Sr. Director,
La ministra de Desarrollo Social tiene todo el derecho a asistir a misa, rezar o profesar la religión que estime conveniente. Lo que no corresponde es que, investida de su cargo, convoque a una ceremonia religiosa para pedir por la recuperación de las familias afectadas por los temporales. Esa no es una función del Estado.
Las familias damnificadas esperan viviendas, subsidios, apoyo social y una gestión pública eficaz, no una misa. La diferencia parece obvia, pero no siempre lo es para quienes consideran que sus convicciones personales pueden proyectarse naturalmente sobre toda la sociedad. Precisamente para evitar esa confusión existe el Estado laico: no para excluir la religión del espacio público, sino para impedir que una autoridad ejerza sus funciones como si representara una fe y no a la totalidad de los ciudadanos, y menos en horas de oficina.
Confundir ambas cosas no fortalece la institucionalidad; la debilita.
Atte.
Rodrigo Reyes Sangermani





Comentarios
Añadir nuevo comentario