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Domingo, 28 de Noviembre de 2021
[Sábados de streaming - Documentales]

'La maldición': un asesino en las calles

Juan Pablo Vilches

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La maldición (2015)
La maldición (2015)

Parte como un caso policial de rutina, se desarrolla como el perfil de un criminal anómalo y se ramifica –insuficientemente– hacia la familia y la clase como soporte de su conducta. Y termina como una bomba atómica. 

En uno de los documentales que Martin Scorsese filmó en torno a ella, la escritora Fran Lebowitz explicó que la desconfianza estadounidense contra las elites no tiene que ver con el dinero sino con la inteligencia, con la gente que complica la vida con distinciones sutiles e ideas contraintuitivas. Por el contrario, “este país ama a los millonarios”, concluyó.

Y es cierto. No puede ser más cierto. Si no, no se explica. No se explica que alguien como Donald Trump se dedicara a la política y llegara a presidente; ni la fascinación con las Kardashian; ni la absolución de O.J. Simpson; ni la vida completa de impunidad de Robert Durst, el descarriado heredero de una fortuna amasada en torno a los carísimos metros cuadrados de los departamentos de Nueva York.

La errática conducta de Durst suscita preguntas, y las respuestas a las preguntas suscitan más preguntas que a su vez retrotraen la mirada hacia la infancia, paradisiaca y traumática, a la vez, que nunca abandonó del todo a este individuo y que todavía parece filtrarse en el contraste entre su voz ronca e impasible y sus marcados tics

El documental de Andrew Jarecki sobre este personaje no comienza con él, sino con su estela. O más bien un reguero de trozos de un cuerpo descuartizado para ocultar un asesinato aparentemente inexplicable. En Galveston, Texas, y con Durst haciéndose pasar por una mujer muda. ¿Qué hacía un millonario neoyorquino disfrazado con vestido y peluca en el Golfo de México, en octubre del año 2000?

La respuesta que da Durst en la entrevista al realizador, que funciona como columna vertebral de todo el documental, es que él ya no quería ser Robert Durst sino vivir en un lugar donde nadie lo conociera. Pero, ¿por qué querría eso? 

La errática conducta de Durst suscita preguntas, y las respuestas a las preguntas suscitan más preguntas que a su vez retrotraen la mirada hacia la infancia, paradisiaca y traumática, a la vez, que nunca abandonó del todo a este individuo y que todavía parece filtrarse en el contraste entre su voz ronca e impasible y sus marcados tics. Como el de cerrar los ojos cuando dice algo, algo que probablemente sea mentira.

La historia de Durst no puede contarse de manera lineal, ni como documental ni como ficción. Algo que el propio Jarecki ya sabía cuando en 2010 filmó All the Good Things, sobre Durst, la todavía no resuelta desaparición de su esposa (en 1982) y dos asesinatos que se le imputaban. Esta película motivó al millonario a ser entrevistado por Jarecki, dando como resultado La maldición.

Como decíamos, esta historia no se puede contar de manera lineal: primero, porque es complicada; segundo, porque hay hechos cruzados, con un conjunto no despreciable de personas involucradas y, lo más importante, por la demostrada y demostrable compulsión de Durst a decir mentiras. Algunas gratuitas y otras como coartada.

Lo que tenemos al frente es una persona verdaderamente desconcertante, elusiva, que parece moverse racionalmente para defenderse, pero que al mismo tiempo es capaz de arriesgarse dando una larga entrevista a un cineasta que lo cree culpable.

Con idas y vueltas, con recreaciones de las situaciones clave, reiteradas con diversas variaciones, el documental expone las versiones de Durst y discretamente se pronuncia sobre su (falta de) veracidad, mientras el entrevistador –que pareció desarrollar una perturbadora afinidad con su entrevistado– trata con cierto éxito de desentrañar las razones profundas que tuvo este individuo para hacer lo que hizo. Algo logra, pero no lo suficiente como para que podamos decidir qué categoría se le podría asignar a su personalidad y su conducta.

¿Es pura maldad? ¿Es incapacidad de empatizar con los otros o alguna forma de distorsión de la realidad? ¿Es una enajenación extrema por la combinación de tragedia y privilegio que vivió siendo un niño? No hay respuesta, puede ser ninguna o pueden ser todas, pues lo que tenemos al frente es una persona verdaderamente desconcertante, elusiva, que parece moverse racionalmente para defenderse, pero que al mismo tiempo es capaz de arriesgarse dando una larga entrevista a un cineasta que lo cree culpable.

En otras palabras, estamos ante un abismo que muestra y se esconde, pero sobre todo que camina libre por el mundo y por las calles, pisando los adoquines del privilegio, como lo demuestra la asombrosa absolución de Galveston, pese a haber confesado que descuartizó un cuerpo.

Sin embargo, hay un abismo aún más negro que la película vislumbra sin detenerse mucho en él, uno que tiene que ver con la trayectoria del propio Jarecki. Porque antes de La maldición y antes de All the Good Things, el realizador saltó a la fama con Capturing the Friedmans (2003), un documental sobre un caso de abuso sexual infantil cometido por el padre y uno de los hermanos de la familia, sostenido prácticamente en el metraje filmado por los propios Friedmans.

Todo estaba expuesto, pero a la vez nada estaba expuesto. Pese al extenso metraje filmado por la familia, el corazón de la acusación nunca fue registrado y todo se quedó como un secreto impenetrable entre ese padre y ese hijo. En el caso de los Durst, el documental deja muy en claro que la familia estaba al tanto de la peligrosidad de Robert (su hermano tenía un guardaespaldas y una prohibición de acercamiento), y sin embargo nunca hizo mucho para detenerlo, disuadirlo o cuidarlo. Pero sí para defenderlo y garantizar su impunidad mientras se pudo, y sin gran cuestionamiento por parte de la opinión pública. Lo dijimos, Estados Unidos ama a los millonarios.

La familia Durst no es un victimario de Robert, sino un extraño cómplice, donde la complicidad basada en la sangre y en la clase hace parecer al conjunto como una asociación ilícita a la que no eligieron pertenecer, una que esconde un inconcebible cúmulo de emociones contradictorias a las que apenas nos asomamos, y que Jarecki se salta oportunamente para no desviarnos de Robert y de lo que aún tiene que decir.

Punto aparte merece el final del documental: un hallazgo que lo cambió todo y que, podríamos inferir, es la piedra basal respecto de la que se estructura todo lo demás. Es también el magnífico cierre de una experiencia singular; la guinda de una torta realmente amarga, pero que debe ser ingerida en su totalidad.

Pocas películas generan en el espectador la sensación de que está aprendiendo algo del mundo que no conocía, a la vez que el intenso alivio de aprenderlo a través de una pantalla, sentado en el living, y no en otras circunstancias. 

Acerca de…

Título: La maldición (2015)

Título original: The Jinx, the Life and Deaths of Robert Durst

Nacionalidad: Estados Unidos

Dirigida por: Andrew Jarecki

Duración: Seis episodios de 38 a 51 minutos

Se puede ver en: HBO Max

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