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Lunes, 22 de julio de 2019
Sociedad de Escritores de Chile

Encuentro entre escritores termina a puñetazos y combos

Nicolás Massai D.

A los gritos, el poeta Lionel Lienlaf debió ser sacado del hall de la Sech mientras se desarrollaba una conversación entre sus afiliados y Camilo Marks, escritor y crítico literario.

La actividad estaba citada a las 19:30 horas del martes 22 de enero. El abogado y escritor Camilo Marks conversaría con una decena de expositores de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH) acerca de distintos temas; desde la escritura de sus memorias hasta su doble militancia entre sus obras narrativas y la publicación de sus críticas literarias dominicales en El Mercurio.

La actividad desarrollada en la antigua casona de la SECH en Almirante Latorre 7, en Providencia, comenzó con poco más de 1o minutos de retraso, cuando entremedio del público, apareció la poeta Carmen Berenguer, una de las personas que entrevistaría a Marks.

Berenguer inició su intervención hablando de La dictadura del proletariado (Alfaguara, 2001), la novela que inició a Marks en el camino de la narrativa y que lo tuvo como finalista en el Premio Rómulo Gallegos. Luego destacó un pasaje de Indemne todos estos años (Lumen, 2015), el primer tomo de sus memorias en el que el escritor contó cuando vio a lo Sex Pistols en vivo durante su exilio en Londres, en una iglesia abandonada, en marzo o abril de 1977.

Casi al final de sus palabras, Berenguer contó una anécdota que lo unió con Marks, hace al menos 15 años, cuando ambos eran vecinos en los edificios lúcuma de Plaza Italia, y rechazaron, junto a otros vecinos, el memorial a Jaime Guzmán que querían erigir en Ramón Carnicer, al lado de Plaza Italia y al lado de sus casas.

“Pensábamos que todos nuestros vecinos eran unos fachos, y ahí nos dimos cuenta que no”, comentó Marks, que interrumpió a Berenguer para aportar datos a la historia.

Primer y último round

Cada quince minutos cambiaba el panel de escritores que participaba del conversatorio. El segundo estuvo compuesto por otras poetas, entre las que se encontraba Mirka Arriagada. Ella fue la primera en preguntar y se explayó en torno a la idea de la sociedad fragmentada después de la dictadura.

Al mismo tiempo que Arriagada hablaba, un hombre del público levantaba la mano insistentemente. Era Lionel Lienlaf, poeta mapuche ampliamente elogiado por el mundo literario.

“De pronto pienso qué pasaría si nos quedamos un mes sin internet. Tal vez podríamos volver a obligarnos a totalizar, a juntar fragmentos, a recomponernos, porque aunque es un mundo aparentemente global, globalizado, donde tenemos aparentemente acceso a todo, nos damos cuenta que nos hemos ido quedando muy solos”, dijo.

Al mismo tiempo que Arriagada hablaba, un hombre del público levantaba la mano insistentemente. Era Lionel Lienlaf, poeta mapuche ampliamente elogiado por el mundo literario, cuyo último libro fue publicado el año pasado y se titula La luz cae vertical (Lumen, 2018).

El movimiento que hacía con su brazo derecho era silencioso y permanente, en medio de la multitud; en un primer momento, no interrumpió en nada a Arriagada, que seguía hablando.

“Cada uno de nosotros es un fragmento, una soledad”, dijo Arriagada.

En ese instante fue interceptada por Lienlaf.

“¿Puedo preguntar?”, dijo en voz alta.

Paulina Correa, abogada, escritora y organizadora del evento, quien le daba la palabra a los expositores, le dijo que después tendría tiempo para hacer sus consultas o comentarios.

“Es que ustedes son los intelectuales, yo quiero preguntar algo”, replicó Lienlaf.

“Vamos a seguir con el debate”, dijo Paulina.

Mirka Arriagada intentó continuar con su interlocución, pero nuevamente fue interrumpida por el poeta.

“Dijo Chadwick, la interferencia, la interferencia de Chadwick. ¿Puedo preguntar?”.

Nadie entendió cuál era la relación entre ese evento y las declaraciones del ministro del Interior chileno por el asesinato de Camilo Catrillanca a manos del comando jungla de Carabineros. Fue la misma gente del público la que le respondió a Lienlaf.

“No, no puedes preguntar”, dijo uno. “Tienes que esperar tu momento”, dijo otro. “Te anotaré como el primero para preguntar del público”, dijo Paulina Correa.

“No puedo preguntar. Yo también soy poeta, y quiero preguntar”, dijo Lienlaf, y se paró de su asiento y se instaló en la entrada del hall.

“Bueno, yo no tengo problema, nunca lo he tenido, así que pregunte”, resolvió Paulina Correa.

“Yo solo quería un abrazo, nada más. Chao”, dijo Lienlaf y se retiró del salón.

Solo en ese instante Mirka Arriagada alcanzó a finalizar su pregunta, sobre el trabajo de Marks como abogado de derechos humanos en la Vicaría de la Solidaridad durante la década del 80, “que me imagino que es un trabajo del que has querido guardar silencio”.

Pero el crítico y escritor no alcanzó a responder.

“En lo que se transformó la SECH”, interrumpió Lienlaf, quien había vuelto desde las afueras de la casa de los escritores para hacerse escuchar de nuevo. “Yo no he preguntado”, repitió el poeta.

Marks, que intentaba contestar la consulta de Arriagada, levantó la voz para interrumpir la interrupción de Lienlaf. La voz de Marks, amplificada por un micrófono, se impuso sobre la otra.

De pronto, un funcionario de la SECH se metió en la escena y empezó a sacar del hall a Lienlaf a punta de empujones. El poeta se defendió a los combos. Necesitaron a un segundo para echarlo.

De pronto, un funcionario de la SECH se metió en la escena y empezó a sacar del hall a Lienlaf a punta de empujones. El poeta se defendió a los combos. Necesitaron a un segundo para echarlo. Toda esa escena y los gritos quedaron registrados en la cámara de Oscar Egnen, un periodista que se encontraba en el lugar y que grabó la pelea.

En las imágenes se pueden distinguir los brazos del poeta mapuche moviéndose a toda velocidad, armando puñetazos que seguramente van dirigidos a los cuerpos de esos dos hombres que lo tratan de mover del lugar, hasta sacarlo.

La puerta del hall se cerró otra vez.

“Estas cosas pasan solamente en la SECH”, dijo Marks, cuando Lienlaf ya no estaba en el salón. “Es muy interesante. Adolfo Couve, gran pintor y narrador chileno, se hizo socio de la SECH y a la primera reunión que vino hizo un escándalo, rompió su carnet y dijo ‘yo no tengo nada que ver con esta huevá, con estos huevones’, así que estas cosas pasan en la SECH, me parece incluso que tiene un aspecto positivo. Ahora, contestando a tu pregunta…”.

Y recién ahí le habló a Mirka Arriagada.

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