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Viernes, 21 de febrero de 2020
Análisis

Quema del tren Antofagasta-Bolivia revela cómo los Luksic saben que están en el ojo de la tormenta social

Andrés Almeida

Este último incidente ocurrido con una empresa perteneciente a la familia más rica de Chile -sumado a la recuperación territorial mapuche de un fundo de Gabriela Luksic y los momentos de alta tensión con las comunidades aledañas a Los Pelambres- da cuenta de cómo la protesta social ha antagonizado especialmente con este grupo económico. Algo que tal vez explique el origen del informe Big Data. 

El lunes 10 de febrero, tras una nueva jornada de protestas en Antofagasta, las líneas de manifestantes se replegaron a calle Andrés Sabella, entre los cruces con 21 de mayo y Maipú, en torno a la línea férrea que por ahí cruza la ciudad, en el sector Miramar. 

Ya de noche, de pronto la locomotora de un tren de Ferrocarriles Antofagasta-Bolivia (FCAB), fue incendiada en movimiento, luego de evacuar a dos trabajadores de la empresa. Unos cinco minutos después llegaron Fuerzas Especiales de Carabineros quienes apagaron el incendio con el carro lanzaaguas y comenzaron una fuerte represión contra las personas que circundaban los hechos, deteniendo a un varón, joven y de nacionaldad chilena, según testigos.

En todo momento los gritos de los vecinos fueron contra Carabineros, y muy pocos repararon en que el ataque fue contra uno de los activos del Grupo Luksic; FCAB, perteneciente a Antofagasta plc, el brazo minero de la familia más rica de Chile,

Esto, pese a que las críticas en la ciudad son fuertes contra los Luksic, pues Antofagasta Terminal Internacional, el puerto de la operación minera familiar, es responsabilizada por muchos por la contaminación con metales pesados que aqueja a los antofagastinos. Incluso hubo acusaciones contra la empresa FCAB misma, en 1998, luego de un episodio de intoxicación por plomo en niños que vivían cerca de un centro de acopio de esta empresa, de acuerdo a lo informado por Ciper.

Quien sí puso en evidencia la relación entre FCAB y la familia Luksic, fue el primogénito del clan, Andrónico, quien colocó en su Twitter un recorte de diario en que se informa del ataque a su tren, con el siguiente texto personal; "Nada justifica que la vida de dos personas y la seguridad de una ciudad entera se pongan en riesgo. Chile necesita avanzar y con violencia eso nunca podrá ocurrir !!!". Si bien Andrónico no mencionó nunca su vínculo por propiedad con la empresa de ferrocarriles, los comentaristas twitteros se encargaron de establecerlo.

Tras eso, Gonzalo Blumel, el ministro del Interior, también twitteó: "Ataque incendiario al tren de Antofagasta es un hecho gravísimo, que muestra q hay algunos q solo buscan causar destrucción. La violencia no puede tener cabida en una sociedad democrática y debe ser rechazada. Hay 1 detenido e Intendencia se querelló para que no haya impunidad".

Luego, la alcaldesa de Antofagasta, Karen Rojo twitteó: "Poner en riesgo vidas humanas en un ataque incendiario sin sentido a una locomotora en movimiento y que transportaba ácido sulfúrico, demuestra que la delincuencia no tiene límites. Llamo a todos a denunciar a los responsables y que se aplique el rigor de la ley #Antofagasta".

Después se supo que el tren no llevaba ácido sulfúrico, sino cátodos de cobre, pero la batahola ya estaba en la televisión, las radios y los diarios tradicionales.

Lo curioso es que hace exactamente un mes, ocurrió un episodio muy similar, en el que fue quemado también un tren de la misma compañía, en circunstancias muy similares, salvo que esa vez el tren no iba en movimiento y el fuego alcanzó tres vagones. 

La gran diferencia es que ese 10 de enero la prensa santiaguina no se hizo mayor eco del hecho registrado en Antofagasta, pese a que es esta la ciudad de provincia con mayores niveles de movilización, a juzgar por su cantidad de detenidos; 2.000 entre el 18 de octubre y el 4 de diciembre de 2019, más que ninguna otra que no sea Santiago, y por tener protestas casi diarias hasta fines de enero. Tampoco se refirieron al hecho ni Luksic ni Blumel ni Rojo, quien prefirió destacar las labores de limpieza tras esa jornada particular de movilizaciones. Tampoco lo hizo Antofagasta plc. Solo hubo un comunicado de la gerencia de FCAB. 

¿Qué cambió?

Es difícil decirlo a ciencia cierta, pero tal vez sea relevante el hecho de que cuatro días después del primer atentado contra un tren de los Luksic en Antofagasta, INTERFERENCIA reveló que Rodrigo Hinzpeter y otros ejecutivos de Quiñenco, el controlador de CCU y Banco de Chile, entre otros activos no mineros del Grupo Luksic, fueron los responsables de entregar la gobierno el llamado Informe de Big Data, que resultó un hazmerreír por su contenido, pero que reveló la preocupación de los Luksic por la protesta social, ya que lo habrían encargado en primer término para su consumo privado y no para el gobierno. 

Poco después comenzaron a emerger nuevos antecedentes que permiten ampliar el cuadro de preocupación de los Luksic respecto de la protesta, como fue el artículo de INTERFERENCIA Los 12 días en que Minera Los Pelambres de los Luksic estuvo en jaque operacional por el estallido social, en el cual se mostró la agudeza del conflicto la principal mina del Grupo con las comunidades locales y también con los contratistas. Algo que indirectamente podría explicar por qué el twittero Andrónico ofreció subir los sueldos de sus empresas a un mínimo de 500 mil pesos mensuales en los primeros días del estallido social, lo cual era una demanda de ese momento en la mina.

Hace poco este periódico también reveló que la recuperación territorial mapuche en un fundo en Lonquimay -la Fusta- afecta los intereses de Gabriela Luksic, un conflicto que también se inició en el contexto de rebeldía por el descontento que explotó el 18-O.

Así, no es de sorprender que los altos ejecutivos del Grupo hayan evaluado que falta muy poco como para que la ciudadanía ate los cabos de los activos del grupo y sean todos asociados a la marca Luksic, identificando sus intereses más directamente. A diferencia de ahora que los manifestantes hablan más bien del nombre de cada empresa en conflicto en su territorio; FCAB, Pelambres o La Fusta. 

El foco de Andrónico Luksic en los dos operarios que tuvieron que bajarse del ferrocarril en el atentado reciente -comunicado a través de Twitter- puede dar el diápason del nuevo momento comunicacional del Grupo: énfasis en las vidas humanas expuestas por los actos violentos de los manifestantes, por sobre los daños materiales a la propiedad, y respaldo total del Ejecutivo y la prensa afín, de modo que la afectación de sus intereses cuente con el respaldo de al menos del sector más propenso a sentir miedo.

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Lo ideal es que en esta época post estallido social no dificulten la información a sectores que no estamos en condiciones de pagar. Gracias.

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