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Sábado, 23 de febrero de 2019
Presidente del sindicato Concha y Toro

Ricardo Santana: “El vino es marca país y tiene que tener en buenas condiciones a sus trabajadores” 

Pedro P. Ramírez Hernández

Dirigentes sindicales de las viñas Concha y Toro, San Pedro y Santa Rita, las más grandes del país, se están organizando “hacia una Mesa Nacional del Vino”. INTERFERENCIA conversó con este dirigente sindical acerca de este movimiento que busca lograr la negociación por rama, tal como están haciendo mineros, portuarios y forestales. 

En la parte trasera de la población Clotario Blest, ubicada en localidad de Alto Jahuel en la comuna de Buin, en las faldas del cerro y a un costado de la viña Santa Rita, la misma donde se escondieron los 120 patriotas, se encuentra la cancha de fútbol del club homónimo de la viña, donde el sábado 4 de enero, en vez de jugarse un partido de fútbol, se echó a correr la bola de un encuentro que podría ser trascendental para el futuro de los trabajadores del sector vitivinícola. 

A partir de las 10:30, los dirigentes sindicales de las viñas más grandes del país: Concha y Toro, Santa Rita y San Pedro -quienes ya iniciaron conversaciones con los representantes de las viñas Errázuriz y Undurraga- comenzaron un primer encuentro intersindical que tuvo por objetivo avanzar hacia la conformación de la “Mesa Nacional del Vino”, en un esfuerzo por unir a los sindicatos del sector en torno a una agenda de demandas en común. 

La cita -que nace bajo el alero de la Unión de Sindicatos de la Agroindustria o Unión del Agro- se da en un contexto en el que los dirigentes de esta entidad de trabajadores acordaron comenzar a trabajar para aunar los sindicatos vitivinícolas y los del resto del rubro alimenticio. 

Esto, al son de un movimiento que comenzó con los trabajadores del cobre, los portuarios y los forestales, quienes durante años han trabajado en coordinar y unificar sus acciones, retomando la senda de la organización por grandes ramas de la economía. 

Ricardo Santana, presidente del Sindicato Unificado de la Viña Concha y Toro, dirigente de la Unión del Agro, ha sido protagonista de este movimiento y repasa junto a INTERFERENCIA los principales objetivos de la incipiente Mesa del Vino, junto a los principales conflictos que enfrenta el sector.

¿Cómo se comenzó a gestar la Mesa del Vino y cuál es su horizonte?

Si revisamos la historia del sindicalismo chileno, uno de nuestros grandes anhelos siempre ha sido conquistar la negociación por rama. Es algo que necesitamos, porque entre las viñas del país existe una diferencia muy grande en torno a los sueldos, las condiciones de trabajo, de seguridad y capacitación. 

Esta situación, nos ha llevado a los trabajadores de la agroindustria a organizarnos y en este proceso hemos recorrido un camino en común.

Primero creamos una organización de hecho, la Unión del Agro, donde participan sindicatos de diferentes rubros  del sector agrícola. En este espacio conocimos a los dirigentes de las viñas Santa Helena, Santa Rita, San Pedro y otras menos conocidas, con quienes nos dimos cuenta de que las condiciones laborales del mundo vitivinícola no son transversales. 

Entendemos que aún es prematuro poder dar un diagnóstico a nivel país, pero en esta primera reunión nos sentamos a conversar y preparar la revisión del panorama. Queremos comparar nuestros contratos colectivos e intercambiar ideas sobre los pasos que queremos seguir y cómo crecer.

En ese sentido, en este momento existen distintas opciones, una podría ser armar una confederación de viñas para negociar en conjunto a través de las más grandes, pero de todas formas, lo importante hoy es ver la posibilidad de actuar en unidad y mejorar nuestras condiciones de forma común.

¿Cree que este tipo de confluencias apuntan justamente hacia la negociación por rama que bucan otros trabajadores, como los mineros, los portuarios o los forestales?

Por supuesto, porque es un tema demasiado importante. Los trabajadores necesitamos negociar por sector. Primero, porque pelearíamos para que las condiciones de los trabajadores de un mismo rubro sean similares. Una cuestión básica, ya que hoy existen muchas desproporciones. Segundo, porque te fortaleces como institución. Por tanto, si existiera la negociación por rama, evidentemente tendríamos más justicia social. 

¿Cuáles han sido sus principales hitos y qué demandas han trabajado?

El año 2013 tuvimos una huelga de 44 días en la Viña Concha y Toro que marcó un antes y un después. Fue una movilización histórica al interior de la viña, que se dio luego de unificar tres sindicatos. 

Lo que ocurrió, fue que la Concha y Toro se amplió y abrió una nueva planta en Vespucio que se sumó a la de Lo Espejo y la casa madre de Pirque donde yo trabajo.

En concreto, nosotros teníamos una jornada de 12 horas, prácticamente todos los días, de lunes a domingo. Bajo ese régimen, obviamente sacábamos mucho dinero. Si hacías seis o siete domingos al mes, más festivos, podías sumarle a tu sueldo entre $300 mil y $400 mil.

Entonces tenías las remuneraciones infladas, la gran mayoría ganaba por sobre los $800 mil, pero no tenías calidad de vida, no tenías vida familiar.

Resulta que cuando abrió la planta nueva se acortaron los turnos de trabajo. Ya no trabajamos más las 12 horas diarias, sino que comenzamos a trabajar solo las 45 horas semanales normales. En consecuencia los sueldos bajaron brutalmente y comenzamos a vivir con la mitad de la plata.

Esta situación provocó la movilización del sindicato y conquistamos condiciones laborales básicas, como aumentos en los salarios, igualdad en los cargos, medidas de seguridad y compromisos de capacitación. Fueron cosas bastante importantes, pues señalaron un camino.

¿Qué problemas están enfrentando actualmente y en qué estado se encuentra el sindicato?

Nosotros en 2013 negociamos con 528 trabajadores. En algún momento bajamos a 376, pero en 2016 negociamos con 421 y ahora en 2019 tenemos que presentar nuestro proyecto y vamos a negociar con 600 trabajadores.

O sea, la cantidad de gente ha ido creciendo. Esto demuestra que a los trabajadores les hace sentido organizarse.

Pero también hay un cambio en el tipo de trabajador que compone el sindicato. Dentro de este aspecto, lo que más le preocupa a la compañía es que nosotros el 2016 contábamos solamente con 16 trabajadores agrícolas -me refiero a tractoreros y personas que riegan las siembras, no a los empleados más “industriales”– pero hoy día tenemos 140. de ellos Es decir, tenemos más del 40% de los trabajadores agrícolas que tiene Concha y Toro.

Actualmente, estos trabajadores son nuestra principal preocupación porque su situación es brutalmente desigual. Las condiciones laborales de ellos son paupérrimas. Los sueldos son más bajos, el vestuario que les entregan no es el adecuado, no les entregan los implementos de trabajo que necesitan  y terminan comprándoselos ellos. 

Por poner un ejemplo, solo les pasan dos pares de guantes al año. En el campo eso es una burla. De repente ellos piden sus zapatos de seguridad, pero les llegan con los números cambiados y no les sirven. Es muy importante para nosotros que estas demandas queden por escrito en el contrato colectivo que vamos a negociar en marzo, porque la vez pasada ellos quedaron fuera. 

El problema es que tenemos doce fundos, repartidos desde Ovalle hasta Talca. Entonces tenemos gente discriminada por todos lados y es difícil de controlar, porque son demasiadas personas  y eso significa que son muchos requerimientos diferentes. 

El vino es actualmente un producto estrella para la exportación chilena, es parte de la imagen país y las viñas atraen a muchos turistas ¿Cómo se condice esta “marca” con las condiciones laborales de sus trabajadores?

Efectivamente el vino es parte de la marca país. Así que si este es un mercado importante para Chile, sus trabajadores tienen que tener buenas condiciones.

Nosotros tenemos clientes en Concha y Toro que piden que se hagan auditorías internas antes de comprar, para estar convencidos de que las condiciones de trabajo son favorables para la gente y si no, simplemente no compran. Hay muchos clientes que hacen eso hoy en día. 

Pero, falta fiscalización por parte del Estado. Este es un tema que me agota. Si tu revisas las estadísticas, las demandas laborales en el país han crecido y los tribunales no están dando abasto y están chuteando las denuncias para delante. Lo mismo pasa cuando vienen a fiscalizar, llegan cuando ya no hay nada que hacer. 

Hace poco tiempo estuvimos acompañando a una dirigente agrícola, que tenía un sindicato chiquito y pidió fiscalizaciones en la Inspección del Trabajo, pero nunca fueron. Cuando llegaron, la huelga ya se había terminado. Así te desgastan a los dirigentes, por eso es que hay mucha gente que está desilusionada con esto.

¿Qué opinión tienes de las reformas que ha impulsado el gobierno en materia laboral?

Son un chiste. Ya nos están jodiendo con algunas cosas que venían del gobierno anterior, que podrían pensarse que eran favorables, como la titularidad sindical y el fin del reemplazo en huelga, pero ahora el gobierno quiere reponer los grupos negociadores y el reemplazo. Entonces los sindicatos perderíamos fuerza.

Lo mismo está pasando con esta cosa de los estatutos. Me tocó ver de cerca el tema del estatuto joven, donde un trabajador queda sin indemnización al cumplir 30 años, en el que la mujer queda embarazada y no tiene derechos. Estas son  algunas de las atrocidades que está impulsando el gobierno en función de la flexibilización y la precarización. 

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