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Martes, 11 de mayo de 2021
[Sábados de streaming]

Series de TV – ZeroZeroZero: El narcotráfico como (un mero) drama

Juan Pablo Vilches

Esta serie basada en el libro homónimo de Roberto Saviano es un raro caso de realización impecable que suma bastante más de lo que sugiere su título.

Hay una parte del sentido común chileno que juzga la realidad desde el excepcionalismo. Este nace de algunas virtudes inventadas y de la creencia en que la relativa distancia respecto del resto del mundo y sus avatares nos hace merecedores de una vida plácida y virtuosa que recompense nuestra candidez.

Ese sentido común estalla encolerizado por intermedio de la prensa oficial (o la oficiosa, que vendrían a ser las redes sociales) al enterarse de que hay alcaldes vinculados con narcotraficantes, o que estos lanzan fuegos artificiales en diversas zonas de Santiago, sin más razón que la llegada de un cargamento a buen puerto. Y estalla porque cree que somos demasiado buenos y estamos demasiado lejos para siquiera ser rozados por algo tan bajo como el tráfico de drogas, ignorando, por un lado, la verdadera dimensión global de este negocio, y por otro, los abismos infinitos de maldad que lo acompañan en las diversas etapas de su recorrido por el mundo. Para abordar un punto y el otro –desengañando y espantando a los cándidos de todo el globo–, es que Roberto Saviano escribió ZeroZeroZero.

Custodiado permanentemente por una escolta desde la publicación de Gomorra, el periodista italiano amplió la mirada para comprender el tráfico mundial de cocaína, abarcando la producción, venta, transporte, distribución y consumo del producto; junto con el periplo análogo e inverso que realiza el dinero involucrado, uniendo en idas y vueltas al primer mundo con el tercero. Y se trata de un circuito que mueve mucho dinero, suficiente para haber sido una fuente importante de liquidez para la economía global después de la crisis subprime, como lo proclama –con algo de torpeza por parte del guion– el empresario naviero Edward Lynwood (Gabriel Byrne), poco antes de aceptar un cargamento de cocaína provista por un cartel regiomontano para transportarla a Calabria. La serie ZeroZeroZero, a diferencia del libro de Saviano, se enfoca en una transacción puntual, con tres aristas que se desarrollan en paralelo, siguiendo a los vendedores en Monterrey; al cargamento cruzando el Atlántico; y a los compradores de la temida ‘Ndrangheta calabresa.

El trayecto de las cinco toneladas de cocaína hacia Europa es lo suficientemente accidentado como para que en sus tres historias se desarrolle un proceso de toma de poder (prise de pouvuoir, como le llaman los franceses a este tópico), a veces es exitoso y a veces, fallido; a veces accidental y en otras, muy bien calculado. Y es esperable que el poder sea así de voluble en un negocio que, en palabras de Saviano, es capaz de multiplicar la inversión inicial por 182 al cabo de un año.

Donde mejor se captura la brutal naturaleza del narco es en la historia de Monterrey, centrada en Manuel (Harold Torres), un efectivo del Grupo Aeromóvil de las Fuerzas Especiales (GAFE) ya corrompido por el narco y que deserta tras dejar partir el barco con el cargamento a Calabria. Su historia es, a grandes rasgos, la de Arturo Guzmán Decena, quien salió del GAFE con 30 hombres para fundar un ejército llamado los Zetas y ponerlo al servicio del Cartel del Golfo, llevando las prácticas del narco a nuevos niveles de crueldad.

En la serie, Manuel es implacable y frío, y alimenta su conducta con una extraña interpretación del cristianismo evangélico que le permite cometer las peores atrocidades porque “todos somos pequeños” y solo dios puede decir qué es lo bueno y qué es lo malo. Las fisuras por donde asoma algo parecido a la humanidad son pocas y de un dramatismo controlado, pues se comprende que aquí lo importante no son las personas sino el proceso (la toma de poder, en este caso) y su capacidad de mostrar, aunque sea a cuentagotas, el infierno que el narco ha desencadenado en México.

En el extremo opuesto está la historia del cargamento y sus custodios, los hermanos Lynwood, Emma (Andrea Riseborough) y Chris (Dane DeHaan). Acá el trayecto de la droga es la excusa para centrarnos en el drama de Chris, interpretado contundentemente como un condenado a muerte que espera la manifestación de una enfermedad degenerativa que se sabe que está en sus genes. Su accidentado viaje con el cargamento, así como la tragedia que de a poco se apodera de su cuerpo, funcionan bastante bien con la cansina lobreguez de la banda sonora de Mogwai, pero aún así el cuadro completo se ve fuera de lugar, como un autoretrato emo colgado en los muros de un matadero.

La cosa empeora cuando Emma se reúne con Chris para salvar el cargamento y llevarlo por tierra desde Senegal a Marruecos, degenerando todo esto en una trama de aventureros blancos –y millonarios– en algunos parajes exóticos, jugando a ser Tintín, con la diferencia de que lo pasan pésimo. Nada de esto es culpa del elenco (impecable, a decir verdad), ni de la realización (atractiva en lo visual y fluida en lo narrativo), sino de la vocación de entretenimiento pretendidamente serio que necesita contar una historia centrada en dramas privados, y prolongarla para que el espectador quiera más al final de cada episodio. Si la cosa decae es nada menos que por las reglas tácitas y escritas del streaming.

Finalmente, la historia de Calabria se puede reducir a una vendetta intrafamiliar entre Don Minu (Adriano Chiaramida) y su nieto Stefano (Giuseppe De Domenico), cuya resolución depende de la llegada del cargamento de los Lynwood al puerto de Gioia Tauro. Más allá de los ires y venires de traiciones, mensajes velados y rituales de iniciación y de muerte, esta sección destaca por el inamovible peso de la noche que cae sobre todos sus personajes y los empobrecidos paisajes calabreses, incluso a plena luz del día.

Si en México la crueldad del narco es una fuerza nueva capaz de destruir todo, en Calabria parece ser la última de una larguísima seguidilla de formas de hacer dinero, siempre sujetas a las mismas reglas, las que seguirán estando ahí cuando alguna otra cosa desplace a la cocaína como fuente vertiginosa de enriquecimiento y de pacificación entre clanes milenarios siempre propensos a matarse entre sí. Don Minu y Stefano son títeres que representan por enésima vez un drama sumamente antiguo, con un libreto que no cambia y donde la droga casi degenera en un mcguffin, un objeto que todos quieren, pero que en realidad no importa. Y esto es porque la serie se detiene en esa fase del proceso, olvidándose de la distribución al primer mundo donde revela su verdadero valor, y cuyo consumo paga generosamente los esfuerzos de Don Minu, los Lynwood, Manuel y sus Zetas, y de los anónimos productores que la serie tampoco decidió mostrar.

La conversión de un procedimiento comercial (y criminal) en diversas formas de drama tiene el perturbador resultado de generar la sensación de que en esta historia hay buenos y malos; posibles finales felices y no felices; y hasta espacio para un gesto heroico… cuando de lo que estamos hablando es de un cargamento de cocaína. Esto es una flagrante traición al espíritu del libro, el cual pretendía mostrar el narcotráfico no como una fuente de entretenimiento y aventura sino como un submundo terrible que se agita bajo las mullidas camas donde duerme la burguesía del primer mundo, y cuya relación con nuestra realidad se parece a las de los cuentos desbordados de gente como Lovecraft y Poe: una fuente de horror cósmico que tarde o temprano nos va a despertar y al cual hay que combatir sacándolo a la luz a través de la legalización. Idea que, por cierto, no llegó a la pantalla.

Uno de los creadores y directores de la serie es Stefano Sollima, responsable de la realización de la serie Gomorra, también basada en la obra de Saviano, y de Sicario 2, una digna película de acción sobre el narco en la frontera sur de EE. UU., pero que se halla bastante lejos (al igual que Sicario) del vistazo penetrante al mundo narco que realizó la dupla del director Ridley Scott y el guionista Cormac McCarthy con The Counselor (2013). A su lado, y al lado del libro de Saviano, ZeroZeroZero es un entretenimiento más, uno muy bien hecho pero cuyo título definitivamente le queda grande.

Acerca de

Título: ZeroZeroZero

Exhibición: Una temporada de ocho episodios (2020)

Creada por: Stefano Sollima, Leonardo Fasoli y Mauricio Katz (basada en el libro homónimo de Roberto Saviano)

Producida por: Sky Atlantic, Canal+ y Prime Video

Se puede ver en: Amazon Prime Video

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Comentarios

Comentarios

He leído el comentario de zero zero zero y discrepo de lo que señala que muestra más entretenimiento visual . Pienso que su puesta en escena, fotografía, elenco, música , hace que sea envolvente, y uno se vuelva completamente adicto a las historias de estos personajes que caminan en el filo . Finalmente la tensión que se respira en todo momento, cuando viajan la historia de un lado a otro del globo para entender el peso del tráfico de la cocaína en la economía mundial, hace gala de ese mundo oscuro.

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