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Jueves, 20 de febrero de 2020
A metros de Plaza Italia

Qué Leo Forestal: la librería que resiste en la 'Zona Cero' del estallido social

Lissette Fossa

Para su dueño, Mario Cerda, las manifestaciones y los rayados no han sido un problema mayor. Le ha afectado más ver la represión desde su librería. Los vecinos y los manifestantes han cuidado la librería de ladrones. Esa ayuda mutua mantiene esperanzado a Cerda, quien, después de la lectura, tiene como pasatiempo favorito conversar con cualquiera que entre a su local.

Hace cinco años que Mario Cerda tiene la librería Qué Leo en el parque Forestal, a menos de una cuadra de Plaza Italia (Plaza Dignidad). Es la única librería en la llamada Zona Cero del estallido social. Todo cambió para Cerda después del 18 de octubre, pero no necesariamente para mal.

Por un lado, las lacrimógenas y la represión policial han generado un cambio de horario de su librería. Si antes finalizaban su trabajo a las 20.30 hrs, ahora han habido días en que a las 14.00 hrs. ya tiene que retirarse.

“El problema, además del horario de cierre, es el gas lacrimógeno. En calle Merced hay un tremendo cartel que dice ‘el derecho de respirar el paz’, y hay mucha gente que lo ve y no le hace sentido el cartel. Pero acá no se podía respirar, porque era demasiado la lacrimógena en el ambiente”, comenta Cerda.

Por otra parte, para el librero, el estallido social lo ha acercado a nuevos clientes, mientras que ha generado un mayor vínculo con quienes ya lo conocían.

“Incluso ha habido una tendencia, casi de turismo-aventura con las protestas, porque hay personas que vienen al barrio solo para ver cómo quedó tras las marchas. Y pasan por la librería y ha sido bueno en el sentido de que nos terminan conociendo. También hay gente que viene y nos dice que nos seguía en redes sociales, pero que no habían venido, y que nos visitan para apoyarnos y comprar”, cuenta el librero.

Mario Cerda no se queja mucho, ni de las marchas, ni de los rayados en el frontis de la librería, aunque sí han bajado las ventas de libros. Pero tiene esperanza en que la mala racha va a cambiar. Y también, se siente agradecido: no ha sufrido ningún tipo de saqueo y los mismos manifestantes han protegido su local. Incluso, mantiene el cartel que sus vecinos hicieron, donde se expresa que este “es un negocio familiar” y que apoyaban las demandas sociales.

“Hubo un día que cerramos temprano. Cerca de las ocho de la tarde, unos tipos intentaron abrir la reja, pero la gente que estaba en la manifestación los enfrentó y se fueron. Esa misma noche, levantaron un poco la reja y una persona logró entrar, sacó la plata que había en la caja, pero no se llevó nada más, que nosotros sepamos. La gente del edificio notó algo raro y ahuyentaron a quién entró y pusieron el letrero de que estábamos con la causa”, cuenta.

Cerda decidió no hacer la denuncia. Dice que Carabineros tampoco se han acercado a ofrecerle protección y cuando los ha visto, ha sido testigo de golpes a estudiantes y manifestantes. “Uno que es papá, queda con el corazón apretado, ver como golpean escolares”, afirma. 

La librería se ha transformado en un refugio mental y físico durante las marchas. Muchos manifestantes se han quedado ahí cuando Carabineros ha reprimido las protestas, y en el local los reciben con un vaso de agua y los ayudan ante el efecto de las lacrimógenas. Durante la mañana, vecinos y clientes pasan a conversar con el librero y su esposa, Mandina Carrasco, con quien comparte el trabajo en la librería. Después de leer, ese es el pasatiempo favorito de Mario: conversar.

“El librero debe ser un conversador, es muy extraño un librero que no converse. Además, el librero tiene que expresar su opinión, así uno puede recomendar libros de todos los estilos, porque uno tiene que leer de todo”, afirma.

 

Para seguir hablando de libros, Mario Cerda ha organizado charlas con escritores, que antes de las manifestaciones, se hacían en la tarde. Ahora se han trasladado al mediodía, en el mismo local, no solo por las protestas, sino también porque la luminaria pública ya no funciona en el barrio, lo que genera inseguridad a los transeúntes. Y a pesar del cambio, las charlas siguen teniendo asistencia.

“Reflexionamos de todo. Y yo creo que es porque somos de población, entonces no bajamos del Olimpo para venderle a la gente que solo busca distraerse. Es bueno distraerse, yo también leo para distraerme, pero no siempre hacemos eso”, consigna Cerda.

De la electricidad a los libros

Mario Cerda trabajaba como electricista en Chilectra, pero dice que se dedicaba más a leer que a ver cables. Cuando quedó cesante, buscó trabajo en la librería Feria Chilena del Libro, donde trabajó hasta el 2015.

“Leía más en ese tiempo, que ahora, porque como dueño no paras de trabajar. Y tienes que ordenar los libros y saber dónde encontrarlos”, afirma.

Mientras cuenta de su vida como vendedor de libros, ya comienzan a cerrar la librería. Afuera se escucha pasar a un zorrillo de Carabineros y la gente le grita al vehículo de la policía. Unos segundos después, jóvenes corren por Merced. Son cerca de las seis de la tarde y deciden cerrar el local.

Al tiempo de trabajar en librerías, decidió partir con su propio local. Se adhirió a la franquicia de Qué Leo, que tiene 46 locales a nivel nacional, pero el local del Forestal es suyo. En 2015 abrió su librería, aunque él vive en la población La Victoria. Cree que por eso tiene conexión con la gente, que la población lo formó así.

“Ahora la gente viene a la librería, conversa con otros que no se conocen. Eso es maravilloso. Así uno conoce otra realidad, que es lo que nos falta. Yo me subía a la micro y saludaba a la gente, me gusta hacer eso, y me decían que estaba loco. Y ahora sé que no estaba loco. Era que el país estaba durmiendo, y ahora despertó”, reflexiona.

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Comentarios

Comentarios

son muy buenos felicitaciones, periodismo así hace falta

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