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Lunes, 23 de noviembre de 2020
Jornada histórica

¿La energía de las movilizaciones se transformará en votos?

Lissette Fossa
Andrés Almeida

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Foto: Luis Hidalgo
Foto: Luis Hidalgo

Durante este día se vivirá una jornada electoral inédita. Dependiendo de los resultados, muchas incógnitas se resolverán. Conversamos con varios analistas para identificar las preguntas clave que se dilucidarán en las próximas horas. Al parecer la más importante es si la energía de la revuelta del 18 de octubre se transformará en un fuerte cauce electoral o irá en un carril paralelo.

Este domingo 25 de octubre se realizará el primer plebiscito en más de treinta años, tras un estallido social que removió las bases sociales y políticas del país como en mucho tiempo no ocurría. En este día decisivo, las preguntas abundan más que las respuestas.

Aunque las encuestas favorecen con creces a la opción Apruebo, el Rechazo realizó una campaña con fuerte financiamiento en medios de comunicación y redes sociales ($ 108 millones versus $ 8 millones), apostando por llegar a los estratos populares, los jóvenes y a desmovilizar a través de un discurso anti-político. Mientras, la opción Apruebo fue una colección de mensajes variopintos, sin mayor consistencia, pero apoyados en una racionalidad de esperanza por un cambio que parece anhelado por las grandes mayorías.

Hoy se verá si los esfuerzos del Rechazo dieron algún fruto.

Todos los analistas entrevistados por INTERFERENCIA coinciden en que este plebiscito va a dar muchas señales sociales y políticas. Pero ninguno se atreve augurar porcentajes para cada opción, la brecha entre ellas o la participación.

Dado que las encuestas signan que el Apruebo ganará en torno al 70% de los votos y que habrá una participación mayor que la de la pasada segunda vuelta presidencial de 2017 (49%,  7.032.585 de votos), disputada entre Sebastián Piñera y Alejandro Guillier, la principal pregunta es si la política va a ser capaz de representar la fuerza y las demandas de la movilización social, que ya cumplió un año.

El análisis deja más dudas que certezas,también porque el plebiscito se comprende como un paso más de un proceso más largo. Sin embargo, los analistas entregan algunas pistas sobre qué se podría considerar un triunfo en el camino de transformar en política las demandas sociales, o. por el contrario, qué distanciaría aún más la política del movimiento social.

¿La fuerza de la movilización se transformará en una fuerza electoral?

La gran pregunta que dejará este plebiscito de entrada para el cambio constitucional es si logrará llevar a las urnas la fuerza y energía que explotó el 18 de octubre del año pasado. Si las demandas sociales ese día eran muchas y diversas, incluso a veces contradictorias, hoy se suman nuevas, como la demanda por más Estado dada la pandemia, la reforma o refundación de Carabineros, el trato judicial a los presos políticos de la revuelta o el esclarecimientos de cientos de casos de heridos oculares, tan solo por nombrar algunos.

“Yo creo que la protesta y lo electoral, lo político electoral, van por carriles separados. Eso no significa que si va todo el mundo a votar va a significar que se van a acabar las protestas, no son estrategias excluyentes. Son dos formas de expresarse, y no hay que analizarlas como que uno va a generar algo en el otro proceso”, opina el analista y cientista político Claudio Fuentes.

Quien coincide con este análisis es Patricio Navia, quien cree que el estallido social se produjo por demandas sociales y éstas van a continuar, aunque piensa que el verano puede generar que bajen las protestas.

“En el verano pueden bajar las manifestaciones, porque si gana el Apruebo para muchos va a ser un paso. Pero no un paso final, la gente se movilizó por demandas sociales, por no más abusos, mejores pensiones, etc, y como van a ver que la nueva constitución no va a traer eso. La gente se va a molestar”, afirma Navia.

Para Carolina Garrido, integrante de la Red de Politólogas y académica de la Universidad Diego Portales, el plebiscito de hoy sí es un paso para canalizar de alguna manera la energía de la movilización en un proceso electoral, aunque también cree que es clave observar la participación que convoque.

“El plebiscito y el cambio constituyente es una de las medidas institucionales para canalizar las demandas de la ciudadanía, y, por cierto, para hacer las transformaciones sociales y políticas que se requieren. Uno de los argumentos para cambiar la constitución es que la actual impide realizar las transformaciones sociales, políticas y económicas que hoy día se requieren. Es una vía institucional para lograr estas transformaciones sociales. Por supuesto va a depender mucho de la participación y que gane el Apruebo el domingo”, afirma Garrido.

Para Darío Quiroga, analista político e integrante del podcast La Cosa Nostra, hay dos puntos claves para analizar el éxito o no del plebiscito de este domingo. Uno es el porcentaje de participación, que debiese ser mayor al de la última elección presidencial; otro, el porcentaje con que gane el Apruebo, que debiese superar la votación histórica de la centro-izquierda y la izquierda.

“Son dos factores importantes no solo porque legitiman el proceso, si no que además abren la posibilidad de hacer modificaciones en el itinerario ahora definido el 15 de noviembre del año pasado, el acuerdo político, que de alguna manera lo que hizo fue destrabar una crisis terrible, y que tiene hartas precariedades. Una participación alta creo que abre la puerta a que algunas reglas del juego se cambien, de las que quedaron como medias definidas en ese acuerdo”, opina Quiroga.

Para el analista Juan Pablo Luna, hay que estar atentos a esta puerta que se abre, pero que se puede cerrar si no hay una opción de modelo diferente para el país: “Sí. El proyecto constitucional es súper importante, pero no es la solución al problema que tiene Chile. El problema del país es cómo refunda su modelo de desarrollo”, afirmó en una entrevista a The Clinic.

¿Entusiasmo? ¿Miedo a la pandemia? Las incógnitas en torno a la participación 

Para la mayoría de los entrevistados, una clave del proceso que hoy se inicia es la participación que tenga. La mayor amenaza para una alta participación es la pandemia, por lo que hay que mirar el proceso en detalle posteriormente, cuando los datos por grupo etario, socioeconómico y por regiones esté disponible. De todas formas, la mayoría cree que la participación puede aumentar en este plebiscito, en comparación con las elecciones presidenciales de 2017.

“Hay que considerar otras cosas en el caso del plebiscito, sobre todo el tema de la participación. El voto voluntario, considerarlo, porque las encuestas miden intención de voto, pero no si van a votar esas personas efectivamente, puede que haya gente que crea que su voto no es útil. Además, en Chile la abstención es muy alta, por eso las encuestas deben no solo evaluar la intención de voto, también si la gente va a votar  o no. A esto hay que sumarle el Covid, que puede que genere temor en ir a votar o no”, advierte el analista político y estratega electoral, Freddy Cervantes.

“Un referente puede ser el porcentaje de participación histórica, es un indicador. También hay que considerar el efecto del Covid la participación, y la sensación en la calle, si la gente está saliendo y se cuida. Por otro lado, debemos observar el desarrollo de las votaciones en regiones, ya que pueden tener un porcentaje de participación histórica diferente entre sí, eso es importante”, concluye Cervantes.

Votaciones en lugares claves, como comunas emblemáticas de Santiago y en la Araucanía, darán señales sobre la participación y también el apoyo al Rechazo, por ejemplo en Temuco, donde históricamente se ha votado por opciones más conservadoras, y donde la situación ha estado tensa por la intensificación del conflicto entre el Estado y los mapuche que exigen reivindicaciones históricas. En Santiago, en cambio, en la última elección hubo una brecha importante de participación entre los barrios acomodados, que fueron en masa a votar, y los barrios más pobres, que tendieron a tener mayor abstención. En el caso de Vitacura la participación fue del 73%, mientras que en La Pintana fue de 37%.

“El tema de la participación hay que tener mucho cuidado en interpretarlo, porque estamos en un contexto bien complejo, que tiene que ver con la pandemia, no sabemos el efecto que pueda tener n la participación electoral”, advierte Carolina Garrido.

“Si bien estamos en un momento histórico donde hay una motivación relevante, es importante recordar que la abstención electoral y la desconfianza a las instituciones políticas, y sus procesos, no se modifican de un día para otro. Entonces, dado los datos que manejamos, es esperable que aumente un poco la participación, pero tampoco esperaría una participación del 80% por esas razones”, agrega Garrido.

Claudio Fuentes también opina que el porcentaje de participación en estas elecciones será relevante, pero que el análisis en detalle, por ejemplo, de cuántos jóvenes han ido a votar, los entrega el Servel meses después de las elecciones. Sí cree Fuentes que mientras más participación, se valida más el mensaje que entrega el resultado. “Reviste un mensaje político, ciudadano mucho más potente si va más gente a votar”, afirma.

El futuro del Presidente, el del gabinete del Rechazo y el de Lavín

Si bien Sebastián Piñera tuvo la prudencia de no pronunciarse por una opción u otra, su gabinete político ha optado mayoritariamente por el Rechazo, partiendo por el ministro del Interior, Víctor Pérez (UDI). Y si bien hay ministros por el Apruebo, como Mario Desbordes (Defensa), es difícil que Piñera pueda pedir un pedazo pequeño de la torta de la victoria. 

Entonces, Piñera ha optado por la irrelevancia, pero eso también trae consecuencias políticas.

“El problema de Piñera es que la única forma que tiene para subir su popularidad es cuando desaparece. Hoy el gobierno está terminado. Y cuanto más demoren en entenderlo y asumirlo, más problemas van a tener para gobernar el tiempo que les queda. Y, desde el punto de vista ciudadano, creo que nos haría bien olvidarnos un poco de Piñera”, opinó Juan Pablo Luna en The Clinic esta semana, y la mayoría de los analistas coinciden con él.

“Yo no veo que el gobierno se vaya a debilitar más por los resultados del domingo, porque ya vemos un gobierno muy debilitado, que en general, los personajes más claves, están por el Rechazo. No veo que esto vaya a debilitar más al gobierno, salvo que el triunfo del Apruebo sea muy contundente, que haya una brecha muy grande con el Rechazo”, opina Garrido.

Para Patricio Navia, Sebastián Piñera va a tratar de "mejorar su imagen con el plebiscito". Según el analista "va a tratar de asumir el rol de garante del proceso constituyente".

Para Quiroga, la única buena noticia para el gobierno es que “no puede empeorar más”.

Pero eso no significa que la derecha quede derrotada completamente mañana, en especial si al Rechazo no le va tan mal. Esto, porque son varias sus figuras que apostaron por el Apruebo, como Joaquín Lavín, Pablo Longueira y varios alcaldes, a quienes pondrán en cotillón, seguramente la televisión y los diarios del lunes.

Quiroga cree que hay que poner atención a personajes como Lavin, que se han desmarcado con una actitud inteligente, de su partido, apoyando el Apruebo. Comparado con Pablo Longueira, por ejemplo, quien también llamó a votar por el Apruebo, Lavín tendría mucho más que ganar.“A mi me parece que entre Longueira y Lavin uno puede distinguir diferencias. Longueira ha verbalizado que la apuesta suya por el apruebo es una táctica, sentarse con las reglas del juego para tratar de incidir. En el caso de Lavin, es una reflexión un poco más profunda, de no seguir como estamos, entender la política de otra forma e intenta entender ese paso. Eso tiene un hilo, los pasos que ha dado en su carrera política son consistentes con esa mirada, aunque eso no implica que deje ser de derecha; cuando se define socialdemócrata, es una liviandad de conceptos. Cuando se menciona como socialdemócrata lo único que hace es revelar que los gobiernos de la Concertación no fueron socialdemócratas”, comenta.

La oposición: un triunfo que paga poco

Difícilmente el posible triunfo del Apruebo va a poder ser atribuido a la oposición, que ha destacado por su falta de carisma y nula capacidad de representar las demandas sociales en su espectro más amplio. Incluso con un posible triunfo del Apruebo, personajes de la derecha, centro y la izquierda podrían salir a celebrar juntos, ya que muchos de ellos han llamado a votar por esta opción.

Es más, la oposición se encuentra en camino de buscar representar el malestar que estalló el 18 de octubre, pero todavía parecen bastante perdidos, como lo demostró la franja que "ceden" a los independientes el PS, el PPD y el PR, en la que su primera imagen es la de sus tres presidentes delante de una masa de ciudadanos inidentificables.

“En caso del Apruebo es distinto, porque como hay gente de la derecha que está por esta opción, se diluye ese éxito, por ejemplo, no creo que se de, peor en un escenario con el apruebo con 80% de la votación, se lo puede atribuir gente de derecha y de izquierda, se diluye más el triunfo”, explica Claudio Fuentes.

Para Fuentes, el momento clave será la elección de los integrantes de la convención a cargo de redactar la nueva constitución, si es que gana el Apruebo. También un poco antes de este hito, cuando se abran a candidaturas diversas y cercanas a la ciudadanía.

“Eso va a hablar mucho de cuán abiertos están los políticos de oposición a lo que quiere la ciudadanía, que sea un proceso diverso, amplio, que involucre independientes, diversidad, diversidad territorial, de género, étnica. Entonces un primer desafío para los partidos es su apertura a incluir candidaturas lo más amplia posible. Si son los mismos de siempre, la misma elite, la señal política es nefasta. El segundo elemento es incluir el componente de la participación ciudadana en el proceso mismo, cuanto estan abierto los partidos y la estructura de la convención en recibir y encausar la participación ciudadana activa, que permitan sentir que el proceso no es de una elite, es de toda la ciudadanía”, explica.

En la misma líneas de pensamiento, Quiroga cree que el desafío de la oposición es renovarse hasta el punto que pueda comprender la energía del estallido social y su incapacidad de ser procesado por las instituciones actuales

“La energía del estallido no fue una energía política, había una base política. No fue para nada algo calculado, pero tampoco fue algo que reventó por cualquier cosa, como el alza del metro; una más de las cientos de situaciones al año que serían igual de indignantes. Eso hace analizar que las fuerzas de izquierda deberán ver cómo canalizar eso, que es algo que no les pertenece. Por algo no pasó en 30 años y pasó ahora, porque fue más allá de las comprensiones tradicionales de la izquierda. Y yo creo que a la izquierda le falta mucho para poder conducir este proceso. Ahí yo tengo la sensación de que hay más cosas; no tiene que ver con moderarse, si no entender otras lógicas, otra manera de construir sus discursos”, opina.

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