala prensa y así es. Todo el aparataje comunicacional público se ocupa de la desgracia, el crimen, el morbo. Así oculta también la verdadera dimensión del mal: el enriquecimiento de una clase despojando no sólo a sus compatriotas de educación, salud  jubilaciones sino que se adueñan de bienes de todos como el agua o los bosques o el mar. Me interesa destacar los gestos nobles que parecen insignificantes pero son los que construyen los días en las comunidades.

Antes de esta había y hay otra pandemia: los femicidios. Al 17 de junio en Chile se habían registrado dieciocho asesinatos de mujeres, además de cuarenta y ocho frustrados. El último ocurrido en Chiloé fue el de Mónica del Carmen Muñoz y el lugar la isla de Caguach, de Quinchao en diciembre del 2019. 

- Es la peor de las caras del machismo. Aquí sí que es necesario tener una voz permanente de alerta y repudio en todos los medios al alcance de cada cual porque una vida es irrecuperable y si pensamos que, generalmente alrededor de esa violencia hay niños, son varias vidas heridas para siempre. La educación tiene mucho que hacer en este tema, las madres, las escuelas, los grupos de amigos, las calles, los medios de comunicación, todos tenemos que tener una sola voz: no hay justificación para la violencia/  el abuso.

Al finalizar un breve extracto de la obra de Rosabetty La santa historia de su elevación(1998).

Reunió a sus hijos

con enorme dulzura.

Entre todos amarraron la cuerda 

alrededor de la viga 

y acomodaron el cuello paterno.

Después amasaron huesos y lágrimas 

sirvieron la mesa en silencio 

a medias despojados del miedo. 

 

En cuarentena por la peste, desde Ancud, julio 2020.

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Comentarios

Comentarios

Interesante artículo. (Hay que ver algunos ripios en la ortografía). Gracias por acercarnos a Rosabetty Muñoz. Que bueno fue leer esto.

Vengo siguiendo la cultura de Chiloe entusiasmada por el sello de las palabras y sus autores. Mujer ruda y consecuente

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