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Miércoles, 28 de octubre de 2020
El término de la Segunda Guerra Mundial (Segunda parte)

El suicidio de Hitler y Eva Braun y la censura de prensa sobre el armisticio

Joe Alex Morris (*)

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La muerte del líder nazi
La muerte del líder nazi

El mismo día en que el cadáver de Benito Mussolini pendía de los travesaños en Milán, su socio del eje, Adolfo Hitler, se asomó brevemente fuera de su refugio subterráneo en la Cancillería del Reich, en Berlín. En las calles de la capital alemana los cañones rusos tronaban cada vez más cerca. La guerra estaba perdida, pero Hitler había decidido morir entre las ruinas de ese lugar.

Jack Fleischer, corresponsal de UPI en el lugar, preparó la crónica un poco después, cuando consiguió encontrar en Obersalzburg a un taquígrafo oficial del cuartel general de Hitler y, todavía más tarde, cuando localizó a otros miembros del estado mayor general que habían escapado a último momento de Berlín. La versión de Fleischer fue confirmada mucho después en casi todos sus detalles por los partes oficiales ruso y británico.

Hitler informó a su alto mando el 22 de abril que "caeré aquí, en la Cancillería del Reich", y ordenó a los demás que trataran de escapar a Alemania meridional para formar un nuevo gobierno bajo la conducción de Hermann Goering. El Fuehrer parecía trastornado y no escuchaba ningún argumento. Posteriormente se casó con su amante, Eva Braun, en la casamata subterránea, y el 19 de mayo ambos se suicidaron allí. Los cadáveres de la pareja fueron llevados a una trinchera poco profunda fuera de la puerta del refugio, y quemados con gasolina. No se hallaron ni trazas de sus restos.

La censura militar

Boyd Lewis, uno de los corresponsales de más amplia experiencia en la United Press International, UPI, estaba a cargo del cuerpo de corresponsales de guerra de la agencia en Europa cuando la resistencia alemana se disgregaba en la primera semana de mayo de 1945. El domingo 6 de ese mes el brigadier general Frank Allen, director de la división de relaciones públicas del comando conjunto aliado en París citó a 17 corresponsales previamente seleccionados que representaban a la prensa mundial, con el fin de hacerles desempeñar "una importante misión fuera de la ciudad".

Lewis compareció por la United Press, mientras que el veterano Jim Kilgallen, que había actuado en la United Press de Chicago, lo hizo como representante de la International News Service. El tercer miembro de agencia noticiosa era Edward Kennedy, jefe de la redacción de la Associated Press, AP, en el comando conjunto. Ya a bordo de un avión de transporte C-47 hacia Reims, el general Allen dijo a los corresponsales que presenciarían la firma de las condiciones del armisticio:

-Este grupo representa a la prensa mundial.

- La noticia no es oficial mientras los jefes de gobierno no la anuncien. Por lo tanto, les ruego que bajo palabra de honor no comuniquen los resultados de la conferencia, ni el hecho de que se desarrolla, hasta que ello se permita por orden de nuestra División de Relaciones Públicas-, advirtió el militar.

Nadie hizo ninguna objeción.

Posteriormente, ya en Reims, Allen informó a los corresponsales que sólo se permitiría despachar la noticia después de las tres de la tarde del día siguiente. Esto es por instrucciones impartidas por el presidente Truman y el primer ministro Churchill al general Eisenhower.

Lewis protestó por la medida.

-Hasta la última radio desde Ankara a Casablanca tendrá la noticia antes de mañana por la tarde-, exclamó acaloradamente el periodista de la UPI.

-Seremos el pelotón de corresponsales más rezagado del mundo-, añadió.

-Yo no puedo impedirlo, caballeros-, replicó Allen-. La decisión proviene de las esferas más altas. Hasta el general Eisenhower tiene las manos atadas.

Lewis comprendió que la única manera legítima de adjudicarse la primicia sobre el acontecimiento era presentar sus despachos antes que los demás en el centro de comunicaciones del entrepiso del Scribe Hotel, en París.

Se había decidido que cada agencia enviaría un "flash" de veinticinco palabras. Después cada una pasaría cien palabras adicionales y, por último, cinco mil palabras de detalles. Los "flashes" irían saliendo por orden de presentación, o sea que el primero en llegar sería atendido primero, transmitiéndose a Nueva York virtualmente sin demora. Pero la agencia que llegase primero con la crónica detallada de 5.000 palabras monopolizaría el sistema de transmisión lo suficiente como para dejar fuera de combate a sus adversarios en la mayoría de los diarios.

La rendición alemana

El armisticio se firmó en el averiado edificio de una escuela de una cuadra de largo en Reims, a las 2.41 de la madrugada del 7 de mayo. Lewis se puso a escribir la crónica inmediatamente y había producido ya varios millares de palabras cuando los corresponsales fueron reunidos para emprender el regreso a París. Además, también había concebido su estrategia. Se demoró en partir de la escuela escribiendo material adicional hasta que todos hubieran subido al camión para el trayecto hasta el aeródromo. Fue el último y se ubicó en el asiento trasero del vehículo. En el aeródromo fue el primero en descender y el primero en abordar el avión, donde se acomodó junto a la puerta. Cuando el aparato aterrizó en París, Lewis fue el primero en subir a su jeep y partió a gran velocidad hacia la ciudad, con mucha ventaja sobre los demás corresponsales.

Lewis subió corriendo la escalera hasta la sala de comunicaciones del Scribe Hotel y despertó al sargento a cargo de la misma.

-A ver, sargento, su guerra ha terminado. Sélleme la primera prioridad de estas crónicas para que las envíen antes que las otras cuando se levante la prohibición.

Lewis depositó entonces su "flash", el agregado de cien palabras, y los despachos largos y detallados, cada uno para su envío por los cinco canales inalámbricos disponibles hacia Nueva York. Esto significaba que la United Press recibiría el mismo texto por cinco vías distintas a cinco veces el costo normal, pero también significaba que en la práctica Lewis bloquearía los principales despachos de sus competidores en los medios de comunicación durante todo el tiempo que durase la transmisión de su material.

A los pocos minutos Kilgallen subió agitado la escalera y presentó su crónica en segundo término. Kennedy fue el tercero y, por ende, ocupó el tercer puesto.

Debido a esto Kennedy no corría peligro de ser aventajado por más de escasos minutos en cuanto al anuncio de la rendición, pero el hecho de que Lewis y Kilgallen hubieran presentado su material para que se cursase por los cinco canales disponibles, significaba que su crónica detallada pasaría después que las rivales.

Kennedy apeló varias veces al teniente coronel Richard Merrick, el censor de turno, para protestar por la prohibición, pero sin resultados.

Se informa el cese del fuego

Ese lunes 7 por la tarde, los alemanes transmitieron por la radio de Flensburgo instrucciones a sus tropas para que cesaran el fuego, indicando que los términos de la rendición exigían informar a las tropas por "todos los medios posibles" en esa circunstancia. La transmisión fue captada en Londres y quedó a disposición de la prensa, pero los funcionarios aliados no la habían confirmado todavía.

Cuando la versión de la British Broadcasting Company sobre el anuncio de Flensburgo llegó a París, Boyd Lewis protestó enérgicamente a Merrick y al general Allen, tratando de conseguir que se levantase la suspensión de las crónicas, pero también en vano. Entonces Kennedy dijo a Merrick que pensaba enviar la crónica por cualquier medio porque, primero, la prohibición era censura política, que la Casa Blanca había desaprobado; segundo, la guerra había terminado y se había prometido levantar la censura cuando ello ocurriese; y, tercero, evidentemente el anuncio de Flensburgo había sido autorizado por el comando conjunto, dado que Flensburgo estaba bajo ocupación aliada.

-Les advierto que voy a enviar esa crónica-, dijo Kennedy.

El hombre de la AP se dirigió a su despacho e indicó a Morton Gudebrod, uno de sus redactores, que pidiera comunicación telefónica con la oficina de la Associated Press en Londres. La comunicación pasó por el conmutador militar de París -que la censura creía erróneamente tener bajo estricta fiscalización- y Kennedy dictó sin ninguna dificultad una breve versión de la rendición a la oficina de Londres. Luego el teléfono dejó de funcionar. Promediaba la mañana en Nueva York cuando la noticia de Kennedy se difundió por las líneas de la Associated Press describiendo la rendición alemana en Reims.

Poco después los corresponsales en el Scribe Hotel, en especial Lewis y Kilgallen, quedaron prácticamente sepultados bajo un alud de violentos reclamos de sus oficinas centrales, la mayoría de las cuales citaban la nota publicada. Una rápida inspección reveló que la crónica de Kennedy no había pasado por la sala de comunicaciones. Era evidente que se había valido de otro medio.

No hubo palabras, imprecaciones ni rogativas que lograsen inducir a los censores a permitir el envío de los despachos de la United Press o de otros medios informativos. Lewis escribió unos doce mensajes internos para Nueva York tratando de explicar algo, pero la censura los rechazó. Ni siquiera pudo decir que había estado en Reims.

Mientras tanto, los corresponsales de agencias y diarios del orbe entero reclamaban violentamente ante funcionarios militares haciendo reuniones de protesta en el Scribe Hotel, enviando petitorios a Eisenhower y creando la mayor efervescencia posible. El general Alíen suspendió las operaciones de todos los corresponsales de la Associated Press en el teatro europeo por "violación de confianza".

Aunque la medida disciplinaria se levantó a las seis horas, Kennedy y Gudebrod fueron suspendidos con carácter permanente. Al día siguiente, en una indignada reunión de 53 corresponsales en el Scribe, se cursó una carta a Eisenhower protestando por la acción contra Kennedy y exigiendo levantar la suspensión de la Associated Press por tiempo indefinido. Eisenhower rechazó la sugestión, pero después emitió una declaración diciendo que Kennedy "admite haber violado su solemne compromiso... Se me informa que la Associated Press parece haber adoptado la posición de condonar y, en efecto, hasta de elogiar esta acción de su representante, cuando en realidad fue una deliberada y admitida violación de confianza. Por lo tanto, la Associated Press asume la responsabilidad de la flagrante violación de su palabra de honor ante mí, como comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa y como representante de los Estados Unidos que había contraído un firme compromiso en nombre de su gobierno ante sus aliados".

El 10 de mayo el presidente de la Associated Press, Robert McLean, publicó una declaración donde "la Associated Press lamenta profundamente que el lunes último se haya distribuido el informe sobre la rendición total en Europa, que, según la investigación revela ahora con claridad, fue transmitida antes de lo autorizado por el Cuartel General Supremo Aliado ..." Para entonces la opinión de muchos diarios, pero no de todos, se reflejó en un editorial del Times, de Nueva York, que decía que los miembros de la Associated Press:

"Deben indicar con claridad para que se sepa de una vez para siempre, que preferirían no recibir una «primicia noticiosa», aunque sea de tanta trascendencia e importancia, pero obtenida de esa manera ... Si fue «primicia», sólo lo fue porque los dieciséis colegas del Sr. Kennedy decidieron cumplir la palabra empeñada ... Lamentamos el incidente porque ha hecho mucho daño a la profesión periodística".

Kennedy insistió firmemente en que su acción se justificaba y coincidía con las normas de la Associated Press, según él las entendía.

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La controvertida primicia de la AP
La controvertida primicia de la AP

Truncan carrera de un periodista

“Reims, Francia. 7 de mayo de 1945. Alemania se ha rendido incondicionalmente al Ejército Aliado y a la Unión Soviética esta madrugada a las 2.41, hora de Francia. La rendición tuvo lugar en una pequeña escuela que sirve de cuartel general al general Dwight D. Eisenhower”. Así comenzaba la crónica en la que Edward Kennedy, el corresponsal de guerra de Associated Press (AP), narraba en primicia el fin de la II Guerra Mundial. La exclusiva que cualquier medio de comunicación hubiera soñado publicar le costó a su autor el puesto de trabajo. La agencia de noticias despidió a Kennedy por haber desvelado una información que el Ejército había embargado. Sesenta y siete años después, en mayo de 2012, el presidente y consejero delegado de AP, Tom Curley, pidió perdón por esa decisión.

Las disculpas coincidieron con la publicación en EE UU del libro de memorias de Kennedy, Ed Kennedy's War: V-E Day, Censorship & The Associated Press (La Guerra de Ed Kennedy: El Día de la Victorya, la censura & Associated Press), en cuyo prólogo participó el propio Curley. “Fue un día terrible para AP. El asunto se gestionó de la peor manera posible”, dijo en declaraciones a su propia agencia. “Él lo hizo todo bien”.

La reivindicación pública de la labor de Kennedy llegó muy tarde. El periodista falleció en 1963 con 58 años de edad en un accidente automovilístico. Su única hija, Julie Kennedy, sin embargo, aceptó el perdón. “En el prólogo Curley se disculpaba, pero no me esperaba que lo hiciera de manera pública. Estoy contentísima”, indicó la mujer.

Como ya se dijo más arriba, Kennedy fue uno de los 17 reporteros elegidos para asistir a la firma de la rendición el 7 de mayo en Reims. En su vuelo de vuelta a París el Ejército les hizo prometer a todos que no revelarían nada hasta que el anuncio se hiciera oficial por parte de los dirigentes de las potencias implicadas en el conflicto. Los Aliados habían acordado, a petición de la URSS, hacer una ceremonia oficial en Berlín el 8 de mayo

“Kennedy se comportó como un héroe, desafió la censura y las presiones del gobierno porque su compromiso estaba con la verdad. Su decisión es la encarnación de las máximas ambiciones a las que debe aspirar un periodismo de calidad”, explicó el profesor John Maxwell Hamilton, rector de la Universidad Estatal de Luisiana y coautor del prólogo del libro del reportero.

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El periodista Edwards Kennedy, 1944, luego de la batalla de Anzio
El periodista Edwards Kennedy, 1944, luego de la batalla de Anzio

El veto del Ejército a Kennedy para cubrir acontecimientos bélicos truncó una carrera como corresponsal de guerra que comenzó en España en 1935, recién contratado por AP, para informar sobre la Guerra Civil. Fue el único reportero de EE UU presente en la toma de Tobruk, en Libia, en junio de 1941; estuvo en los Balcanes, con las tropas estadounidenses en la batalla de Anzio, en 1943; y, en la retirada de los nazis de Roma, en 1944.

Aunque terminó sus días en periódicos pequeños, Kennedy, según su hija, nunca se sintió frustrado por ello ni se compadeció a sí mismo. “Se hizo cargo de periódicos mediocres y consiguió que la Asociación de la Prensa de California premiara sus artículos año tras año”, recordó la joven.

En los últimos años, un creciente número de periodistas estadounidenses viene pidiendo que a Kennedy se le otorgue en forma póstuma el premio Pulitzer.

(Continúa mañana)

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