[Voces Lectoras]

Las familias damnificadas esperan viviendas, subsidios, apoyo social y una gestión pública eficaz, no una misa. La diferencia parece obvia, pero no siempre lo es para quienes consideran que sus convicciones personales pueden proyectarse naturalmente sobre toda la sociedad.

Los recientes temporales que afectaron al país, con al menos 13 personas fallecidas, más de 3.500 de damnificados y cuantiosas pérdidas económicas, vuelven a recordarnos que la crisis climática no pertenece al futuro: ocurre aquí y ahora. Cada inundación, cada incendio forestal y cada desastre que golpea a nuestras comunidades evidencia el costo de décadas de decisiones territoriales que ignoraron el valor de los humedales, bosques y demás ecosistemas que mitigan estos eventos.


