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Miércoles, 22 de enero de 2020
Archivos históricos

Historia: el descubrimiento y el origen del tabaco

José Rivero Muñiz

En esta crónica publicada originalmente en La Habana en 1942, el periodista cubano Joé Rivero Muñiz cuenta la historia de cómo se 'decubrió' el tabaco para el resto de mundo tras le llegada de Cristóbal Colón en 1492. 

Seis días hacía que Cristóbal Colón había pisado por vez primera las playas cubanas cuando, deseoso de conocer con exactitud en qué tierras se hallaba y saber si, por fin, el ansiado Cathay no distaba muchas leguas del paraje donde sus tres pequeñas embarcaciones se disponían a ser carenadas y reparadas tras el más extraordinario de los viajes que en sus páginas registra la Historia, decidió enviar a dos de sus acompañantes, en misión exploradora y diplomática, al interior del país cuyas bellezas naturales no se cansaba de admirar y loar, y que, en un momento de lírico entusiasmo, hicieron brotar de sus labios aquella famosa frase según la cual Cuba "es la más hermosa tierra que jamás ojos humanos vieron".

Así fue, pues, como el viernes 2 de noviembre de 1492 el Almirante solicitó compareciesen en su cámara a Rodrigo de Jerez y Luis de Torres, tripulantes ambos de la nave capitana, la Santa María, en los cuales ya de antemano había pensado para, cuando la ocasión se le presentare, utilizar sus servicios en la importante empresa que en aquellos instantes Iba a confiarles. En efecto, la presencia a bordo de los citados se debía a especiales circunstancias, Rodrigo de Jerez era un antiguo conocido de Colón a quien por diversas veces albergara en su propia casa, allá en el barrio de la Villa, en Ayamonte, su ciudad natal, durante los días penosos y difíciles en que el nauta genovés deambulaba, con el alma tan repleta de esperanzas como de tristezas, tratando de llevar al ánimo de portugueses y españoles la viabilidad de su magno y temerario proyecto. Según consta en la lista de los tripulantes, Jerez embarcó "sin oficio", simplemente a título de "amigo de Colón".

Llegada de Cristóbal Colón a Cuba

Era hombre de la absoluta confianza del Almirante y nada más natural que este, de suyo tan desconfiado, pensase en uno que le fuese adicto para que le representara en una misión donde tan necesaria era la lealtad como la discreción.

Con Luis de Torres el caso era distinto. Su labor en aquel viaje estaba bien definida: seria el intérprete oficial encargado de comunicarse con las gentes que poblaban las tierras que iban a visitar. Español de nacimiento se sabía que, en pasados años, habla prestado servicios a las órdenes del Adelantado de Murcia y que en un tiempo, sabe Dios por qué motivos, abjuró de la religión de sus mayores para convertirse al judaísmo, religión que al parecer no habla satisfecho sus Inquietudes espirituales puesto que también hubo de abandonarla para tornar a la que antes profesara, es decir, a la católica. Conocía el hebreo, el caldeo y "aun algo de arábigo", Idiomas que le capacitaban para formar parte de la embajada que Colón les tenía preparada a él y a Jerez.

Rodrigo de Jerez, el primer hombre blanco en fumar tabaco.

Viaje de exploración

Una vez en compañía del Almirante éste les instruyó respecto a la empresa que confiaba a la diligencia y buen juicio de entrambos hombres. Debían dirigirse al interior del país en cuyas orillas se hallaban, averiguar en qué tierras se encontraban y comprobar la existencia de "ciertas provincias y puertos y ríos de que Colón tenía noticia y cuánto distaban de allí", o sea del río o puerto de Mares donde las naves permanecerían ancladas. Igualmente les explicó "cómo habían de preguntar por el Rey de aquella tierra, y lo que le hablan de hablar de parte de los Reyes de Castilla", explicándole que estos soberanos enviaban al Almirante en su nombre para "que les entregase unas cartas y un presente y para saber de su estado y cobrar amistad con él y favorecelle en lo que hubiere dellos menester", Además, dio a los embajadores muestras de especiería para ver si lograban hallar alguna semejante y, señalándoles un plazo de seis días para la investigación y regreso, les entregó varias sartas de cuentas para que con ellas adquiriesen alimentos caso de que estos les hicieran falta. Finalmente ordenó que les acompañasen, a guisa de guías, uno de los que habían traído consigo de Guanahani y vecino el otro de las chozas que semejantes a alfaneques se levantaban en el litoral del puerto en que la Santa María, la Pinta y la Niña mecían sus débiles -cascos arrulladas por la fresca y suave brisa propia de la estación en que se hallaban.

Rumbo al sur

Salió la pequeña comitiva en dirección a las montañas que se alzaban hacia el sur, internándose unas doce leguas hasta llegar a una población de cincuenta casas, donde, después de ser recibidos con gran solemnidad fueron aposentados en las mejores de aquellas, pues los aborígenes, maravillados, suponían que los extraños visitantes procedían del cielo. Ocurría esto, según el parecer del ingeniero Morales y Pedroso y de la Comisión designada por la Sociedad Geográfica de Cuba para determinar el derrotero de Colón en su primer viaje por las costas de Cuba, en los alrededores del lugar donde actualmente se levanta el pueblo de Santo Domingo, próximo a Puerto Padre, y que en los días del descubrimiento era residencia del cacique de Maniabón, a quien Jerez y Torres visitaron entregándole las misivas y el real obsequio que el Gran Almirante les diera con tal finalidad.

Sir Walter Raleigh, Fumar tabaco desde un tubo en Inglaterra.

Costumbres raras

En el transcurso de su viaje hallaron "por el camino muchas gentes que atravesaban a sus pueblos, mujeres y hombres con un tizón en la mano, yerbas para tomar sus sahumerios que acostumbraban" (1) o como más detalladamente explica refiriéndose a esa costumbre hasta entonces jamás vista por los hombres de la raza blanca, el ilustre fray Bartolomé de las Casas: "Hallaron (dice) estos dos cristianos por el camino mucha gente que atravesaban a sus pueblos mujeres y hombres: siempre los hombres con un tizón en las manos y ciertas yerbas para tomar sus sahumerios, que son unas yerbas secas metidas en una cierta hoja seca también a manera de mosquete, hecho de papel de los que hacen los muchachos la Pascua del Espíritu Santo; y encendido por una parte de él. Por la otra chupan o sorben o reciben con el resuello para adentro aquel humo; con el cual se adormecen las carnes y cuasi emborracha, y así diz (dicen) que no sienten el cansancio. Estos mosquetes, o como los llamáremos, llaman ellos tabaco”.

Descubren el tabaco

Véase, pues, como cupo a Rodrigo de Jerez y a Luis de Torres el extraordinario honor de ser los descubridores del tabaco, o mejor dicho, de ser los primeros hombres de nuestra raza que vieran fumar. Y fumar tabaco de Cuba, el mejor que se cosecha en el orbe, La descripción que acabamos de copiar basta por sí sola para echar por tierra las teorías, más o menos absurdas, de los que pretenden que el tabaco era planta conocida en Europa, Asia y África, y que el hábito de fumarlo se practicaba entre determinados pueblos de esos continentes. Las Casas, erudito, observador y conocedor de las costumbres de las naciones de la antigüedad, lo acepta como nuevo y desconocido.

Y aún va más allá en las observaciones. No se limita a mencionar el hecho. Describe el raro objeto que ve en manos de los indios; explica su composición, pinta su figura comparándola muy acertadamente con un mosquete de papel o sea con lo que nosotros llamamos un cucurucho, expone el procedimiento usado para fumar, narra los efectos de aquellas "yerbas secas" y termina ofreciendo el nombre que los aborígenes daban a los rollos de hojas, palabra que ha prevalecido a través de los siglos: tabacos, y que, con las naturales adaptaciones a la fonética de cada idioma es la misma que continúa utilizándose para designar ora la planta, ora el producto de ella derivado.

'El fumador y la muerte', cuadro de Joos Van Craesbeeck

Operación extraña

Y tornando a nuestro relato consignemos lo que a nuestro juicio tiende a fijar la fecha exacta del descubrimiento del tabaco. Suponiendo que la comitiva realizara jornadas de seis leguas, lo que estimamos prudencial, es de creer que llegarían a la población dicha la tarde del 3 de noviembre, pernoctando allí ese día para emprender el regreso a la siguiente mañana rumbo al rio o puerto de Mares, a donde arribaron el lunes 5, ya de noche, quedando, por consiguiente, demostrado que el antes mencionado hallazgo por parte de los emisarios de Colón ocurrió los días 2 y 3 de noviembre de 1492, en el paraje que arriba se señala,

Fecha exacta

Posteriormente los conquistadores tuvieron oportunidad de observar, repetidamente, la extraña operación que tanto asombro causara a Jerez y a Torres cuando la vieron practicar por primera vez. Poco a poco fueron también acostumbrándose al tabaco las gentes venidas de la península ibérica, aficionándose a extremo tal que el propio obispo de Chiapas, a continuación del mismo párrafo que antes transcribimos, no tiene empacho en declarar: "Españoles cognosci yo en esta isla Española (Haití) que los acostumbraban tomar (se refiere a los tabacos), que siendo reprendidos por ello diciéndoseles que aquello era vicio, respondían que no era en su mano dejarlos de tomar". Y como comentario final estampa estas palabras que nos revelan que hasta entonces jamás había gustado las delicias de la maravillosa yerba: "No sé qué sabor o provecho hallaban en ellos". (3).

Pocas noticias más

Poco restra que agregar. Del converso Torres nada más cuenta la Historia. Innecesario decir que sus servicios como intérprete nunca fueron utilizados para ponerse al habla con los habitantes de las tierras recién descubiertas. En lo tocante a Rodrigo de Jerez podemos afirmar que, según José Andrés Vázquez, cronista oficial de la provincia de Sevilla (4), "trasladó al continente oriental el vicio adquirido en el trato frecuente con los indios, que tenían por costumbre fumar macillos de determinada planta seca". Fue, como se ve, el primer fumador europeo. Llevó consigo mucha provisión de tabaco y se dedicó a consumirla en su pueblo, dando ello lugar a que sus vecinos, desconocedores del inofensivo y suave placer que el tabaco proporciona a sus fieles, le considerasen endemoniado.

Los fanáticos y la Inquisición

Entonces, cual ocurre ahora y ha sucedido siempre, intervinieron los entrometidos. Los fanáticos se dirigieron a la Inquisición pidiendo los exorcismos de rigor para el infeliz Jerez quien,  en tanto se resolvía su caso, fue puesto a buen recaudo en una mazmorra. Convencido al fin el Supremo Tribunal del Santo Oficial de la inocencia del contumaz fumador ordenó su libertad. Tornó más tarde Jerez al Nuevo Mundo y cuando de nuevo pisó las playas españolas encontrose con que la costumbre de fumar, propagada principalmente por los marinos españoles, comenzaba a adueñarse de Europa generalizándose e iniciando así el reinado del tabaco, reinado que perduró durante siglos y que (nota del editor) sólo en las últimas décadas del siglo XX empezó a declinar.  

Siglos después Ayamonte señaló con el ilustre nombre de Rodrigo de Jerez a la calle donde "vivió, fumó y murió el primer fumador europeo". Tenemos entendido que la Compañía Arrendataria de Tabacos de España ha colocado, o proyectado colocar, una lápida conmemorativa en el lugar donde nació Jerez. Ignoramos si semejante homenaje se ha efectuado, mas, sea como fuere, hoy, cuando nuestras autoridades y corporaciones oficiales y particulares rinden un merecido tributo a la memoria de Colón, ¿no resulta una ingratitud silenciar los nombres de Rodrigo de Jerez y Luis de Torres, primeros hombres de nuestra raza que vieron usar el tabaco a los pacíficos aborígenes de esta isla? Cuba no puede olvidarlos porque ellos han sido los descubridores del exquisito e incomparable producto que mayor y más legítima fama le ha proporcionado.

¡Honor  a su memoria!

(*) Artículo publicado en la revista “Tabaco” de La Habana, en 1942.

(1) Relación del primer viaje de D. Cristóbal Colón para el Descubrimiento de las Indias, puesta sumariamente por Fray Bartolomé de las Casas. Del libro Relaciones y Cartas de Cristóbal Colón, Madrid, 1892. Pág. 53.

(2) Historia de las Indias, por el Padre Fray Bartolomé de las Casas. Capitulo XLVI. Madrid, 1827.

(3) Ibidem.

(4) Algo -revista- Número 314. Barcelona, 1935.

 

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