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Martes, 20 de agosto de 2019
Perfil (primera parte)

Marta Harnecker: la chica católica que se convirtió al marxismo

Manuel Salazar Salvo

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Marta Harnecker a comienzos de los años 70’. Fotografía de Armindo Cardoso, revista Chile-Hoy
Marta Harnecker a comienzos de los años 70’. Fotografía de Armindo Cardoso, revista Chile-Hoy

La intelectual chilena falleció hace una semana a los 82 años de edad. Se hizo conocida en todo América Latina en 1969 cuando publicó uno de sus libros más exitosos: “Conceptos Elementales del Materialismo Histórico”, obra que ha tenido más de 70 ediciones hasta el día de hoy. Esta es la historia biográfica de quien fue, también, esposa del cubano 'Barbarroja", el encargado de los movimientos guerrilleros en la región.

María Marta Harnecker Cerda nació en 1937, hija de Germán Harnecker Jenschke e Inés Cerda Sanz. La familia del padre era de origen austriaco y algunos de ellos llegaron a Chile en el siglo XIX, se radicaron en la zona de Valdivia vinculándose a la colonia alemana residente y dieron origen a una numerosa descendencia.

Marta se educó en las Monjas Argentinas, en Santiago, y ya en su adolescencia empezó a militar en la Juventud Estudiantil Católica, JEC, donde conoció a otros jóvenes que trabajaban con los sectores más pobres de Santiago, entre ellos a Mariano Puga, quien más tarde se hizo sacerdote e influyó marcadamente en ella. En esos años supo del trabajo de los Hermanos de Foucauld, sacerdotes franceses que vivían muy modestamente y laboraban con los recogedores de basura en Francia.

La familia de Marta, que tenía otros o hijos, María Inés y Germán, iba ascendiendo socialmente. Su padre valoraba el trabajo por sobre todo, pero su madre era muy católica, se fijaba mucho en los apellidos y gustaba de los muebles de estilo para su casa. Marta sintió que aquella vida era muy burguesa y se radicalizó su preferencia por los pobres.

Ya egresada del colegio, entró a estudiar Psicología en la Universidad Católica y empezó a militar en la Acción Universitaria Católica, AUC, donde empezó a vincularse directamente con el mundo obrero y en 1958 llegó a presidir aquel movimiento. En la UC, en tanto, el jesuita belga Roger Veckerman había creado la Escuela de Sociología, estrechamente vinculada a la de Psicología. Allí, el también jesuita Hernán Larraín la introdujo en la Psicología Fenomenológica y se transformó luego en su maestro y guía espiritual. Marta concurría a efectuar trabajos de verano y diversas labores en fábricas. Recordaba una tarea que hizo con otras compañeras de universidad en la fábrica de pastas Lucchetti, donde tenían una habitación, dormían en colchonetas en el suelo y comían pasta que le daba en la fábrica y que ellas mismas cocinaban.

Paralelamente empezó a tener una relación amorosa con un dirigente de la Juventud Demócrata Cristiana, JDC, que había estudiado con los jesuitas en Talca y que era alumno de Sociología en la UC. Era Rodrigo Ambrosio, quien llegaría a presidir la JDC y luego, en 1969, a fundar y asumir como secretario general del Movimiento de Acción Popular Unitaria, MAPU.

Ambrosio había decidido irse a vivir en un campamento en las barriadas obreras. Marta recordaba que "cuando él venía a mi casa a verme tenía que irse antes de las nueve de la noche, porque era peligroso llegar más tarde al campamento. Yo sufría con esto porque estaba muy enamorada de él, quería pololear, y él tenía que irse. Mi padre trató muy mal a Rodrigo, como él era cinco años menor que yo, lo trataba de 'bebé', y preguntaba '¿Cómo está el bebé?' o '¿Llegó la guagua?' cosas así”, según contó en una extensa y notable entrevista que le hizo en 2016 Rodrigo Ruiz Encina, antropólogo y doctor en filosofía, fundador del movimiento SurDA y hoy uno de los principales ideólogos del Frente Amplio.

Viajes a Cuba y Francia

A comienzos de los años 60’ Marta fue a Cuba en representación de la AUC. Quedó muy impresionada por la pobreza y dignidad de sus habitantes. A su regreso hizo clases en la UC en Sociología y Trabajo Social. Con otros dirigentes de la AUC “comenzamos a plantearnos cómo hacer más efectivo el principio cristiano del amor al prójimo. El libro del filósofo católico francés Jacques Maritain sobre humanismo cristiano era una especie de Biblia para nosotros en aquella época”, relató a Ruiz en la entrevista ya mencionada.

“En ese tiempo, mis preocupaciones nada tenían que ver con el marxismo. Yo tenía una gran preocupación filosófica: el tema de la libertad humana. Una prueba de ello es que mi tesis de licenciatura en la carrera de Psicología estuvo centrada en la fenomenología del acto libre. Mi visión de la libertad humana se contraponía a mi visión del marxismo de aquel entonces: rechazaba el materialismo mecanicista que negaba dicha libertad”, agregó.

Tras obtener la Licenciatura en Psicología en la UC postuló a una beca que ofrecía la embajada de Francia y viajó en septiembre de 1963 en barco rumbo a Barcelona. La acompañaban Rodrigo Ambrosio, Raimundo Beca, Cristina Hurtado, Tomás Moulian y Gabriela Tesmer. En París se les unieron otros jóvenes dirigentes del PDC: Claudio Orrego, Carmen Frei Ruiz Tagle y Eugenio Ortega. 

Marta quería estudiar marxismo en sus horas libres. El tema le interesaba desde que presenció los duros enfrentamientos entre comunistas y cristianos en Chile durante gran parte de los años 60. Ella deseaba conocer las fuentes de la teoría marxista para descarta por sí misma las bases de esa doctrina.

Uno de los primeros textos que leyó fue un libro de Charles Bettelheim sobre el subdesarrollo, que le sirvió para acercarse al marxismo porque aquel libro destruía la tesis del denominado “círculo vicioso de la miseria”, que el jesuita Veckeman había introducido e impuesto en Chile desde Sociología de la UC, el Centro Bellarmino y la revista Mensaje. 

Se le abrió un nuevo mundo cuando entendió que la pobreza de los países latinoamericano no se debía a que fueran menos capaces o más pobres, sino a la explotación que habían sufrido por parte de los países desarrollados, según contó a Rodrigo Ruiz.

La relación con Rodrigo Ambrosio, en tanto, se tornó muy tempestuosa. Él conoció en París a Michelle Gucard, una aristócrata argentina de origen francés, a quien sedujo diciéndole que estaba preparando una película y que le gustaría que ella fuera la protagonista. Marta se enteró de aquel romance y decidió terminar su pololeo con el sociólogo chileno que ya se estaba especializando en economía agraria.  

Jacques Chonchol, un chileno cristiano marxista, amigo de Marta y funcionario de INDAP en el gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva, le había sugerido a ella que en Francia hablara con un sacerdote que era militante del Partido Comunista francés. Aquel sacerdote le recomendó ponerse en contacto con Loui Althusser, filósofo marxista que entonces hacía clases en la Escuela Normal de la rue d’Ulm, en el Barrio Latino de Paris.

También un uruguayo de la Acción Católica le dijo que si quería estudiar marxismo en París, hablara con Paul Ricour, un conocido filósofo francés que hacía tutorías sobre el tema con algunos estudiantes. Fue Ricour quien la introdujo en la lectura de textos filosóficos complejos para los cuales Marta no estaba preparada y en un comienzo se le hicieron muy complicados. Pero, rigurosa como era, muy pronto se familiarizó con las nuevas teorías y conceptos, clásicos y modernos, adentrándose en aquella disciplina.

Mañana: segunda parte y final. 

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