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Miércoles, 28 de octubre de 2020
A preparar trincheras

Tres razones por las que la guerra comercial entre EE.UU. y China no se enfriará pronto

Greg Wright (The Conversation)

Pese a la expectiva de Donald Trump de lograr una victoria estadounidense sobre la China de Xi Jinping, las guerras comerciales suelen no tener claros ganadores.

China declaró el 13 de mayo que impondrá nuevas tarifas a varios productos estadounidenses como represalia por la decisión del presidente Donald Trump de aumentar en US$ 200 mil millones los impuestos a importaciones chinas.  

Aunque las negociaciones entre los dos países pueden continuar, la batalla económica que Trump comenzó en enero de 2018, está nuevamente vigente, lo que implicará mayor sufrimiento económico para compañías y consumidores, tanto en Estados Unidos como en China.

Como economista observador del comercio internacional, creo que hay tres razones que podrían provocar que el conflicto continúe por un largo tiempo:

1. Desacuerdos fundamentales

Toda la evidencia apunta a que los negociadores no han logrado grandes avances para resolver los desacuerdos fundamentales entre ambos países.

Los problemas de mayor urgencia tocan características profundas de la economía china, respeto de las cuales el país asiático tiene pocos incentivos -o, en algunos casos, poca capacidad- para cambiar. En resumen, Estados Unidos cree que el gobierno chino está muy involucrado en la manera en que funciona la economía china, a la vez que está poco involucrado en ello.  

El problema más importante y de más larga data es que la economía china debe -en parte- su rápido desarrollo en las últimas décadas a fuertes subsidios dados a ciertas compañías e industrias. Estados Unidos quiere que China sea más transparente en cuanto a este apoyo y que, a su vez, lo vaya reduciendo a nivel general.

Al mismo tiempo, el gobierno chino no ha hecho mucho en cuanto a proteger la propiedad intelectual extranjera dentro de sus fronteras. El cumplimiento de los derechos de autor es todavía débil en China, estando las compañías estadounidenses forzadas a transferir tecnologías a sus contrapartes chinas como condición para realizar negocios dentro de este país. El costo de esto para los negocios de las empresas de Estados Unidos se estima en cientos de miles de millones de dólares al año.

Pero es improbable que China termine con los subsidios industriales o aumente la aplicación de leyes que protejan la propiedad intelectual de una forma significativa en el corto plazo. Esto se da en parte porque la economía china está creciendo más lento que en cualquier otro momento durante las últimas dos décadas, por lo que es riesgoso cualquier cambio significativo en estas políticas.  

El país asiático puede ser persuadido a optar por una transición que lo aleje de su modelo económico de largo plazo, si es que los incentivos correctos son puestos sobre la mesa. Pero, está por verse si la administración Trump tiene la paciencia como para comprometer sus objetivos a corto plazo con el fin de crear un camino largo en dirección a nivelar el campo de juego.

2. Pocas zanahorias y mucho garrote

La posición de negociación de Estados Unidos ha estado cargada de amenazas y ha sido deficitaria en cuanto a las recompensas.

Incluso antes de la guerra comercial, las compañías chinas enfrentaban tarifas significativas al exportar a Estados Unidos, incluso algunas de las cuales se remontan a antes de que China se uniera a la Organización Mundial del Comercio el 2001. Es poco probable que estas tarifas sean removidas como resultado de las negociaciones, lo que es crítico.

Muchas de estas tarifas son conocidas como antidumping duties (medidas para evitar la producción bajo el costo), las cuales son aplicadas cuando un producto es vendido en Estados Unidos a un precio determinado que se considera legalmente como muy bajo. Estas tarifas son casi dos veces más altas que las que la administración de Trump ha aplicado durante la actual guerra comercial, hasta ahora.

En el fondo, China no quiere parecer como que se está doblegando frente a la presión de Estados Unidos, en circunstancias en las que ya enfrenta tarifas significativas y probablemente no negociables.

Por lo tanto, a no ser que Estados Unidos decida ofrecer a China algún tipo de recompensa, como reducir estas obligaciones, las conversaciones acerca de los términos de intercambio sin duda van a continuar paralizadas o van a avanzar poco.

3. Mucho sufrimiento para tan poca ganancia

Los costos de la guerra comercial hasta ahora han sido altos, pero podrían volverse mucho peores. Y eso podría disminuir las probabilidades de terminala.

Hasta ahora los consumidores estadounidenses quizás no han sentido las alzas de tarifas ya que estas están distribuidas entre miles de productos y, en algunos casos, han sido absorbidas por compañías estadounidenses, por razones de competencia. Sin embargo, a cada estadounidense esto le ha costado cerca de 11 dólares por mes, según un reciente estudio hecho por economistas del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, la Universidad de Columbia y la Universidad de Princeton, lo que no es insignificante.

De hecho, la administración Trump proporcionó inadvertidamente una prueba ideal para el cálculo de estos costos cuando le impuso una tarifa a las lavadoras importadas en enero. Resulta que cerca de 1.800 trabajos fueron creados en Estados Unidos como resultado de su política, lo que fue exactamente el efecto deseado. No obstante, el aumento del precio de las lavadoras e, incidentalmente, las secadoras, ha costado a los consumidores cerca de US $1.500 millones. Esto significa que cada trabajo ha costado US $815.000, lo que representa una cara e ineficiente estrategia para impulsar la empleabilidad en Estados Unidos.

Y aunque quizás los consumidores no hayan notado las alzas de tarifas hasta ahora, probablemente sí sentirán el impacto de las que Trump aumentó el 10 de mayo. El presidente también dijo que planea poner nuevas tarifas a una que otra exportación china en los próximos meses si no se llega a un acuerdo. Esto probablemente curvaría el crecimiento económico a la mitad porcentual en 2020 y llegaría a costar 300.000 trabajos, según Oxford Economics.

Con la acumulación de nuevas tarifas, y el paso del tiempo, la necesidad de mayores concesiones por parte de China para justificar estos costos se vuelven imperativos, a la vez que también se convierten en menos probables de alcanzar. Esta es la razón clave por la cual los economistas concuerdan casi de forma unánime en que las guerras comerciales no son fáciles de ganar, a diferencia de lo que Trump dice.

Más a menudo, no todos pierden.

Leer el artículo original de The Conversartion en inglés.

Greg Wright es profesor asistente de la Universidad de California, Merced.

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