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Miércoles, 24 de febrero de 2021
Adelanto de libro sobre las islas que han servido de cárcel

La isla Juan Fernández como penal durante el gobierno de Carlos Ibáñez

Ernesto Carmona Ulloa (*)

En este tercer extracto del libro “Islas-cárcel, castigo a la transgresión política”, Ediciones Mapocho Press, 2020, el autor se refiere al envío de comunistas, anarquistas y otros opositores a la isla durante el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo.

(*) Periodista, escritor, dirigente gremial, colaborador de INTERFERENCIA, fallecido en noviembre de 2020.

Desde 1966 se llama Alejandro Selkirk, pero en 1927 todavía la nombraban Más Afuera porque es la isla del Archipiélago Juan Fernández más alejada de tierra, 165 km “más afuera”, hacia el Oeste, que Más a Tierra (hoy Robinson Crusoe), distante 676 km de Valparaíso. También era la isla más pobre, hostil y abandonada del piélago cuando Carlos Ibáñez decidió restablecerla como confinamiento remoto de disidentes políticos, un siglo después de que Diego Portales le diera el mismo uso.

Los prisioneros políticos relegados vivieron custodiados por carabineros (“pacos”), suerte de guardia pretoriana de cobertura nacional fundada por el dictador Ibáñez para afianzar su poder personal, siempre pendientes de los desplazamientos rutinarios de los presos, como la evacuación de sus necesidades al aire libre o la búsqueda de leña durante toda la mañana en un escabroso territorio de 49,5 km².

Era imposible fugarse a Robinson Crusoe (“Más a Tierra), donde había más vigilancia y población. Menos aún remontar con éxito 841 km hasta la costa firme. Pero hubo un intento de escape, en un bote abandonado por la marina y reparado a escondidas, pero terminó con la vida de los siete valientes confinados que tripularon la precaria embarcación.

Antaño, Más a Tierra –Robinson Crusoe– se denominaba genéricamente “Juan Fernández”. Esta ínsula de 47,94 km² se conoce universalmente como la morada de Robinson Crusoe, el personaje imaginario que la pluma de Daniel Defoe (1660-1731) utilizó para novelar un caso real: el castigo disciplinario de Alexander Selkirk (1676-1721), marinero escocés del Cinque Ports abandonado en octubre de 1703 por su capitán en la playa de Bahía Cumberland, hoy San Juan Bautista, donde vivió en solitario cuatro años y cuatro meses.

El navegante español Juan Fernández “descubrió” las islas –para la corona española– presumiblemente en 1563, aunque la fecha “oficial” se fijó el 22 de noviembre de 1574. Mucho antes de su “descubrimiento”, Juan Fernández ya era refugio ocasional de piratas y corsarios británicos que “trabajaban” en el Pacífico. Además de esas dos islas “grandes”, el archipiélago incluye a Santa Clara, de sólo 2,2 km², situada a 1,5 km de Robinson Crusoe, y a otros islotes menores. Los navegantes británicos utilizaban Juan Fernández para abastecerse de agua, de carne de cabras salvajes –que ellos mismos introdujeron en las islas–, carenaban sus naves o simplemente descansaban de sus correrías. En 1675 España introdujo perros mastines para que se comieran el ganado caprino que criaban los corsarios británicos. Para ahuyentarlos de las islas, la corona hispana erigió en 1749 el Fuerte Santa Bárbara, con seis fortines artillados, que fue reconstruido en 1974 y declarado monumento histórico en 1979.

Isla-cárcel Más Afuera

Un oficio del triministro Diego Portales acredita que al 28 de enero de 1836 cuatro confinados solitarios –y no identificados– llevaban nueve meses abandonados en Más Afuera, sin recibir víveres. Portales ordenó que el próximo barco que fuera al archipiélago los reubicara en Más a Tierra, ya utilizada por el gobierno conservador para confinar a disidentes liberales. En septiembre, el triministro ordenó al comandante de marina Ramón Cavareda desembarcar en Más Afuera a un único prisionero pipiolo y recoger a quienes aún estuvieran en el lugar. El confinado a vivir en absoluta soledad en Más Afuera –un Robinson Crusoe II, pero en la isla más hostil– fue el liberal Nicolás Pradel, director de El Barómetro, periódico opuesto a la Guerra contra la Confederación que alcanzó a emitir 40 números hasta agosto de 1836.

Casi a un siglo de la confinación de los patriotas a Más a Tierra – Robinson Crusoe–, el gobierno de Pedro Montt (1906-1910) estableció un presidio agrícola en Más Afuera. Comenzó a operar el 29 de abril de 1909, con la llegada de 60 reos comunes, y alcanzó una población máxima de 190 presos. La goleta Alejandro Selkirk proveyó presidiarios y vituallas hasta su naufragio. Este inconveniente logístico más las dificultades que ofrecía el cultivo de la isla y a desórdenes internos, condujeron a disolver el penal en 1913.

Catorce años después del cierre de la fallida colonia penal, en febrero de 1927, el coronel Ibáñez decidió que esta isla árida y olvidada sirviera de prisión para los primeros relegados de su régimen, una dictadura “de hecho” pues tomó esta decisión cuando aún era ministro del Interior del debilitado gobierno de Emiliano Figueroa Larraín. Los primeros confinados partieron en febrero de 1927, cinco meses antes que Ibáñez asumiera formalmente como “presidente” de Chile después de ganar una dudosa elección en que fue el único candidato.

Ibáñez, salvador del comunismo

La expresión “cuestión social” estaba de moda. Se acuñó en Europa en el siglo 19 como eufemismo del concepto “explotación de una clase por otra”, planteado en la academia por la teoría política pero hecho más visible por la revolución industrial, debido a la pésima calidad de vida de la clase trabajadora sumida en la pobreza, sometida a largas jornadas laborales por un sistema de explotación –para variar, con bajos salarios– que exprimía vidas extrayéndoles fuerza de trabajo sin hacerse cargo de la manutención, ni de la sobrevivencia de la mano de obra. El tema comenzó a inquietar en Chile a intelectuales, alguna prensa, al grueso público, políticos, religiosos y sectores sociales “sensibles”, incluidos algunos militares. El tema de la “cuestión social” se instaló en el discurso político a comienzos del siglo 20.

Cuando aparecieron las primeras reivindicaciones mínimas de las nacientes organizaciones de trabajadores contra los abusos del emergente capitalismo minero salitrero –chileno, pero pro británico– las respuestas patronales fueron miserables matanzas de pampinos salitreros del norte – Escuela Santa María de Iquique (1907), La Coruña, Alto San Antonio(1925)– y más tarde campesinos semi-esclavos en el sur (Ranquil), como muchas otras perpetradas todas por el ejército y carabineros contra civiles desarmados, hombres, mujeres y niños indefensos.

El coronel Ibáñez se sintió llamado por la oligarquía para hacer volver el orden al país, o sea la sumisión. Se creyó el salvador del comunismo, ideología todavía incipiente en Chile, pero amenazante para el capitalismo de Europa desde la Revolución de Octubre. Ibáñez, como candidato único, propició un ambiente confrontacional para asegurar su “triunfo electoral” del 22 de mayo de 1927 y acusó a los opositores de “impedir la obra de reconstrucción nacional”.

Una vez elegido, Ibáñez intensificó la vigilancia y el castigo, el orden y la disciplina. Sistematizó la demonización de disidentes y opositores, sin excluir a sus antiguos camaradas de armas izquierdistas.

Un decreto del Ministerio del Interior, difundido por El Mercurio, sistematizó sus esfuerzos por anular la disidencia: “Desde hoy, en consecuencia, no habrá en Chile ni comunismo ni anarquismo. El control del país no pueden tenerlo, justificadamente, desplazados de la cosa pública, como no lo tendrán tampoco los que han tenido la audacia de reemplazar nuestra bandera por el trapo rojo. Es por eso que, en cumplimiento de uno de sus deberes más fundamentales, el Gobierno está firmemente dispuesto a reprimir con mano de hierro todo intento por alterar la disciplina”.

El 22 de febrero de 1927, antes de asumir la presidencia formal el 21 de julio de ese mismo año, el ministro Ibáñez desató la represión frontal contra las nacientes protestas sociales, a casi 20 años de la masacre de la Escuela Santa María de Iquique (21-12-1907), poniendo el foco en los disidentes políticos previamente identificados por la policía política que dirigía el abogado Ventura Maturana Barahona. Cualquier discrepante de amplio espectro estaba bajo sospecha, en particular sus camaradas militares del “ruido de sables” de 1924. El espionaje internacional de Ibáñez incluyó a los líderes castrenses Marmaduke Grove Vallejo y Carlos Millán Iriarte, enviados en misión al exterior para sacarlos de la escena política local. Se hicieron redadas masivas de militantes y activistas de organizaciones laborales y políticas de trabajadores, comunistas, anarquistas, anarco-sindicalistas, elementos obreros, dirigentes sindicales e izquierdistas en general (aún no existía el PS, fundado en 1933), y a algunos prominentes alessandristas de los llamados partidos históricos (ciertos disidentes liberales, conservadores, balmacedistas, radicales, democráticos, entre otros).

La mayoría de las detenciones sorpresivas de febrero de 1927 derivaron en relegaciones a lugares remotos del país, principalmente a Más Afuera, a Rapa Nui y a islas y territorios fríos y hostiles de Aysén, mientras otros fueron deportados al extranjero. Por ejemplo, el senador –entonces comunista– Manuel Hidalgo Plaza, a quien un conflicto intrapartidario frontal contra la “línea de Moscú” condujo después a su retiro/expulsión del PC “por trotskista”, fue embarcado rumbo “al país que quisiera recibirlo”. En este período de división del PC hubo tres secretarios generales expulsados “por desviaciones”: Ramón Sepúlveda Leal, Isaías Iriarte Volta y Manuel Hidalgo Plaza.

Expatriados

Según relata el comunista Elías Lafertte, diferentes líderes políticos anti-ibañistas detenidos en febrero de 1927 fueron metidos dentro de un barco y este navío viajó de país en país, de puerto en puerto, buscando un lugar donde se permitiera desembarcar a los desterrados. Pero en ninguna parte los querían recibir. Finalmente, fueron desembarcados en El Callao.

Otros 84 militantes y dirigentes detenidos a lo largo del país fueron encerrados en diferentes lugares de detención y trasladados de un sitio a otro –se supone que para quebrarles la moral– hasta que fueron “notificados oficialmente” de su confinamiento en Más Afuera por tiempo indefinido, sin siquiera simular algún procedimiento judicial. En un plazo breve y perentorio cada preso debió conseguir ropas y una cama. Una vez instalados en la isla- cárcel llegaron más confinados políticos, pero mezclados con delincuentes comunes, que vivían de manera distinta y dirimían con violencia sus diferencias. En 1927 la población era de 100 confinados políticos y algunos comunes. En 1929, sólo había 10 prisioneros políticos versus 164 presos comunes.

Elías Lafertte, a la sazón de 41 años y tesorero de la FOCH, estuvo entre los primeros 84 relegados a Más Afuera. A lo largo de su vida (1886-1961) este luchador sufrió confinamientos, prisión, destierros y afines. Sus peripecias las recordó en su funeral (19-02-1961) el entonces secretario general Luis Corvalán Lepe:  “…Pone todo su corazón, todas sus fuerzas, al servicio de la causa de la emancipación social del proletariado, y es por esto víctima de la furia y persecución de los gobiernos reaccionarios. Muchas veces brutalmente torturado en Investigaciones, confinado en Más Afuera, en la Isla de Pascua, en la Mocha, en Calbuco, preso en Punta Arenas, 75 días incomunicado en Iquique, detenido en Montevideo y Buenos Aires, desterrado en México; no ha habido en Chile ningún otro dirigente obrero y popular, ningún otro hombre de lucha que haya sufrido tantos tormentos de la policía, ni tan grande número de prisiones, relegaciones y destierros”.

Otros registros (47) señalan que la vilipendiada Isabel Díaz Albornoz fue la única mujer detenida y confinada a Puerto Aysén en esa primera razzia ibañista de 1927. En realidad fue una luchadora obrera feminista adelantada a su tiempo que impulsó el Consejo Femenino de la FOCH, dio vida a la Federación de Mujeres y tuvo siempre severos problemas con el machismo dominante en la conducción masculina de la clase obrera. Olvidada por su partido, su memoria reclama una biografía.

Castor Vilarín, mencionado junto a Isabel Díaz Albornoz, se fugó de Más Afuera en un bote desechado por la marina tras naufragar durante un desembarco de rutina con mal tiempo. Las grandes naves eludían demorarse en Más Afuera, descargando vituallas y prisioneros, por las malas condiciones de la bahía: llegaban, desembarcaban, recogían personal y destinados a la libertad y se retiraban muy rápido. Vilarín recuperó en secreto el bote averiado junto a otros presos políticos que lo secundaron en la aventura. Escribió Lafertte: La evasión se produjo alrededor del 15 de febrero [1928], cuando se hicieron a la mar en el bote, un panadero anarquista de apellido Zavala; un viejo matarife y esquilador de Punta Arenas; León Ravanal, anarquista también; Leyton, un obrero marítimo de Valparaíso; dos zapateros anarquistas y Castor Vilarín, electricista y jefe del grupo. Aparte del barril de agua y de las escasas provisiones, no llevaban a bordo sino un miserable chinguillo, que enarbolaron como una vela. No tenían brújula, cartas de navegación ni nada que se le parezca. Nunca más se supo de ellos.

Lafertte relató los maltratos a los relegados políticos –no así a los “comunes”– infligidos por 25 carabineros enviados para vigilarlos día y noche en ese peñón desolado, desierto... A su llegada, los confinados tuvieron que habilitar las ruinosas instalaciones del antiguo presidio agrícola abandonado y convertir en dormitorios los restos mal olientes de una instalación donde probablemente los depredadores estadounidenses del siglo 17 almacenaron pieles del apreciado “lobo fino de dos pelos”, especie con más de cuatro millones de ejemplares que casi extinguieron en el archipiélago para vender su cotizada doble piel en el mercado peletero de Cantón, China.

En respuesta a la Comisión Investigadora de los Actos de la Dictadura del Senado, el 24 de octubre de 1931, el Ministerio del Interior certificó que según informe de la Sub Prefectura de Investigaciones de Valparaíso, desde junio de 1927 a mayo de 1929, de orden del ministro del Interior, se relegó a la Isla Más Afuera las siguientes personas [en su mayoría “por ejercitar actividades subversivas”]: Matías Cornejo Maldonado (detenido el 13-07-1927), Erasmo Cortés Cortés (detenido el 13-07-1927), Guillermo Hoffman Figueroa y Abel Ferrada Mesa (detenidos el 15-10-1927), Enrique Espinoza Merino (detenido en 10-1927), Doctor Oxman (detenido el 6 de marzo de1928), Simón 2º Barriga Santander (detenido el 6-9-1928, “por anarquista”), Atilio Euleppe (detenido el 6-9-1928, “por anarquista”) y Julio Barrientos Ruz (detenido el 22-9-1928, “por comunista”)”.

Varios confinados a Más Afuera provenían de las salitreras. Eran activistas políticos y/o sindicales, principalmente comunistas y anarquistas. Un informe de Carabineros a la Dirección de Investigaciones (hoy PDI), fechado en Iquique el 17 de agosto de 1931 (el 26 de julio había caído Ibáñez), entregó una nómina de 15 personas que fueron detenidas [el 24 de febrero de 1927 en Iquique y en las Oficinas Salitreras] sin orden judicial competente, sindicadas responsables de delitos contra la Seguridad del Estado, solicitado por telegrama Nº 167: Isauro Cortes Rodríguez, Belisario Cáceres Hormazábal, Genaro Valdez Rojas, Raúl Giovanetti Coock, Ismael Valdés Rojas, Ramón Durán Rosas, José Federico Cortez Molina, Florencio Morán Rojas, Braulio León Peña, Ladislao Córdova Retamales, Abraham Araya Tapia, Elías Vera Acosta, Ambrosio Smith Concha, Romualdo López Arancibia y Manuel Cárcamo Fuentes.

Las detenciones fueron practicadas por orden del señor ministro del Interior que desempeñaba el cargo en esa época, o sea, Ibáñez. Esta orden centralizada indica la existencia de un archivo nacional con identidades y datos de disidentes de la dictadura. Todas estas personas fueron embarcadas el 9 de marzo del mismo año (1927) con sus respectivas familias con destino a Valparaíso en el vapor Chiloé.

Además, estuvo deportado en Más Afuera el menor Víctor González, de 16 años, quien se convirtió en un estucador de largo historial en los anales clandestinos de las luchas obreras, con muchas temporadas en prisión.

“Ochenta y cuatro personas subimos a bordo del Angamos, el transporte de la armada nacional que debía conducirnos al destierro. En una bodega nos metieron a los de Santiago y en otra vecina a los nortinos, entre los que se hallaban Braulio León Peña, de la FOCH de Iquique, Juan Guerra, Salvador Ocampo y Samuel Carrasana, de la directiva obrera de Antofagasta”, escribió Lafertte.

También relató que en marzo de 1928 el transporte Angamos desembarcó al relevo de carabineros y nuevos confinados, incluyendo algunos “en tránsito” a Rapa Nui y otros destinos: Gaspar Mora Sotomayor, ex militar; Rogelio Rozas, de La Nación, Eduardo Alessandri, hijo del León de Tarapacá; el periodista Ramón de Lartundo; el mayor de ejército Carlos Millán Iriarte y el senador PC Manuel Hidalgo Plaza.

Catorce se quedaron en Más Afuera. Lafertte recordó a Julio Moya, Roberto Salinas Astudillo, al profesor Eugenio González Rojas, que fue ministro de Educación de la República Socialista en 1932 y rector de la Universidad de Chile en 1963-1968; y al poeta Roberto Meza Fuentes.

El nuevo jefe de la guarnición de carabineros era un teniente de apellido Palma. Durante su niñez había sido un “pelusa” del hampa santiaguina y así se explica que sintiera un entrañable afecto por los ladrones y presos comunes, mientras dejaba caer toda su autoridad sobre los relegados políticos, escribió Lafertte. Eugenio González y Meza Fuentes, quizás los únicos relegados que no pertenecían a la clase obrera, se habían ido a vivir en la casa del teniente. (…) “Posteriormente, Meza Fuentes se disgustó con él y Palma lo expulsó, nosotros le hicimos un hueco en la cuadra en que vivíamos y cuando el poeta pidió que se le diera trabajo como a todos, lo nombramos ayudante de panadero”, relató el dirigente comunista.

Eugenio González Rojas (1903-1976) fue pedagogo, profesor de castellano, filósofo, novelista y poeta, académico y político, anarquista, co-fundador de la Asociación Pro-Cursos Nocturnos para Obreros del Instituto Nacional, presidente de la FECH en 1922, ministro de Educación de la República Socialista (1932), co-fundador del partido Socialista (1933), participante de la misión encabezada por Juan Gómez Milla que creo el Instituto Pedagógico de Caracas en 1936, senador (1949-1957), rector de la Universidad de Chile (1963-1968), gerente general de Televisión Nacional (TVN), entre otras tareas que absorbieron su vida. Participó en la fundación de la Unión Social Republicana de Asalariados de Chile, en 1925; fue asesor técnico del Ministerio de Educación de Venezuela en 1948, durante el gobierno de Rómulo Gallegos.

En 1930 publicó la novela “Más Afuera”, reeditada en 1997 por LOM Ediciones, celebrada por la crítica literaria de la época, incluido el escurridizo Alone (Hernán Díaz Arrieta). Pero no se trata de un testimonio personal, ni asoma en el texto su propia historia de vida. La trama no describe la difícil vida cotidiana de los presos políticos, sino de los comunes. Sus páginas exploran la psicología de gente acabada y enfermiza, sin futuro, verdaderas piltrafas humanas que mueren lentamente de tuberculosis o sobreviven con hambre en un ambiente de frío y suciedad estremecedora. La descripción del medio hostil, lluvioso, produce una atmósfera de tristeza enervante. Esta magnífica novela influyó en el cierre del penal, desmantelado en 1931.

El poeta y periodista Roberto Meza Fuentes escribió un relato periodístico sobre su cautiverio  publicado originalmente en el diario Las Últimas Noticias durante 1931. Las crónicas fueron reeditadas como el libro Los trágicos días de Más Afuera, LOM Ediciones, 2006.

El 11 de junio llegó el Blanco con relevos y catorce nuevos relegados. Se llevaron a diez de los deportados de vuelta al continente y, con gran alegría nuestra, se fue también el teniente San Bruno, para ser reemplazado por el teniente Godoy, que era más humano y nos dio muchas facilidades para que nuestra vida fuera menos dura, escribió Lafertte. “Los comunistas celebrábamos frecuentes reuniones, bajo la dirección de Maclovio Galdames, que era miembro del Comité Ejecutivo del Partido. En estas reuniones discutimos muchas cosas y analizamos una a una las críticas que se habían formulado en la carta del Secretariado Sudamericano [del Kominform]. Los anarquistas, por su parte, celebraban sus reuniones y vivían juntos”, agregó.

Aunque Lafertte carecía de las cualidades literarias de Eugenio Gonzáles, su relato describe la depresión que una y otra vez abrumó a los confinados: “La pascua de 1927 fue muy triste. Se esperaba el barco para el 23 de diciembre, y eso significaba noticias, diarios, cartas de la familia, alimentos. Pero no llegó y tuvimos la tristeza de pasar la primera pascua solos, lejos de los familiares y a ración de hambre. La comida estaba racionada, pues se había terminado la carne y sólo nos alimentábamos de pescado. (...) También se nos habían acabado los cigarrillos y los que aún tenían cinco o seis, los cuidaban como hueso santo. Algunos, como el anarquista Alberto Baloffet, sufrían mucho sin tabaco. (...) Por esos días, dos terceras partes de los relegados éramos comunistas y los otros, anarquistas y sin partido. Después, cuando trajeron a los presos comunes, que eran unos cien ladrones, estos pasaron a ser mayoría. Los políticos éramos apenas veinticinco”.

Un año y medio duró la confinación de Lafertte en el inhospitalario peñón de Más Afuera, sin que mediara proceso ni sentencia judicial alguna. Lafertte fue puesto en libertad a fines de julio de 1928.

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