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Viernes, 23 de octubre de 2020
Fallo se conocerá el lunes

“La prensa boliviana y chilena tergiversan el juicio de La Haya por razones nacionalistas”

Nicolás Massai D.

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Fotografía: Ruil.cl
Fotografía: Ruil.cl

El abogado Farit Rojas, que integró el equipo boliviano en esa corte internacional, plantea con prudencia la postura a favor de negociar una salida al mar. Al mismo tiempo critica la actitud de algunos miembros de las fuerzas armadas de ambos países.

Si el fallo del próximo lunes de la Corte Internacional de Justicia de la Haya (CIJ) favorece a Bolivia, y estipula que Chile debe negociar un acceso soberano al Océano Pacífico, la relación entre ambos países dará un giro radical.

En La Paz están confiados en que la entidad judicial entregue un veredicto que los ilusione otra vez con una salida al mar. “Bolivia ha sido muy cuidadosa. En la demanda no está la palabra ‘territorio’, está la palabra ‘acceso soberano’. ‘Acceso’ no es sinónimo de ‘territorio’”, dice a INTERFERENCIA el abogado y ex miembro del equipo boliviano en La Haya, Farit Rojas. “Eso fue justamente algo que le preguntó uno de los jueces a ambos países: qué entienden por acceso soberano. Bolivia dijo que hay una serie de posibilidades, pero que el significado se vería con Chile, es decir, condiciona todo a que sea una construcción en base a la negociación”, agrega.

Farit Rojas se ha desempeñado en cargos diplomáticos de su país, es profesor de la Universidad Mayor de San Andrés y dirige el Centro de Investigaciones Sociales (CIS), dependiente de la vicepresidencia. Además, es comentarista político habitual en los grandes medios de comunicación de Bolivia.

“El fallo debería ser un punto de partida para una negociación real que pueda acercarnos y no generar esas distancias como la que señala el canciller Ampuero”.

En Chile muchos creen que esta demanda es un aprovechamiento político por parte de Evo Morales. ¿Qué opina al respecto?

Esta demanda marítima, como tal, es algo que se barajaba desde antes del gobierno de Carlos Mesa (2003-2005), y es con Evo Morales que se empieza a explorar seriamente esta idea. Es ahí cuando se funda la Dirección de Reivindicación Marítima (Diremar), y cuando la Constitución del país, por primera vez en la historia, incluye un conjunto de artículos que señalan que la política exterior boliviana buscará una reintegración de Bolivia al Océano Pacífico. Evo Morales lo ha hecho con gran énfasis, en un gran momento, y obviamente va a capitalizar los resultados de manera política. Sin embargo, más allá de la demanda, este conflicto marítimo generó en Bolivia un imaginario muy fuerte, de carencia, de falta. El historiador boliviano Luis Antezana señaló que la fundación de Bolivia no se da el 6 de agosto de 1825, sino que en 1879, con la Guerra del Pacífico. Es a partir de este hecho bélico, y otros futuros, que se empieza a configurar la idea y la noción de un territorio, de un Estado y de una nación. El tema marítimo es un elemento que aglutina a todos los bolivianos y es algo que lo aprendemos desde niños.

O sea, la demanda ante La Haya no es un capricho de Evo Morales entonces.

La salida al mar se enfatiza en algunos momentos más que en otros, pero siempre ha sido parte de la agenda. Lo fue en los gobiernos dictatoriales de los años 70, en el retorno a la democracia en los 80, en los 90 y a principios del siglo 20. En definitiva, es parte de una política de Estado, y sería muy difícil que un gobierno de turno no la continúe.

¿Qué tan potente puede ser para la Corte que la salida al mar esté estipulada en la Constitución de Bolivia?

Ni en la demanda ni en la memoria Bolivia hace referencia a su Constitución. Es Chile, en su defensa, el que hace mención a ello, cuando dice que hay un cambio de la política exterior boliviana. Ahora, para nosotros es una muestra muy clara de lo que buscan los bolivianos. La Constitución fue realizada por una Asamblea Constituyente que, posiblemente, fue la que tuvo mayor participación en la historia de este país. Estos artículos fueron redactados en su proceso constituyente en Sucre y no fueron modificados durante todo el desarrollo del proceso hasta el año 2009. Entonces es importante, pero la Corte Internacional de Justicia se va a basar en normas de derecho internacional; es decir, lo que está estipulado en el derecho interno de Bolivia no genera obligación ante otros estados. Bolivia se abraza de un razonamiento que tiene la CIJ relacionado a la obligación de negociar.

“Hay distintas formas de accesos soberanos en el mundo, y justamente algunas de ellas son mencionadas por Bolivia y me imagino que han debido ser consideradas por la Corte”.

¿Qué tan potente es para Bolivia que Chile haya querido negociar después del Tratado de 1904?

Es bastante potente. Posterior a 1904, Chile ha ofrecido la idea de negociar una salida al mar. En ningún momento afirmó que Bolivia podía salir por territorio que le había pertenecido; lo que se empieza a pensar es que pueda salir por un puerto útil, accesible y que a veces parece delinearse a los alrededores de Arica o en algún lugar cercano, es decir, en ex territorio peruano que pasó a Chile con el Tratado de 1928. Además, este último documento, negociado entre Chile y Perú, tiene una cláusula que dice que, si alguno de los dos países va a otorgar territorio a una tercera potencia para entregar acceso al mar, tendrían que consultarse mutuamente. La única tercera potencia vecina es Bolivia, por ende, habría una declaración en el Tratado de 1928 para dar salida al mar si se llega a un acuerdo con Perú. La gran mayoría de los escenarios de negociación se generaron en ámbito que no estaba circunscrito al Tratado de 1904, siendo la más fuerte la del año 75, donde hubo una propuesta de corredor y una consulta expresa de Chile a Perú para ver si estaba de acuerdo. Perú dijo que sí, pero contrapropuso que ese fuera un espacio trinacional. A partir de ahí la negociación no resultó.

¿No cree que el término "acceso" es algo abstracto?

Acceso es algo genérico, territorio es algo específico. Acceso puede ser territorio. Hay distintas formas de accesos soberanos en el mundo, y justamente algunas de ellas son mencionadas por Bolivia y me imagino que han debido ser consideradas por la Corte. Territorios donde la administración le pertenece a otro Estado, por ejemplo.

¿Y la opción de un enclave?

Una posibilidad sería el enclave y jugar, por decirlo así, al libre tránsito, un derecho que tenemos conforme al Tratado de 1904. Que el territorio siga siendo chileno, pero que se ceda el manejo soberano por 100 años, por ejemplo. Puede ser un corredor, también. Los enclaves fueron parte de las negociaciones de los años 80; el corredor lo fue en los 70. Acceso soberano significa que Bolivia tenga una naturaleza portuaria, eso sería lo más claro, con condiciones soberanas. Lo básico es que Bolivia y Chile puedan sentarse a negociar y busquen una salida de Bolivia al mar. Cuando esto se genere, las relaciones van a cambiar cualitativamente y yo creo que es algo afín y bueno para ambos pueblos.

“Recuerdo que de chico cantábamos el himno boliviano y después nos enseñaban a gritar: ‘Viva Bolivia o muera Chile’. Cuando Bolivia piensa en el mar, piensa en algo que le quitaron; un boliviano promedio piensa aquello, y Evo Morales es un boliviano promedio”.

¿Qué le parece la cobertura que han dado los medios chilenos al tema?

Tanto la prensa boliviana como la chilena termina tergiversando, por razones patriotas y nacionalistas, el escenario en el cual se está desarrollando este juicio. Un medio chileno señaló hace poco que, si la CIJ no otorga a Bolivia un territorio, es porque perdió. Y acá también en Bolivia se piensa que, si sale una sentencia favorable, ya recuperamos el mar. Los medios no colaboran a que dos estados dejen atrás una guerra del siglo 19, avancen juntos al siglo 21 y busquen solucionar sus problemas, de manera dialogada. La cualidad de la soberanía no está trabajada como que 'esto es mío, es mi territorio’. La Constitución de Bolivia, si la revisas, tiene un aproximado de seis tipos de soberanía; la alimenticia, tecnológica y otras; es decir, hay distintas formas de concebirla y está relacionada con la manera en que algo pertenece a las naciones. Nosotros insistíamos mucho en que se tenía que entender esta demanda y esta posibilidad de la CIJ como un nuevo entendimiento con Chile.

El actual canciller Roberto Ampuero ha sido crítico de los procesos bolivarianos en Latinoamérica. ¿Cómo se ha visto esto en Bolivia?

Acá los comentarios chilenos se les considera como desproporcionados, muchas veces descontextualizados, enmarcados dentro de un proceso de repolitización interna. No colabora en nada una posición crítica a los procesos de integración. Son momentos complejos tanto para Bolivia como para Chile. Me imagino que el día lunes acá Bolivia va a tener una fiesta gigante con el fallo, y en Chile los medios van a tratar de tener una fiesta gigante. Vamos a ver cómo juega la política de las interpretaciones. Pero en el fondo, el fallo debería ser un punto de partida para una negociación real que pueda acercarnos más y no generar estas distancias como la que me señalas con el canciller Ampuero.

 “Las fuerzas armadas de ambos países necesitan un aggiornamento, dejar atrás el siglo 19 y comprender que las respuestas a los conflictos no están en las amenazas bélicas”.

¿Qué le ha parecido la estrategia comunicacional de Evo Morales? Que ha dado declaraciones que no se ciñen a la demanda.

Bolivia tiene un imaginario respecto al mar. La misma palabra “Reivindicación”, que fue el nombre que se le dio a la Diremar, en el lenguaje del derecho internacional significa "que me devuelva lo que me quitó". Estos imaginarios son los más conflictivos, porque se alimentan de la guerra. Hemos crecido con ellos. Yo recuerdo cuando chico, en las horas cívicas, cantábamos el himno boliviano y después nos enseñaban a gritar: ‘Viva Bolivia o muera Chile’. Cuando Bolivia piensa en el mar, piensa en algo que le quitaron; un boliviano promedio piensa aquello, y Evo Morales es un boliviano promedio. Si algo tiene fuerte, es que viene del pueblo, es un campesino, un indígena, representante de las amplias mayorías de este país. Es normal y común que Evo Morales haya estado en horas cívicas donde le decían ‘Viva Bolivia o muera Chile’, y que la relación directa con el mar sea el territorio perdido. Sin embargo, es este imaginario el que se pretende superar con esta demanda, dejando atrás la confrontación bélica del siglo 19.

¿Cómo ha visto las opiniones como las de un ex almirante de la Armada en Chile, Edmundo González, que deslizó la posibilidad de “aplicar la fuerza”?

Los ejércitos y las fuerzas armadas necesitan un aggiornamento, ingresar al siglo 21 y comprender que las salidas y las respuestas a los conflictos no están en las amenazas bélicas. Eso va para ambas fuerzas armadas. Quizás no sale muy seguido allá en la prensa, pero acá en Bolivia no falta el militar que cree que la única forma de volver al mar es preparar a Bolivia para una guerra. Es tonto. A excepción de la que protagonizaron Bolivia con Paraguay, no ha habido guerras en el siglo 20 en América Latina. Es algo que debería estar en el pasado y lo que necesitamos es que, nuestras instituciones, sobre todo las más difíciles de cambiar como las fuerzas armadas, tengan un proceso de transformación donde cada vez más, desde mi punto de vista, se hagan menos necesarias. Pero bueno, eso es un criterio personal.

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