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Lunes, 22 de julio de 2019
Linguistica social

Niños ricos, niños pobres y el mito del vocabulario

Ricardo Martínez

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Fotografía: Película Machuca
Fotografía: Película Machuca

Varios estudios han sostenido que los niños pobres escuchan menos palabras que los niños de clases más acomodadas y eso es una base para la diferencia del capital cultural. Nuevas investigaciones refutan esa propuesta.

Desde hace dos décadas diferentes investigadores del área de la educación y el aprendizaje vienen sosteniendo que uno de los mayores problemas que enfrentan las niñas y los niños de sectores más desfavorecidos a la hora de adquirir el lenguaje y la cultura es la llamada “brecha de las palabras” (word gap, en inglés). La brecha de las palabras descansa sobre un hallazgo que realizó el equipo de Hart y Risley en 1995, en que se sostenía que para la edad de cuatro años las niñas y niños de sectores más vulnerables escuchaban en sus entornos familiares 30 millones de palabras menos que las que escuchaban sus similares de clases más acomodadas.

La implicancia de este hallazgo consiste en que, ante un número menor de palabras escuchadas, y en volúmenes de tales dimensiones, las niñas y los niños desfavorecidos dispondrían de menor vocabulario, de menos acceso a la gramática y, finalmente, a un menor capital cultural. Diversas iniciativas -por ejemplo, la propuesta de Bloomberg Philanthropies en Rhode Island-, desde aquel 1995 han propuesto que estas niñas y niños puedan escuchar más palabras durante su temprana infancia de modo de superar tal brecha. Aun en ese contexto, en la comunidad de lingüistas la misma noción de la brecha ha sido fuertemente cuestionada, porque desde otro tipo de análisis, estimar las cantidades de palabras escuchadas es en sí mismo un problema y, en consecuencia, los datos deben ser tomados con cautela.

Justamente eso es lo que abordaron en su estudio Sperry, Sperry y Miller en una publicación en la revista Child Development de abril de este 2018, donde, al intentar replicar el estudio original, encontraron que: “los resultados no respaldan la afirmación de Hart y Risley, y revelan variaciones sustanciales en los entornos de vocabulario dentro de cada estrato socioeconómico, sugieriendo que las definiciones de entornos verbales que excluyen a múltiples cuidadores y las conversaciones con terceros subestiman desproporcionadamente el número de palabras a las que están expuestos los niños de bajos ingresos”.

Este resultado se puede enmarcar dentro de un debate actual en las ciencias sociales sobre la “crisis de la replicación”, que consiste en que, en estas ciencias, sobre todo en la presente década, se ha encontrado que los resultados de muchas investigaciones resultan difíciles o imposibles de replicar por nuevas investigaciones que intentan abordar los mismos problemas o fenómenos.

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