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Viernes, 10 de julio de 2020
Crisis e incertidumbre

Evo Morales renuncia tras golpe de Estado y Bolivia queda descabezada

Pedro P. Ramírez Hernández

El presidente de Bolivia, Evo Morales, renunció ayer a su cargo tras presiones de las fuerzas armadas y el levantamiento de la policía, desatando una violencia social que podría tener consecuencias trágicas.

Bolivia está descabezada. En horas de la tarde de este domingo, el presidente Evo Morales renunció a su cargo acorralado por un Golpe de Estado que fue respaldado por la policía y las Fuerzas Armadas. Junto a él, dimitió el vicepresidente, Álvaro García Linera, la presidenta del Senado, Adriana Salvatierra y el presidente de la Cámara de Diputados, Víctor Borda, todos militantes del Movimiento al Socialismo (MAS).

Este es un escenario inédito. De acuerdo a la Constitución, en caso de renuncien las máximas autoridades del Poder Ejecutivo son los líderes del Congreso los encargados de asumir la Presidencia, pero la línea de sucesión constitucional se quebró y la noche del domingo cayó sobre Bolivia en medio del caos. 

Sin la policía en las calles, que se encuentra amotinada en contra del presidente desde el viernes, el espacio público quedó a merced de las protestas que exigían la renuncia de Morales, pero que ahora no se conforman ni aplacan, puesto que nadie ha logrado llenar el vacío de poder que quedó tras el anuncio presidencial. 

Horas antes de la renuncia de Morales, las Fuerzas Armadas le dieron luz verde al Golpe cuando su Comandante en Jefe, Williams Kaliman, confirmó públicamente que el Ejército no intervendría en favor del Gobierno, contra los policías amotinados. 

“Luego de analizar la situación conflictiva interna, pedimos al Presidente del Estado que renuncie a su mandato presidencial permitiendo la pacificación y el mantenimiento de la estabilidad, por el bien de nuestra Bolivia”, sentenció Kaliman ante la prensa.

Con estas declaraciones, el MAS quedó aislado y la oposición aprovechó para lanzar su ofensiva. Sin respetar los plazos establecidos, la OEA entregó un comunicado con un informe preliminar de la auditoría que estaba realizando sobre las elecciones donde Morales se reeligió por cuarta vez consecutiva.

Las conclusiones se esperaban para el miércoles, tras las denuncia por fraude que levantó la oposición y que inició el estallido, pero el organismo multilateral se adelantó y el Secretario General de la OEA, Luis Almagro comunicó durante la mañana los resultados preliminares.

“En virtud de la gravedad de las denuncias y análisis respecto al proceso electoral que me ha trasladado el equipo de auditores nos cabe manifestar que la primera ronda de las elecciones celebrada el 20 de octubre pasado debe ser anulada y el proceso electoral debe comenzar nuevamente, efectuándose la primera ronda tan pronto existan nuevas condiciones que den nuevas garantías para su celebración, entre ellas una nueva composición del órgano electoral”, dijo Almagro, un activo opositor al presidente venezolano, Nicolás Maduro y quien ha dado crédito a las fake news en Chile que hablan de agentes venezolanos instigadores de las protestas. 

En la misma comunicación, Almagro destacó que “los mandatos constitucionales no deben ser interrumpidos, incluido el del Presidente Evo Morales”, cuestión que la oposición no tomó en cuenta, pues encontró todas las vías abiertas para sacar a Morales de la Presidencia. Esto, pese a que el presidente había convocado finalmente a nuevas elecciones.

Durante el sábado, la derecha ya habían rechazado una mesa de diálogo que el líder indígena había propuesto para salir de la crisis y durante este domingo, cuando Morales convocó a primera hora del día a nuevas elecciones, garantizando la creación de un nuevo consejo electoral, se cerraron y avanzaron exigiendo su renuncia. 

En esta línea, el ex presidente de Bolivia y contrincante de Morales en las pasadas elecciones, Carlos Mesa, declaró que no tenía “nada que negociar con Evo” y le pidió su dimisión. 

Dentro del mismo bloque, aprovechando el escenario de inestabilidad y desprotección, la derecha más radical se organizó en torno a los comités cívicos, liderados por el empresario ultraderechista Luis Fernando Camacho, que ha sostenido más 19 días de paro industrial, ahogando la economía boliviana. Al mismo tiempo, organizó grupos de choque y subió durante la semana hasta La Paz, desde Santa Cruz y Potosí, alimentando la sublevación. 

En el camino, junto a las protestas, sedes de sindicatos y medios de comunicación afines al gobierno fueron atacados, al igual que autoridades comunales. En Oruro la casa del gobernador fue incendiada y en Vinto, la alcaldesa Patricia Arce, fue sacada de la Municipalidad  por una turba y la obligaron a caminar descalza mientras recibía insultos, golpes y cortes de pelo.

Con todos estos factores, el oficialismo se vio acorralado y superado. Junto a la derecha, capas importantes de jóvenes de clase media salieron a exigir la renuncia de Morales, grupos de estudiantes y profesionales que no son afines a Mesa y Camacho y que más bien reaccionaron al desgaste del MAS y a la deslegitimación de la política en general, pero aportaron el componente ciudadano que requería el Golpe.

Así, el país avanzaba hacia un enfrentamiento, puesto que el MAS sigue siendo la primera fuerza política del país. Cuestión confirmada en todas las encuestas previas a las elecciones.

Frente a este escenario, Morales y la plana mayor del MAS, decidieron alejarse de a sus cargos. “ Renuncio para que Mesa y Camacho no sigan persiguiendo, secuestrando y maltratando a mis ministros, dirigentes sindicales y a sus familiares, y para que no sigan perjudicando a comerciantes, gremiales, profesionales independientes y transportistas que tienen el derecho a trabajar”, declaró Morales. 

Desde ese minuto, la incertidumbre se acrecentó en Bolivia. En las calles los opositores celebraron, pero nadie sabía quién iba a asumir. De forma oportunista, Camacho entró al Palacio Quemado, con una Biblia y la bandera de Bolivia, donde se sentó encima del escudo para orar y cantar el himno. Desde allí pidió dos días para deponer el paro, a la espera de conformar una junta de “notables” que organice las elecciones y la transición. 

Tras la acción, adherentes del MAS se enfrentaron con grupos de derecha en El Alto y en otros sectores de La Paz, en medio de un clima que hizo difícil el chequeo de la información. Mientras dirigentes cercanos a Morales denunciaban su persecución, los medios opositores y tradicionales acusaban a los movimientos oficialistas de sembrar el terror atacando medios y vandalizando empresas. 

La situación se agravó a las diez y media de la noche, cuando Morales publicó en Twitter que su casa había sido violentada y que su vida se encontraba en riesgo: “Denuncio ante el mundo y pueblo boliviano que un oficial de la policía anunció públicamente que tiene instrucción de ejecutar una orden de aprehensión ilegal en contra de mi persona; asimismo, grupos violentos asaltaron mi domicilio. Los golpistas destruyen el Estado de Derecho”. 

Sin saber su paradero, Morales afirmó que su repliegue sería hacia a la zona del trópico de Cochabamba desde donde continuaría la lucha junto al pueblo boliviano, continuando desde las bases. 

“No tengo por qué escaparme, que sepa el pueblo boliviano, no he robado nada, nada, si alguien piensa que estamos robando que me diga, una prueba de que estamos robando. Si piensan que no hemos trabajado que vean el crecimiento económico”, se defendió Morales,  pero sin la oficialización de su renuncia, su futuro está en duda, al igual que su seguridad y la de sus adherentes. 

Consultados por INTERFERENCIA, diferentes fuentes diplomáticas aseguraron que una parte importante del gabinete y de líderes sindicales cercanos a Morales se encontraban realizando gestiones para salir al exilio. El gobierno de México, por ejemplo, le ofreció al líder del MAS asilo político y el canciller, Marcelo Ebrard, asegura que al menos 20 funcionarios afines a Morales han sido recibidos en la embajada mexicana de La Paz

Con esta información, Bolivia cerró el día completamente desestabilizada, con un Golpe de Estado consumado y un vacío de poder que abre diferentes posibilidades, en medio de una coyuntura conducida por la derecha empresarial y más conservadora del país, que aún debe consolidar su poder frente a la deslegitimación de la política y el vacío constitucional que reina actualmente. 

Por ahora, aún falta conocer la posición que tomarán las Fuerzas Armadas en torno a la salida de la crisis y ver el estado real del MAS, que no ha sido completamente desarticulado. 

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