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Domingo, 18 de abril de 2021
Adelanto de libro: segunda parte y final

¿Quiénes financiaron las matanzas de selk’nam en la Tierra del Fuego?

Ernesto Carmona Ulloa

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Selk'man que repartieron gratis en Punta Arenas
Selk'man que repartieron gratis en Punta Arenas

En este sexto extracto del libro “Islas-cárcel, castigo a la transgresión política”, Ediciones Mapocho Press, 2020, el autor se refiere a los auspiciadores de las matanzas para eliminar las poblaciones aborígenes de la Patagonia y despejar las tierras para dedicarlas a la crianza de ovejas y construir sus imperios económicos. El libro se puede adquirir en [email protected]

El rumano Julius Popper mostró sus fotos junto a cadáveres y trofeos indígenas en una conferencia en el Instituto Geográfico Argentino el 5 de marzo de 1887 y ese mismo año le obsequió un álbum al presidente de Argentina, Miguel Juárez Celman (1886-1890). “Poco a poco logramos colocarnos del lado del viento, lo que obligó a los indios a retirarse, pues la flecha no puede causar daño lanzándola contra el viento. Dos indios quedaron esta vez muertos sobre el terreno, dijo en su disertación, de acuerdo a Boleslao Lewin, autor de Popper, un conquistador patagónico”.

Con estas disertaciones atraía inversionistas para que su Compañía Anónima Lavaderos de Oro del Sur pudiera seguir buscando oro en Tierra del Fuego. Alfredo Magrassi dice en Los aborígenes de la Argentina que Popper llegó a acuñar moneda propia y a hacer circular una estampilla privada por el correo oficial junto a sus soldados-peones yugoslavos y austriacos que hasta recibieron sueldos como policías argentinos. Las monedas de oro eran de 1 y 5 gramos.

Popper tenía una doble vida como “explorador científico”, audaz emprendedor en Buenos Aires, y exterminador de indígenas en Tierra del Fuego. Boleslao Lewin descubrió y publicó discursos del rumano que muestran el doble estándar de su personalidad esquizofrénica: “¿Acaso no es deber de los gobiernos inculcar en los aborígenes las nociones de propiedad antes de permitir la introducción de la oveja en sus regiones? ¿Acaso no es deber de los gobernantes antes de ocupar sus campos, antes de quitarles el guanaco, único cuadrúpedo que les proporciona vestido y alimento?”, decía. 

Popper murió repentinamente en un hotel de Buenos Aires a los 36 años. Las vastas concesiones que consiguió del gobierno argentino pasaron muy pronto a manos del asturiano José Menéndez Menéndez.

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Julius Popper
Julius Popper

• Otro de los exterminadores fue Alexander Allan Cameron (1868-1950), emigrante neozelandés, administrador de la estancia Caleta Josefina desde 1894, la primera de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego (SETF), y estanciero mediante ocupación de tierras fiscales. Está “inmortalizado” en la Villa Cameron, comuna de Timauke, provincia Tierra del Fuego, de 62 habitantes, aledaña al Parque Nacional Alberto de Agostini y al Parque Nacional Yendegaia, Chile.

• También Samuel Hyslop, inglés. Según El Jimmy, Bandido de la Patagonia, publicado por Herbert Childs en 1936: “De sus comienzos en la Tierra del Fuego de 1892 recordaba James Radbourne también fueron años brutales y había una ruda compañía para un joven de dieciocho años. Jimmy conoció al notorio Sam Hyslop y al muy cruel McDonald, famosos cazadores de indios […] Sam Hyslop era de origen inglés y vino de las islas Malvinas a Tierra del Fuego. Era notorio como un buen gaucho en el estilo de las Malvinas, muy experto con el lazo y un buen jinete […] Hyslop buscaba oro por su cuenta y amansaba caballos y cazaba indios para el administrador [Montgomery Wales, de The Tierra del Fuego Sheep Farming Company].

• Duncan McDonald, escocés, era más cruel que Hyslop, escribió Herbert Childs: “Frecuentemente dirigía una cuadrilla de casos duros enviada por la estancia tras los indios. Por ‘casos duros’ se refiere a hombres rudos. Como sus incursiones se producían usualmente en noches cercanas al primer cuarto de luna, estas cuadrillas llegaban siempre a la estancia en esas fechas. Les daban víveres suficientes para quince días y esperaban que matasen tantos indios como pudieran, trayendo a la vuelta los arcos y flechas de los muertos […] Estos arcos y flechas así capturados eran vendidos como recuerdos en los barcos que pasaban por el Estrecho […] Jimmy, a veces, era mandado con una partida de cazadores”.

“Esas cuadrillas estaban compuestas por esos brutales blancos (mayormente ingleses, decía, para su vergüenza) algunos de quienes practicaban crueldades casi inimaginables con los nativos […] McDonald en esas incursiones, siempre montaba un caballo blanco y los indios lo temían como ‘el hombre en el caballo blanco’. Le tenían más temor que a cualquier de los otros ya que era el más cruel del lote. No gastaba balas en los viejos ni en las mujeres que eran dejadas atrás sin defensa por los otros indios, pero saltaba de su caballo y acuchillaba a todos los que podía atrapar, viejos o jóvenes, hombres o mujeres, excepto cuando encontraba alguna joven squaw [mujer indígena] que quisiera para sí, la poseía y después la degollaba, a menos que quisiera dejarla por un par de días en el campamento, pero cuando se cansaba de ella también le cortaba el cuello. Ningún indio, sin consideración de edad o sexo, escapaba vivo si estaban los jefes […]”.

“A menudo, si una cuadrilla sin un jefe de ese tipo encontraba chinas (como se les decía a las squaws) cuyos hombres estuvieran ausentes, tomaban una para cada uno y acampaban en algún lugar agradable, pasando el tiempo que se suponía estuvieran cazando y matando. Si no había suficientes squaws para todos usaban de la mejor manera las disponibles”.

• Ramón Lista, argentino, oficial mayor del ejército del país vecino. En 1886 divisó con su destacamento una toldería selk’nam al acercarse a la Bahía de San Sebastián. Pese a que los indios no los enfrentaron, Lista ordenó atacarlos, dando muerte a 27 selk’nam, entre hombres, mujeres y niños. Luego encontraron a un joven sobreviviente escondido en las cercanías, a quien mataron con 28 disparos.

• Otros exterminadores: John McRae (escocés), Moritz Braun (judío centroeuropeo), Rudolf Stubenrauch (alemán), Manuel Señoret Astaburuaga (chileno, gobernador de Punta Arenas), Montagne Errignton Wales (galés), Peter McClelland (inglés), José Pezzoli (italiano), James Robbins (inglés), William Blain (escocés).

Los dueños de las estancias y sus empleados o capataces “limpiaron” completamente la isla de sus ocupantes ancestrales para que millones de ovejas pastaran sin ser molestadas. En este genocidio colaboraron los gobernadores de la época y los sacerdotes salesianos, cuyas misiones fueron habilitadas para recibir al pueblo selk’nam deportado de sus tierras nativas “para salvarles la vida”.

Cuando los cazaban, los selk’nam se defendían. Combatieron a los blancos con sus arcos y flechas, pero no tuvieron ninguna oportunidad contra los rifles de repetición. Se desplazaban y huían a pie, perseguidos por sicarios a caballo.

Por añadidura, sus cazadores europeos y los curas les contagiaron enfermedades desconocidas por su sistema inmunológico. Los escuadrones de la muerte fueron dirigidos por europeos con experiencia criminal, aunque también participaron trabajadores chilotes, además de chilenos y argentinos. El sacerdote y etnólogo austriaco Martin Gusinde relató cómo los cazadores enviaban los cráneos de los indios asesinados al Museo Antropológico de Londres, que pagaba cuatro libras por cabeza. 

¿Quién fue Menéndez?

José Menéndez Menéndez (1846-1918), emprendedor español (asturiano) explotador de la Patagonia argentina y chilena, arribó a Buenos Aires en 1866. Se empleó como tenedor de libros en Corti Riva y Cía. y luego en Etchart y Cía., donde se familiarizó con el negocio marítimo, rubro que explotaría más tarde en la Patagonia.

En 1873, se casó en Buenos Aires con María Behety Chapital, hija de vascos-franceses, nacida en Montevideo en 1848. Tuvieron 9 hijos, entre ellos Josefina, que se casó con Moritz Braun, socio de José Menéndez, y María, quien se unió al empresario Francisco Campos Torreblanca.

En 1874 Menéndez extendió su empresa a Punta Arenas, que sería su residencia y base de negocios principal. En 1876, comenzó con el ganado ovino, con ejemplares transportados desde Islas Malvinas, bajo el paraguas de José Menéndez y Cía. y la Estancia San Gregorio, hoy sitio histórico.

En septiembre de 1892 compró un barco usado, el Amadeo, la primera de las naves de su propiedad y el primer vapor con matrícula de Punta Arenas. En su viaje inaugural cargó los ladrillos para construir la residencia familiar.

En 1893 Menéndez participó en la puesta en marcha de la misión salesiana de Nuestra Señora de la Candelaria, en Río Grande, Argentina. Su vapor trasladó los materiales para la construcción de los edificios. En 1896 fundó la estancia Primera Argentina, de 105.169 hectáreas que le compró a Juan Nepomuceno Fernández, hijo del fundador homónimo de la Sociedad Rural Argentina, que a su vez se quedó con esas tierras tras la repentina muerte de Julius Popper, el verdadero adjudicatario del estado argentino. Esa estancia, situada a 17 km al sudoeste de la ciudad de Río Grande, pasó a llamarse Estancia José Menéndez. Luego fundó una sucursal de su casa de comercio en Río Gallegos y más tarde en Santa Cruz.

En 1893 participó con un 15% en el grupo fundador de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego (SEFT), controlada por los ingleses de la corporación Williamson & Balfour, que montó un imperio ganadero en gran parte de la Patagonia. En Punta Arenas levantó muchas casas y edificios para su próspero crecimiento, entre ellos, un teatro. En 1897 inició un segundo emprendimiento ganadero. Tras el éxito de la estancia Primera Argentina fundó la Segunda Argentina, a 15 km de la ciudad de Río Grande, llamada luego Estancia María Behety. Allí, en 1935, se erigió el galpón de esquila considerado “el más grande del mundo”. En 1903, compró las tierras adyacentes a Bahía Gregorio sobre el estrecho de Magallanes. De este modo, fue dueño de 430.000 hectáreas en la isla Grande de Tierra del Fuego.

Y comenzó a realizar nuevos negocios. Entre otros, compró la mina Loreto a Agustín Ross. Fundó la grasería y manufacturera de carne envasada en la mega factoría sede de la Compañía Frigorífica de Tierra del Fuego S.A. Aumentó su flota marítima, promovió la construcción de rutas y carreteras, organizó instituciones bancarias y colonizó extensos territorios australes.

En 1907, debido a la crisis financiera, se asoció con Moritz Braun, judío centro-europeo cristianizado como Mauricio, hasta entonces su principal competidor y yerno, casado con Josefina Menéndez Behety. En 1910 se fundó la Sociedad Anónima Ganadera y Comercial Menéndez Behety, con sede en Punta Arenas. Y luego, la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia con Mauricio Braun y Juan Blanchard. Sus negocios abarcaron almacenes de ramos generales, establecimientos ganaderos y flota naviera.

En los años ‘60 se liquidó gran parte de los bienes de esta sociedad para dar impulso a la cadena de supermercados La Anónima con más de 100 sucursales en la Patagonia argentina y provincia de Buenos Aires. A fines del siglo 20, la propiedad accionaria pasó a los herederos de la familia Braun.

José Menéndez tuvo una polémica con monseñor Fagnano, el salesiano fundador de la misión San Rafael en isla Dawson, a la que acusó de ser un refugio y nido de ladrones por los robos de ovejas que hacían los indios de la misión. Allí señalaba: “Los pobladores solemos llevarles catecúmenos, pero nos cobran los misioneros una libra esterlina por cada uno y treinta centavos pagados por adelantados”.

La justicia intentó detener el genocidio con un sumario (1895-1904) instruido por el juez Waldo Seguel, que evidenció las cacerías perpetradas en Tierra del Fuego y capturas masivas de indígenas llevados a Punta Arenas para distribuirlos como esclavos entre los colonos.

Mauricio Braun reconoció haber financiado campañas de exterminio sólo con la intención de proteger sus inversiones. Era el jefe directo del sicario Alexander A. Cameron. 

El proceso judicial culpó a unos pocos empleados de estancias, liberados a pocos meses del juicio. No hubo sanciones a los autores intelectuales – los dueños y accionistas de las estancias Mauricio Braun, José Menéndez, Rodolfo Stubenrauch y Peter H. McClelland, entre otros–. Nunca fueron procesados representantes del Estado como el gobernador Manuel Señoret Astaburuaga y funcionarios como José Contardi, por su responsabilidad en los asesinatos masivos.

El libro “Vejámenes inferidos a los indígenas de Tierra del Fuego”, de Carlos Vega Delgado, evidencia que el juez Waldo Seguel encubrió a los ganaderos culpables del genocidio, dejando la constancia falsa de la imposibilidad de tomar declaración a los testigos selk’nam por no existir traductores, pese a que muchos sacerdotes salesianos y hermanas de María Auxiliadora habían aprendido la lengua nativa en las misiones, además que existían selk’nam hispano parlantes como Tenenésk, Covadonga Ona e incluso un diácono de la Iglesia Catedral.

Cameron y otros empleados de la estancia Caleta Josefina comparecieron en el juicio por haber detenido y deportado, para su ‘distribución’ en Punta Arenas, a 165 indígenas. Cameron fue declarado reo, sindicado por numerosos testigos como uno de los principales agentes directos del exterminio de los selk’nam. En 1904 el juicio se cerró sin culpables de múltiples crímenes acreditados. Cameron, así como Matías Matzen, Keneth McLeod, Gregorio Prado, Jacobo Nielsen y Ernesto Wales resultaron absueltos.

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Elías Braun Fucks, Sara Braun Hamburguer, José Menéndez y Mauricio Braun.
Elías Braun Fucks, Sara Braun Hamburguer, José Menéndez y Mauricio Braun.

El reparto de “indios” 

Agosto de 1895: En medio de escenas de lo más desgarradoras, sacando por la fuerza los hijos de los brazos de sus padres para hacer de ellos esclavos. Por los malos tratamientos recibidos, por el hambre y nostalgia y sobre todo por verse privados de sus criaturas sin saber noticias de ellos, todos los indios cayeron miserablemente enfermos y no pocos han muerto. La fotografía fue tomada ese día en el muelle de la ciudad por Siegfried Braun y publicada por primera vez por José Perich Slater en su libro Extinción indígena en la Patagonia. La “cacería de indios” fue ordenada por los grandes terratenientes dirigidos por Mauricio Braun.

El reparto de esclavos fue organizado por el gobernador Manuel Señoret Astaburuaga. Ambos tienen calles en su honor en Punta Arenas. Se trató de la operación de mayor envergadura contra los selk’nam: 165 personas fueron hechas prisioneras, la mayoría mujeres, niñas y niños, y un número indeterminado, que se resistió a sus captores, murió asesinado. El sumario judicial que investigó estos hechos terminó sobreseído por las presiones de los ricos estancieros sobre los jueces. Un siglo y cuarto después, los promotores de esta barbarie siguen siendo considerados “próceres” por la historia oficial magallánica.

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Cacería de selk'nam
Cacería de selk'nam

Moritz Braun, estanciero de origen ruso, compareció ante el juez de Punta Arenas el 13 de diciembre de 1895, acusado de asesinatos de nativos. Se presentó como gerente de la SETF y leyó “una solicitud de monseñor José Fagnano, superior de la misión salesiana”, dando a conocer que se aprobó que la Sociedad contribuyese con algo a ese fin y se acordó que por cada indio que la sociedad lleve en adelante a la Isla Dawson se daría a los reverendos padres una libra esterlina. Recordó que en el mes de julio último el mismo mayordomo (Alexander) Cameron recogió 165 indios de los alrededores de las haciendas y los llevó a ésta en donde los albergó en un galpón. Braun negó su participación y la de sus dependientes en hechos de sangre: “Nunca ha llegado a mi conocimiento que en Tierra del Fuego o en Punta Arenas se hayan cometido vejámenes contra los indios, sólo por un simple rumor ha llegado a mi conocimiento que algunos mineros en diversas ocasiones han muerto indios”. 

Salvador Roberts, empleado de Braun, al prestar declaración afirmó que escuchó a sus compañeros de trabajo “que Cameron gratifica con una libra esterlina o diez pesos si es indio o india respectivamente, que entregan a la estancia. Esos individuos, junto a Cameron, fueron quienes apresaron a los 165 nativos, armados de rifles y revólveres y para someterlos –según ellosme dijeron– tuvieron que dar muerte a cinco o seis de los jefes”.

Otro compareciente, José A. Concha, sostuvo que tuvo conocimiento por dos empleados que salieron en excursión al cabo Boquerón para matar indios recibiendo en pago diez pesos por cabeza de cada indio. Confirmó que los 165 nativos “fueron sitiados y rodeados” por orden de Cameron (…) y como hicieron resistencia, ultimaron a bala a uno de los indios.

También afirmó que en la estancia del alemán Rodolfo Stubenrauch salieron en diferentes ocasiones varios individuos a la caza de indios “(…) en Gente Grande supe también que habían salido individuos a matar indios (…) en Punta Anegada al lado de Gente Grande, salieron comisiones a la caza de indios pagándoles una libra esterlina por cada cabeza de indio que matasen. Estos datos los obtuve tanto en Tierra del Fuego, como aquí en Punta Arenas, por don Samuel Hyslop”.

Moritz Braun, negó conocer matanzas de nativos, salvo la protagonizada por mineros. Sin embargo, algunos de sus empleados aportaron testimonios de las masacres.

Memorias de Braun

El historiador chileno Alberto Harambour R. escribió: “Un oficial de la Armada de Chile recorrió el norte de Tierra del Fuego en 1878 y le entregó su informe al gobierno y a un comerciante-prestamista local, José Nogueira. Allí se señalaba que las tierras eran muy aptas para la ganadería ovina pero que existían dos problemas: ‘las condiciones climáticas adversas’ y ‘la presencia del ona’”. Así contaba Moritz Braun en sus memorias, escritas quién sabe cuándo, editadas quién sabe dónde, y publicadas en 1982, cuando ya se llamaba Mauricio y había muerto como católico, y ya no judío, cosa que hizo para contraer matrimonio con la heredera de José Menéndez. Los selk’nam u onas, recordaba según la edición de su hijo Armando, ‘tenían la flecha fácil’ y ‘nunca hicieron buenas migas con los exploradores, marineros y primeros estancieros blancos (…) Eran crueles, ladinos y ladrones. Imagínese el lector cómo recibirían al hombre blanco, a sus cosas y animales domésticos […] fáciles presas [...] Fue para ellos jauja robar y matar las ovejas, que llamaban guanaco blanco. Les cortaban los garrones, las degollaban. Entonces, ‘los guardianes contratados y los ovejeros –porque no existía policía alguna– tenían que defender sus caballos y a veces hasta la vida”.

Braun se consideraba afortunado: “Elegí a mis amigos los salesianos […y] me entrevisté una y otra vez con monseñor Fagnano […] y con él convinimos las bases de este arreglo: con nuestra contribución en dinero y materiales él realizaría la obras necesarias para instalar a las familias indígenas, de cuyo traslado nos ocuparíamos nosotros, porque “no había autoridad alguna a quien acudir”. Así, todos los elementos que tenía a mano fueron utilizados para atraer primero y reunir luego a los grupos onas y fletarlos a Isla Dawson”.

“Mi tesis […] era que no cabían en la isla la civilización con la barbarie. Si se quería evitar la represión armada contra el robo y la matanza de animales era indispensable eliminar al indio, pero por las buenas y la ocasión la pintaban calva con las misiones salesianas instaladas en lugares estratégicos: en Chile, la llamada San Rafael […] y en la Argentina, La Candelaria (…) Yo sólo –recordaba Braun– alcancé a trasladar a unos setecientos onas, todo ello con mi comprensivo amigo Fagnano y su benemérita orden. Con él arreglé una subvención compensatoria […de] una libra esterlina por indígena y por cabeza ya fuere hombre, mujer o niño. De este convenio surgió la divulgada especie de que la Explotadora abonaba una libra por cabeza de indio ona”.

Memorias de una vida colmada fue publicado en Buenos Aires en 1985. Es una auto edición comentada y editada por Armando Braun Menéndez, hijo de Mauricio Braun y nieto de José Menéndez, y a quien Mateo Martinic dedicó la biografía conjunta de Menéndez y Braun, pro hombres patagónicos (2001).

Zoos humanos

En Cautivos: fueguinos y patagones en zoológicos humanos, el historiador chileno Christian Báez Allende examinó otro aspecto del exterminio indígena: su exhibición como “salvajes fuera del tiempo” en zoológicos itinerantes, que estimularon la deshumanización para matar.

El niño selk’nam José Aldobrani tenía 13 años cuando fue secuestrado en Tierra del Fuego y llevado a la Exposición de París, en 1889. El nombre se lo pusieron en el viaje. Lo alimentaron sólo con carne cruda para exhibirlo como “caníbal”. Rescatado, regresó a Tierra del Fuego e internado en la misión salesiana de Isla Dawson aprendió a ingerir sopa. Poco a poco se acostumbró, no sin fatiga, hasta que logró comer cuánto comíamos nosotros, diría un misionero. En 1892 fue seleccionado junto a Silvestre Canales, de 17, y Marquitos, de 12 (ambos kawésqar o alacalufes), para exhibirlos en la Exposición Misionera Americana de Génova, en honor de Cristóbal Colón, para demostrar […] cuáles eran los frutos del descubrimiento de América, recogidos bajo la égida de la Sacrosanta Religión Católica, en medio de tierras salvajes.

Concluida la Exposición, fueron presentados a Su Santidad León XIII, quien les dijo: “Sed durante toda vuestra vida observantes de la ley divina y haced que vuestra Tierra, que se llama del Fuego, se transforme en verdadero fuego de amor a Dios, unidos siempre a la Iglesia de Jesucristo y a su Vicario, el Papa”. Y luego, a los misioneros: “Si el salvar a un alma sola da casi la certidumbre de la eterna salvación propia, qué no hará el Señor por vosotros que tantas almas salváis. Marquitos, dice un misionero, era dócil, respetuoso, obediente y muy piadoso. Muy pronto el Señor quiso llevárselo al Cielo para que gozara junto con los Ángeles. Y poco después, a Silvestre, un alma hermosa que el mundo era indigno de poseer por más tiempo. Y José, que a los 16 ya estaba maduro para el Cielo; era fruto sazonado”. Así los recordaba Mayorino Borgatello, misionero principal de la erradicación fueguina. En su libro Florecillas Silvestres transcribió el placer misionero en el gozo con que decenas de niños fueguinos salvaron sus almas muriendo viendo a Dios, la Virgen, a Bosco u otro santo.

Los zoológicos humanos constituyeron un lucrativo negocio a nivel mundial a fines del siglo 19 y comienzos del 20. Familias indígenas secuestradas en diversos rincones del planeta eran llevadas a las grandes ciudades para que las personas modernas y civilizadas se agolparan a mirarlas.

Ese espectáculo ofreció a los chilenos el intendente de Santiago, Benjamín Vicuña Mackenna, durante las Fiestas Patrias de 1873. En su libro Cautivos, el historiador chileno Christian Báez cuenta que en el antiguo Palacio de los Gobernadores (donde hoy está el edificio de Correos, en la Plaza de Armas) el intendente montó la Exposición del Coloniaje, uno de los primeros esfuerzos institucionalizados por recolectar, clasificar y exhibir objetos estimados como representativos de lo nacional. En la exposición, junto con obras de arte, muebles, tapicería y objetos religiosos, se exhibió a dos hombres y una mujer fueguinos que El Mercurio de Valparaíso presentó como “caníbales” capturados por el gobernador de Punta Arenas, Oscar Viel. 

La nota periodística afirmó que uno de los cautivos se había comido a “un contramaestre y tres marineros de una goleta que encalló y naufragó” y que, estando en Santiago, comenzó a sentirse mal y pidió un “niño crudo o asado”. En los días siguientes se informó que el hombre empeoró y que cuando las autoridades lo iban a llevar al hospital “sus compañeros se resistieron llorando a que los separasen de él”. Los otros dos cautivos también enfermaron gravemente.

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Comentarios

Comentarios

Gracias por su labor informativa. Yo pertenezco a una radio comunitaria www.radioaukan.cl Saludos!!

Me interesan sus reportajes, artículos y trabajos periodísticos o serio y veraz. Ahora leer este sobre seĺknam En otra oportunidad me subsidio robo aún cuando no es mucho 3 mil son malos tiempos económicos y la prioridad es la más básica de todas... gracias por permitirme leer y Prender

Cuanta crueldad, ensañamiento contra inocentes. Por manos de seres hambrientos de poder, estatus, riqueza. Aun que... No está tan lejos de el actual siglo...Solo que no de una manera no tan explícita. Excelente reportaje.

Interesante. Atroces y cobardes matanzas hasta el exterminio. TAl salvajes y cobardes como las perpetradas por los mapuches contra los ocupantes originales de las tierras que ahora reclaman como "ancestrales". No olvidar que lo de "pewenche, Lafkenche, tewelche, etc, etc, son los nombres que los mapuches les dieron a las etnias que estaban en buenas tierras de caza y cultivo (cazadores recolectores) y que corretearon a sangre y fuego. Fue una marea mapuche, varios siglos antes de los españoles. Avanzaron hasta el sur austral donde los tewelches les volaron la raja y no pudieron pasar.

Europeos : A S E S I N O S,.., siempre lo han sido, principalmente los británicos !

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