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Jueves, 15 de abril de 2021
Columna

¿Qué está pasando en Wall Street que ya nada hace sentido?

Carlos Tromben

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El toro de Wall Street
El toro de Wall Street

Criptomonedas, acciones tecnológicas, bonos del tesoro. Desde mediados de enero los activos financieros se mueven como desorientados planetas que han perdido su centro de gravedad. Un escenario peligroso para los fondos de pensiones, que podrían perder miles de millones de dólares si se produce una corrección violenta y simultánea.

El 25 de febrero pasado se produjo en Estados Unidos una venta masiva de acciones y bonos del Tesoro, dos activos financieros que se suelen mover en direcciones opuestas. No hubo medio especializado ni sección de economía en el mundo que no abordara el episodio con preocupación. Salvo, el Cuerpo B de El Mercurio, transformado en caja de resonancia del optimismo piñerista a todo evento.

El año había comenzado con el bitcoin superando los 40.000 dólares y las acciones de GameStop revalorizándose en 1.500 por ciento en dos semanas, de manera que una caída en el mercado de la deuda pública estadounidense era otro episodio dentro del enjambre sísmico que se ha apoderado de los mercados financieros desde comienzos de año.

Un episodio grave. 

Mohamed El-Erian define el mercado de bonos del Tesoro como la base del edificio financiero mundial. En tiempos de inflación baja y alta liquidez, la deuda pública es un activo apetecido para los inversionistas. Pueden hacer y deshacer posiciones en bonos sin perder dinero, lo que les permite apostar por activos más riesgosos y rentables. Acciones de Tesla o de Twitter, por ejemplo, o criptomonedas cuyo valor real nadie conoce.

El problema es que estos niveles de inflación y tasas de interés bajas, acompañados de amplia liquidez, es resultado de una política monetaria diseñada hace doce años para reactivar la economía después de la crisis subprime. Pero doce años de impulso monetario es mucho tiempo, sobre todo porque los inversionistas se mal acostumbraron a valorizar el riesgo de sus inversiones en base a la supuesta inagotable liquidez del sistema Bancos Centrales / Bonos del Tesoro.

Es como una persona que trasnocha sistemáticamente y se torna adicta a las bebidas energéticas: cree no estar cansada y sigue trasnochando. Tarde o temprano tendrá una cita con el cardiólogo.

El 4 de marzo pasado se produjo un segundo episodio de venta masiva de acciones y bonos, confirmando que el mundo se encuentra en un momento de inflexión. La narrativa resultante es esta: tras un 2020 infame, 2021 podría terminar con crecimiento económico gracias al proceso de vacunación conta el Covid-19 y el consiguiente fin de las restricciones. Esto provocaría un retorno de la inflación y la necesidad de un rediseño global de la política monetaria.

Pero ahí está el problema existencial: que los bancos centrales de los países restrinjan la liquidez y suban las tasas también tendrá consecuencias negativas. No solo las personas y pymes endeudadas sufrirán el impacto de mayores costos financieros. También los gobiernos que emitieron deuda masivamente para financiar sus déficit, y los especuladores que se endeudaron a tasas bajas para apostar en activos riesgosos. 

Agregando combustible a la volatilidad, el gobierno de Biden presentó (y probablemente aprobará) un nuevo paquete de estímulo fiscal directo a las personas por 1,3 billones de dólares (trillones en la nomenclatura anglosajona). Ese dinero no existe y deberá ser financiado vía déficit, emitiendo más bonos del Tesoro. Los mismos bonos que el mercado hoy está repudiando. 

Lo que implica para Piñera y las AFP

Este escenario de inflexión sorprende a Chile en el último año de Sebastián Piñera como presidente, con un gobierno debilitado y empecinado en sacar una reforma previsional y bloquear un tercer retiro de los fondos por parte de los afiliados. 

Para destrabar la negociación de la reforma, dado el rechazo de la oposición a entregar más fondos en administración a las AFP, Piñera sacó un conejo del sombrero que consiste en aumentar la jubilación básica solidaria en monto y cobertura. De un momento a otro, como acusaron en la oposición, existía la holgura fiscal cuya existencia se negaba hace tan solo algunos meses. 

El director de Presupuestos, Matías Acevedo, calculó que la medida implica un aumento de gastos de 1.300 millones de dólares anuales. Habrá que enmarcar la portada del diario La Segunda en que el funcionario afirma que la medida ya está financiada. Primero, porque es contradictoria con lo que ha dicho el gobierno en materia de holguras fiscales, y segundo porque es de un cortoplacismo casi adolescente.  

Las trayectorias del déficit fiscal y de la deuda pública vienen en aumento hace una década, esto en un escenario de tasas bajas. Ad portas de que estas vuelvan a subir por primera vez, lo aseverado por Acevedo pasará a la historia como una triste humorada. 

El Fiisco deberá solventar además una factura previsional cada vez mayor, en la medida en que los chilenos envejecemos (muchos en la pobreza), y a esto se suma un detalle no sincerado en la cifra mágica de Hacienda: las AFP poseían al tercer trimestre de 2020 el 65% de todos los bonos en pesos y en UF emitidos por la Tesorería.

Podría darse así un escenario en que para pagar las mayores pensiones solidarias habrá que pedirle prestado a los propios cotizantes. 

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Se agradece un artículo sobre economía entendible por todo el mundo.

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