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Sábado, 21 de septiembre de 2019
Anticlímax opositor

Maduro sortea su amenaza más grande

Andrés Almeida

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Sputnik
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La ayuda humanitaria no cruzó Venezuela ni la presión en las fronteras llevó a la insubordinación de las fuerzas armadas ni a la protesta popular. En su lugar, quedó el rastro de una intervención más mediática que efectiva, que debilita a un Juan Guaidó que no puede volver a Venezuela y a quien se le acabó su plazo constitucional de un mes para sostener su autonominación como presidente encargado.

“Sí o sí”.

Esa fue la consigna que Juan Guaidó repitió una y otra vez para asegurar que las 200 toneladas de ayuda humanitaria mayoritariamente estadounidense finalmente entrarían en Venezuela.

Pero no.

La ayuda humanitaria que trató de ser ingresada por las fronteras de Colombia y Brasil, y por vía marítima desde Puerto Rico fue rechazada por las fuerzas venezolanas apostadas en esos puntos de encuentro, sin que se produjeran deserciones masivas (el servicio migratorio colombiano contó con 61 de ellas mientras que las autoridades venezolanas reconocen siete), ni desordenes capaces de superar la capacidad operativa de las fuerzas de orden, reportándose al cierre de esta edición cuatro muertes, unos 330 heridos atendidos en los lados fronterizos de Colombia y Brasil, y unos 50 en el lado de Venezuela.

También hay dos camiones con ayuda quemados en circunstancias que al cierre de esta edición no han podido determinarse, pues uno y otro lado responsabilizan al rival de esas acciones.

Cifras y hechos lamentables, pero lejanos a lo que podía esperarse en caso de que policías, militares y milicianos afines a Nicolás Maduro se hubiesen visto superados por los manifestantes civiles venezolanos y colombianos opositores, que buscaron ayer presionar desde los lados colombiano y brasileño de las fronteras con Venezuela.

Guaidó de todos modos eligió destacar esta represión en su balance. “Esta es la peor cara de un régimen. Esa persecución, esa masacre, la peor cara”, dijo flanqueado por Iván Duque, presidente de Colombia, y Luis Almagro, secretario general de la OEA. 

Y es que Guaidó no tiene muchas más cosas que destacar. Su apuesta era alta y, a la luz de los eventos de los últimos dos días, el autoproclamado Presidente Encargado no logró su acometido de lograr el mismo "momentum" que obtuvo diplomáticamente de parte de unos 50 países que lo reconcieron como mandatario legítimo.

En adelante, seguramente Guaidó se considerará un presidente en el exilio.

Incluso si lograra convencer al mundo que el 23 de febrero fue una masacre chavista (que no lo fue), apenas sería un premio de consuelo frente a la inmensa expectativa incumplida que generó entre sus seguidores. 

Además, al traspasar al lado colombiano para liderar la entrega de la ayuda humanitaria, Guaidó se puso al margen del poder judicial venezolano, pues sobre él pesaba una orden de no salir del país, por lo que no puede volver sin ser arrestado por las autoridades de Venezuela.

Al no estar allá, ahonda en su condición de ser un presidente sin atribuciones ejecutivas. Además, este 23 de febrero se cumple el plazo de un mes, en el que la constitución venezolana obliga a los presidentes encargados a llamar a elecciones, acabando con ello su mandato, cosa que no hizo.

En adelante, seguramente se considerará un presidente en el exilio y anunció un viaje para asistir este lunes a una reunión del Grupo de Lima con el vicepresidente estadounidense Michael Pence, para ver otros cursos de acción.

También Guaidó seguramente perdió credibilidad ante los venezolanos, pues promulgó amnistías e impartió órdenes a los militares, lo que simplemente fue ignorado, salvo casos muy puntuales. 

Dicho de otro modo, si en algún momento Guaidó logró la ficción de que en Venezuela había dos presidentes, hoy está claro que solo hay uno, y ese es Nicolás Maduro, por mucho que no lo reconozcan más de 50 países.

Maduro

Por su parte, Maduro sigue impasible habitando el palacio Miraflores en Caracas, habiendo logrado sostener y demostrar la cohesión de las fuerzas armadas venezolanas, y evitando que el malestar ciudadano por la feroz carestía por la que atraviesa el país se manifestara ayer políticamente en una jornada de protestas capaz de desestabilizar su gobierno. 

Por el contrario, esta intervención le dio una razón a su base de sustento para reagruparse. En varios puntos de Venezuela se volvió a ver a la masa chavista expresarse, la que había estado anémica luego de varios meses de carestía y desánimo.

Ante la frustración por el anticlímax del 23-F han crecido las manifestaciones opositoras en favor de una solución armada frente al conflicto.

Durante la jornada de ayer, Maduro también anunció el corte de relaciones diplomáticas con el gobierno colombiano de Iván Duque, por lo que consideró una intervención agresiva de Colombia en la frontera común con Venezuela. Cabe señalar que la ayuda humanitaria de los países que intervinieron en los últimos días no es considerada como tal por la Cruz Roja, pues para que lo sea debe cumplir con los principios de imparcialidad, neutralidad e independencia, lo que no es el caso, pues Venezuela no la ha solicitado y las potencias que la ofrecen están lejos de ser neutrales. 

“No podemos seguir soportando que se preste el territorio de Colombia  para una agresión contra Venezuela por eso he decidido romper todas las relaciones políticas y diplomáticas con el gobierno fascista de Colombia y todos sus embajadores y cónsules deben salir en 24 horas de Venezuela ¡Fuera de aquí la oligarquía!”, dijo Maduro. 

Con esto, para el gobierno venezolano es relativamente fácil signar que el principal problema del país es el de la seguridad nacional, relegando a un segundo plano el hambre y la carestía, y con eso la urgencia de la ayuda internacional. Más si se considera que Maduro la semana que pasó aceptó la ayuda de Rusia y la Unión Europea.

De hecho, la seguridad es hoy un problema real y de primer orden. Ante la frustración por el anticlímax del 23-F han crecido las manifestaciones opositoras en favor de una solución armada frente al conflicto, y en los próximos días se verá si dicha amenaza se convierte en algo concreto, en especial con vistas a la reunión entre Pence y Guaidó del próximo lunes 25 de febrero.

Si ante el fracaso de la estrategia de Guaidó y Estados Unidos por forzar un cambio de gobierno en el palacio de Miraflores desemboca en acciones más serias, quedará claro que el espectáculo mediático del llamado Venezuela Aid Live -organizado por el billonario británico Richard Branson y respaldado por la Casa Blanca- no fue más que la supuesta cara alegre de un fenómeno de sobra conocido en América Latina: la intervención, abierta o encubierta, de Estados Unidos en los asuntos internos de los países de la región.

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Comentarios

Comentarios

Hola. Es bueno el medio

Bastante sesgados el reportaje partiendo por omitar las decenas de asesinados (entre ellos varios indígenas) a manos de las fuerzas represivas del régimen de Maduro.

Muy buen trabajo el que hacen, espero sigan mejorando como medio independiente

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