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Miércoles, 21 de octubre de 2020
Análisis

Jaime Castillo Velasco, ideólogo del PDC, analiza las elecciones presidenciales de 1970

Jaime Castillo Velasco(*)

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Jaime Castillo Velasco en 1970. Foto: Hugo Donoso.
Jaime Castillo Velasco en 1970. Foto: Hugo Donoso.

El dirigente político, analista y defensor de los derechos humanos en dictadura, en este texto analiza los tópicos más importantes que se jugaban en las elecciones presidenciales de 1970.

Queremos, en esta oportunidad, recoger algunos de los tópicos que se están discutiendo en la actual campaña presidencial. 

Nos parece que aún es posible contribuir a una mayor precisión en los términos del debate, a fin de que los ciudadanos elijan al futuro Presidente con pleno conocimiento de las posiciones de cada uno. 

La estrategia del 64 y la estrategia del 70

Se discute entre nosotros si la estrategia del 70 es o no la misma que seguimos en 1964. Nuestra opinión es afirmativa, pero reconociendo la existencia de circunstancias diferentes. 

En efecto, hoy como entonces, se presentan tres bloques políticos: la derecha, la izquierda tradicional, la Democracia Cristiana y los movimientos que se organizan junto a ella. Estas posiciones pugnan por el poder. La presión de unas sobre otras determina cambios en ellas y coincidencias o alejamientos. La votación ciudadana oscila y se fija de acuerdo con las circunstancias. En 1964, el gobierno de derecha no fue capaz de asegurar una sucesión. La ciudadanía optó por una política de cambios y acogió la vía de la revolución en libertad. La inmensa mayoría desechó las posiciones derechistas. El pueblo entero votó por la revolución y por la libertad. 

En 1970, las cosas han cambiado en un aspecto: la derecha ha podido camuflar su posición tras una candidatura de tipo personalista. Ella encubre el regreso a una etapa anterior. Pero, sin duda, dispone de una buena fuerza electoral. Por otra parte, hay también la tradicional candidatura de izquierda, aparentemente fortalecida con votación radical y de algunos ex democratacristianos. Hasta ahora, ella subsiste también con cierta fuerza, pero no sabemos lo que pasará en el momento de votar. 

En suma, la estrategia democratacristiana es la misma de siempre. Ella se funda en la capacidad del PDC por representar las necesidades de las grandes masas. Al identificamos con ellas, podemos tener en nuestra contra a la derecha o a la izquierda tradicionales o a las dos juntas. Pero eso no depende de nuestra voluntad, sino de la actitud de ambas. En 1970 hemos hecho lo mismo que en 1964. Hemos buscado a la opinión pública sin visto bueno de nadie, y hemos logrado levantar nuestra plataforma. Los electores dirán su palabra en septiembre y sabremos si alguna de las fuerzas adversarias se plegó a nosotros. 

Pensar que la estrategia del 64 tenía como orientación apoyarse en la derecha es tan falso como suponer que, en 1970, nuestro propósito es aliamos con la izquierda. Los votos que salgan de los campos adversos no serán ni fueron el fruto de una tentativa deliberada, sino el efecto de una circunstancia histórica concreta. 

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Alessandri retorna de una gira por Chile. Foto de Sonia Aravena.
Alessandri retorna de una gira por Chile. Foto de Sonia Aravena

2.-LAS RAZONES BÁSICAS DE LA CANDIDATURA TOMIC. ' 

Creemos que ellas pueden resumirse en lo siguiente: 

a) La defensa de la libertad.-Tomic representa la subsistencia de la democracia en nuestro país. Tenemos la completa seguridad de que la victoria de la derecha o de la izquierda implica una amenaza contra el régimen democrático de gobierno. La derecha, en efecto, será incapaz de canalizar las aspiraciones populares. Se enfrentará irremisiblemente a situaciones caóticas. La izquierda, por su parte, aplicará una política que la conducirá al reforzamiento de su autoridad económica y, para ello, deber a auto investirse de un desmedido poder político. Para conducir a las masas tendrá que crear las condiciones sicológicas del autoritarismo de estilo comunista castrista. La democracia, a base de libertad de pensamiento, estará en peligro. 

b) La unión de los chilenos. La candidatura Tomic es un llamado a todos los chilenos. Unos y otros, aun adversarios suyos, pueden encontrar la vía democrática por la transformación social o la base orgánica del pueblo como posiciones fundamentales que permiten trabajar por Chile, bajo la autoridad de un gobierno democratacristiano. 

La mayoría de los ciudadanos carecen de motivos para negar su concurso. 

En cambio, la candidatura Alessandri es necesariamente una posición de minoría. Ella volvería a las estructuras tradicionales. 

Reharía el Chile del pasado en lo que tiene de mero conservantismo. Eso no es fuente de unidad, sino de división. La candidatura Allende, por su parte, plantea una línea inseparable de las experiencias colectivistas dictatoriales conocidas. Ellas han costado sufrimientos en masa. Es muy difícil que la resistencia sorda de aquellos a quienes se hará pagar las culpas antiguas, o los abusos indispensables para instaurar el nuevo poder, dejen de causar una honda herida entre los chilenos. La candidatura Allende trae la división como elemento constitutivo. 

c) El progreso realista y constructivo. La candidatura Tomic es el Chile de hoy, prolongado en una segunda etapa. Es un proceso que avanza sobre fundamentos morales, políticos y sociales. Nadie puede llamarse a engaños. . 

Las medidas económicas que adopte están dentro de una pauta que permite marchar de acuerdo a normas o criterios con fundamentos en el pasado inmediato. Se sabe que la organización del pueblo tiene que llegar a la estructura de la economía nacional y que el interés común debe primar sobre el particular. 

La candidatura Alessandri es, en cambio, la regresión preconcebida. Una economía que busca a la empresa privada como único motor, no es compatible con la organización y participación de los trabajadores. La candidatura Allende, a su vez, es un salto en el vacío. Nadie puede decir lo que deparará a Chile el paso al bloque soviético, a la colectivización global, en un régimen con dominio de los partidos Comunista y Socialista. 

Nadie estaría seguro de nada. Ni siquiera los personeros de la candidatura Allende podrían saber cuál será la evolución de su gobierno. 

3.-LA REVOLUCIÓN CUBANA. 

La revolución cubana ha estado y estará presente en nuestra campaña electoral. 

Tomada como inspiración o modelo por el allendismo, se ha puesto especialmente de moda con motivo del discurso de Fidel Castro el 26 de julio. La derecha tendrá necesidad de interpretar las confesiones de Castro como argumento en su favor. 

La verdad es que ellas no debieran servir para nada a las posiciones derechistas. El régimen cubano sigue siendo sólido, y Castro no ha renunciado a ninguna de sus conquistas. La solidaridad del pueblo con el hecho de la revolución es todavía bastante amplia y espontánea. Castro podría pronunciar un discurso igualmente extenso para argumentar sobre la necesidad de seguir adelante su propia obra. 

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Jóvenes partidarios de Allende. Foto de Ximena Castillo.
Jóvenes partidarios de Allende. Foto de Ximena Castillo.

¿Qué nos dicen pues las revelaciones de Castro?  

A nuestro juicio, lo siguiente: 

a) El régimen cubano es un sistema inorgánico de participación popular, cuyas improvisaciones entran a una fase crítica. 

No ha podido subsistir el sistema de la convivencia espontánea, antiburocrática, pero caótica. Ahora deberán saber ordenar los cambios administrativos inaplazables. 

b) El régimen era y es políticamente una dictadura con jefe carismático encarnando el papel de compañero. Ha producido un tesoro de fraternidad real que no puede ser menospreciado, pero oculta el sello de la coacción. Cuando Fidel Castro revela una serie de cifras primarias en que se traslucen errores o incumplimientos, la conmoción es inmensa. ¿Por qué? Simplemente, porque nadie pensaba realmente la totalidad de la situación cubana. 

Cada uno estaba trabajando como hormiga en su sector. Había abandonado, por solidaridad o por temor, la inteligencia en la persona de su jefe. Era éste el que tenía que revelar lo que inocentemente llama los "secretos de la economía". O sea, no había verdadera opinión pública. 

e) El modelo del colectivismo, fundado en el ideal del compañero dictador, no ha resuelto los problemas inmediatos del pueblo. Ha conseguido, sí, esconderlos tras la voluntad de sacrificio y de colaboración de muchos. Pero la materia no ha desaparecido. Fidel Castro tuvo la valentía o la demagogia de poner- lo a la luz, antes que lo dijeran otros. Demostró con eso un valor personal, pero redujo a nada el sortilegio milagroso que pretendía acompañar al "socialismo", o sea, al colectivismo económico, con apoyo en el esfuerzo moral de muchos ciudadanos y sin instituciones políticas representativas. 

Cuba puede levantarse en el futuro. Mucho de lo que hace hoy es válido. Pero tendrá que considerar la realidad tal como es. El gobierno deberá constituirse; el sentido orgánico habrá de plasmarse en formas sociales y jurídicas; la jefatura tendrá que ser racional y no puramente carismática; los derechos tendrán que ser vividos en toda su acepción, no sólo en el deseo de unos o en el renunciamiento de la gran mayoría. 

d) La crisis cubana nos enseña mucho. Nos dice que la democracia no es una palabra vacía, y que la transformación social se hace con plena conciencia en una parte importante del pueblo. 

Nos dice también que debemos volvernos más hacia la vigencia efectiva de los valores humanos que, a veces, la formalidad burocrática en nuestro país desluce más de lo conveniente. Por último, nos enseña que trabajar en democracia, con todos los riesgos de la oposición y de las fallas, es más hermoso y valiente que gobernar a un pueblo fascinado por el prestigio del líder o temeroso de él. A la larga, la revolución en libertad es más revolución que una dictadura, por más apoyo que ésta parezca tener en sus comienzos. . 

4.-EL PROGRAMA DE ALESSANDRI. 

La candidatura Alessandri aún no ha planteado un programa que merezca tal nombre. No hace mucho la opinión pública pudo conocer un texto que lleva ese nombre y que debe ser vinculado a la declaración de principios que el candidato hiciera al comenzar su campaña. El lector no encontrará una exposición adecuada de los problemas del país y sus soluciones. En el fondo, el programa descansa en una tesis implícita: la vuelta a la empresa privada, como motor único de la economía nacional. 

Esta tesis, más o menos encubierta, está vestida con algunas nociones tomadas de la experiencia democratacristiana o de su filosofía. En el fondo, el programa alessandrista se reduce a medidas complementarias, a la denuncia de la politiquería y al fundamento oculto antes señalado. 

Esto no debiera, en verdad, extrañar. La política de derecha no puede levantar un programa en 1970. Tendría que proponer soluciones que destruyesen la obra del actual gobierno. Esto le sería fatal. Debe, pues, refugiarse en las denuncias moralizantes y silenciar el verdadero móvil de sus acciones. 

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Tomic. Foto de Amindo Cardoso.
Tomic. Foto de Amindo Cardoso.

5.-EL PROGRAMA DE ALLENDE. 

Preguntado hábilmente sobre la diferencia entre la revolución cubana y la revolución chilena, el señor Allende señaló cinco: 

a) La estructura del Estado. 

Cuba es un país sin poderes diferenciados. Chile, en cambio, tiene la estructura de una democracia representativa y la seguirá teniendo. 

b) El régimen político. 

Cuba es una república de partido único. Chile es y será una república con partidos múltiples, de gobierno y de oposición. 

e) El régimen económico. 

Cuba es un país que ha colectivizado su economía. Chile es y será un país donde los sectores de la economía particular tendrán su posibilidad de desarrollo. 

d) La situación de las Fuerzas Armadas. 

En Cuba, las Fuerzas Armadas surgieron del movimiento revolucionario; en Chile, ellas tienen y tendrán un carácter profesional, independiente de la estructura política. 

e) La ausencia de sufragio. 

En Cuba, no hay elecciones; en Chile, se mantendrá el sistema de renovación electoral del poder. . 

Esta respuesta del candidato de izquierda podía haber sido ampliada. Por encima de todas las diferencias señaladas hay una que él no mencionó: en Cuba hay un sistema de imposición ideológica, antidemocrática, que explica casi todos los puntos antes mencionados. Hay una filosofía oficial del Estado. O sea, una dictadura. En Chile no es así. 

Ahora bien, si tomásemos las palabras del señor Allende al pie de la letra, tendríamos que llegar a la conclusión de que él está imitando la revolución en libertad y acercándose al programa de Tomic. 

La diferencia con éste reside en que Allende plantea, en verdad, solamente tres formas de economía: la empresa estatal, la empresa mixta entre el Estado y los particulares y la empresa privada. En cambio el programa de Tomic da una importancia estratégica a la economía comunitaria: al cooperativismo, la empresa de los trabajadores, la integración de intereses de éstos en el seno mismo de las economías estatales. De tal manera, el programa Tomic garantiza la democracia política, pues no quiebra sus bases en el plano económico. Allende, en cambio, fortalecerá al Estado sin reconocer a los ciudadanos más que el poder económico de la empresa privada. Como ésta, en definitiva, estará subordinada al colectivismo de Estado, se puede decir que el programa Allende se encamina al estatismo autoritario. Por su parte, el programa Tomic entrega a las diversas formas de economía la posibilidad de mostrar su madurez y su eficacia. 

(*) Extracto del libro “Teoría y práctica de la Democracia Cristiana chilena”, compilación de artículos del autor publicados por Editorial del Pacífico en 1972.

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