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Miércoles, 23 de septiembre de 2020
Entrevista

Mirko Macari: “La gran pregunta es si Piñera pasa agosto”

Maximiliano Alarcón G.
Nicolás Massai D.

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Ilustración de Mirko Macari por Pablo Serra.
Ilustración de Mirko Macari por Pablo Serra.

El conocido periodista y analista asegura que el gobierno reconoció su fracaso a la hora de enfrentar la pandemia del coronavirus cuando el ministro Jaime Mañalich aseguró que se había “derrumbado el castillo de naipes”. Pero el fracaso mayor, según el ex director de El Mostrador, es que Piñera y la clase política todavía no asimilan el giro dramático que está pulverizando la democracia occidental.

Con más de 110.000 contagiados y más de 1.200 fallecidos por el Covid-19, según cifras oficiales de ayer miércoles, Chile está entrando de cabeza a la pandemia del coronavirus. El escenario del “retorno seguro” o la creencia en una excepcionalidad chilena son cosas de un pasado remoto. Ahora, La Moneda busca impulsar un amplio acuerdo de unidad nacional con la oposición para tratar de compartir las culpas políticas por una estrategia sanitaria que, a todas luces, pecó de optimista cuando la situación real en el país es catastrófica.

Mirko Macari, ganador del Premio Periodismo de Excelencia 2017 de la Universidad Alberto Hurtado por su columna ‘Eliodoro, por qué me has abandonado’, sigue ligado a las comunicaciones con un programa en radio El Conquistador, el cual comparte junto con Nicolás Larraín y Felipe Vidal. Asimismo, en línea se pueden encontrar sus análisis políticos en el podcast ‘La Cosa Nostra’, en compañía de Alberto Mayol y Darío Quiroga; como también en el programa web ‘Comando Jungle’, donde también están Gonzalo Müller, Jorge “Pirincho” Navarrete y Camilo Feres, el cual es grabado –fuera de época de cuarentena– en la productora de Andrés Chadwick Costa, hijo del ex ministro del Interior que estuvo en La Moneda en 2018, cuando el órgano de Carabineros llamado ‘Comando Jungla’ dio muerte al mapuche Camilo Catrillanca. 

Desde enero de 2019 Macari realiza el taller 'El desplome de las instituciones y las claves del nuevo ciclo', el cual viene trabajando desde 2017 cuando salió de El Mostrador. 

En una larga conversación con INTERFERENCIA sostiene que “el mundo de las instituciones tal como lo conocemos, está muriendo”. Y agrega: “Hay tres grandes ejes de transformación. Uno es la cuarta revolución industrial, que es lo digital, la cual ya estamos viendo con la pandemia, es una revolución. El otro gran eje es el cambio climático, que nos obliga al pensamiento sistémico, salir de este pensamiento cartesiano, lineal, para pasar a la mirada respecto de la totalidad; y el otro gran eje de transformación es el movimiento feminista y el fin del patriarcado, son todos cambios epocales que convergen”, afirma a nuestro medio.

A continuación, publicamos extractos editados de una conversación de casi dos horas que nuestro medio sostuvo con Mirko Macari.

–Usted ha acuñado el concepto sobre 'el partido del orden' en Chile. ¿Cree que todavía existe?

- Existe desde el montt-varismo, por allá a mediados del siglo 19. Tiene que ver con mantener ese espacio de toma de decisiones, más allá de la afiliación en el eje político convencional. Ahora, yo creo que los acuerdos de por sí no son malos; pueden tener una carga peyorativa si nos remiten a los famosos acuerdos de los 90, que en realidad no son acuerdos, sino que básicamente la convergencia en la aplicación del modelo ideario neoliberal. Por ejemplo, la reforma que hizo Michelle Bachelet a las pensiones, que fue la famosa pensión básica solidaria (en su primer gobierno), tuvo como condición para ese acuerdo –por parte de la derecha– que no se tocara la industria de las AFP, por eso seis o siete años después explota ese tema.

Lo que estamos viendo hoy en día es justamente lo contrario. Yo creo que es muy interesante que ahora emerja la conversación de los acuerdos, porque es un síntoma de debilidad. La base de apoyo de los partidos de gobierno, y muchos de sus ministros importantes, se da cuenta que se requiere una gobernabilidad más amplia, que el 20% de Piñera no alcanza, y por lo tanto es un reconocimiento del fracaso de la tesis que el gobierno solo se iba a echar al hombro la administración de la pandemia. La pandemia requiere co-gobierno, y van a ver quiénes se pueden ir sumando a eso. Lo de los acuerdos es un reconocimiento de facto de que falló el modelo inicial.

¿Cuál es el modelo de Mañalich, ese que parece exitoso en un primer momento desde el punto de vista político? ¿Cómo fue con los alcaldes? Mañalich dice 'a ver, momento, aquí el que manda soy yo'. Por eso al comienzo de esto sus principales enemigos fueron los alcaldes de la derecha: Germán Codina, Rodolfo Carter, con quienes se enfrasca en una disputa directa. Entonces lo que falla en esta administración de estilo portaliano de la pandemia, y vamos a un administración compartida, para socializar su riesgo, que va a incluir al Colegio Médico y sectores de la oposición.

–En los años 90 era más fácil este tipo de acuerdos porque la Concertación era proclive a negociar con la derecha. Más allá de la buena o mala salud del partido del orden, ¿es más difícil hoy llegar a grandes acuerdos?

- Es más profundo que eso. Vivimos un proceso desde 2011 en adelante de fragmentación de toda la política, y eso significa romper las reglas jerárquicas. Era muy fácil en los 90 o en los 2000 saber dónde estaba el poder. Mi trabajo, mi tesis central en los talleres que hago sobre el desplome de las instituciones, justamente se trata de constatar que el poder ya no está donde estaba. En el gobierno de Bachelet 1, yo sabía que el poder estaba en una trenza entre el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, y el caudillo de la nueva izquierda, Camilo Escalona, y entonces lo que dijera un diputado daba lo mismo, no era un actor relevante. 

El acuerdo para poner fin al caso MOP-Gate fue con 20 personas metidas en la casona del Centro de Estudios Públicos (CEP), con Juan Claro, con Pablo Longueira (entonces presidente de la UDI), con los jefes de los asesores de Ricardo Lagos y con Eliodoro Matte; entre estas personas pudieron tomar una decisión que acata toda la elite política, social y económica. Eso pasaba en 2003. Hoy día eso es imposible.

Lo interesante es comprender que la política institucional perdió toda su energía. Eso quedó claro con el estallido social, que es un estallido y no un movimiento. En la Plaza de la Dignidad hay banderas chilenas y mapuches, no hay banderas de partidos, no hay conducción política, como lo hubo en el movimiento estudiantil de 2011. ¿Cómo llegamos al estallido social? Por una política incapaz de gestionar las demandas principales de la ciudadanía, que están todas instaladas hace años, como por ejemplo, la reforma al sistema de pensiones, o mejorar la salud pública, o poner fin al Crédito con Aval del Estado.

–¿Qué pasa con los empresarios? ¿Es Juan Sutil alguien distinto a los anteriores para este tipo de acuerdos?

- En los discursivo parece más duro que Alfonso Swett, pero ese discurso es natural, porque responde a la necesidad de la derecha económica de atrincherarse después del estallido. Pero no es más que eso. Lo central respecto de la política formal es que Michelle Bachelet fue elegida con un tremendo programa de reformas, y no fue capaz de implementar nada.

Creo que en lo educacional lo único medianamente exitoso fue en el ámbito de los profesores, pero el resto se perdió todo. Y Piñera llegó con una promesa muy clara para la derecha empresarial: vamos a reducir impuestos. Y de entrada no puede, porque no tiene las condiciones de poder; de partida no tiene la mayoría ni en la Cámara de Diputados ni en el Senado, lo que Bachelet sí tenía, al menos mayoría formal, pero ya no hay capacidad de gestión política, entonces lo que vemos es que el poder salió de ese lugar.

Mi charla se llama 'El desplome de las instituciones y las claves del nuevo ciclo', porque a eso estamos asistiendo, al fin de este ciclo que empieza con la Constitución de 1980 en lo político y justamente con el crash económico de 1982. Ahí el modelo neoliberal empieza a tomar fuerza; de hecho, la dictadura militar llega al plebiscito con una economía creciendo de manera bullante, y Pinochet obtiene el 44% de los votos. Lo que hace la Concertación es decir 'vamos a mantener esto'.

Los años 90 son los de máxima legitimidad de las autoridades políticas, el país creciendo al 7%, los chilenos en los malls y la política entregada a los profesionales, los partidos; ahí empieza a la vez el declinar del ciclo, que se empieza a manifestar en lo del Transantiago el año 2007, la ineficacia de la política pública concebida solo desde la lógica de mercado, pero después vienen los grandes casos de corrupción, el caso La Polar, la colusión de las farmacias, luego las platas políticas y el país descubre que por detrás del discurso público todos los políticos se arreglan con las grandes empresas que ponen los marcos de cómo y para quién se legisla; después viene la caída de la Iglesia Católica, la ineficacia del Estado en el Sename, la corrupción en Carabineros, entonces tú ves cómo la energía se va escapando del aparato institucional, y hoy día no tiene casi nada.

–¿Qué aspectos por los que se protestó durante el estallido social, se pueden ver en la manera en que Mañalich abordó políticamente los inicios de esta pandemia?

- Hay varias demandas que están en el estallido. La más evidente es la desigualdad, que ha existido siempre en Chile desde los tiempos de la colonia. Y hay momentos en que ha habido más desigualdad. A lo que estamos asistiendo por los cambios tecnológicos, y todas las transformaciones, es a una demanda de redistribución del poder, es decir, ‘tómenme en cuenta en la toma de decisiones’. Mañalich representa la supervivencia del mito portaliano; podemos decir Portales, Pinochet, Lagos y Mañalich. De hecho, el repunte de Piñera en las encuestas tiene que ver con que la derecha dura, que lo había abandonado por débil, por no ser capaz de aplicar la mano dura durante el estallido, de alguna manera se reencanta con Mañalich.

Entonces, Piñera sube en las encuesta por la gestión de Mañalich. Por eso está ese momento de esplendor, que funciona muy bien hasta que se viene abajo el castillo de naipes. Lo que está en cuestión aquí es el estilo de hacer política. Tenemos el modelo clásico del macho alpha, en tensión con el otro modelo, el inclusivo, el que escucha.

La figura contraria a Mañalich es Joaquín Lavín. ¿Cómo gestiona Lavín el municipio de Las Condes? De partida, no se mete en temas políticos duros o ideológicos; salió de la Guerra Fría. No entra a conflictos gratuitos, que son peleas. Su tono es de un liderazgo femenino en un hombre, es decir, inclusivo, que escucha. A través de redes sociales, está escuchando lo que le van diciendo los vecinos. Va co-gestionando en conexión con los vecinos, que es el modelo de la política que viene. No es casual que Lavín, pese a ser UDI y Chicago Boy en sus orígenes, lidere las encuestas. Además, es uno de los dos UDI que está en el Apruebo, y dice que Chile requiere un pacto para reencontrar a los dos países antes del estallido, y le recomienda a Piñera –en una entrevista en televisión– que se guarde, desaparezca, que pase a la segunda fila y les entregue el poder a sus ministros. Ahí tienes los dos modelos políticos que están en tensión en la misma derecha; tensiones culturales que están expresadas tanto en el estallido como en la pandemia.

–¿Funcionó en un minuto este ‘macho alpha’ de Jaime Mañalich?

- Bueno, claro, encanta al mundo que está huérfano de autoridad. Por eso Carlos Peña se hace pipí con Mañalich. Es un mundo que viene despreciando a Piñera porque no tiene la impronta de ponerse los pantalones, y Mañalich sí la tiene. Después del estallido el gobierno estaba derrumbado, y la pandemia permitió que entrara Mañalich, que se mostrara diariamente liderando temas de gestión. Pero eso tiene un riesgo, que es que el diseño fue equivocado, que es lo que estamos enfrentando ahora.

–¿Qué pasa ahora cuando se derrumba el castillo de naipes?

- Fallado el modelo de la autoridad portaliana, vamos a una gestión inclusiva, el gobierno se va a tener que abrir, y muy probablemente ese co-gobierno de la pandemia va a significar un co-gobierno de lo económico y de lo político. Estamos entrando a la parte más oscura del túnel, que va a coincidir con el invierno.

Tú no puedes separar lo sanitario de lo económico-social, y por ende de lo político, que está a la vuelta de la esquina. Entonces, ¿cómo dotarnos de un mínimo de gobernabilidad para caminar en la oscuridad para llegar a la parte del túnel que se empieza a ver el final? Esa es la gran pregunta política, y ahí vamos a ver si Piñera pasa agosto. Si es capaz de entender lo que le dijo Lavín, que pase a segunda fila como jefe de Estado, como figura decorativa, y que otros actores con legitimidad, sin afán de protagonismo marketinero ocupen ese espacio con el tono de Lavín, de Blumel; o se va a transformar en un obstáculo insalvable para la gobernabilidad del país.

–¿Cree el Presidente Piñera no pasa agosto?

- Claro. La gran pregunta de este minuto es si Piñera pasa agosto, porque todo su comportamiento apunta a ser el que siempre se quiere llevar la pelota para la casa. La información que yo tengo es que esta conversación del grupo transversal de economistas, que va de Claudia Sanhueza a Rodrigo Valdés y otros, con las autoridades de Hacienda, que a su vez estaba topando en el mundo de la derecha económica, Piñera se apresura y se tira él a contar que hay un acuerdo, porque se quiere quedar con la ganancia de ese acuerdo, cuando todavía no estaba avanzado. Estas cosas tienen que cocinarse a fuego lento, y si aparece en la prensa se hace más delicado.

Entonces, hasta el minuto Piñera ha sido un obstáculo. Vamos a ver si el nivel de descontrol, que podemos observar todas las mañanas en los matinales, lo que pasa en la periferia de Santiago –que no tiene ninguna diferencia con Ciudad Gótica, ya estamos en Ciudad Gótica, va a durar y cómo se va a profundizar. Estamos a la vuelta de la esquina de un problema grave de gobernabilidad.

–¿Qué significa que una persona como Izkia Siches sea quien reúne a economistas de distintos ámbitos políticos, y no el gobierno?

- Significa que la lógica tradicional, gobierno y oposición, no sirve para que crucemos el río. Chile podría asemejarse a un pueblito que está debajo de un volcán, éste erupciona, viene bajando la lava y hay que arrancar de ahí. Es de noche, hay un río y el puente para cruzarlo está cortado. Entonces hay que empezar a sumar palitos para hacer el puente, y por lo tanto, no es el minuto para concentrarse en las diferencias, sino que justamente en las cercanías.

Eso que es tan evidente, resulta que topa con la figura del presidente, y por eso quiero remarcarlo: no se trata de la derecha. Los alcaldes de derecha han demostrado mucho sentido común, y por eso ocupan un lugar muy relevante en las encuestas sobre los liderazgos en la pandemia. Está Codina, Carter, más abajo Cathy Barriga, más abajo Daniel Jadue, después Rodrigo Delgado. Entonces, la derecha política tiene calle, se da cuenta lo que está pasando y entiende que no le alcanza al gobierno por sí mismo. Y ahí estamos, en la oscuridad tratando de construir el puente por el que tenemos que pasar.

–¿Quien tiene la pelota es Izkia Siches o personas como ella?

- Yo creo que estamos condicionados por la lógica del personalismo. El desafío político es pasar desde la mirada y el discurso personalista a algo horizontal, es decir, bienvenido a todos los que suman, porque de otra forma no se sale de esto. El fin de ciclo significa que la figura de un presidente que nos guía y nos conduzca no va a ocurrir. Eso se está desplomando en Chile y en todo el mundo. Estamos entrando a sociedades que son mucho más horizontales, digitales y colaborativas. Esa es la clave del nuevo ciclo.

Venimos de un ciclo que mi amigo Cristóbal Bellolio llama el ciclo Caburgua: Bachelet-Piñera y Bachelet-Piñera, la mamá buena onda y el gerente que gestiona. Y ninguno de los dos resulta, porque el modelo vertical, lo que se está desmoronando, son todas las instituciones que se organizan de arriba para abajo. Lo de la Iglesia Católica es notorio y evidente: la visita del Papa termina descabezando a toda la jerarquía de la iglesia chilena, y este modelo ni siquiera está resultando en la familia. El padre ya no es lo que era hace 30 años. Culturalmente estamos en un proceso de transformación que nos va a demandar, justamente, líderes con capacidad de interactuar con otros, en una escucha colaborativa, y mucho más poder hacia los territorios.

–¿Y figuras políticas no en el sentido de caudillo, sino que respondan a este Chile post-estallido?

- Moisés Naím (escritor y columnista) dice que la pandemia probablemente sea un ensayo general para los verdaderos desastres que vienen producto del cambio climático. Es decir, la cantidad de muertos y de conflictividad social va a parecer una alpargata al lado de lo que va a ocurrir cuando zonas enteras del planeta se inunden u ocurran eventos de ese tipo. Y cito a Naím que juega en el Barcelona de los analistas políticos, en la primera liga.

Evidentemente las sociedades no pueden ya seguir dependiendo de una figura salvadora. Yo creo que todos, la izquierda y la derecha o quienes responden a esa matriz del siglo 20, siguen un poco condicionados a buscar a una persona, entonces estamos tan huérfanos en el mundo que aparece Izkia Siches y todos 'amo a Izkia, me encanta', cuando a lo que nos está invitando la situación es a dejar de ser calcetinero de nadie. Es responsabilidad de todos construir ciudadanía responsable.

Yuval Noah Harari lo dice, cuando afirma que estamos ante la crisis final de las democracias liberales. Dice Harari que en 1938 había tres grandes relatos que se disputaban el mundo: el fascismo, el comunismo y las democracias liberales. En 1968 quedaban dos: las democracias liberales y el comunismo. En 1998 solo quedaba una: las democracias liberales. Y en 2018 queda ninguna, porque finalmente todo se trata de sistemas, donde unos pocos tienen el poder para dominar a unos muchos. Y a lo que estamos yendo es a una sociedad horizontal donde ya nadie puede más que entregar el poder.

Una de las gracias de Lavín es que tiene un asesor político top, que es Antoni Gutiérrez-Rubí, un español experto en ecosistemas digitales, y dice que internet no es un medio de comunicación más; es un ecosistema completamente nuevo. Ahí, el entregarle el poder a una persona o a un grupo de persona cada cuatro años está obsoleto, porque tú todos los días votas. Cuando pones un like, estás votando. Entonces la gente está co-participando de la gestión cotidiana de las cosas que le incumben. El modelo es el que está obsoleto. No estamos asistiendo a una crisis del gobierno de Piñera, de la derecha, es una crisis final del sistema de representación que es análogo en una sociedad digital. Ahí está el desfase.

–¿Qué tan consistente es que algunas autoridades inviten a enfrentar entre todos esta pandemia, cuando en realidad el discurso es como el de Mañalich?

- Bueno, esa es la contradicción, pero Mañalich ya es hombre muerto caminando; es cuestión de tiempo que salga del Ministerio de Salud. La única dificultad tiene que ver de nuevo con el viejo ciclo, la mirada del presidente que se espera hasta el final, hasta que no puede más.

–En este escenario, ¿qué sentido tiene un posible acuerdo entre el gobierno y la oposición?

- Es algo difícil. Estamos en un periodo de confusión, por eso es una crisis. Ahora, la crisis es necesaria, porque si no existe, no vamos a lo nuevo. La crisis muy probablemente nos va a enfrentar a que las tradicionales fórmulas de solución están obsoletas. Está obsoleto el acuerdo gobierno-oposición, está obsoleto el acuerdo tradicional convencional, de buscar un líder que nos salve. Entonces vamos a tener que experimentar para encontrar una salida política que tenga un registro distinto. No nos va a caer del cielo.

–Da la sensación de que el gobierno habla de los acuerdos políticos que hemos conocido desde siempre...

- Por supuesto, pero los hechos, los porfiados hechos –como decía Lenin–, finalmente van a llevar a que esos moldes se enfrenten con la realidad que estamos viendo en la periferia de Santiago, por ejemplo. Lo que quiero decir es que vamos hacia un período de vaciamiento del poder, que no va a ser corto.

Muchos economistas lo han dicho: estamos enfrentando una recesión similar e incluso peor a la que se inició en 1929, y ésta desató una serie de cambios y de movimientos tectónicos que permitieron, por ejemplo, el auge del fascismo en Europa, luego la guerra, y después de la guerra se construye un nuevo orden. Estamos entrando a una parte que va a ser caótica, de algunos años probablemente, donde vamos a estar a ensayo y error, como fue en Chile después de la Constitución de 1925, que entre que se proclama ese año y se consolida con Alessandri en el año 1932, hay siete años de inestabilidad política.

Estamos entrando en esta etapa de inestabilidad, pero ya hay un buen horizonte que es una nueva Constitución. De ese nuevo pacto social lo que probablemente va a emerger es un tipo de institucionalidad política que reconozca mucho más poder en los territorios. Si no es casual que seis alcaldes son los que lideran el reconocimiento de la ciudadanía respecto de quiénes están gestionando mejor la pandemia, porque están en el territorio. Su discurso tiene que ver con lo que están escuchando. Están en la cotidianidad. Este país terriblemente centralista, organizado en torno a una partidocracia, esta democracia análoga, está en absoluta disonancia con la sociedad digital que ya somos. Pero d ahí a que se afiance lo nuevo va a pasar un rato.

–¿Cree que el tema constitucional es una señal que efectivamente se está yendo en una dirección de una sociedad más transversal?

- Es que la confusión de los líderes es inevitable; cuando estás en la parte baja del ciclo reina la confusión. En el período de decadencia del Imperio Romano, un emperador (Calígula) nombró sucesor a su caballo. Entonces el desvarío y la confusión son parte de esto, y son causas del estado de descontrol. La política constitucional está en franca decadencia. Lo que pasa es que, evidentemente, el camino de salida es largo y sinuoso, y esos actores van a estar, pero no va a ser bajo la forma de 'ah, llegamos a un acuerdo y este es el líder salvador que nos va a conducir al otro lado del puente'. Eso no va a pasar.

–¿El Frente Amplio quedó fuera de juego al haberse enfocado en participar de las actuales reglas de juego, como era buscar su ingreso al Congreso?

- El Frente Amplio perdió toda la frescura que tenían sus dirigentes con el movimiento estudiantil de 2011, en la calle, esa legitimidad para pedir elementos de transformación del Chile de la transición. Como yo le dije una vez al diputado Gabriel Boric, que me parece una persona inteligente y notable en algunas cosas: ‘ustedes compraron boletos para el Titanic’.

Compraron los boletos más baratos, pero es el Titanic, se va a hundir. Y es cosa de verlos, llegaron con 20 diputados, como las grandes estrellas en el periodo electoral que se inaugura con Piñera en 2018, pero perdemos lo macro, y lo macro es que estamos en el fin del ciclo de 40 años en la política chilena.

Y no solo se está muriendo ese ciclo de 40 años, sino que también estamos pasando del capitalismo de chimenea a la economía digital a toda velocidad. Eso también es un cambio político y cultural demoledor para la política institucional. Y estamos en otro fin de ciclo, que es el fin del patriarcado, que lo ha anunciado el movimiento feminista y que es una cuestión que compete a hombres y mujeres y que no se remite solo a la dominación de los hombres sobre las mujeres. El patriarcado es una forma de dominación a todo nivel, la escuela es patriarcal, un conocimiento institucional por sobre el impulso humano natural es patriarcado, son cosas que hay que discutir que no están en las conversaciones habituales de medios ni de periodistas. 

El Frente Amplio evidentemente se descompone, porque entra al cajón donde todas las manzanas que entran se pudren. Es por eso que pierde fuerza. Y adentro han dado espectáculo con un club de la pelea, ha sido notable, cómo están viviendo su propia guerra civil ahí adentro y eso habla del ciclo de descomposición. Y la solución no va venir de esas instituciones, no tiene que ver con quien gane la Cámara de Diputados en el próximo periodo o el Senado o la Presidencia. Eso lo quiero dejar muy claro, el poder salió de ahí. 

-¿Jorge Sharp está en el mismo Titanic que los legisladores del Frente Amplio?

- Sharp está en la lista de los alcaldes bien evaluados. Se salvó y eso no es casual. Eso nos está diciendo algo de lo que viene. El estallido es contra el gobierno neoliberal, contra Piñera, contra la derecha, pero quienes lideran las encuestas son los alcaldes de la derecha, por favor explícame eso. Y lo que pasa es que los lentes de izquierda y derecha, que nos sirve para mirar la realidad del siglo 20, no son los mismo lentes que nos sirven para ver la realidad que está pasando ahora. Uno puede decir que Lavín era pinochetista, pero si cada uno quiere repetir sus discursos del pasado, no va a comprender a lo que estamos entrando. 

El eje de pelea izquierda-derecha es parte de lo que está muriendo, está agotado. El problema del cambio climático no se resuelve en el eje izquierda-derecha. Y el cambio climático ya lo tenemos, el desafío del problema del agua no se resuelve en el eje izquierda-derecha, ni el de la alimentación. 

Estados Unidos está en este minuto en una revuelta social y por otro lado están llegando al espacio con iniciativas entre la Nasa y la empresa de Elon Musk, y mucha gente dice que es la llegada al espacio de una empresa privada, y que eso representa otro avance del capitalismo. Pero eso no es entender nada, es una cooperación entre ambos, además no es cualquier empresa privada, es Tesla, que lleva el nombre de alguien que fue precursor del conocimiento sobre la energía eléctrica y tenía como objetivo que la energía eléctrica fuera libre para toda la humanidad y en eso se inspira Elon Musk, que es el gran gestor de esta segunda carrera espacial.

Eso no lo puedes leer en el eje izquierda-derecha, a Tesla no se lee en ese eje.

- ¿Las elecciones que vendrán serán las mismas, las instituciones igual? Si Chile logra cruzar el río, ¿cómo proyecta el escenario de las instituciones?

- Ustedes (en referencia a los periodistas que realizan esta entrevista) son parte de una generación que ha logrado construir su vida al margen de las instituciones o al margen de los dictámenes institucionales de manera tradicional. Pertenecen a una generación que no pide permiso para hacer las cosas, la que respalda con más fuerza la movilización porque es la más disconforme con el Chile que hay.

Es una generación que ya actúa de manera colaborativa y horizontal. Las generaciones más golpeadas por el desplome de las formas de autoridad tradicional son las que tenemos de 45 hacia arriba, que crecimos con el presidente, el obispo, el profesor como autoridades centrales indiscutidas, con el horizonte de entrar a una gran institución y hacer carrera ahí. 

De facto estamos frente a ciudadanos más empoderados que desarrollan proyectos sociales, económicos y empresariales a través de plataformas digitales, y que no necesitan de una institución, no le piden permiso a nadie. Una aplicación es más revolucionaria que una ley hoy día, Uber es la empresa de transportes más grande del mundo y no tiene un solo auto. En los años 80 los gringos y los japoneses se disputaban cuál era la empresa de autos más grande, General Motors o Toyota. Hoy la empresa de transportes más grande del mundo no tiene un solo auto, tiene un algoritmo.

La democracia que tenemos es análoga, está muerta, la sociedad ya es digital, lo que transforma la sociedad son otros vectores. Harari dice que las grandes fuerzas que están remodelando al mundo están al margen del sistema político tradicional, del juego gobierno-congreso, entonces vamos a gobiernos locales, a parlamentos locales, a regiones más fuertes, unidas de manera nodal. Lo que viene es radicalmente distinto, no significa que sea el futuro esplendor, pero es distinto. A lo que estamos asistiendo no es a la torpeza de Piñera, aunque evidentemente sea un gobernante torpe, sino a la obsolescencia de un sistema que está pensado para un mundo que ya no existe, un mundo pequeño, ordenado, jerárquico, estructurado, un mundo de partidos políticos, el mundo del siglo 20 que ya fue, ya tuvo su orden, tuvo su peak y dio el fruto que dio. Pero ahora hay un cambio de ciclo. 

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Comentarios

Comentarios

Excelente trabajo

quiero leer algunos pocos artículos

Excelente análisis de la actualidad social y política del país.

Deseo recibir información.gracias

Gracias Mirko, por esa claridad y "ordenamiento" de las nuevas maneras de participar y de relaciones políticas, sociales y económicas que están apareciendo en un nuevo orden mundial.

La mirada que aporta claridad en los tiempos que vienen, la idea certera para cimentar opinión,

Fundamentos apropiados para entender y comprender en una época de transición.

Bien

Como siempre acertivo, veraz, y seguido por muchos sectores, no sólo por los más letrados de Nuestra sociedad

Me encanto la entrevista a Mirko Makari , sin embargo no se refiere en nada a esta suerte de clubs de 17 grupos económicos que lamentablemente hacen y deshacen en Chile , creando y sacando leyes siempre a su favor con la finalidad de rentabilizar al máximo sus negocios que se mueven en forma transversal en toda s las industrias de Chile , pesca , educacion,isapres, papeles , supermercados , automotriz , malls , en fin todo !!!!, lo que obviamente no quieren por ningún motivo sus situaciones legales (!acuerdos y leyes arregladas no cambien , con lo cual , pasada la pandemia , intentarán volver siempre a lo mismo , a la misma teta de siempre .

Buena visión pero no la creo del todo. En el fondo siempre prevalecerá la brutal asimetría del todo, sólo que, y tal vez, pudiese ser que los de siempre sean otros

Muy interesante el enfoque del artículo, actualizado a los tiempos.

Interesante pero, la realidad es análoga y lo digital es sólo una representación incompleta. Lo digital explica que un análisis concienzudo como el Macari, incluso aunque sume la artillería de Alberto Mayol (para quienes siguen sus podcasts junto a Darío Quiroga), sume menos seguidores que los que muestra Fernando Villegas. Como periodista, Macari debería reconocer que no es del todo correcto incluir entre los alcaldes mejor evaluados a personas como Rodolfo Carter o incluso a Rodrigo Delgado. Esa clase de distorsiones, propias de lo digital, le quitan sustento a lo que Macari plantea y, el buscar puntos de apoyo en las opiniones de Yuval Noah Harari o, para el caso, del Pato Donald, no tiene mayor sentido, considerando la análoga realidad de nuestro país. Si tan sólo cuentan el número de apariciones en la TV, es notoria, evidente, la discriminación hacia alcaldes como Codina y más aún hacia otros como Sharp o Jadue. Y muchísimos otros. Es aún peor la auto discriminación de otros actores, como por ejemplo científicos e ingenieros, que en medio de la crisis, no se han notado mucho. Discriminación y digital, tienen demasiado en común.

Buenísimo!! certero análisis.

Felicitaciones INTERFERENCIA, eso se llama marcar diferencia con el resto de publicaciones. Por eso me prometí no ver más la televisión chilena.

Excelente artículo necesitamos periodismo objetivo sin tendencias y ojala una tv y radio así con investigaciones estoy dispuesto a ser parte de una campaña nacional para tener un periodismo de investigación plural objetivo sobre hechos y pagar mensualmente como lo haríamos millones de Chilenos para tener una prensa que informe a todos los ciudadanos del país ESTOY CONVENCIDO QUE MUCHOS COMPATRIOTAS PAGARIAMOS UN MONTO DE ACUERDO A LAS POSIBILIDADES DE CADA UNO POR TENER UNA PRENSA ASÍ YO ESTOY DISPUESTO PERO DEBE SER PRENSA TV RADIO Y ESCRITO

La OCDE , el Covid y Chile :Quizàs no parezca evidente la relaciòn entre estos tres términos y sin embargo ella existe y lamentablemente no es a favor de nuestro paìs. En efecto, la Organización por la Cooperación y el Desarrollo Econòmico, màs conocida por su sigla OCDE, es una estructura central en la vida econòmica internacional y ella engloba los paìses desarrollados del mundo occidental y de preferencia a los màs importantes. Empero, hace algunos años esta organización le abriò sus puertas a nuestro paìs ,lo que fue interpretado, por los responsables de nuestro Estado, como un reconocimiento de la madurez que habìa alcanzado el desarrollo de Chile, un paìs que se podia alzar pues al nivel de los màs avanzados. Hay que decir por otra parte que otro paìs de nuestro subcontinente , México, habìa sido también el objeto de un reconocimiento semejante y que un tercero, Perù, era candidato al mismo cuando su candidatura fue suspendida provisoriamente a mediados del año pasado, lo que no impide que tenga importantes relaciones con la organización. Estos dos paìses son , como se sabe, junto con Chile, los màs afectados de la América española por la pandemia, teniendo en cuenta el nùmero de contaminaciones y de muertos. Asi estos records dolorosos para nuestras poblaciones nos muestran como los honores de la OCDE disimulan mal el subdesarrollo sanitario, las desigualdades y la pobreza, cuando no se trata simplemente de hambre, que existen en nuestras realidades. Las instituciones como la OCDE, asi como las otras de este género a las que Chile se ha incorporado con un entusiasmo casi ridiculo, se han convertido con el tiempo en una verdadera trampa para los chilenos pues se nos ha obligado a sumergirnos en unas relaciones econòmicas caòticas, en la que los ùnicos que ganan son un puñado de connacionales y extranjeros que multiplican sus fortunas. Para el resto de la población esas relaciones mùltiples son a menudo un factor de desorden , de consumo de productos de mala calidad, y , a menudo, sinònimo de intercambios incontrolables, vectores de modos de consumo atrabiliarios y ,muchas veces, de virus como los que sufrimos. Serìa tiempo pues que pusiéramos un término a las relaciones econòmicas muchas veces disparatadas en que ha caìdo nuestro paìs y que retirándonos de instituciones internacionales y pactos comerciales inicuos nos pongamos a decidir por nosotros mismos lo que nuestra población necesita y a elegir los interlocutores que nos convengan.

Muy interesante el artículo que nos entrega una mirada de cómo debemos estar preparados para un futuro incierto. Mi preocupación se desarrolla en el ámbito de que tan contundente análisis no entrega una salida a lo que vendrá, más bien queda planteado el término de un ciclo pero no se vislumbra una salida que no sea caótica. Quizás el autor podría haber dejado una pista del buen sendero.

Excelente entrevista. En el punto.

...el Titanic se esta hundiendo y la orquesta sigue tocando

Muy buena entrevista ¡¡felicitaciones!!

Muy buena entrevista y me imagino mejor su Taller. Dentro de su análisis queda un aspecto a considerar, la educación en Chile, tenemos una tremenda brecha entre las clases sociales, y como ha sido impartida desde la colonia, Si bien es cierto que la tecnología se desarrolla a pasos agigantados, el chorreo cae hacia las masas de acuerdo a estrategias de consumo y no de preocupación por extender el acceso al conocimiento, puedo tener un celular en la mano y no saber sacarle el provecho necesario para adquirir bienes intangibles como la educación y cultura. Espero que no nos demoremos mucho en ponernos al día en relación a otros países. Habrá que mejorar mucho en calidad y recursos para educar.

Mirko no denuncia el manejo de los medios de comunicación, sobre todo los canales de TV nacionales, que hacen para promocionar, tachar o distorsionar a quienes conviene o no a sus intereses de grandes empresarios. Esos alcaldes de derecha tienen presencia permanente, lo horrible es que muchas personas aun no discriminan y apoyan a sus verdugos.

Periodista, con una claridad que no tienen nuestros políticos del quehacer político.

Bueno

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