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Miércoles, 28 de octubre de 2020
Extractos de 'Piñera', 3° parte

La bochornosa historia de Piñera, Infinco y el grupo del Banco de Talca

Manuel Salazar Salvo (*)

En marzo de 1978, Carlos Massad Abud constituyó legalmente una sociedad de profesionales dedicada a la consultoría y asesoría financiera en materias diversas, denominada Ingeniería Financiera y Comercial Ltda., Infinco. Entre los socios figuraban Antonio Krell, Joaquín Cordua, Eugenio Mandiola, Patricio Barros y Sebastián Piñera Echeñique. Una de las primeras iniciativas de la nueva firma fue abocarse a la instalación en Chile del sistema de tarjetas de crédito. Para ello se asociaron con los bancos de Talca y Concepción y crearon la Sociedad de Tarjetas de Créditos Bancarias, Bancard S.A.

El Banco de Talca nació en 1884 como una institución vinculada a la zona del Maule. En 1971 fue estatizado por la Corfo, al adquirir el 89,6 por ciento de sus acciones. Un año después, el Estado compró los activos locales del First Nacional City Bank, y los agregó al patrimonio del Banco de Talca.

En noviembre de 1975, mediante licitación pública, la Corfo vendió el Banco de Talca a 542 personas naturales y jurídicas del Maule, representadas por el abogado Jorge Ovalle Quiroz, asesor en esos años del comandante en jefe de la FACh, general Gustavo Leigh Guzmán. Entre 1975 y 1977 hubo diversos ajustes en la propiedad de las acciones, hasta que en una nueva licitación, el Grupo Calaf-Contreras adquirió el 26% de las acciones, aumentando su participación en los años siguientes hasta conseguir en 1979, el 65% del banco.

Desde mediados de la década del 70 el conglomerado empresarial formado por las familias Calaf y Contreras utilizó el banco para conseguir un explosivo crecimiento que redundó en problemas cada vez más serios para la entidad comercial. Auditores de Price Waterhouse que efectuaron el balance del año 1977, indicaron en su informe que el 6% de las colocaciones del banco correspondía a clientes cuya situación financiera no les permitía amortizar sus obligaciones en la forma pactada. La Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras solicitó entonces a los directivos del banco que presentaran un proyecto destinado a ordenar las cuentas.

A comienzos de 1978, la plana mayor del banco estaba integrada por Waldo López Strange, en la gerencia general; Alberto Danioni Bernasconi y Fernando del Pino Ortiz, en la gerencia de operaciones; Armando Figueroa Fuenzalida, como fiscal; y, Ena Ruiz Izurieta, en la gerencia de comercio exterior.

Es en ese momento cuando uno de los directores del banco, el ingeniero civil Carlos Icaza Silva, sobrino del cardenal Raúl Silva Henríquez, recomendó a los miembros del grupo controlador a Carlos Massad, Sebastián Piñera y a los profesionales reunidos en la recién creada Infinco, para que se hicieran cargo de plan de salvataje exigido por la Superintendencia.

Piñera relataría más tarde ante los tribunales de justicia su actuación en ese tiempo:
“A fines del año 1978 algunos directores y ejecutivos del banco me ofrecieron trabajar en este a tiempo completo lo que luego de ofrecimientos reiterados recién vine a aceptar en marzo de 1979 el cargo de asesor con horario completo".

“Durante los meses de marzo y abril de 1979, junto con el señor Antonio Krell, estudié la situación del banco, llegando a la conclusión de que la entidad tenía serios problemas de cartera de colocaciones, de concentración de colocaciones, de eficiencia, de sistemas de información, de procedimientos, de organización, de gastos, de personal, etc. Este estudio se resumió en un documento denominado Diagnóstico de la situación del Banco de Talca, el cual junto a un plan de trabajo fue entregado a la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras y presentado al directorio del banco”.

“El Plan de Trabajo, en base al diagnóstico, planificaba las distintas acciones y medidas que la administración del banco debía tomar para superar las dificultades por las que dicha entidad atravesaba. Entre estas medidas se contemplaba un incremento de capital, un congelamiento y reducción de las colocaciones con empresas y personas relacionadas con los principales accionistas del banco, un mejoramiento del proceso de análisis del riesgo de los créditos, el cambio de una organización regional a una funcional, una desconcentración y diversificación de la cartera del banco, tanto por deudores como por regiones, sectores económicos y productos, una reducción de los gastos administrativos y de personal, un incremento del nivel de operaciones con el fin de mejorar la cartera de colocaciones y generar los recursos necesarios para hacer frente a la cartera vencida y riesgosa que el banco ya tenía”, señaló el informe.

Piñera asumió como gerente general a partir del 1° de mayo de 1979. Entre sus primeras medidas dispuso un aumento de capital mediante la emisión de 600 mil acciones de pago por un valor nominal de $ 250 cada una. Ese mismo mes, Antonio Krell se hizo cargo de la subgerencia general; y, en julio, Massad fue designado presidente del directorio de la entidad. Los tres se sumaron al comité ejecutivo del banco.

Miguel Palet y la familia Calaf

En el Banco de Talca se había congregado un grupo empresarial que emergió a partir de la privatización de esa entidad comercial y de las sociedades reunidas en torno a la sociedad Envases del Pacífico S.A., transformándose en un relevante factor de poder regional, absorbiendo las principales empresas industriales y agrícolas de Talca. El conglomerado integró a dos núcleos empresariales que controlaban a lo menos 13 sociedades anónimas y que se entrelazaban  mediante un sindicato de acciones, fórmula que permite a grupos económicos pequeños el control de firmas importantes. 

La primera vertiente del grupo se aglutinaba alrededor de la familia Calaf. Sus principales personeros eran los hijos del fallecido Enrique Calaf Palet, y sus respectivos cónyuges, además de personas reclutadas en el sistema político imperante y en las clases dominantes tradicionales.

Los principales gestores de la vertiente Calaf eran: Alfredo Colombo Bagnara, casado con Francisca Calaf Gans, presidente del directorio de Agroindustrias de Talca S.A. y director de Calaf SAC e Industrial; Enrique Mercadal Paccaud, casado con Margarita Calaf Rocosa, director de Calaf SAC e Industrial y de Agroindustrias de Talca S.A.; Alejandro Zampighi Cavalli, casado con María Calaf Rocosa, director de de Calaf SAC e Industrial y de Almacenes Generales de Chile S.A. Almachile; Alberto Albizu Abascal, casado con Monserrat Calaf Rocosa, presidente del directorio de Calaf SAC e Industrial y director de Manufacturas Yarza S.A.; y, Miguel Calaf Rocosa, gerente general y representante legal de Calaf  SAC e Industrial y vicepresidente del Banco de Talca S.A..

Otros gestores del núcleo Calaf eran: Pedro Félix de Aguirre Lamas; director de Manufacturas Yarza S.A. y de Manufacturas Químicas S.A., muy cercano a la familia del general Augusto Pinochet; Eugenio Mandiola Solar, director de Almachile y de la Cía de Seguros La Cordillera; Raimundo Leschot de Castro, director del Banco de Talca y de Almachile; Alberto Danioni Bernasconi, director de Constructora de Viviendas Económicas Talca S.A., Convital y vicepresidente ejecutivo del Banco de Talca; Alvaro Donoso Flores, padre del ministro de Odeplan en 1979, director de la Sociedad Administradora de Tarjetas de Crédito Bancard S.A., del Banco de Talca S.A. y de Aceitera de Talca S.A.; Carlos Massad Abud , ex presidente del Banco Central, presidente del Banco de Talca y director de la Sociedad Administradora de Tarjetas de Crédito, Bancard S.A.; Carlos Icaza Silva, presidente de Almachile y vicepresidente del Banco de Talca; Rafael Sánchez Naranjo, director del Banco de Talca y de Aceitera de Talca S.A.; y, Sebastián Piñera Echeñique, gerente del banco de Talca y director de Bancard S.A.

El grupo Calaf había surgido a partir de la pastelería “La Palma”, fundada en Talca a fines de siglo XIX por el inmigrante español Miguel Palet Raspaill, y que más tarde abrió sucursales en Santiago y Concepción. Fue tal el éxito de la novedosa repostería de origen francés que ofreció el local, que don Miguel trajo desde la península ibérica a su sobrino Esteban Calaf para que le ayudara con la empresa. Trabajaron juntos hasta que el tío se trasladó a la capital y le vendió al sobrino la pequeña fábrica de pasteles y confites. Poco después llegó el hermano de Esteban, Enrique Calaf Palet, y ambos dieron vida a Calaf Hermanos, una de las más prestigiosas industrias del ramo de los dulces en el país.

La segunda vertiente del grupo Banco de Talca tenía como personero principal a Sergio Contreras Saavedra, presidente del directorio de Envases del Pacífico S.A. y de Envases Modernos S.A., y director de Asesoría en Administración y Sistemas de Información S.A. Cimdat y del Banco de Fomento de Valparaíso. Le secundaban Eduardo Barbe Ilic, director de Envases del Pacifico, Envases Modernos y Compañía Agrícola y Forestal Copihue S.A.; Claudio Gelmi Silva, presidente de Forestal Copihue, y director de Envases Modernos, y Agroindustrias de Talca S.A.; Rafael Bertino Sobera, presidente del directorio de Comdat, director de Forestal Copihue, del Banco de Fomento de Valparaíso y de Seguros La Cordillera S.A.; Francisco Danioni Bernasconi , director de Forestal Copihue y de Almachile; y, Mario Danioni Bernasconi, director de Forestal Copihue y de Almachile.

El crecimiento del grupo

Sergio Contreras era el aglutinador de un núcleo empresarial ausente de la estructura de propiedad y gestión de las sociedades anónimas en 1970, compuesto por cinco personas residentes en Talca, quienes tenían alguna experiencia de gestión empresarial. A partir de 1975 pasaron a controlar el principal banco comercial de la zona y el grupo inició un acelerado proceso de crecimiento, reflejado en la cantidad de empresas que adquirió y en el creciente volumen de capital acumulado. En 1976, compraron a la Compañía Chilena de Fósforos la empresa Compañía Agrícola y Forestal Copihue S.A., firma propietaria de la mayor extensión de tierra agrícola y forestal de la provincia de Talca, con lo cual se insertó en el esquema de desarrollo que habían definido los economistas del régimen militar: explotación de la industria forestal orientada a los mercados externos.

En 1977, el grupo se incorporó al negocio de la computación, adquiriendo la firma Asesoría en Administración y Sistemas de Información S.A. Comdat. Quien vendió fue la sociedad de responsabilidad limitada Siscom y quien compró fue la Sociedad de Inversiones Macros, empresa de grupo. Prontamente, ésta traspasó Comdat, al Banco de Talca hacia fines de 1977; posteriormente el banco vendió Comdat a Sergio Contreras, a una filial del propio banco y a una segunda sociedad de responsabilidad limitada controlada por el grupo; a fines de 1978, el grupo hizo un nuevo reordenamiento del control accionario de Comdat, repitiendo la medida en 1979: se modificaron los nombres de los accionistas –por lo general, personas jurídicas- pero no el agente de control.

Un año más tarde, en 1978, el grupo consolidó su posición en la industria elaboradora de envases, adquiriendo la firma Envases Modernos S.A. al grupo Said. Ese mismo año, se incorporó al negocio de los seguros al comprar al grupo Matte la Cía. De Seguros La Cordillera S.A..

El proceso de centralización no se detuvo en 1979; al contrario, con la llegada de Massad, Piñera y sus socios de Infinco, mostró claros signos de aceleramiento. Durante ese año el grupo organizó, por primera vez desde su formación en 1975, nuevas sociedades anónimas: Agroindustrias de Talca S.A. y la Sociedad Administradora de Tarjetas de Crédito Bancard S.A., esta última en alianza con el grupo Banco de Concepción. Además, adquirió a las familias talquinas Parot, Barberis y Ugarte las acciones de Manufacturas Yarza S.A. –importante fábrica de calzado- y Manufacturas Químicas S.A. Maquinsa.

Finalmente, a comienzos de 1980, la vertiente Contreras compró un paquete de acciones del Banco de Fomento de Valparaíso al grupo Sahli –alrededor del 17 % del capital accionario- el que vendió esta participación al momento de empezar a controlar el Banco Español Chile. Los grupos Banco de Talca y Sahli no eran desconocidos entre sí: el principal socio de Raúl Sahli, Mauricio Tassara Zárate, era hermano de uno de los accionistas minoritarios de Comdat. Curiosamente, Carlos Tassara Zárate poseía el mismo porcentaje de acciones (8,6 %) que otros connotados integrantes del grupo: Alejandro Zampighi Cavalli (8,6 %) y Rafael Bertini Sobera (8,6 %).

Gran parte de los antecedentes reunidos en este artículo corresponden a una rigurosa investigación efectuada en los años 80’, por el sociólogo y economista Patricio Rozas, probablemente el mejor investigador de grupos económicos que haya producido Chile.
Rozas pudo establecer que al 31 de diciembre de 1979, el grupo Banco de Talca controlaba 32 empresas y participaba minoritariamente en la propiedad accionaria de otras dos; de las 32 empresas controladas, 16 eran sociedades anónimas y las otras 16, sociedades de responsabilidad limitada.

Considerando sólo los balances de las sociedades anónimas y bancos comerciales, Rozas estableció que el grupo controlaba activos consolidados que totalizaban la cantidad de 396,3 millones de dólares, y un patrimonio neto levemente inferior a los 54 millones de dólares (moneda a diciembre de 1978).

Aún cuando el sector económico de origen del grupo fue la industria, a fines de la década de los 70 tenía un marcado carácter financiero. En 1978, el 86,9% de la suma de activos consolidados y el 57,8% del patrimonio neto del grupo correspondían a la participación de servicios financieros; en 1979, esta participación era menor en ambas cuentas, pero sin dejar de ser mayoritaria: 81,4% de la suma de activos consolidados y 45,9% del patrimonio neto del grupo.

Patricio Rozas concluyó que la diversificación disímil de las inversiones del grupo fue una práctica empresarial relativamente novedosa en el ámbito nacional, asociada a la existencia de una cartera de inversiones, la que era manejada especulativamente en el mercado bursátil; además, se verificó que dicha práctica se asociaba con participaciones minoritarias en la propiedad accionaria de cada empresa, pudiendo o no ejercer control sobre ellas, de tal modo que garantizara obtener una rentabilidad promedio que neutralizara contracciones bruscas e imprevistas del mercado accionario. 

Un folleto publicitario oportuno

En mayo de 1981, el Banco de Talca distribuyó masivamente un folleto titulado Posición del Banco de Talca en el crecimiento del sistema bancario comercial privado. En primer lugar detallaba a los integrantes de su Directorio y Administración.

Directorio:
Sr. Carlos Massad Abud                             Presidente
Sr. Miguel Calaf Rocosa                             Vicepresidente
Sr. Carlos Icaza Silva                                   Vicepresidente
Sr. Álvaro Donoso Flores                            Director
Sr. Raimundo Leschot de Castro              Director
Sr. Gösta Ericcson Ostberg                        Director
Sr. Alberto Danioni Bernasconi                 Director
Sr. Armando Figueroa Fuenzalida            Director
Sr. Guillermo Leighton Flores                    Director Laboral
Sr. Francisco Mora Contreras                    Gerente Secretario General del Directorio
Sr. Irving S. Friedmann                                Asesor Internacional

Gerente General                                            Sr. Emiliano Figueroa Sandoval
Gerente División Empresas                        Sr. José Luis López Blanco
Gerente División Personas                         Sr. Andrés Risopatrón Iñiguez
Gerente División Finanzas                          Sr. Claudio Abé de Solar
Gerente División Sistemas                         Sr. Eugenio McIntosh Dávila
Gerente División Operaciones                   Sr. Mario Pérez Cuevas
Gerente División Recursos Humanos       Sr. Juan Iturriaga Moya
Gerente División Administración                Sr. Germán Hepp Aguirre
Gerente División Sucursales                       Sr. José Miguel Errázuriz Talavera
Gerente Div. Planificación y Estudios         Sr. Máximo Pacheco Matte
Asesor Legal                                                   Sr. Felipe Montes Cousiño
Abogado Jefe Depto. Legal                         Sr. Alfredo Ossa Foster
Gerente Auditos General                             Sr. Fernando Moure Rojas

Enseguida, el folleto enumeraba algunas de las condiciones en que se encontraba el banco. Decía, por ejemplo:

Capital y Reservas: Durante 1980 el Banco de Talca incrementó su capital y reservas en un 67 %. El aumento sostenido que ha experimentado el capital es un claro reflejo de la confianza que los accionistas tienen en el futuro del Banco y lo ubica en el segundo lugar (en materia de crecimiento) entre las 10 instituciones bancarias privadas más grandes del país.

Colocaciones: El Banco de Talca, fue el segundo en cuanto a crecimiento de colocaciones entre los 12 bancos comerciales privados más grandes del país. Este importante crecimiento le permitió ubicarse en el octavo lugar en el ranking de los bancos de mayores activos.

Rentabilidad: Los buenos resultados obtenidos por el Banco, se tradujeron no sólo en un gran crecimiento a bajo riesgo, sino también en una alta rentabilidad. Es así, como durante 1980 el Banco generó un excedente de 18,2 millones de dólares, obteniendo con ello la segunda mejor rentabilidad sobre capital entre los 10 bancos comerciales privados más grandes del país.

Cuentas Corrientes: Entre los 10 bancos comerciales privados más grandes del país, el Banco de Talca fue el único que aumentó su participación de mercado en cuentas corrientes y otros saldos a la vista. Este hecho muestra la confianza que los clientes tienen en nuestra Empresa y asimismo la preferencia por nuestro servicio de Cuentas Corrientes.

Clientes: Durante 1980 el número de clientes del Banco de Talca, en operaciones en moneda nacional, se incrementó en un 150 %. Estas cifras nos permiten afirmar que el 6 % del total de los hogares chilenos operan con el Banco de Talca.

Productividad Interna: El Banco de Talca fue el que registró el mayor crecimiento en el índice de colocaciones por empleado. Este aumento de productividad interna se explica por la capacidad de dirección y organización mostrada por los ejecutivos, la eficiencia y esfuerzo de su personal y por a gran inversión que realizó el Banco en tecnología.       

El comienzo del fin de la plata dulce

Algo no calzaba entre el folleto publicitario del Banco de Talca y la realidad. La crisis en el sistema financiero chileno se hizo evidente en los últimos meses de ese mismo año 1981. Muchos ya sabían que el 46%, casi la mitad del capital de los bancos y las financieras, estaba comprometido en carteras riesgosas. Las cesaciones de pagos se multiplicaban y empezaba a temblar el mercado de capitales. El lunes 2 de noviembre de 1981, la Superintendencia de Bancos decretó la intervención de cuatro bancos y cuatro financieras cuya insolvencia le pareció evidente: Banco Español, Banco de Talca, Banco de Fomento de Valparaíso, Banco de Linares, Financiera Cash, Finansur, Compañía General Financiera y Financiera de Capitales.

Los grupos económicos afectados fueron los de Calaf y Contreras, el de Raúl Sahli y Mauricio Tassara, el de Gerardo Kunstmann y el de Carmi, Longhi y González. Los medios de prensa se concentraron en Sahli y Tassara, cabezas del Banco Español y dueños, además, de la Compañía General Financiera y de los seguros Lloyd y el Banco Español.

La intervención pudo dar origen a una corrida contra todo el sistema financiero, si el Banco Central no se hubiese apresurado a garantizar los depósitos de los ahorrantes. El costo de la ayuda a los bancos se estimó en unos 300 millones de dólares y, lo peor, sembró la sospecha de que los bancos no podrían quebrar, porque el Banco Central lo impediría. Poco después se produciría el descalabro de los principales conglomerados económicos que habían hecho de la especulación financiera una forma de conducta habitual.

Una parte del  origen del problema se remontaba a 1975, cuando la explosiva alza del petróleo provocó la primera crisis energética mundial, que enriqueció aún más a los países árabes. Estos se vieron en poder de enormes sumas de dinero, que transfirieron a los bancos estadounidenses para su intermediación: fueron los llamados petrodólares.

A su vez, los bancos de Estados Unidos colocaron estos dineros con bajo interés, especialmente en América Latina y particularmente en Chile, donde existía un dólar congelado en 39 pesos, que fue como un anzuelo para que las empresas y las personas se endeudaran.

Al comenzar la década del 80 se produjo en Chile el boom económico, con abundancia de crédito bancario, incluso en dólares, ventas masivas de automóviles y alto consumismo. Este milagro, más aparente que real, se sustentó en la entrada de petrodólares, que los bancos chilenos tomaron de la banca estadounidense..

El boom duró poco. En 1981 se produjo la crisis en Estados Unidos y los bancos se vieron en problemas para retornar los petrodólares a sus dueños. En Chile, el dólar fue descongelado y se disparó dejando un cúmulo de deudas y de quiebras. Así, nadie pagó los créditos que había colocado la banca nacional y que significaron un endeudamiento de ocho mil millones de dólares con el exterior.

La intervención y el procesamiento

Ese aciago 2 de noviembre de 1981 el Banco de Talca fue intervenido por la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras, nombrándose como interventores a Gonzalo Ruiz Undurraga y Alberto Zaneta. Este último fue reemplazado luego por Boris Blanco. A esa fecha, el banco se encontraba en cesación de pagos, con obligaciones vencidas a favor del Banco Central por alrededor de 38 millones de dólares.

La causa judicial se originó a partir de una querella presentada por el liquidador del banco, Eugenio Silva Risopatrón, quien actuó en representación de la Superintendencia de Bancos, en contra de los socios controladores y quienes resultaran responsables. Fue el Segundo Juzgado del Crimen el que emitió el 20 mayo de 1982 una orden de investigar, que dio inicio a la causa rol Nº 99.971-6.

Los abogados querellantes fueron Ricardo Rivadeneira y Carlos Lira, en representación de los liquidadores del Banco de Talca, y Patricio González, por el Consejo de Defensa del Estado.

A Piñera se le imputó la calidad de autor de dos infracciones a la Ley General de Bancos. Primero al artículo 26, que sanciona a los directores y gerentes de bancos y garantes de una institución financiera, que entre otras conductas incurran en la genérica de simular la situación de la entidad; y en segundo lugar, al artículo 26 bis, que sanciona a los directores, gerentes, funcionarios, empleados o auditores externos de instituciones financieras que, con el fin de dificultar, desviar o eludir la fiscalización que corresponde ejercitar a la Superintendencia, alteren o desfiguren datos o antecedentes en los balances, libros, estados, cuentas, correspondencia u otro documento cualquiera, o que oculten o destruyan estos elementos, o bien, proporcionen, suscriban o presenten esos elementos de juicio alterados o desfigurados.

Según los querellantes, el capital y las reservas del Banco de Talca alcanzaban al momento de su intervención a los 40 millones de dólares. La investigación judicial determinó que los créditos irrecuperables otorgados por la institución financiera sumaban 250 millones de dólares. En su cartera de créditos, el Banco de Talca tenía más de 200 millones de dólares prestados a empresas relacionadas, es decir cinco veces su capital y reservas, cuando la ley permitía un límite máximo de sólo el 25 % del mismo.

Las sociedades relacionadas no necesariamente tenían existencia legal y, según la acusación, los controladores y ejecutivos del banco le habían otorgado créditos a esas sociedades sin ningún tipo de garantía.

El 28 de agosto de 1982 el entonces ministro de la Corte de Apelaciones  Luis Correa Bulo declaró reo a Piñera y ordenó su arresto por fraude en contra del Banco de Talca e infracciones a la Ley General de Bancos. En el mismo dictamen amplió los cargos contra Miguel Calaf y Alberto Danioni, quienes ya se encontraban recluidos en el Anexo Cárcel Capuchinos. Según las acusaciones, el grupo Calaf-Contreras había constituido un número indeterminado de sociedades ficticias para obtener créditos en el mismo Banco de Talca, además de fingir exportaciones para conseguir los beneficios que otorgaba el Banco Central a quienes vendían productos chilenos en el exterior, entre otros delitos.

Piñera eludió la detención manteniéndose oculto durante 24 días, tiempo que demoraron sus abogados en tramitar un recurso de amparo para garantizar su libertad. El recurso fue presentado el 3 de septiembre de 1982 y el día 8 la Séptima Sala de la Corte de Apelaciones lo rechazó por dos votos contra uno. En contra votaron los ministros Osvaldo Faúndez y Servando Jordán; a favor, el juez Enrique Zurita.

El 20 de septiembre, una sala de la Corte Suprema, constituida por los ministros Rafael Retamal, Emilio Ulloa y Carlos Letelier, y por los abogados integrantes Enrique Urrutia y Enrique Munita, acogió el recurso de amparo presentado por los abogados de Piñera. El fallo afirmó que "en el estado actual de la investigación no aparece establecido que los hechos que se imputan a los amparados tengan características delictuales, ni está ahora probado que ellos han obtenido provecho o el banco haya sufrido perjuicios resultantes de la actuación financiera de los recurrentes”.

El 10 de abril de 1982, el Banco de Talca fue liquidado por la Superintendencia y comprado por el Banco Central de España, que designó como continuador legal al Centrobanco. En los años siguientes, cambió sucesivamente de propietarios y de nombre.

El proceso judicial que siguió a la intervención del Banco de Talca, al igual que lo ocurrido con otros bancos e instituciones financieras en 1981 y en los años siguientes, fueron ocultados por la mayoría de los medios de prensa en la dictadura militar, y también bajo la democracia que impera desde 1990. Incluso, varios de ellos desaparecieron físicamente de los tribunales o del Archivo Judicial, como aparentemente es el caso del proceso por las irregularidades en el Banco de Talca. No obstante, en este último caso, al iniciarse el otoño del año 2009, empezaron a aparecer algunas piezas del proceso, las que han sido citadas entre comillas en diversos artículos periodísticos. Hasta ahora ha sido prácticamente imposible reconstituir lo que verdaderamente ocurrió hace 30 años en esa institución comercial y sólo se han conocido versiones parciales o interesadas. 

A fines del mes de julio de 2009, sin embargo, el diario electrónico El Mostrador, en un acierto del periodista Jorge Molina, publicó 16  fragmentos del proceso, correspondientes a declaraciones judiciales de varios de los principales implicados, entre ellas tres proporcionadas por Sebastián Piñera, quien dejó la gerencia del Banco de Talca en septiembre de 1980.

En su primera declaración ante el ministro Correa Bulo, efectuada el 13 de agosto de 1982, el luego candidato presidencial de la derecha hizo sus principales descargos.

A continuación, se reproduce gran parte de aquel testimonio:

La primera declaración judicial de Piñera

“A fines del año 1978 algunos directores y ejecutivos del banco me ofrecieron trabajar en este a tiempo completo lo que luego de ofrecimientos reiterados recién vine a aceptar en marzo de 1979 e cargo de asesor con horario completo”.

“Durante los meses de marzo y abril de 1979, junto con el señor Antonio Krell, estudié a situación del banco, llegando a la conclusión de que la entidad tenía serios problemas de cartera de colocaciones, de concentración de colocaciones, de eficiencia, de sistemas de información,, de procedimientos, de organización, de gastos, de personal, etc. Este estudio se resumió en un documento denominado “Diagnóstico de la situación del Banco de Talca”, el cual junto a un plan de trabajo fue entregado a la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras y presentado al directorio del banco”.

“El Plan de Trabajo, en base al diagnóstico, planificaba las distintas acciones y medidas que la administración del banco debía tomar para superar las dificultades por las que dicha entidad atravesaba. Entre estas medidas se contemplaba un incremento de capital, un congelamiento y reducción de las colocaciones con empresas y personas relacionadas con los principales accionistas del banco, un mejoramiento del proceso de análisis del riesgo de los créditos, el cambio de una organización regional a una funcional, una desconcentración y diversificación de la cartera del banco, tanto por deudores como por regiones, sectores económicos y productos, una reducción de los gastos administrativos y de personal, un incremento del nivel de operaciones con el fin de mejorar la cartera de colocaciones y generar los recursos necesarios para hacer frente a la cartera vencida y riesgosa que el banco ya tenía. La Superintendencia, al conocer el plan de trabajo, nos solicitó el envío de anexos de éste, estableciendo un calendario de las medidas y acciones, particularmente, en lo referente a aporte capital”.

“El 1 de mayo de 1979 asumí la gerencia general del banco y en conjunto con otros ejecutivos, profesionales traídos de otros bancos y financieras, iniciamos la tarea de implementar el Plan de Trabajo y lograr los objetivos en él contemplados. En esa oportunidad se acordó con el directorio que la administración del banco tendría independencia. Además, el señor Danioni fue nombrado vicepresidente ejecutivo y el señor Carlos Massad se incorporó al directorio, asumiendo posteriormente la presidencia de éste”.

“Los accionistas, siendo ellos: el grupo Forestal, encabezado por Copihue, el que a nuestro juicio era un conjunto solvente; también estaba el grupo Zampighi, cuñado del señor Calaf, exportador de productos agropecuarios, del cual existía una escasa información en el banco; el grupo Yarza, uno de los principales deudores del banco, dirigido por el señor Ugarte, ex director y que se dedicaba a la producción de zapatos; el grupo de empresas constructoras, cuyos principales proyectos eran el drugstore Madrid y Las Terrazas de Providencia; el grupo Gas Talca, ligado al fiscal del banco, (…) Armando Figueroa y el grupo de Fábricas Productoras de Envases”.

“En este mismo mes de mayo enfrentamos las primeras dificultades al detectar el mal estado financiero de las empresas del grupo Gas Talca, que eran deudoras importantes y no podían cumplir sus compromisos, lo que llevó al banco, para asegurar un mejor pago de dichas deudas, a exigir mejorar las garantías y a poner un administrador de la confianza del banco, para así asegurar que todos los recursos disponibles se destinaran a cancelar deudas”.

Los problemas con Alejandro Zampighi

“En agosto de 1979, la administración del banco intenta llegar a un convenio con el grupo de empresas Zampighi para mejorar las garantías y destinar los recursos provenientes de retornos de exportación y otros que estas empresas tenían, a cancelar deudas con el banco. La garantía principal que se buscó era una hipoteca sobre un frigorífico y prendas sobre mercaderías, lo que no se pudo concretar por cuanto Alejandro Zampighi no firmó el convenio o no cumplió lo que en él se establecía”.

“En julio o agosto de 1979 se estudia a fondo la situación de conjunto de empresas Yarza y se firma un convenio con ellas, mediante el cual todos los recursos que se generen más otros adicionales previstos por los dueños, se comprometen para el servicio de la deuda, pero en diciembre de 1979 hace crisis la situación de este grupo por un grave deterioro económico financiero que se empeora y por un cambio de actitud de los dueños y administradores. Esta crisis representa un grave revés para el banco que frente a esta nueva situación lleva al presidente y gerente general a plantear la necesidad imperiosa de establecer un plan de emergencia”.

“Esta situación de crisis fue puesta en conocimiento del intendente Mauricio Larraín, el que citó a una reunión en su oficina a los señores Miguel Calaf, Alberto Danioni, Carlos Massad y a mí, exigiendo un plan de emergencia que contemple medidas para superar esta situación, el que fue confeccionado por don Carlos Massad y yo, pero como dependía de los señores Calaf y (…) les pedimos a ellos (…) producir un nuevo incremento del capital”.

“Para el cumplimiento de estos objetivos se fija un plazo de seis meses, al que no se dio cumplimiento, lo que se informó a la Superintendencia mediante Carta de Estado de Avance”.

“Frente a esta situación, en el mes de enero de 1980, en mi calidad de gerente general, y el señor Antonio Krell como subgerente general, planteamos a los señores Calaf, Danioni y Massad la necesidad de vender el banco o la empresa Copihue, que era la empresa más valiosa de los accionistas. Para este efecto tomé contacto con el grupo Angelini y en una reunión en la que estuvieron presentes Anacleto Angelini, Fernando Léniz y (…), en el mes de enero de 1980, discutimos la posibilidad de que dicho grupo comprara el paquete mayoritario de las acciones. Igualmente, en marzo de ese mismo año, tomé contacto con el señor Antonio Tuset, gerente general de la Celulosa Arauco y Constitución y discutí con él la posibilidad de que su empresa comprara el paquete de acciones de Copihue. La continuación de estas dos conversaciones las llevó a cabo el señor Calaf, por razones que desconozco, ninguna de estas gestiones logró concretarse”.

“En el mes de junio de 1980, el incumplimiento reiterado de los términos comprometidos por el señor Alejandro Zampighi, en relación a sus deudas, produce un rompimiento total entre el banco y éste, y frente a esta situación el banco protesta y pasa a cartera vencida los documentos de pago del señor Zampighi”.

“En septiembre de 1980, por razones que desconozco, pero que presumo relacionadas con las múltiples tensiones, enfrentamientos, discusiones y diferencias de opiniones habidas entre mi persona y los principales accionistas, estos piden mi renuncia al cargo de gerente general, lo que se produce al termino de ese mes”.

“En cuanto a lo que se me consulta, si estaba en conocimiento de que de acuerdo al calendario de incrementación de capital del banco, por parte de sus accionistas, se otorgaban créditos a empresas del grupo Calaf - Danioni para tal cometido, declaro que desde el mes de mayo de 1979, y durante toda mi permanencia en el banco, existió un plan de capitalización, mediante la emisión de acciones de pago. Durante este período, éstas acciones fueron inscritas y pagadas en forma preferencial por los accionistas mayoritarios del banco y en segunda forma, por personal o empresas no accionistas”.

“Durante este mismo período, muchas empresas y personas ligadas a los principales accionistas, eran clientes y utilizaban los distintos servicios de banco, siendo posible que alguno de estos créditos haya sido utilizado para propósitos distintos a los establecidos en las solicitudes de crédito. Sin embargo, de acuerdo a lo establecido, al estructurarse el plan de capitalización, los recursos para incrementar el capital provendrían básicamente de fondos propios de los compradores de acciones, excedentes de las empresas y venta de activos”.

“Por lo anterior, no estoy en conocimiento de que el crédito que se me consulta, por $ 11 millones y fracción, otorgado a la empresa Compañía Inmobiliaria y de Inversiones Río Claro S.A., haya sido prestado a terceros para que compraran acciones del banco, ni tampoco recuerdo esta operación de crédito en particular, la cual se produjo días de mi alejamiento del banco”.

“Con respecto a lo que se me pregunta y que guarda relación con la formación de las empresas Los Montes, Los Lirios, Tamarugal y Laguna Verde, y el otorgamiento de crédito para las mismas a los pocos días de su formación, declaro que en el mes de junio de 1980, el banco decide, debido a las razones antes expuestas, protestar los documentos de deuda del grupo Zampighi y proceder a las acciones legales que correspondieran para lograr recuperar los créditos otorgados. Para estos efectos y por razones de tamaño de cartera vencida, provisiones disponibles y recursos con que contaría el banco, para enfrentar esta situación se decide dividir el problema en dos etapas, procediendo a protestas y ejecutar de inmediato un monto de deuda de aproximadamente de tres a cuatro millones de dólares, de tal forma que todas las garantías existentes a favor del banco y que tenían un valor inferior a esa cifra pudieran ser ejecutadas y el producto de su venta destinado al pago de la deuda, no dejando ningún activo prendado, hipotecado o libre de gravamen conocido por el banco a disposición del deudor o de sus empresas”.

“El remanente de deuda fue cubierto por estas cuatro empresas relacionadas con los principales accionistas, los que endeudándose en el banco, pagaran deudas del señor Zampighi, constituyéndose en acreedores de éste y de sus empresas. Esta operación se hizo en el mejor interés del banco y no significó daño alguno a su patrimonio. Declaro además que no solicite al señor Patricio Roa la formación de estas sociedades, sino que solicite a los señores Cafal y Danioni una solución al problema”.

“Declaro no haber estado en conocimiento de que estas cuatro empresas eran de reciente formación y que no eran sujetos de créditos solventes, porque tenían escaso o nulo capital. Sin embargo, no existía ninguna otra alternativa mejor para solucionar este problema”.

“La declaración de incobrabilidad del crédito a estas empresas y los nuevos préstamos, se produjeron con posterioridad a mi alejamiento del cargo de gerente, no obstante, comprendo las razones que justifican estas decisiones, puesto que están directamente relacionadas con el origen de estas operaciones”.

“Con respecto a los créditos que se les otorgasen a las empresas relacionadas con los dueños del banco, la operatoria y tránsito, no así su aprobación y las condiciones exigidas, se centralizaban en uno o más ejecutivos de cuentas, al igual que los créditos a distintos actores de la economía, quienes dependían de la gerencia comercial. Sin embargo, el análisis de los demandantes de crédito, lo efectuaba una unidad de análisis de riesgo que dependió inicialmente del subgerente general, señor Antonio Krell”.

“Quiero dejar constancia que durante todo el período que estuve como gerente general del banco, no se distribuyó ningún dividendo a los accionistas, sino que por el contrario, la totalidad del excedente operacional que generó el banco, a diferencia de otros períodos anteriores en que fue negativo, alcanzó cifras sustanciales cercanas a los US$ 20 millones, se destinó íntegramente a provisiones, castigos, reservas y capitalización del banco”. 

(*) Extracto reeditado de un capítulo del libro Piñera, publicado por el autor en 2009. 

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Comentarios

Comentarios

Interesante, Piñera asociado con el partido del orden, Carlos Massad (caso Inverlink), Máximo Pacheco , etc.

En toda interpretacion de los hechos, siempre van a haber 2 o mas versiones y dependerá del lector, sacar sus propias conclusiones para llegar a una conclusion objetiva de una problematica, en especial habiendo tantas personas involucradas, como intereses financieros, mercantiles y comerciales. Sin embargo tambien dependerá de que todos aquellos que han intervenido en este caso en particular, tomando deciones que afecten a personas y/o instituciones, lo han hecho, basado en sus principios, valores, etica y conocimientos tecnicos de la materia. La historia y el tiempo diran ,si las decisiones tomadas tenian por finalidad, perjudicar a personas o empresas , en resguardo de sus propios intereses. Solo Dios y la conciencia de cada uno lo saben.

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