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Viernes, 3 de Diciembre de 2021
Las mentiras de la dictadura militar para justificar el Golpe (Parte 3)

Los arsenales de la izquierda

Víctor Osorio Reyes

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Foto de Luis Orlando Lagos
Foto de Luis Orlando Lagos

(*) El autor es periodista, académico y dirigente político. Fue ministro de Bienes Nacionales durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet, entre 2014 y 2014. Esta serie de artículos los escribió para la desaparecida revista La Huella en septiembre de 2002.

El historiador conservador Gonzalo Vial, en un trabajo destinado a adoptar una posición “comprensiva” del golpe de Estado, confirma la existencia de dos posiciones al interior de la izquierda respecto al “problema militar” y, respecto a los partidarios de una hipótesis de enfrentamiento, señala: 

“(El MIR) pensaba que con su rudimentario aparato armado, y el apoyo del 'poder popular' -los 'frentes' miristas de trabajadores urbanos, campesinos, pobladores, sin casa, mapuches-le sería posible un casi inmediato 'enfrentamiento final' con los opresores, Fuerzas Armadas incluidas, según predicara el Che, y vencerlos.

Traspasó el MIR esta convicción a los ultra de la UP. Los entrenamientos paramilitares y 'escuelas de guerrilla' ; el acopio y escondrijo de armas; los servicios -un tanto pueriles- de seguridad y espionaje, etc., se multiplicaron.

La pobreza de semejantes 'ejércitos' era para hacer llorar: 500 hombres del MIR, de ellos apenas 50 con armamento superior; 1.000 hombres mal equipados, los socialistas; cifras menores todavía -en efectivos y armas- el MAPU, la Izquierda Cristiana y los comunistas… El MIR y los ultras (de la UP) no disponían ni de hombres ni de armas como para hacer mella en las Fuerzas Armadas".

Por su lado, Hermógenes Pérez de Arce, jugando especulativamente con afirmaciones más bien generales proporcionadas por Carlos Altamirano, calcula entre 7 mil Y 9 mil 500 personas las que integraban los aparatos armados del conjunto de los partidos de izquierda.

Asimismo, el entonces jefe del Frente Nacionalista Patria y Libertad, Pablo Rodríguez, hablaba de 11.380 “milicianos”, a los que debían agregarse 300 miembros del GAP. No obstante, admitía que “todos, no se hallan armados”, y agregaba que «tienen graves problemas, como por ejemplo, la falta de armamento uniforme y un stock de municiones que pueda hacerlos mantener un conflicto por tiempo si no indefinido, por lo menos prolongado».

Además, Rodríguez desglosó las organizaciones de los «milicianos», e incluyó a organizaciones políticas que en ese período tenían una posición mutuamente confrontacional (miristas y comunistas), que fueron desarticuladas por el propio Gobierno de Allende (la Vanguardia Organizada del Pueblo, VOP) y otros pintorescos grupos respecto de los que no hay antecedentes en ningún otro lugar, como el Movimiento Obrero Revolucionario, el Movimiento Netuain Mapu, el Movimiento Pampa Irigoin o el Grupo Salta Montes.

La pobreza de semejantes 'ejércitos' era para hacer llorar: 500 hombres del MIR, de ellos apenas 50 con armamento superior; 1.000 hombres mal equipados, los socialistas; cifras menores todavía -en efectivos y armas- el MAPU, la Izquierda Cristiana y los comunistas… El MIR y los ultras (de la UP) no disponían ni de hombres ni de armas como para hacer mella en las Fuerzas Armadas".

En cualquier caso, los datos de Vial, Rodríguez y Pérez de Arce muestran un cuadro sustancialmente diferente al que describe el general Augusto Pinochet en “El Día Decisivo”, donde se refiere a un informe de la Dirección de Inteligencia del Ejército, en el cual se afirma que “el número de armas incautadas en octubre de 1973 en el país” había alcanzado las siguientes cantidades:

- 45 mil revólveres diferentes calibres

- 45 mil pistolas diferentes calibres

- 10 mil pistolas ametralladoras diferentes calibres

- 12 mil fusiles de combate

- 500 lanzacohetes

- 70 cañones antitanques

- 20 lanzallamas

Añade: “las fuerzas paramilitares del gobierno de la ex Unidad Popular podrían ascender a unos cien mil hombres instruidos, los que fueron entrenados durante los años 1969 al 73”.

La contradicción interna

Un riguroso estudio encomendado a un experto en temas militares comentó:

“En ese mismo año, los cien mil 'instruidos' habrían representado el contingente de unos 80 regimientos de infantería, o -según la estructura orgánica del Ejército alemán de la II Guerra Mundial- un poco más de siete de la misma arma y, en términos latinoamericanos -sin ocupamos todavía del armamento- algo así como todo el Ejército argentino. En Chile mismo, ese contingente de 'paramilitares' habría sido más del triple del Ejército chileno de la época, más del doble del Ejército y la Armada, y algo menos de ese doble si se agrega al cálculo a la Fuerza Aérea”.

Las cifras logísticas que pueden obtenerse a partir de las cantidades de armas citadas por el informe no dejan de ser impresionantes. Si se estima el peso en kilos de los elementos supuestamente encontrados, se tiene que los 45 mil revólveres, a un peso promedio de 800 gramos por unidad, pesaban 36 toneladas en total; las 10 mil pistolas ametralladoras, a un peso promedio de cinco kilos por unidad, pesaban 50 toneladas; otras 60 toneladas correspondían a los 12 mil fusiles de combate, con un peso también de cinco kilos cada uno; los 500 lanzacohetes, a un peso de diez kilos por unidad, pesaban en total cinco toneladas; 14 toneladas más correspondían a los 70 cañones antitanques, con un peso de 200 kilos por unidad y, finalmente, los 20 lanzallamas, a un peso promedio de 30 kilos por cada uno, pesaban otros 600 kilos. El peso completo del arsenal era, por tanto, de 1976 toneladas o, lo que es lo mismo, 197 mil kilogramos.

Para transportar todo ese material de una sola vez desde un punto a otro, sin tomar en cuenta los problemas de volumen que implican las caprichosas formas del armamento, se hubiesen necesitado unos 83 aviones DC-3. o bien, 83 viajes de un avión similar.

Pero a los cálculos anteriores deben sumarse otras cifras: las que corresponden al parque de municiones necesario para tal armamento. Al respecto, sólo se ha considerado lo que -en jerga militar- se llama “ración de combate”, esto es, la munición necesaria durante un día de batalla. El resultado es como sigue: para los 45 revólveres se requieren un millón 800 mil tiros, a razón de 40 tiros por arma; un millón 600 mil tiros se deben asignar a las 40 mil pistolas, con 40 tiros diarios también por cada una; otros dos millones corresponden a las 10 mil pistolas ametralladoras con 200 tiros para cada una; los 12 mil fusiles de combate requieren un millón 440 mil tiros, a un promedio de 120 por unidad; cinco mil cohetes deben asignarse a la partida de 500 lanzacohetes, con un parque de diez por unidad y, finalmente, 700 proyectiles corresponden a los 700 cañones antitanques, con diez proyectiles para cada uno de ellos. Además, al total de tiros, proyectiles y cohetes, que se cifran en seis millones 845.700 habría que agregar los mil 500 litros de combustible para los lanzallamas a un promedio de 60 litros por cada uno de los 20.

Así, el peso global del parque de municiones se eleva a 781.7 toneladas (781.700 kilogramos). Es decir, a los 83 DC-3, o a los 83 viajes de uno de esos aparatos, se hubieran debido agregar otros 325 aviones, o los correspondientes viajes para trasladar los tiros, cohetes y proyectiles. Y no sólo eso, porque es preciso tomar en cuenta que una de las aeronaves hubiese requerido estar especialmente acondicionada para transportar el combustible –muy inflamable- de los lanzallamas.

Se podía sostener, con razón, que los cien mil hombres armados y entrenados de la UP no habrían tenido por qué desplazarse todos juntos ni en una misma dirección (tampoco en avión).

En efecto, de seguro que un ejército como el de la UP habría estado dislocado en el territorio más o menos como lo está el ejército regular. Pero en tal caso, los problemas -en vez de aminorarse- crecen exponencialmente, tanto desde el punto de vista del mando, la institución y la logística, como de la coordinación y las comunicaciones. Piénsese que los 400 DC-3 no hubiesen tenido que volar desde y hacia un mismo punto, sino que en todas las direcciones; piénsese también en el volumen de las transmisiones radiales y, por último, en los medios de transporte terrestres con que se habría necesitado complementar a los medios aéreos o sus equivalentes más modernos.

Pero eso no es todo.

Los cálculos se refieren a un día de combate. Sin embargo, la hipótesis de los propios jefes militares del golpe era que la “Batalla de Santiago” duraría un par de semanas. Si se construyera el cuadro que puede inferirse, los resultados serían asombrosos: el ejército de la UP hubiese requerido más o menos el mismo tonelaje diario, en abastecimientos nada más, que el que reclamaba para el Afrika Korps el mariscal alemán Rornmel en plena batalla de El Alamein.

En todo caso, todas las afirmaciones de Pinochet son contradichas por el mismo jefe militar. En 1974 señaló que al país se introdujeron “ilegalmente armas al país en cantidad suficiente para armar a 20.000 hombres” y una década después afirmó: “La prensa, las organizaciones religiosas y la gente en su diario vivir, con un corazón grandote que tienen, expresan que hay que dejar entrar a los exiliados. Los mismos que tenían 30.000 armas para matarlos a ustedes. Dicen que a esos hay perdonarlos. O sea, estamos perdonando al gallo, al fulano que le quiere meter un cuchillo en el corazón a uno. Yo no soy tan bondadoso”. 

Un folleto de propaganda de Pinochet durante la campaña plebiscitaria de 1988 reforzó esa última cifra: “Desde La Moneda se amparaba, organizaba y financiaba a los terroristas y los grupos paramilitares. Traídas desde Cuba y desde la Unión Soviética y Checoslovaquia, la cantidad de armas y explosivos de que disponían los comunistas, socialistas y miristas permitían pertrechar a más de 30 mil hombres".

Por ese mismo período, Homero Ponce indicaba que “luego del 11 de septiembre de 1973, el régimen militar declaró que las milicias de la UP contaban con más de 50 mil armas, con sus respectivas municiones y apertrechamientos que fueron cuidadosamente acumulados en la planificación del enfrentamiento final…”. 

Asimismo, el almirante José Toribio Merino proporcionó unos años después su versión sobre la cantidad de armas encontradas: “Empezaron a internar armas ilegalmente, y otros elementos como aparatos electrónicos de espionaje, que alcanzaron cifras elevadísimas, habiendo sido detectado, hasta abril-agosto de 1974, 30.000 armas de distintos calibres, especialmente del tipo automático, dirigidas a armar a los grupos guerrilleros para ir al asalto total del poder y a la destrucción de las Fuerzas Armadas”.

Es decir, no hay claridad si el armamento encontrado permitía armar a 5.000, 20.000, 30.000, 50.000 o 100.000 hombres... Un pequeño desacuerdo en las cifras.

No obstante, en 1992 un libro que realiza una rabiosa apología del régimen militar contribuye significativamente a la confusión, al señalar que el ejército guerrillero marxista contaba con un “arsenal de armas (que) según expertos militares era suficiente para equipar y alistar a más de cinco mil hombres en pie de guerra”. Y agrega: “La enorme cantidad y variedad de armas internadas en el país, fueron distribuidas selectivamente a los miles de cubanos guerrilleros que se encontraban en Chile, y a los guerrilleros que se prepararon en escuelas del país... Las armas que se distribuyeron a un gran sector del pueblo eran suficientes para asegurar al Gobierno marxista el triunfo definitivo de la guerra civil que estallaría en Chile, conforme al siniestro Plan Zeta”.

Peor aún: el Libro Blanco del Cambio de Gobierno en Chile reproduce el discurso del canciller Ismael Huerta ante la Asamblea de las Naciones Unidas, el 9 de octubre de 1973, en que sostenía que “los armamentos hasta ahora encontrados en manos de las mal llamadas milicias populares no son del tipo que usan las Fuerzas Armadas de Chile y llegan a cifras realmente sorprendentes... El que hasta ahora se ha recogido es suficiente para armar a 20.000 hombres”.

Sin embargo, el mismo Libro Blanco del Cambio de Gobierno en Chile, publicado obviamente después de ese discurso del entonces ministro de Relaciones Exteriores, sostiene que con el armamento encontrado hasta entonces “podrían equiparse sin dificultad unos 5.000 hombres”...

Es decir, no hay claridad si el armamento encontrado permitía armar a 5.000, 20.000, 30.000, 50.000 o 100.000 hombres... Un pequeño desacuerdo en las cifras.

En todo caso, asumiendo como real cualquiera de esas cifras el escenario es siempre absolutamente inverosímil, considerando las declaraciones formuladas por el propio Augusto Pinochet en una ceremonia conmemorativa del aniversario de su designación en la Comandancia en Jefe del Ejército:

“En 1973... no teníamos armas ni municiones, ni siquiera la mínima indispensable. El Ejército era capaz de movilizar apenas a 30 mil hombres, porque había atravesado una serie de problemas”.

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Excelentes los contenidos y su presentación. Saludos

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