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Jueves, 15 de abril de 2021
[Sábados de Streaming]

Series de TV - The Terror (2ª temporada): Infamia

Juan Pablo Vilches

Más terrorífico que el maligno demonio japonés que acecha al protagonista, es la conducta del Estado estadounidense con cientos de miles de ciudadanos leales de origen nipón en los años 40. Más terrorífico aún es que esto volvió a suceder, pero mirando al sur.

Pocos meses antes de que se estrenara la segunda temporada de The Terror –titulada Infamy– en 2019 el gobierno de Donald Trump se vio obligado a reconocer que hasta entonces forzó la separación de 5.500 niños migrantes de sus padres en la frontera con México, como parte de la política de tolerancia cero a la inmigración que lanzó en 2017.

En ese contexto vio la luz esta singular historia de terror, cuyo título alude a la infamia cometida por los gobiernos de Canadá y Estados Unidos al apresar a 145 mil ciudadanos de origen nipón durante casi toda la Segunda Guerra Mundial por temor al espionaje. Con las imágenes frescas de la cárcel para inocentes de la frontera sur, la serie revive creíblemente los años 40 para contar la historia ficticia de otro inocente que pasó por lo mismo 70 años antes.

Chester Nakayama (Derek Mio) es un estudiante de medicina y fotógrafo aficionado que vive con sus padres en la isla Terminal, en California, algo parecido a un gueto de japoneses dedicados principalmente a la pesca. Acaba de terminar su relación con Luz (Cristina Rodlo), una joven de origen mexicano que le oculta su embarazo, y en cierta medida no logra reconciliar una aceptable asimilación al melting pot estadounidense con lo que su familia y especialmente su padre esperan de él. El entorno inmediato de este personaje incómodo se ve paralelamente afectado por la inminencia de la guerra con Japón, el odio racial y la paulatina aparición de fenómenos inexplicables, del terror, que los más ancianos y los más crédulos atribuyen a espíritus de su madre patria que cruzaron el Pacífico con los migrantes. Como si fueran una enfermedad.

Tras despertar, baja a la calle para encontrarse con una multitud que celebra el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima como si fuera año nuevo. Esta escena es por lejos la más terrorífica de toda la serie.

La serie The Terror fue producida por AMC tras el tremendo éxito obtenido por The Walking Dead, pero con un concepto distinto y más adulto, probablemente pensado para los espectadores que llegaron a la adultez siguiéndola. Sus temporadas son mutuamente independientes, donde la primera se centra en una expedición de la marina británica, extraviada cerca del Polo Norte a mediados del siglo 19 (también amerita columna, por lo demás), y su trama podría entenderse como una explicación improbable de lo que de seguro fue un desastre. La segunda temporada, en cambio, se vale de lo sobrenatural como una caja de resonancia para que la infamia cometida por los Estados Unidos hacia cientos de miles de ciudadanos leales de origen nipón sea más dolorosa, y también para forzar un trayecto –un vía crucis, más bien– por los hitos del trauma que une a estos dos países hasta el día de hoy.

Cuando Chester, su familia y sus vecinos ya están instalados en un campo de concentración en el estado de Oregon, se hace evidente que está siendo acosado por un espíritu maligno, un yurei, cuya forma habitual es la de una hermosa joven llamada Yuko (Kuki Sakezane). La mirada de Yuko, ya sea que ella esté materializada o en posesión de otros cuerpos, nos es compartida a través de imágenes con el contorno desenfocado; recurrentemente vemos al personaje retocando su rostro artificialmente joven, como si el acoso a Chester fuera una representación teatral. La primera mitad de la serie cuenta los esfuerzos del protagonista de irse lejos para que el yurei lo persiga a él y deje en paz a Luz y a los gemelos que lleva en su vientre; mientras que la segunda explica la razón de dicho acoso y se sumerge plausiblemente en la ultratumba japonesa y sus reglas, extrañas para nosotros, pero competentemente aprovechadas para dar más complejidad la historia y crear espacios visualmente atractivos e incluso memorables.

Sin embargo, la serie cojea, como cualquier ser bípedo que tiene una pierna más corta que la otra. Las peripecias de Chester huyendo y enfrentando al yurei –por terrible que este sea– se evidencian como un mero entretenimiento bien hecho cuando se le compara con la secuencia de afrentas que el Estado estadounidense infligió al protagonista y a otros miles como él. 

Primero, la evacuación forzada de sus casas; después, la internación en los campos vigilados por oficiales y soldados cuya actitud iba desde la indiferencia hasta el abuso. Después el reclutamiento de los jóvenes prisioneros para combatir por el país que encarceló a sus familias, jóvenes que integraron el regimiento 442 de infantería, el más condecorado en la historia del ejército de ese país. La versión oficial dirá que la valentía, resistencia y disciplina desplegadas por sus soldados en Italia y Francia explican las más de 18 mil medallas recibidas, lo que no es falso; pero un personaje secundario de la misma serie se encarga de completar la verdad: ese regimiento se llenó de condecoraciones porque sus soldados cumplían las misiones más peligrosas, pues el alto mando prefería sacrificarlos a ellos que a los uniformados blancos.

Y las afrentas siguen. Cuando la guerra termina y los internos son liberados, cada uno recibió una “indemnización” de 25 dólares, la que por cierto no sirvió de nada cuando la familia y vecinos de Chester volvieron a su isla, donde encontraron que sus casas habían sido demolidas y los terrenos confiscados. En agosto de 1945, en un albergue atestado de ex prisioneros, un anciano sueña con un hermano al que no ve hace cinco décadas y con su descendencia que vive en Hiroshima. Tras despertar, baja a la calle para encontrarse con una multitud que celebra el lanzamiento de la bomba atómica como si fuera año nuevo. Esta escena es por lejos la más terrorífica de toda la serie.

El hecho de que el desenlace de los infortunios de Chester tenga lugar en los terrenos de Nuevo México en que se desarrolló el Proyecto Manhattan, dice bastante del carácter instrumental de la trama respecto de todo lo demás. El epílogo, las fotos en sepia de los antepasados en prisión, la canción “I Wish I Knew How It Would Feel to Be Free” de Nina Simone, y las fotos de los miembros del rodaje que pese a todo sonríen como orgullosos ciudadanos estadounidenses, podría funcionar entonces como el optimista cierre de una historia terrible. Una que recién fue reconocida como tal bajo la presidencia de Reagan y que requería un gesto como esta gran producción para sellar la reconciliación. Sí, pero…

Uno de los personajes secundarios de esta serie es interpretado por George Takei, conocido como el teniente Sulu de la versión original de Viaje a las estrellas, quien estuvo en los campos de Rohwer y Tule Lake entre 1942 y 1946 y cuya experiencia directa fue fundamental para la realización de la serie. El actor no dudó en denunciar el trato que se daba y se da a los inmigrantes que llegan a EE. UU. por la frontera con México, confirmando los dichos de la representante Alexandra Ocasio-Cortez acerca de que nuevamente estaban funcionando campos de concentración en territorio estadounidense; como los que Takei conoció a los cinco años. 

Estados Unidos es un país singular, que comete brutalidades con el mismo desparpajo con que las relata (diferidamente, eso sí). Quién sabe si alguno de los niños enjaulados y envueltos en papel de aluminio que vimos recientemente contará algún día la historia de su llegada al país, pero desde el éxito y ostentando un turbio orgullo por ser ciudadano estadounidense. Quién sabe qué será de todos los demás. 

 

Acerca de

Título: The Terror (2ª temporada): Infamy

Exhibición: Una temporada de diez episodios (2019)

Creada por: Alexander Woo y Max Borenstein

Producida por: AMC

Se puede ver en: Amazon Prime

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