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Domingo, 26 de mayo de 2019
Archivo histórico

Reportaje al machismo-leninismo

Pamela Jiles

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Revista Análisis
Revista Análisis

En este 8 de marzo, INTERFERENCIA rescata este artículo publicado en la revista Análisis, en su edición número 207, del 28 de diciembre de 1987. "¿Cómo son los hombres progresistas cuando se bajan de la tribuna, no están discurseando, llegan a su casa, cierran la puerta y están en el mundo de lo privado?"

“Doña Javiera Carrera bailaba la refalosa…”. Y seguramente lo hacía muy bien. Pero actualmente pocos hombres harían una canción a una dama chilena por esa sola y simple gracia. En un mundo donde las mujeres son astronautas, físicos nucleares y jefes de estado, resultaría una desubicación destacar tan ornamental actividad dancística. Menos aún en los sectores progresistas de nuestro país…

…Allí los varones dicen aspirar a una sociedad más justa e igualitaria, en que todos –incluidas las mujeres– participen en las grandes decisiones. Estos hombres progresistas, conscientes, militantes, evolucionados, modernos, que dedican gran parte de su vida a luchar fervientemente contra la explotación, contra la relación opresor-oprimido, contra los prejuicios y la discriminación entre seres humanos; estos señores que plantean en su discurso público la necesidad de renovar los estilos de hacer política y de participación impuestos por la cultura; estos caballeros que se han propuesto cambiar el mundo y –para empezar– el país…, ¿cómo son cuando se bajan de la tribuna, cuando no están discurseando, cuando llegan a su casa, cierran la puerta y están en el mundo de lo privado? ¿Son machistas? ¿Cuál es su discurso y su práctica al respecto? ¿Es distinto en este plano un hombre de izquierda a uno de derecha en Chile? ¿Por qué hay una ausencia casi total de mujeres en la dirección de los partidos políticos progresistas?

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Revista Análisis
Revista Análisis

ANÁLISIS quiso saber qué pasa con el machismo en los hombres progresistas chilenos. Primero, nos encontramos con desconcierto y nerviosismo respecto al tema. Después, más en confianza, los propios entrevistados describieron su machismo como “relativo”, “un poquito”, “encubierto”, “inconsciente”, “culpable” o “en retirada”. Y aunque la mayoría detesta –por razones ideológicas y de autoimagen– la sola idea de ser machista, con frecuencia reconocieron “rasgos” del fenómeno en su propia conducta y la de sus congéneres, más lo privado que en lo público, y a menudo atribuyeron esta “inconsecuencia” al refuerzo machista por parte de las mujeres. Casi siempre opinaron que la mujer es una especie de “cómplice” de que se mantengan esquemas machistas en la relación de pareja y en el ámbito político.

El tema es bien complejo porque el machismo es a la vez una situación social objetiva y una vivencia subjetiva. El dominio y privilegio del hombre sobre la mujer, especialmente en Latinoamérica, es un hecho evidente y socioculturalmente condicionado. Pero hay otro aspecto del machismo que es vivir la superioridad del hombre respecto de la mujer como si fuera algo natural y legítimo, sin criticar esta situación, asignándole a la mujer el rol de esposa y madre y al hombre el de productor de ideología y actor social y proveedor.

Casi siempre los hombres progresistas de nuestro medio se plantean críticos al machismo como producto de un sistema reaccionario al servicio de los poderosos y como triste herencia del patriarcado ancestral. Pero, ¿cómo lo viven subjetivamente? ¿Cómo se ven a sí mismos como machos? ¿Cómo incorporan esta crítica teórica al plano de su vida cotidiana y a sus formas de hacer política? ¿Qué sienten los hombres cuando su mujer se destaca en el plano político? ¿Confiarían tranquilamente la conducción máxima de la sociedad a una mujer? ¿Qué les pasa frente a las mujeres más autónomas e independientes? ¿Les da terror, las buscan, las estimulan? ¿Están dispuestos a tener una pareja que llegue tarde, que tenga sus propias actividades y amistades, que no les consulte sus decisiones personales? ¿Pueden resistir que su mujer pueda tener una aventura con otro hombre? ¿Están dispuestos a aceptar la libertad de la mujer para hacer todo lo que ellos consideran que pueden hacer? ¿Saben hacer un huevo frito? ¿Están realmente dispuestos a compartir las tareas, los deberes y los derechos? ¿Trabajan de verdad por construir relaciones más igualitarias y fraternas con las mujeres en todos los planos de la vida?

Buscamos algunas respuestas o algunas claves en entrevistas a parejas (por separado, para que no hubiera trampas), a hombres progresistas y a mujeres que han reflexionado largamente sobre esto. Sin pretensiones de juzgar a nadie ni menos de cerrar el tema, ANÁLISIS intentó saber un poco más del “machismo-leninismo”. Esto fue lo que pasó.

José Hidalgo, dirigente poblacional: “UNO PUEDE ANDAR MOSQUEANDO, LA MUJER DEBE SER FIEL”.

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José Hidalgo
José Hidalgo

“Los pobladores son machistas, es cierto, pero las mujeres ayudan harto. Y se puede trasladar esa realidad de la población a la realidad nacional: en este país el machismo tiene expresión estructural. Las dirigencias políticas de los sectores democráticos están cruzados por este problema, por lo tanto. Y no se trata tan sólo de que la mujer no esté físicamente en las instancias de decisión, sino que es más profundo”, dice José Hidalgo, dirigente del Comando Unido de Pobladores, 30 años, casado, una hija.

“En estos, las mujeres han parado las ollas en las poblaciones, y en el país han levantado grandes movilizaciones. Así que las dirigencias políticas han tenido que ir sensibilizándose con la temática de la mujer, como sector más postergado que otro. A lo mejor se sigue practicando el machismo igual pero algo empieza a cambiar en la sensibilidad respecto al tema”.

“Yo no me escapo al machismo reinante, pero hace diez años no discutía siquiera este tema y ahora sí. Eso me permite pensar que soy menos machista…eso lo hacen los ‘machistas-leninistas’ no más. Y ese juego de palabras expresa el machismo que debería ser contrario a valores más democráticos pero que se practica también ahí, en la Izquierda”.

“A mí me cuesta aceptar roles distintos, entender que no necesariamente la mujer es la que tiene que hacer la comida y lavar la guagua. Yo vivo eso de que el hombre es quien puede andar mosqueando por todos lados, pero la mujer tiene que ser fiel con uno. Esa es una de las cosas que está más socializada entre los ‘machistas-leninistas’. Pero yo hago el esfuerzo de cambiar. Lo hace porque entiende que la “responsabilidad de que las mujeres hayan tirado menos pa’ la Izquierda que los hombres, es mucho de nosotros, de los hombres de Izquierda, al no haberlas incorporado de igual a igual. Muchas veces hemos rechazado el tema feminista porque hemos entendido las banderas de liberación de las mujeres más en contra nuestra que de esta sociedad. Y eso es algo que hay que corregir”.

Crítica al machismo de izquierda

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Luis Maira, Marcela Serrano
Luis Maira, Marcela Serrano

ÉL: Luis Maira, 47 años, coordinador nacional de la Izquierda Cristiana, dirigente de la Izquierda Unida, un matrimonio y una segunda relación de pareja, tres hijas.

“Yo te puedo decir que era mucho más machista antes que ahora. Creo que hay una escala de machismo, con grados más intensos o más tenues. Y las personas que hemos hecho una opción por una sociedad más igualitaria debemos ir desarrollando una práctica que nos aleje progresivamente de los valores machistas”, opina Luis Maira. Está convencido de que quien aspira a la igualdad entre los seres humanos “vive un proceso de ruptura y abandono parcial, relativo, gradual de las concepciones y las prácticas de ese tipo” pero piensa que el machismo “es un dato de la sociedad latinoamericana” y que todos de algún modo “estamos imbuidos y traspasados de machismo”.

“En relación a los quehaceres domésticos –dice– yo en mi casa jamás tomé una cuchara, no me dejaban entrar a la cocina. Esto se proyectó cuando me casé, aunque aprendí a hacer algunas ‘gracias’ como traguitos, asados o las compras”. Esta fue su experiencia hasta el Golpe. Después pasó ocho meses asilado y allí aprendió a hacer aseo, a ordenar, a limpiar y a cocinar. “Inicié penosamente mi tarea como pinche de cocina y la terminé honrosamente como jefe de turno, cocinando para unas ciento cincuenta personas y perfeccionando un método de baño maría para mantener más o menos al dente unos diez kilos de tallarines”. Esa experiencia le abrió un nuevo horizonte y la convirtió en teoría que práctica hasta hoy: “Me aproximó a la concepción china de que el trabajo manual y el intelectual deben entrecruzarse permanentemente”.

Luis Maira valora mucho su experiencia de autonomía y la ha desarrollado en su vida de pareja con Marcela Serrano. Pero en política reconoce que “en la Izquierda no hemos sido capaces hasta ahora de elaborar una propuesta que dé cuenta de nuestra disposición de ofrecer a la mujer una mayor igualdad en la sociedad”. En Chile, las fuerzas de Izquierda debemos criticar nuestra incapacidad para integrar y transmitir un mensaje atractivo para las mujeres. Y eso plantea un desafío importante”. Sobre todo porque estima que “la energía de la mujer es vital en la sociedad y debemos aprender a movilizar esa energía”.

“Las corrientes ligadas al marxismo han tenido muy poca preocupación por asumir los contenidos de la vida cotidiana. Y han aparecido otras corrientes que de un modo pragmático y no poco oportunista intentan apropiarse de estas esferas, como por ejemplo del tema femenino”, dice. Considera que “la Izquierda está necesitada de asumir y expresar todos los ingredientes de la vida cotidiana, de no limitar el comportamiento del militante ejemplar a estar dispuesto a dar la vida en la trinchera, sino también impulsarlo a asumir vlaores y conductas de una cultura alternativa. No puede ser que no forme parte del quehacer admitido en la vida de un militante o un dirigente, justamente aquellos desarrollos de cada día, que te vinculan al resto de la gente. No puede ser que sean asumidos como ítems más o menos frívolos los gustos, las pasiones, los hábitos, que bailemos salsa o cumbia, que nos guste el Colo-Colo, que queremos salir con la señora a un restorán, y que sólo se valoren las conductas heroicas, de martirio”.

ELLA: Marcela Serrano, 36 años, diseñadora gráfica, tres “emparejamientos”, dos hijas.

“Estos hombres militantes progresistas son profundamente machistas en lo político...Todos, no se salva ninguno. Y yo conozco bastante el arco”, dice Marcela Serrano.

“Si tú miras las comisiones políticas de estos gallos, sus ‘aproches’ son todos súper machistas. Sacan a la mujer en sus discursos en la lista después de los pobladores, a los estudiantes, etc.., ¿te fijas? La problemática de la mujer no es para nada una bandera de ellos en lo profundo, y no es ni de la Izquierda, ni del centro, ni de la derecha de este país. En general, las parejas de la gente de Izquierda no son ningún ejemplo, caen en el esquema tradicional, mecánicamente cada uno va ocupando el rol que la sociedad le tiene asignado”. Añade que “la pelea de estos catorce años de dictadura ha sido tan primitiva para los hombres, como queremos la pura democracia, y no hemos tenido lugar para peleas nuevas. Cuando están peleando por cosas tan primarias como la democracia, no hay espacio interno para volarse buscando contenidos más amplios para una sociedad distinta y mejor”. Sin embargo piensa que “el discurso feminista ha ido permeabilizando la sociedad, ellos ya no pueden dejar de hablar de la mujer sobre una tribuna...Pero la política sigue siendo un mundo de hombres, sigue siendo igualmente machista que a principios de siglo. Los hombres tienen una relación con el poder muy distinta a nosotras, más objetiva y distante, la pueden separar mejor de su vida personal. Y las mujeres que logran estar metidas en ese mundo tienen que aprender a funcionar con cabezas de hombre”.

“Nosotras –las mujeres del ámbito progresista– estamos atrozmente solas, no tenemos hombres que nos acompañen en este tema, estamos en una pelea que los hombres no entienden, no están capacitados para seguirnos. No es casual que en cada fiesta o reunión social en este medio haya decenas de mujeres solas. Yo tengo como dos amigas que han seguido casadas, no más. Y también  veo que muchas veces las mujeres la pelean menos en este tema de lo que podrían hacerlo frente a un hombre concreto. Como para no espantarlo. Eso me da rabia. Son muy pocas las que mantienen una consecuencia cotidiana del feminismo frente a la pareja, porque la fuerza de la vida real es abrumadora”.

Ella ha dado su pelea. A costa de todo: “Durante mucho tiempo pensé: ¿dónde encuentro un hombre en Chile con el que pueda vivir como me gustaría?”. Hasta que lo encontró en Luis Maira, que se hacía la misma pregunta por su lado.

“Para mí este cuento es tan vital que no me podría haber enamorado del Maire si él fuera machista”, dice. Y cuenta que viven en casa contiguas pero separadas: “En el cuento más consignero de este tema, que es todo el asunto doméstico, Maira es intachable. Vive solo, en el sentido de que hace todas sus cosas, yo nunca le he lavado un calcetín, ni un plato tampoco, y él hace todas estas labores mucho mejor que yo. De hecho, es uno de los pocos hombres separados que conozco que no cayó rápidamente en la segunda relación por la desesperación de vivir solo. Para él, vivir solo es algo rico”.

“Yo creo que la mirada de los hombres progresistas sobre sus mujeres, sobre el lugar de ellas en la sociedad, sobre los pasados de ellas, sobre las vidas sexuales de sus compañeras, son en general pacatas y retrógradas. Con Maira nos encontramos ya con todo esto bien masticado. El siente que yo tengo el mismo exacto derecho que él a todo lo que es la vida, desde mi pasado, pasando por la vida sexual, hasta el desarrollo intelectual y político. Es capaz de armar todo eso en mí. Su mirada hacia mí tiene cero de machista”. Sin embargo, cree que “Maira tiene superado el machismo en lo ideológico pero no en la práctica política, y hay datos objetivos: en la Comisión Política de la Izquierda Cristiana, que él dirige, no hay ni una sola mujer. Creo que Maira es uno de más de los políticos chilenos que tienen el discurso muy en el mate (en lo público) pero que hacen la política en forma tradicional. Y en eso no hay ninguno que se salve, ni uno solo”.

María Antonieta Saa, feminista: “Para ellos somos invisibles”.

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María Antonieta Saa
María Antonieta Saa

“Para mí Pinochet el es machista por excelencia,  el trata a la sociedad como un machista trata a la mujer, él tiene la razón y la claridad, él no necesita consultar sus opiniones con la sociedad, nos trata a todos como incapaces y que nos está protegiendo de unos supuestos males. Su autoritarismos, el uso de la fuerza, el poder como dominación de los demás, son esencias del machismo”, afirma María Antonieta Saa, feminista, militante del Partido Socialista Núñez, miembro de la dirección del Partido Por la Democracia. Ella tiene 44 años, es soltera y no tiene hijos: “Pero he tenido amores importantes”. Comenta risueña.

“Los hombres progresistas en este país son especialmente machistas -dice. Todavía nos consideran a las mujeres en un plano muy tradicional, con algunos matices de modernidad por cierto, porque son progresistas, pero nos ven como esposas o compañeras, en el plano erótico o como paños de lágrimas. Como entre ellos no se comunican ni efectiva ni emocionalmente, nosotras somos escuchadoras de cuentos y penas, pero no nos ven como interlocutoras válidas en lo político.  Ahí somos todavía algo invisible. No he visto aún a ningún partido político progresista que haya hecho un análisis serio de lo significa la condición de la mujer en este país y de que las causas de que las mujeres apoyen en su mayoría a sectores más conservadores”.

Añade: “La incipiente preocupación que hay hoy día ha sido gracias a que nosotras mismas hemos ido transformando en sujetos sociales imposibles de ignorar”.

El dictador ha “feminizado” la sociedad. Y nos hemos hecho más sensibles al tema, a la vez que las mujeres nos hemos constituido en una fuerza”.

“Entre los progresistas hay pocos hombres que les digan a sus mujer “callese mijita”. Pero las formas de descalificación son más sutiles: en las reuniones políticas la atención baja cuando habla una mujer, nuestras opiniones tienen menos validez que las de un hombre. Muchas veces, en reuniones sociales, cuando una mujer habla a su pareja se pone intranquilo, nervioso, casi como las mamas cuando el niñito es mal educado”.

“Las mujeres que llegan a las comisiones políticas de los partidos progresistas, o es por ser mujer, como el negrito de Harvard, para tener una mujer ahí sentada, o llegan porque son tremendamente capaces, y muchas veces tienen que adoptar modos de ser masculinos para estar ahí”. Pero cree que rara vez somos reconocidas y respetadas en la política como diversas.”

Reconoce que “En una cultura patriarcal, en que todo está empapado de machismo, las mujeres también producimos eso. En política muchas veces nos gusta ser invisibles, nos cuesta dar nuestras opiniones. En lo personal, buscamos maneras  de burlar el poder del hombre a través de la manipulación o la coquetería, por ejemplo. Tomamos las pequeñas decisiones las referidas al aseo y ornato, por lo que muchas veces se dice que son las mujeres las que mandan en la casa”.

Tiene esperanzas, pero repara en que “es muy difícil que los hombres reconozcan su machismo, que lo vean, porque es igual que en cualquier relación opresor-oprimido: si tu le preguntas a un empresario, siempre te va a decir que trata regio a sus obreros. Y entre el hombre y la mujer es mucho más complicado, porque junto con la relación de poder tenemos vinculos de profundo afecto y simpatía”.    

Jesus Eugenio, ex preso político: “ellas nunca invitan a la cama”.

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Jesús Eugenio
Jesús Eugenio

“Si yo soy comunista y machista… y la relación no es casual”, dice Jesús Eugenio, 34 años, separado y actualmente con una nueva relación de pareja. Fue preso político y ahora cumple una pena de prisión nocturna. “Yo creo que dentro del Partido y de los partidos de izquierda el rol de la mujer ha sido difícil, complicado. Y es bien especial y complejo este punto porque históricamente el Partido Comunista, por ejemplo, ha levantado organizaciones de mujeres, se ha preocupado de la participación de las mujeres en la política. Pero muchas veces en la vida más privada hay contradicciones y competencias difíciles de asumir.

“Muchas veces se entiende a las organizaciones de mujeres como “de apoyo”, tanto así que los presos políticos hablábamos de nuestra agrupación de familiares -compuesta mayoritariamente por mujeres- como “nuestra mejor herramienta”, “nuestro mejor instrumento”... ¿te das cuenta?”.  En este mismo sentido, Jesús Eugenio recuerda lo que pasó con las mujeres militantes de izquierda después del Golpe: “ La mayoría estaba super desinformada, no tenía idea de lo que hacía o en que estaba metido el compañero, porque muchas veces no eran ni siquiera militantes. Las teníamos en la casa no más. y muchas mujeres tuvieron que meterse a buscar al marido, a actuar políticamente, a estudiar sobre la marcha. Las viejas de las agrupaciones tuvieron que sacarse la cresta para aprender, en pocos meses, lo que no sabían de toda la vida porque habían estado excluidas por sus propios compañeros. De cero, pasaron a ser dirigentes”.

Jesús Eugenio describe así su machismo: “Mi vieja era de las que dicen que los hombres pueden entrar a la cocina, había que ser “maricón” pa meterse a esas cosas. De ahí viene mi machismo, reforzado por tod la cosa social. Yo manejaba el prejuicio de que todas la mujeres son tontas, eso que uno aprende desde el colegio que es poner a prueba permanente a la “mina” que se sentaba en el banco de al lado, porque tenía que ser mas “guevona” que uno y había que sacárselo en cara, tirarle preguntas sobre la composición química de la atmósfera y otros carriles para ponerle la pata encima… Y ahora que soy grandecito tambien me cacho en actitudes machistas. Todo eso de ser caballeroso, encenderle el cigarrillo a las comadres, darles el asiento o ayudarlas a bajarse de la micro… pero como con su qué de verlas débiles y tener que protegerlas”.

Cayó preso siendo machista redomado: “Y en la cárcel me vi en la obligación de  aprender bastante con bastante dificultad a hacer un huevo frito, a ordenar, a limpiar… Pero, más importante que eso, aprendí también a ver el rol de la mujer desde otro punto de vista, aprendí a ver más a la compañera que a la mina que te resuelve los problemas domésticos. Yeso me hizo madurar. Yo antes veía a la comadre de uno un par de pasos más atrás y empecé a cachar a la mujer como compañera, al lado de uno. “Al momento de caer en cana comunmente los compadres habian tenido mas de una “sucursal” aparte de su compañera, y no no espera que le paguen con la misma moneda. Pero muchas veces sucedía que te ponían el gorro… Ahí se remece todo.

El piensa que le falta pero que ha avanzado harto. Y eso le permite hacer exigencias a la contraparte. Y tambien criticas: “Muchas mujeres levantan el machismo sin darse ni cuenta, en su forma de vida. Mi compañera se define como una mujer que está en la onda feminista… Pero, por ejemplo, pero yo nunca he escuchado que sea ella la que me invite a la cama, la que toma la iniciativa en este plano… Ahí no hay igualdad. Siempre tiene  que ser uno el macho”.

¿Qué pasa cuando ella es dirigente?

ÉL: Mario Vidal, 60 años, psiquiatra, director del area de psicologia social del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz.

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Mario Vidal
Mario Vidal

ELLA: Fanny Pollarolo, 52 años, psiquiatra, dirigente de la Izquierda Unida.

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Fanny Pollarolo
Fanny Pollarolo

Están casados hace 34 años y tienen tres hijos.

Mario Vidal hace una diferencia entre machismo: abierto y encubierto. Y considera que en los hombres progresistas se da a veces el “machismo encubierto”. Dice que “este sector progresista de hombres tiene una pretensión de no caer en el machismo; hay ahí una crítica al machismo, pero tengo la impresión de que en muchos casos queda nada más que en el discurso., no llega realmente a la práctica”

“El machismo encubierto no es explícito -dice-, es una conducta que desarrolla una serie de formas de inhibir la relación igualitaria, no con prohibiciones dichas sino más bien a la disimulada. aquí el discurso puede ser que la mujer si tiene iguales derechos que el hombre, que es bueno para ella que se desarrolle. Pero en la práctica se busca que la mujer permanezca en ciertos roles que la limitan buscando razones aparentes para justificar eso. Por ejemplo dignificando únicamente el rol de la mujer referido a los hijos, la casa, la familia, como una maniobra para copiarla e impedir que asuma otros roles. Aquí caben todas las conductas de chantaje y de sabotaje: “no me das todos el tiempo que necesito”, “los niños necesitan más de ti”, “ si vas a la reunión política no podrás ir a recibir la libreta de notas”. Y ojo, aquí el hombre de verdad no tiene la conciencia de lo que encubre su actitud”.

Considera que “en un principio hay una buena disposición de los partidos de avanzada, de izquierda, a que se incluyan las reivindicaciones de la mujer, a que la mujer participe más en la actividad política, que ellas planteen, propongan y realicen en el plano político. No creo que a nivel de la ideología estos partidos políticos sean machistas”. En este punto estima que “con frecuencias las propias mujeres estimulan el machismo. Es común que ellas no quieran que el marido se meta en la cocina, lave los platos o la barra, la vereda… también con racionalizaciones como ellos lo hacen mal, son desordenados. Pero en el fondo asumen que es el campo propio de la mujer. Y no se les ocurre que su hombre no se meta en política, por ejemplo”. Añade que “las mujeres suelen tener una actitud más pasiva en la política: prefieren quedarse calladas o cederle la palabra a un hombre y muchas veces se sienten inseguras respecto de su desarrollo político”.

En su vida personal, de pareja, Mario Vidal no se considera machista: “Y me molestaria mucho sorprenderme en conductas machistas, aunque no descarto que pudiera tenerlas, porque nadie se conoce totalmente”. Cree que ha superado formas de machismo encubierto que había al comienzo de su relación con fanny.

“Cuando conocí a Fanny no parecía tan claro que ella iba a ser dirigente político. Estaba recién en segundo de medicina y no era dirigente de nada, aunque era de izquierda, sin mayor base teórica, más bien afectivamente de izquierda. Y siento que yo algo aporté para que ella se desarrollara políticamente. Ella siempre se indignó frente a la injusticia social, frente a la pobreza, pero era un rasgo más bien emocional… Yo creo que en nuestra relación se fue dando su maduración política”.

-Y ahora ¿no te sientas cuestionado como macho frente a esta mujer tan destacada?

-Yo creo haber superado muchas de mis posiciones machistas, así que tendría que decir que no, pero la realidad es que vivimos en una sociedad machista y a uno le llega permanentemente el mensaje de que Fanny era un amujer muy destacada e independiente. A veces me llega el mensaje sociale en forma encubierta, no falta el que me pregunta si a mi no me molesta que Fanny participe en política y sea líder, como si yo tuviera que darle permiso. yo quisiera pensar que no me molesta. Lo que me molesta más bien es ese tipo de preguntas. Porque esta es justamente la relación que hemos buscado: que cada uno pueda desarrollarse lo que más pueda en lo que más le gusta.

“Tener una relación de pareja menos machista es difícil y gratificante a la vez. que la relación sea igualitaria en cuanto a oportunidades de desarrollo es algo que cuesta, y seguramente nunca es completamente igualitaria… Pero yo creo que hay que planteárselo así como proyecto y ayudarse mutuamente a que la pareja crezca y se desarrolle hasta donde pueda, si uno quiere ser más consecuente y más sano.

***

“No sé cómo serán los hombres militantes en su vida privada, me imagino que no deben estar exentos de cuotas de machismo. Pero mi experiencia personal en el trabajo político no ha sido para nada trabada por hombres. Yo sinceramente no he sentido machismo en mi partido ni en el ámbito de la Izquierda Unida. Tengo que ser bien sincera y decirte que me he sentido formando parte de un equipo, tratada como soy, como persona y más bien estimulada a asumir mayores responsabilidades, frente a lo que yo misma siento que voy a tener que esforzarme y exigirme más. Tampoco he visto a hombres que sean más condescendientes conmigo por ser mujer”. Quien habla así es Fanny Pollarolo, destacada dirigente política que contó muy honestamente su propia experiencia, como mujer que participa activamente en papeles de conducción política nacional.  

“Es verdad que no se ven muchas  mujeres en papeles de dirección política. Ese es un problema complejo… Yo creo que a los hombres les da miedo ver a las mujeres en roles tradicionalmente han estado reservado a ellos. Una mujer mandando los desconcierta, sin duda. Pero este es un proceso en evolución. Y yo creo que las mujeres tampoco hemos superado nuestros propios miedos a abordar algunas áreas de responsabilidad, yo creo que nos dan susto las máximas direcciones. Todavía no nos metemos a fondo en los problemas más teóricos de la política, todavía nos asusta eso de tener responsabilidades nacionales, no sentimos como propio aun este famoso tema del poder y las grandes decisiones”. Añade que “es evidente en todo esto incide que no podemos separar nuestra tarea política de los roles familiares. Y ahí hay trabas importantes para nuestra participación activa. ¿Cómo podríamos combinar es el esfuerzo familiar, las trabas que impone el machismo, con ser Secretarias Generales de un partido, por ejemplo? Parece difícil, pero no imposible”. Fanny estima que  “es un esfuerzo extra que tenemos que hacer las mujeres, y tenemos un handicap de varios siglos, además de rechazo a ciertos estilos de hacer política desligados de lo concreto, lo vital, lo emocional”. Pero ella cree que vale la pena intentarlo y que en eso tiene mucho que ver la pareja, el compañero.

“Yo soy mucho más feliz después de treinta y tantos años de vida matrimonial porque con Mario hemos vivido juntos ese complejo hacia una vida de pareja más plena basada en la mayor libertad y desarrollo personal. Y el resultado es que uno va gozando más la vida en común, se vuelve más alegre, más cariñosa, dan ganas de estar juntos, de ser compañeros de verdad. Se pasa mejor”, dice. Pero este es un logro que le ha costado, a ella y a Mario.

-¿Qué sucede en el ámbito de pareja cuando el marido de una dirigente conocido por eso, en este caso como marido de Fanny Pollarolo?

- Ha sido un proceso con momentos duros, difíciles, doloroso. En algunos momentos creo que pudo ser una lata para Mario. Formó parte de nuestras discusiones y de momentos de crisis. A mi me daba rabia que pudiera trabar mi actividad por cuestiones tan tontas, por pseudovalores, como que pudiera significar algo ser más conocida o aparecer más en revistas que el compañero.  Creo que esa es una gran mentira de nuestra cultura en que está metido el fetichismo de aparecer y figurar… Yo creo que Mario me exigió y hasta me obligó a escucharlo y entender que es bien fácil teorizar desde el punto de vista feminista, pero resulta que hay que separar la tesis de que esto es un proceso cultural de la vivencia concreta: los hombres están sintiendo el cambio y les cuesta. En todos estos cambios de roles hay miedos muy profundos en los hombres, miedos muy cuestionadores de la virilidad, y que en el plano de la pareja deben enfrentarse de a dos”.

Fanny piensa que en este tipo de problemas “es clave la actitud del hombre, su capacidad de reconocer y acoger sus sentimientos machistas y no decir, por ejemplo, que está molesto porque uno llegó tarde si en realidad le da rabia, que siente desafecto o falta de interés en la relación por parte de uno, o le duele sentir que es más conocido por ser “el marido de” que por sus propias acciones o valores. Eso ayuda a superar la confusión, a entender lo que está pasando y ver que son procesos culturales, remezones culturales, frente a los que hay que aprender a ser compañeros de verdad”.

Sacerdote J.A. Peretiatkowicz: “Cristo no es machista”

“Si nos fijamos en el Chile de hoy, en que se habla tanto de un futuro candidato a la Presidencia de la República, uno no escucha mencionar a ninguna mujer. Y ¿habrá alguna posible? ¿Por qué tiene que ser entre puros hombres, siempre la misma camarilla?”, dice el sacerdote Juan Andrés Peretiatkowicz, 51 años, 24 de sacerdocio, en los que ha trabajado mucho con jóvenes y con matrimonios cristianos.

El mismo se considera “inconscientemente machista”: “Voy a ser bien directo: yo creo que la iglesia es muy machista, por tradición. Ahí tienes el problema que se plantea siempre de por qué las mujeres no pueden ser sacerdotes, o de por qué en la Iglesia mandan los hombres. El Papa, los Obispos, los señores Cardenales, son todos hombres y ellos gobiernan la Iglesia. La Iglesia en su constitución tiende al machismo y yo, como hombre de Iglesia, me siento marcado en ese sentido.

Piensa que “hay ciertas cosas machistas que hay que superar y muchas que ya se han ido superando”, pero confiesa: “no soy muy partidario de las luchas feministas.Yo creo que no hace falta pelear lugares que tienen otros”. Explica: “Cuando me preguntan por qué las mujeres no son sacerdotes, yo digo: “que alegan ustedes, las mujeres, si ustedes son madres del hijo de Dios. De Jesucristo! ¡Nada menos!

El padre Peretiatkowicz considera que “lo específico de la mujer en el matrimonio es ser madre”, y opina: “fuera de eso el papel del hombre y de la mujer en la sociedad prácticamente es el mismo, y con justicia las mujeres suelen quejarse de postergación, porque hay prejuicios que subsisten. El otro día me pasó que vi una mujer de chofer de micro y dije “qué cosa tan rara”. Después me di cuenta que  era una estupidez, un prejuicio de mi parte”. Y reflexiona: “De hecho, en los hogares chilenos, que es la vida fundamental del país, la que gobierna es la mujer, ella es la que pone las reglas del juego. En la calle, y en las oficinas de los hombres aparecen muy importantes… Pero llegan a sus casas y ahí gobierna la mujer”.

-Padre, ¿Cristo es machista?

-Desde el momento en que tenemos en Él toda la perfección de Dios, es imposible atribuirle a Cristo una discriminación, es imposible imaginarse que no le dé a cada uno el rol que merece… En su vida misma, las mujeres aparecen como sus íntimas amigas. El lugar donde Cristo iba a conversar, a descansar y a tomarse lo que sería en Chile una tacita de té y un pan, era la casa de Marta y María. Las pecadoras se le acercan, María Magdalena, una mujer pública, y Cristo deja que le bese los pies y le perdona sus pecados. La que está a los pies de Cristo en la cruz es María, su madre, junto al discípulo joven. Las mujeres aparecen como las únicas que acompañan a Cristo y las que lloran cuando Él cargaba la cruz. Las mujeres lo acompañaron… Los hombres arrancaron.

Margarita Pisano, feminista: ¡Viva la diferencia!

Margarita Pisano es feminista. Tiene 55 años, arquitecto, separada, tiene dos hijos y es la Coordinadora del Centro de Análisis y Difusión de la Condición de la Mujer.

“Yo entiendo que para un hombre es muy difícil captar todo este poder subjetivo que anda dando vuelta en las relaciones hombre-mujer, y que los vuelve privilegiados”, dice.

“Lo que se ha legitimizado en esta sociedad es la lógica masculina, y la nuestra es diferente. No es que sea una mejor que la otra, lo que pasa es que falta una en el mundo”.

“Los hombres progresistas tienen mucho la cosa de decir “yo doy permiso, yo soy bueno porque doy permiso, yo no ejerzo mis privilegios”, señala. Y añade: “Yo creo que los hombres de derecha son muy coherentes entre los que proponen en política y sus prácticas en el mundo de la familia. Pero cuando tienes un discurso de igualdad y una práctica en el mundo íntimo que chocan, que se contradicen profundamente, es cuando yo digo que los hombres progresistas no han logrado hacer el paso de coherencia entre su ideología y su conducta cotidiana. Y si no hacen eso, si no se proponen indagar en ellos mismos, es difícil que puedan cambiar sus prácticas políticas. A pesar de ello estos políticos progresistas siempre expresan su deseo de renovar sus formas de hacer política… Porque en el mundo de la política, no es más que una proyección de cómo te relacionas con los otros.

Ella piensa que la tan mentada idea de igualdad “interfiere terriblemente las relaciones, porque no somos iguales, somos diferentes”. Opina que hay que trabajar más bien con la idea de “diferentes” en que cada uno tenga un espacio, el hombre y la mujer.

“Es bien curioso como repetimos constantemente las mujeres, esto de buscarnos hombres machistas, que nos protejan que nos den permiso. Incluso entre las mujeres progresistas pasa mucho esto. Pero es que nos han enseñado a erotizarnos con las caracteristicas que nos han enseñado que son las que nos deben atraer”, constata. Añade que “para los hombres también es muy difícil soltar los privilegios, entonces les remece todos los esquemas una mujer que les exige en este plano, que los cuestiona profundamente, sobre todo cuando hay otras veinte mujeres dispuestas a servirlo y atenderlo”.

Considera que “la Dictadura es la expresión máxima del machismo, y el dictador es el patriarca de los patriarcas… ¿Qué nos extrañamos de que haya un señor que nos quiera mandar a todos por la fuerza, si eso es solo un agudo de todo el sistema?”.

Margarita dice que, tal vez, un machismo más burdo es preferible porque es más fácil de desenmascarar… Pero quiero pensar que el machismo más sutil de los hombres progresistas puede significar un proceso de apertura de la conciencia. Porque cambiar no es un acto mágico, siempre es difícil, pero es una aventura maravillosa, super entretenida”.

Juan Gabriel Valdés, PS-Núñez: “Machismo culpable y balconero”.

Juan Gabriel Valdés, cientista político, militante del Partido Socialista-Núñez, de 40 años, padre de cuatro hijos y casado “hace 16 años con la misma mujer”

Es capaz de hacer huevos fritos porque me he visto obligado”, pero confiesa con cierto dolor: “Si, soy machista, sobre todo en el plano de pareja”. Piensa que los hombre progresistas, como él, suelen ser machistas “culpables” y “sutiles”porque “las mujeres de este medio son cosa seria y uno no podría practicar un machismo burd. No pasaría”. Agrega: “Los hombres progresistas enfrentamos nuestro machismo con un alto grado de culpabilidad. El intelectual de izquierda se pone en una actitud de novedad frente al discurso feminista, observa desde el balcón y dice “que interesante”. Pero uno no puede participar bien de él porque percibe ese discurso feminista como súper excluyente, cerrado, vital, apasionado, enérgico, idealista e inseguro. Entonces uno como que toma palco no más, no lo vive”.

“Además, como los progresistas tenemos “relaciones de pareja” (no matrimonio, como la gente de derecha) eso complica todo porque ahí está metida la trampita de la autonomía.Cuando uno dice: “yo soy moderno, le dejo total autonomía a mi pareja y ella me deja total autonomía a mí”, resulta que la sociedad no está organizada para que la mujer pueda practicar total autonomía e independencia, ¿te das cuenta?”.

Así como se reconoce reconoce rasgos de machismo en su vida privada, cree que “hay grados menores de machismo en la visión que tengo de la mujer en el trabajo, en la política o en la conducción de la sociedad.  Y esto no corresponde a una tincada mía, es obvio que las mujeres han tenido una mayor capacidad de reacción frente a la Dictadura. Le parece “una verguenza la falta de mujeres en niveles de conducción política en la izquierda y los partidos progresistas” porque, a su juicio, “el rol de las mujeres en el periodo actual en Chile ha demostrado ser una comprensión del drama que ocurre en este país y de generar fuerza muchísimo mayores que la de los hombres”.

“Me parece pequeño, provinciano y primitivo que en Chile todavía haya dudas sobre el papel que la mujer tiene que jugar en el plano político y social. Seguramente habría las resistencias más insospechadas e increíbles a que una mujer condujera el proceso político, y esas resistencias provendrían muchas veces de hombres que se dicen progresistas… He notado que muchos políticos chilenos  piensan que la mujer debe tener un rol en la política similar al de los cesantes o al de los trabajadores de la construcción… Y me resulta paradojal que la Derecha entienda mejor la importancia de las mujeres en la política chilena que la Izquierda”.

Alejandro Yáñez, dirigente comunista: “Estamos en pañales en este tema”   

“La mujer del dirigente popular sabe que su hombre está cumpliendo funciones y lo respalda y lo apoya. Y el hombre sabe que tiene detrás a su mujer, que es su retaguardia y que la familia entera es la que está afirmando la actividad de ese compañero”, señala Alejandro Yáñez, dirigente del Partido Comunista y de la Izquierda Unida. Tiene 46 años, dos hijos, es viudo y actualmente tiene una compañera, y declara que no se considera machista. Cree que “hablar de igualdad, en el fondo, también es alterar las cosas puesto que se trata primero de seres con sus especificidades y matices, antes que de hombre y mujer”.

Reconoce que “es común  que las mujeres de dirigentes políticos o militantes no participen. Sobre todo en sectores populares en que la mujer está atada a la casa con jornadas de trabajo doméstico de 16 horas o más, sometida a una condición prácticamente de servidumbre asalariada, sin poder dejar a los niños y salir fuera de la casa. En esas condiciones, el tiempo de la mujer para hacer política no existe… Pero esas mismas mujeres, en condiciones especiales, se convierten en grandes dirigentes, se desarrollan con una velocidad impresionante”. Pone como ejemplo el caso de las mujeres de detenidos-desaparecidos.

De su vida personal, Alejandro Yáñez dice que él cocina, hace aseo y todo lo que tenga que sea necesario. Piensa que “esto tiene que ver con las situaciones concretas que me ha tocado vivir”. Su primera mujer estuvo doce años enferma de cáncer: “Ella tenía que hospitalizarse, hacerse larguísimos tratamientos que eran muy duros. Yo me hacía cargo de la casa… Me acuerdo que al principio ella me indicaba por teléfono desde el hospital cómo hacer la comida, porque yo no sabía. Tuve que aprender”. Se habían conocido siendo ambos estudiantes: “Vivíamos en una mejora en el patio de otra casa y a mí me tocaba mudar al niño, lavarlo, cambiarlo, lavar ropa”.

“Yo siempre me he relacionado con mujeres que están en la política y es natural que uno busque pareja ahí, entre los que uno siente más cercanos. Mi primera esposa era dirigente estudiantil, nos conocimos en las luchas universitarias. Añade: “Hoy día mi compañera participa en gran parte de las actividades que yo realizo, no solo de manera pasiva… Ella es mi primera consejera. Habitualmente le pido consejo acerca de qué hacer, qué decir, cómo decirlo, y sin ese consejo oportuno yo no sabría cómo abordar muchas cosas en la política”.

El dirigente de la Izquierda Unida cree “en verdad, las organizaciones populares y políticas, estamos bien en pañales en lo que se refiere a la reivindicación femenina. No aparece aún en el horizonte de las preocupaciones políticas, ni en la base, ni en la cúpula”. Piensa que esta carencia es grave porque “el gran desafío de construir un mundo mejor, sin guerras, sin explotación, pasa por descontaminar las relaciones del hombre con la naturaleza”. Así es que se pregunta: “¿Cuánto de esto podremos ir abordando, cuánto podremos ir practicando los militantes de izquierda en las relaciones humanas y políticas? ¿cuándo se podrá ir generando desde ya una relación más fraterna y justa entre los seres humanos en nuestra práctica diaria?... Me parece un problema vital”.

Lo que ve la mujer de un dirigente

ELLA: Alejandra Infante, 37 años, diseñadora gráfica, no tiene hijos.

“Aníbal es machista en algunos aspectos. En la casa por ejemplo, a él no se le ocurre hacer nada, pero no sé bien si ese si ese es un problema de machismo o comodidad absoluta no más”, dice alejandra Infante. “ Pero en lo que se refiere a la libertad de pareja, a mi derecho a opinar y hacer mi vida, no es machista. Cuenta que “Conocí a Aníbal cuando yo tenía 21 años y él era un señor de 36 años, machista, con todos los vicios del machismo, con una relación matrimonial bastante conservadora y estaba acostumbrado a disfrutar del los privilegios del macho sin ninguna cortapisa. Cuando empezó nuestra relación matrimonial yo le plantee bien sinceramente como pensaba y le pregunté si estaba dispuesta a aceptar y respetar mi forma de ser. Y aunque nos ha costado muchas discusiones y para él no ha sido fácil entender, aquí estamos juntos.

“Aníbal es capaz de aceptar hoy día que uno pueda ser infiel… y no ha sido fácil. Ha llegado a esa conclusión después de largas conversaciones  en las que yo sostengo que si estoy dispuesta a aceptar que él salga con otra persona o tenga relaciones con otra persona, por qué no voy a tener yo ese mismo derecho”. Alejandra cuenta su propia experiencia: “Mientras Aníbal estuvo preso acá, naturalmente tuve experiencias sentimentales. Amaba mucho a Aníbal, pero no dejé de vivir. Si yo hubiera estado presa tres años y Aníbal libre, no le habría podido pedir que se mantuviera solo absolutamente. Cuando nos volvimos a encontrar le conté todos esos tres años de mi vida. Y como nos amábamos mucho fuimos capaces de seguir adelante”.

Respecto del mundo de los hombres progresistas, dice: “A mí me ha tocado muchas veces atender en mi casa a este conglomerado de dirigentes progresistas. Una, como mujer, los atiende, mientras ellos están dedicados a los grandes problemas… Soy capaz de aceptar eso, pero me ha tocado que además, cuando les ofreces algo, ni siquiera tienen la gentileza de mirarte y decir gracias. Es decir, parten de la base que es una obligación de uno, ¿me entiendes?”. Agrega que “los dirigentes de Izquierda creen tener muy claro el rol de la mujer en el mundo, pero actúan muy diferente en su casa o en su círculo más privado.  Hacia afuera predican una sociedad igualitaria en que no exista el machismo, pero en su vida privada rara vez lo practica. Cuando uno habla, rara vez te escuchan porque parten de la base que los que entienden de política son ellos.”

Añade que “Aníbal dice siempre que las mujeres son las que no se interesan en la cosa política, y que por eso hay pocas dirigentes mujeres… Pero resulta que en la medida en que uno se empieza a interesar y a meter en política, dejas de lado una serie de tareas  hogareñas… Y normalmente los maridos no están dispuestos a compartir eso, simplemente no hacen esas tareas, dicen que no saben o que no tienen tiempo. ¿Cuantos maridos están dispuestos a acarrear a los niños, hacer las compras, preparar comidas, atender la limpieza, regar el jardín?... Entonces el problema no es que las mujeres no se interesen sino que nadie las ayuda o las respalda en lo concreto para que puedan hacerlo”.         

ÉL: Aníbal Palma, 52 años, abogado, dirigente del Partido Radical-Luengo y de la Izquierda Unida, separado y vuelto a casar, tiene dos hijos de su primer matrimonio.

“Yo no me encuentro machista, pero creo que no estoy ajeno a contradicciones en este plano”, dice Aníbal Palma. Y afirma que tiene con su mujer una relación de mutuo respeto”.

Respecto de la fidelidad, le parece absurdo que en Chile “es muy valorado un hombre que tiene muchas aventuras y es muy mal visto lo mismo en una mujer, en circunstancias en las que todo indica que no puede haber desproporción, tiene que haber igual número de mujeres que engañan a sus parejas centrales, puesto que en general las aventuras las tienen los hombres con mujeres. lo que pasa es que las mujeres se lo callan y los hombres lo pregonan”. piensa que “la mujer tiene el mismo derecho, la misma libertad que uno a tener una aventura… Y eso no significa “hacer el amor por la libre” sino entender una realidad del mundo de hoy y ser honestos. Me tocó mucho verlo en los latinos que llegaban exiliados a Europa que creían que las alemanas y las suecas tenían un colchón en la espalda y era cuestión de darles un empujoncito. Y ocurre que en las sociedades donde hay menos tabú, más libertad, la promiscuidad sexual suele ser menos. Lo mismo en las parejas”.

“Aunque esto me acarree la poco simpatía de un amplio sector de mujeres, debo decir que hay muchas de ellas que fomentan el machismo, en el sentido que se colocan ellas mismas en un nivel subordinado al hombre, le entregan al hombre la decisión en problemas importantes, se reducen a ser dueñas de casa y madre de sus hijos. Creo que es falsa la imagen de que las obligan, muchas asumen voluntariamente esos roles y opinan que son los que les corresponden. Y también pienso que hay otro sector que está cayendo en la caricatura del feminismo, en qué atacan al hombre o entienden cualquier actitud de uno como una agresión o una discriminación”.

Reconoce que, “en los partidos de Izquierda o progresistas existe una preocupación sobre los temas de mujer pero no la suficiente”. Sin embargo hace notar, “a pesar de que es la izquierda la que le ha dado mayor participación a la mujer en la política, la que se ha preocupado de la mayor participación, la reivindicación de sus derechos, de tomar el tema femenino, la mayoría de las mujeres ni militan, ni apoyan , ni se sienten de izquierda”.

Cree que en la falta de participación de la mujer en la política hay “una responsabilidad compartida”. Y se pregunta: “¿Cuántas mujeres son las que piensan que la politica es cosa de hombres, cuantas se interesan por ser más activas en política, cuántas prefieren no meterse? Porque teóricamente no existe ningún impedimento para que las mujeres alcancen un cargo de dirección política, pero ¿existe interés en la mujer de alcanzar esos cargos? ¿Ven cerradas las puertas si lo intentan?... Yo creo que no, por lo menos en la Izquierda. Se trataría entonces de que hubiera mayor interés y presión de la mujer. Y de verdad creo que eso es estimulado por las organizaciones de Izquierda, aunque no lo suficiente”.

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Comentarios

Comentarios

Muy interesante artículo, de hace ya muchos años, que creo refleja bien esa época, vemos que quién lo redactó es machista al menos en la forma de redactarlo, las profesiones de las compañeras son masculinisadas todas, otras palabras, quizá adjetivos, también. Por suerte hemos evolucionado bastante desde entonces, gracias a las luchas de las mujeres, pero nos falta mucho camino para llegar a ser igualitarios en el trato y dejar el machismo de lado, con una sociedad machista y patriarcal, que de todos lados bombardea esos valores, no es tarea fácil, por suerte en los últimos años, las mujeres, sobre todo las estudiantes, han dado luchas muy fuertes, que sin duda están ayudando mucho a cambiar las mentalidades machistas y patriarcales.

La verdad no se que tan asentuado este el machismo en esta epoca , tengo 40 años y en toda mi vida e visto a lo mucho 5 casos de machismo puro y mas creo que es el manejo de algun partido politico para webiar al estado y hacer que todos peliemos (si una espesie de conspiracion), ejemplos de esto, digamos que tengo 10 amigos hombres y mas de la mitad ayuda en los quehaceres de la casa o a cuidar a los hijos , tengo un amigo que el solo cuida a su hijo y por intermedio de el e conosido a varios hombres que son papas solteros y que cuidan exelente a sus hijos , e trabajado en muchos lugares y las jefas que e tenido son de temer y pobre de ti que les digas algo . Lo que si en regiones y en el campo si debo confesar que e visto machismo , Ahora en esto igual tienen un poco de culpa las mujeres o la familia en general, si no queremos una sociedad machista partamos de los hijos , no tengamos hijos sobre todo hombres que no ayuden a nada , como e visto en artas familias , hagan que desde temprano hagan las labores del hogar y que ayuden , Ademas creo que se esta disminuyendo mucho lo que son las diferencias de generos , hombres y mujeres SOMOS DIFERENTES ,nuestro cerebro ES DIFERENTE , la naturaleza es muy sabia y por eso nos creo asi , si la naturaleza huviese querido que fueramos iguales seriamos hermafroditas y punto .Entonces para que queremos que todos seamos "iguales" , si es cosa de mirar la entrepierna del otro para saber que somos diferentes , y cual es el problema?? Otra cosa es que tengamos los mismos DERECHOS , por favor no mezclemos peras con manzanas Y por favor cortenla con lo del patriarcado que me tienen los huevos hinchados y mas con lo del lenguaje incusivo, el español tiene generos y es asi no vamos a cambiar el idioma entero por unas feminazis locas

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