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Miércoles, 21 de abril de 2021
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La cepa británica del Covid-19 ¿Nos devuelve al casillero inicial de la pandemia?

Andrés Almeida

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Foto: Republica.com
Foto: Republica.com

Al parecer es menos severa y no llega a invalidar las vacunas, pero su alta transmisibilidad puede crear una curva de contagios y muertes de pesadilla, como fue al inicio de la pandemia. 

La nueva cepa británica del Covid-19, llamada B.1.17 -corresponde a una mutación del virus que asoló al mundo en 2020, cuya principal característica hasta ahora detectada es ser más transmisible. Es por eso que ya es la cepa dominante en Londres en cuanto a los nuevos contagios (62% en la última semana medida), y ha logrado cruzar fronteras hacia una decena de países, incluido Chile.

Se trata de una novedad que indica que la pesadilla de la pandemia no ha acabado, sino que se desarrolla. Una circunstancia que apunta a que la creación de las vacunas no son el principio del fin de la pandemia, sino el fin de su principio.

¿Cuántas etapas más quedan?

Es difícil de decirlo, pues mucho va a depender de la capacidad humana de distribuir con eficacia y en tiempos adecuados miles de millones de dosis a lo ancho del mundo, y del comportamiento definitivo de los fármacos. Pero también el resultado de esta historia va a depender de la capacidad de respuesta del virus del Covid-19 a los desafíos que le está poniendo la ciencia. Esto se traduce científicamente en su capacidad de mutar, frente a la barrera de la vacuna y el de las distintas barreras no farmacéuticas que se han dispuesto.

Los científicos han reaccionado sin pesimismo frente a la novedad que nos depara la cepa británica del virus (así también llamada pues explotó en el Reino Unido). En especial, porque hay cierto consenso en que las vacunas tienen una alta probabilidad de tener un comportamiento clínico similar respecto de la cepa original y la nueva.

Sin embargo, esto no implica ningún tipo de garantía respecto del potencial catastrófico de la B.1.17.

En Con una vigilancia limitada sobre la variante del Covid-19, esto es un nuevo déjà vu, Helen Branswell de Stat -un medio estadounidense especializado en salud que se hizo de gran influencia en esta pandemia por la relevancia y precisión de sus contenidos- compara la actualidad respecto de la cepa británica, con el inicio de la pandemia hace un año atrás, respecto de la incapacidad en ambos momentos de trazar correctamente la expansión del virus, evitar o minimizar la transmisión comunitaria y así aplanar su curva de contagio.

En el articulo se menciona que la alta velocidad de mutación del virus (la B.1.17 registra hasta 17 mutaciones respecto del original) le ha permitido cambiar su comportamiento y ser más transmisible, aunque no hay evidencia de que sea más agresivo. De todos modos, incluso aunque esta nueva variante sea más benigna, dado que acelerará la tasa de contagios, la cepa británica puede tener el efecto de saturar la infraestructura hospitalaria, tal como sucedió con la cepa original.

En cuanto a las preocupaciones, más lejos va The Atlantic. En su artículo El virus que ha mutado es una bomba de tiempo, Zeynep Tufekci advierte que la característica de mayor transmisibilidad de la cepa B.1.17 es potencialmente catastrófica en vidas humanas incluso si es que la mutación implica que el desarrollo de la enfermedad sea menos severo (algo que no se ha comprobado aún). Esto pues podríamos enfrentar olas de contagios de mucho mayor tamaño si se confirma que la nueva cepa es entre 50% y 70% más transmisible que la versión original, dado el carácter exponencial de la curva de contagios.

"Por ponerlo de otra forma, un pequeño porcentaje [de mortalidad] de un gran número [de contagios] puede ser mucho, pero mucho más grande que un gran porcentaje de un número pequeño", se lee del reportaje.

Sin embargo, el artículo ofrece alguna luz de esperanza. En primer lugar porque destaca el hecho de que la mayor transmisibilidad puede no deberse necesariamente a que la nueva cepa permite un ingreso al cuerpo humano de una mayor carga viral, sino que al efecto fundador, mediante el cual una nueva versión del virus prospera simplemente por el mero hecho azaroso de llegar antes que otras variantes a un lugar determinado, o porque empieza a operar justo en un momento en que se produce una mayor fatiga de cuarentena que relaja las medidas no clínicas de detención del virus. Esto último, incluso podría estar asociado con cambio de hábitos producto de las fiestas de fin de año y el invierno boreal.

Si se trata de la segunda razón, debiera bajar con el tiempo la alta transmisibilidad de la cepa británica. Pero, según Tufekci el peor error sería confiarse. Por eso, es necesario -según el artículo- nuevamente hablar de la importancia de aplastar la curva, como al principio de la pandemia, y no confiarse en que las vacunas son una bala de plata, pues esta puede llegar tarde frente a una ola incontenible de contagios de la nueva cepa.    

Más allá de este caso, las mutaciones del coronavirus son una amenaza generalizada. Ya en diciembre de 2020 se advirtió del peligro que comporta la industria de los visones, animales de apetecida piel que desarrollaron una zoonosis (contagio entre especies) y mutaciones del virus del Covid-19, lo que terminó en el sacrificio de al menos 17 millones de especímenes solo en Dinamarca, el principal productor de visones, y donde se dio el primer brote que terminó afectando a nueve países. Al respecto, conviene leer La pandemia del visón no es ningún chiste, de Zöe Schlanger en The Atlantic.

Finalmente vale la pena revisar el artículo de Wired UK, Cómo detener la próxima pandemia, en el que David Cox recopila las medidas científicas que debiesen adoptarse internacionalmente conforme la experiencia de casi un año combatiendo el Covid-19.

Cox menciona el desarrollo de una vacuna universal contra los coronavirus en general, dadas justamente, las nuevas mutaciones que pueden esperarse, reforzar la segunda ola de vacunas, crear un laboratorio de mini órganos para investigar en el comportamiento de las distintas células humanas al ser atacadas por las infecciones, el cultivo de virus no conocidos, y la creación de un atlas de virus para ir conociendo los 10 elevado a 30 virus (10 nonillones) que pueblan el planeta.    

Este artículo es parte de la edición del lunes 11 de enero de 2021 de nuestro newsletter exclusivo La Semana, el cual disponemos ahora para todo público.

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Las autoridades deberían mirar un poquito hacia Australia y Nueva Zelandia que han podido controlar la pandemia

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