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Viernes, 30 de octubre de 2020
Exclusiva reimpresión

'The Guardian' denuncia crisis sanitaria con cientos de baleados y golpeados

Jonathan Franklin en Santiago (The Guardian)

INTERFERENCIA consiguió la versión en español en exclusiva de un artículo del prestigioso medio británico que estuvo en Santiago de Chile para la Gran Marcha, el cual afirma que "los médicos dicen que no tienen suficientes insumos y acusan a las autoridades de esconder el verdadero número de heridos".

"El soldado estaba a unos 40 metros de distancia. Me miró y disparó”, dijo Christopher Madrid, señalando el parche sobre su ojo derecho. "Giré y la bala rozó [mi frente] y salió, dejando una cicatriz de cuatro o cinco centímetros".

Madrid, un estudiante de 25 años, fue baleado el lunes pasado por tropas del ejército chileno mientras marchaba en una protesta cerca de la Universidad Católica en el centro de Santiago.

"Mucha gente estaba cayendo con heridas en la cabeza", explicó Madrid mientras esperaba impacientemente en la Posta Central de Santiago, un deteriorado hospital donde estaban siendo atendidas docenas de víctimas de disparos, entre ellos un amigo cercano de Madrid que fue baleado tres veces en la cabeza y una vez en la pierna con “balines” el tamaño de una canica que rara vez son fatales, pero pueden perforar un pulmón o sacar un ojo.

Las camas en la Posta Central generalmente están llenas de víctimas de accidentes de tránsito y casos de influenza que amenazan la vida, pero el levantamiento chileno de hace una semana, las protestas más graves desde el final de la dictadura de Augusto Pinochet, ha enviado a cientos de personas al hospital con disparos y heridas en la cabeza y fracturas de cabeza, y han dejado al menos 19 muertos a lo largo del país. El personal de la Posta Central ahora trabaja en turnos de 24 horas porque un estricto toque de queda militar tiene miles de soldados patrullando las calles desde la noche hasta el amanecer, lo que hace que sea peligroso y difícil para el personal del hospital viajar a su lugar de trabajo.

El presidente Sebastián Piñera había declarado que las autoridades "están en guerra" con quienes marchan, pero ayer anunció una reorganización de su gabinete y el fin del toque de queda impuesto por los militares. "He avisado a todos mis ministros que reestructuraré mi gabinete para enfrentar estas nuevas demandas", dijo Piñera a periodistas en el palacio presidencial de La Moneda.

La falta de tratamiento médico básico para las víctimas de heridas de bala, que en gran parte son de la clase trabajadora, fue notable dentro de la Posta Central, ya que el personal describió la escasez de insumos en las instalaciones de salud pública y enfatizó la brecha entre los servicios entregados en esta estructura deteriorada y las relucientes clínicas privadas  en los barrios altos de la ciudad.

Los pacientes de la Posta Central estaban muriendo, dijeron los trabajadores, debido a la falta de insumos básicos como guantes quirúrgicos, jeringas y máscaras. La escasez de pequeños matraces para muestras de sangre significa que los pacientes pasan días sin someterse a análisis de sangre, incluso en la unidad de cuidados intensivos de 24 camas. Los recursos son tan limitados que los médicos y las enfermeras deben decidir si retienen los insumos para los pacientes con riesgo vital en favor de aquellos con mejores posibilidades de supervivencia.

En un esfuerzo desesperado por salvar la vida de los pacientes, las enfermeras y los especialistas respiratorios canibalizan varios dispositivos mientras parchan y tejen los filtros de tráquea. "Es un producto que cuesta 40,000 pesos, pero no tenemos muchos, por lo que las personas están inventando lo mejor que pueden", dijo un profesional que pidió no ser identificado por temor a ser incluido en la lista negra del establecimiento de salud pública de Chile. Recientemente asignado a la Posta Central, dijo que el hospital pierde por lo menos un paciente por semana debido en gran parte a la falta de equipo básico.

Un profesional relató la muerte reciente de un paciente de la Posta. El doctor giró y caminó hacia las listas. Un detalle en la tabla del paciente lo sorprendió: estaba casado y tenía hijos. Sorprendido, se dio la vuelta y le dijo a un colega: “Ah. Pensé que era un indigente.” La falta de empatía hacia los pacientes de la clase trabajadora se refleja en la actitud de Ministro de Salud Jaime Mañalich, quien en una cadena nacional de televisión se burló de las protestas como solo “una marcha”. Mañalich ha saboteado los intentos de registrar el número de heridas de bala infligidas por las fuerzas de seguridad en varias oportunidades.

“Desde el primer momento, los directores del hospital se negaron a proporcionar información. Nuestros colegas [médicos], en parte, han sido intimidados para que no brinden información”, dijo Izkia Siches, presidente de la Asociación Médica de Chile. "Hay una infravaloración sustancial de los heridos y también una falta de asesoramiento para que muchas de estas [víctimas] denuncien la violación de sus derechos". Siches exigió que Mañalich publicara las cifras completas y rompiera lo que ella llamó una "censura de información". 


La controversia sobre el alcance de los disparos durante las protestas ha envuelto a la Posta Central ya que el subdirector, Luis Carrasco, negó acceso a las instalaciones a los observadores de derechos humanos y envió personal a comprar candados pesados para limitar aún más el acceso. Carrasco, quien pasó años trabajando como jefe de cirugía en el Hospital Nacional de Policía, parecía ser hostil a la idea de publicar estadísticas sobre el número de manifestantes baleados por las fuerzas militares y policiales.

Aunque la cifra oficial es de 470 disparos, ese número hace poco para iluminar el drama punzante de los disparos individuales. En la sala de espera abarrotada de la Posta Central, grupos de manifestantes angustiados vigilan a los amigos heridos. Las víctimas de los disparos, vestidas con camisetas empapadas de sangre, con gruesas vendas blancas en la cabeza, esperan que les retiren las balas. Otros llevan profundos cortes después de ser golpeados por cartuchos metálicos de gas lacrimógeno que la policía antidisturbios disparó contra los manifestantes.

Créditos video: Jonathan Franklin

"Fui testigo de un incidente en la parada del metro: los manifestantes estaban luchando contra la policía, y para disuadirlos, la policía comenzó a dispararles", dijo Camilo Rojas, de 30 años, un estudiante de turismo. “Luego comenzaron a disparar a las personas que estaban mirando más arriba. Afortunadamente, tenía mi mochila como escudo, y esto me ayudó. Puse mi mochila frente a mí, de lo contrario podría haberme golpeado la cabeza”. Una segunda bala destrozó su reloj. Fuera de la sala de espera, grupos de estudiantes de derecho de la Universidad de Chile recopilan estadísticas e historias de casos de las víctimas de los disparos.

“Había una estudiante de periodismo que fue golpeada tanto que no podía hablar ni recordar su nombre. Su cuerpo entero estaba magullado después de ser pateado y golpeado ", dijo Felipe Hernández, un estudiante de derecho. "Ayer tuvimos una mujer con la mandíbula rota; los soldados la rompieron con la culata de un rifle".

El nivel de censura en las noticias en la televisión chilena. La una vez estimada Televisión Nacional de Chile se vio obligada a proteger su sede con pelotones de soldados fuertemente armados para evitar que los manifestantes se apoderen de sus instalaciones de transmisión.

Mientras tanto, en las calles los tiroteos siguen. "Muchos manifestantes están siendo baleados en el ojo", dijo un trabajador de la salud a Ciper, un periódico de investigación online. En la unidad de trauma ocular de la Posta, donde se llevan a los manifestantes con lesiones en los ojos, "la situación es atroz", dijo. “Muchos pacientes tienen los ojos destrozados. Nunca hemos tenido tantos ojos dañados a la misma vez. Las balas de goma y los perdigones no matan, pero perforan el ojo. Todos los pacientes tienen pocas posibilidades de recuperar su visión. Se han perdido muchos ojos. "

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