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Lunes, 21 de septiembre de 2020
Voces constituyentes 1

Roberto Cuéllar, ex ministro de Allende: 'Las formas corporativistas son un grave error'

Manuel Salazar Salvo

En esta serie de entrevistas, consultamos a distintas personas que fueron testigos de momentos históricos relevantes en miras al proceso constituyente que comienza, pero que hoy no tienen micrófono. Roberto Cuéllar Belmar es abogado, licenciado en educación, magister en psicología educacional, profesor de educación cívica y rector del colegio Terra Nova en la comuna de La Reina. Es un independiente de izquierda y ex ministro de Obras Públicas en el gobierno de la Unidad Popular.

Antes de responder las preguntas de IINTERFERENCIA, Roberto Cuéllar dice que para entender desde dónde y el porqué de las respuestas es necesario asentar lo siguiente:

1.- La Constitución de 1980 fue “mal parida”. Se impuso al costo de muerte, sufrimiento  y mediante un plebiscito amañado. Su sola mención provoca rechazo social.

2.- La Constitución  ha impedido su modificación sustancial, al punto de que la única manera de ir cambiando fue el camino de “lo posible”, por realismo político.

3.- Esto llevó a  pactar reformas, con un alto costo político para los que negociaron las modificaciones.

4.- El momento ofrece una oportunidad -que no subsistirá por mucho tiempo- para aprobar una reforma que permita consultar si se establece una asamblea constituyente o no.

5.- El pliego de peticiones que surge del movimiento social puede ser la válvula de escape para soslayar la reforma. Para la derecha tiene -pese a todo- un costo menor, haciendo un esfuerzo por indicar que aquello tiene prioridad por sobre el tema constitucional. A lo que más temen es al cambio institucional.

6.- El mecanismo debe ser un hombre un voto. Las formas corporativista son una grave tentación y error. 

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Roberto Cuéllar, de casco blanco junto al presidente Allende cuando fue ministro de Obras Públicas
Roberto Cuéllar, de casco blanco junto al presidente Allende cuando fue ministro de Obras Públicas

 

Dicho eso, Cuéllar responde nuestras preguntas:

- ¿Por qué es tan importante la Constitución? 

-La Constitución coloca a todos los hombres bajo el imperio de su ley, base primaria para un Estado de Derecho. Los italianos, hacen Educación Cívica preguntando a sus estudiantes si les gusta el “calcio”. Por tanto, sin reglamento, no hay futbol. Si el árbitro lo hace mal, se elige otro, pero las reglas prevalecen. Sin Constitución, no hay sociedad organizada posible.

- ¿Por qué debemos cambiar la Constitución?

- La Constitución es la estructura básica de un Estado organizado y garantía de los derechos de las personas. Sin Constitución no hay Estado. La Constitución es la expresión formal  y genérica del poder político. Como máxima expresión del poder político, requiere   “legitimidad“,  que consiste en el juicio de valor que las personas conceden al orden social, ya sea porque aprecian positivamente al Estado al que pertenecen, por sobre aquello que no les agradan, pero que está dispuesto a tolerarlas, como un mal menor o como costo para la convivencia social.

Hoy, como nunca, hay suficiente fuerza social, para impulsar su cambio. La consigna tan gastada de la derecha, que este tema “no le interesa a los chilenos” carece de sustento. Así lo informan las encuestas de las últimas semanas.

- ¿Cuál es el camino –paso a paso- para cambiar la Constitución?

-Hay varios: 1) Modificar la Constitución de 1980 en cuanto exige 2/3 de los votos parlamentarios para cambiar la mayoría que se exige para derogarla o modificarla permitiendo ampliamente el mecanismo del plebiscito; 2) Ignorar la Constitución de 1980 y convocar directamente a una Asamblea Constituyente. Las Constituciones de 1833 y de 1925, fueron establecidas convocando a Asambleas o Comisiones. 

- ¿Por qué sería necesaria una Asamblea Constituyente?  

-Una Asamblea Constituyente, que resulte de una modificación a la Constitución de 1980, requiere primero que se rebaje el quorum de 2/3 de los diputados y senadores en ejercicio, para lo cual requeriría  obtener, a lo menos votos de Evopoli y Renovación Nacional. A lo menos, para aprobar la reforma que rebajaría el quorum. Aprobada la rebaja del quorum habría que aprobar un mecanismo de plebiscito o referéndum para consultar si se acepta una Asamblea Constituyente y, en tal caso, su composición.

Esta vía implica continuidad jurídica ya que se estaría utilizando el mecanismo de reforma de la Constitución vigente. Pero. si no se procede de esa manera, por situaciones de facto, se podría realizar un plebiscito o referéndum, al margen de la Constitución de 1980, lo que acarrea necesariamente un quiebre institucional. En tal caso se provocaría un fallo adverso del Tribunal Constitucional que daría argumento a las fuerzas conservadoras para acusar su inconstitucionalidad. 

- ¿Cómo se elige una Asamblea Constituyente? 

- Este tipo de organismo tiene por objeto proponer al pueblo una nueva regla de juego social. La permanencia de una Constitución requiere representar de verdad, no una mayoría de 50% más un voto, porque su existencia sería efímera. Las constituciones no son para estar cambiándolas cada cuatro años, según lo determine una marea electoral. La generación de la composición debe estar originada en la regla de un hombre, un voto para elegir un representante. 

- ¿Cuáles cree usted que son los plazos para hacer estos cambios?  

- El acento debe ponerse en cambiar el quórum para modificarla, ya que de otra manera las fuerzas conservadoras mantienen el “sartén por el mango”. De ocurrir esto implicará una grave provocación a los movimientos sociales. 

Cambiar el quorum para modificar la Constitución de 1980, puede ser algo difícil de digerir. El ambiente político estaría haciendo posible  que sectores del oficialismo, por realismo político, se hagan cargo de esto. Sectores importantes de la oposición, para lograr el cambio tendrían que negociar con los proclives a la modificación. Ambos sufrirán un costo político desde los sectores que los flanquean a la izquierda y a la derecha dispuesta a las reformas. La derecha dura  y las fuerzas antidemocráticas están en una maniobra de retirada estratégica. Ignorar esto sería un profundo error.

El “ahora” es tácticamente indispensable  para posibilitar  los cambios deseados.

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