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Viernes, 2 de Enero de 2026
Entrevista

Manuel Antonio Garretón: “Hay que reconocer que la izquierda, en general, no tiene un proyecto para este tipo de sociedad globalizada”

Nicolás Massai D.

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Foto cedida por Manuel Antonio Garretón.

El sociólogo plantea que no es momento para hacer autocríticas sobre el gobierno. Lo que se debe realizar, según él, es un tiempo de reflexión en donde se plantee las direcciones que va a tomar el sector de la izquierda, ante una derrota estrepitosa como que la obtuvo en las urnas en la pasada elección presidencial, frente a José Antonio Kast.

Manuel Antonio Garretón responde esta videollamada desde su escritorio. Tiene varias fotos acumuladas en libreros y un montón de libros. Interferencia lo contactó para hablar sobre el futuro de la izquierda en el país y en el mundo, pero el sociólogo y Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2007 se explaya en diferentes temas.

El futuro de la izquierda, la derecha de José Antonio Kast y el gobierno del político derechista son algunos de los temas que se abordaron en esta entrevista.

¿Es necesario volver a un momento de pensar doctrinariamente al sector?

–Yo creo que el primer momento es de reflexión, causas de derrota y qué se hace ahora. Y eso tiene dos dimensiones. Una de corto plazo, y otra de más largo plazo. La de corto plazo es hasta que termine este gobierno. Yo creo que la tarea fundamental es buscar la mejor manera de apoyarlo para que se pueda completar aquellas cosas que han quedado incompletas y que sean posibles de completar. Pero, sobre todo, para ir pensando la estrategia respecto de lo que va a ser la izquierda como oposición. Aquí hay un punto clave, que es la mantención de la unidad de lo que fue la candidatura de Jeannette Jara. Eso es algo impresionante en la historia de Chile: sectores que no son de izquierda, que son de centro, que ya no tienen un centro orgánico, es la coalición que representa la democracia en Chile, que ahora tuvo una derrota. Una candidatura presidencial, liderada por alguien que viene del PC, que no es el PC de la época de la Unidad Popular, que era el partido más ordenado, más cercano y más compenetrado de la misión que tenía, con menos divisiones internas y menos debate sobre cómo tenía que ser la vía chilena, etc. Liderar ese partido, que está dividido, y que ahora tiene la oportunidad precisamente por lo que fue el liderazgo de Jara, de pasar a lo que fue el PC antes, lo que fue el eurocomunismo, pero ya 50 años después. Ya no es cuestión de decir que vamos a ser solo eurocomunistas, porque hoy día no sirve para nada en el sentido de que estamos en otra época. Pero la importancia que tiene es que se trata de un partido que por lo menos entiende que no hay futuro para el país de transformaciones si no es en democracia, atacando todas las formas de violencia. Eso yo creo que Jara sí lo expresaba. Ese es el problema del largo plazo. Esa es la segunda tarea. Hay que reconocer que, en general la izquierda en el mundo, salvo en algunos países, no tiene para este tipo de sociedad, globalizada, y actualmente con dos polos –que son Estados Unidas y China–, no tiene un proyecto para esa sociedad.

¿Cómo se puede abordar esta falta de proyecto para la sociedad?

–Los proyectos de izquierda, en general, son proyectos pensados para las sociedades industriales, donde la cuestión central era la superación del modelo de desarrollo, que era el capitalismo. Pero hoy día tenemos –y ahí yo tengo una discrepancia con la concepción marxista– un modo de producción distinto, con un modelo de desarrollo que sigue siendo capitalista y que trata de adaptarse a eso. Hoy día no tenemos una sociedad referencial, ni una propuesta de modelo de desarrollo alternativo, porque las bases de la sociedad es otra. Esta es una transformación del modelo industrial en términos de la sociedad digital, y del mundo digital, y estamos metidos en eso. Las sociedades, los estados y los sujetos individuales. Los sujetos individuales hoy día no pertenecen a una clase, aunque haya un principio. Pero ya no pertenecen a una clase social. Entonces hay otra forma de agrupación, que tiene un componente de clase –puede serlo–, pero hay que verlo cómo. Antes se decía: socialismo supera capitalismo, y todo los otros elementos que quedan subordinados se van a resolver. Hoy día eso desaparece. En una sociedad que se está transformando permanentemente, día a día. Recuerdo la frase de Carlos Monsiváis, "no comprendo este mundo, y cuando lo comprendo, ya pasó".

¿Qué debe mantener la izquierda como conglomerado, entonces?

–Yo creo que aquí hay un punto central que, uno, es la izquierda que tenemos que mantener en términos de una gran coalición que represente el bloque contrario contra la derecha que se impone, que es una derecha unida y que es una derecha que está hegemonizada por su sector más autoritario y que va a seguir siendo hegemonizada por su sector más autoritario, porque las tendencias mundiales van en ese sentido. Ese es el punto, cómo se organiza una oposición, cómo se mantiene esa unidad en el entendido que hay una posibilidad de que haya estrictamente una regresión conservadora y autoritaria, como era Kast hasta el día de su discurso. Personas como Longueira nos dicen que triunfó Jaime Guzmán. Y Guzmán era fundamentalmente un hombre conservador y no demócrata, que no creía en la democracia. La manera como él define el papel de la Constitución, y el camino político, es decir, 'hay que crear un sistema institucional en el que, si perdemos, los que ganen tengan que hacer lo que nosotros queremos'. Y eso está escrito. Y modelo económico ya tienen. Y tienen el modelo del orden para convocar gente, y eso se encuentra con una gran cantidad de gente que quiere orden, y que no tiene, a diferencia de otra época, una ideología clara porque nació en la época en que la ideología y los proyectos ya han perdido fuerza.

¿Cuáles son los desafíos de la izquierda?

–La tarea de la izquierda es constituirse como un bloque opositor, que entienda y pueda discernir el momento en que el grupo gobernante, la derecha, pasa a su proyecto real, que es un proyecto de regresión autoritaria, y de regresión conservadora, pero que hay un momento, el inicial, en que eso todavía no se ha desencadenado totalmente. Hay que ir preparando para eso una coalición. Cuando la UP fue derrotada por el Golpe Militar, lo primero no fue empezar a encontrarse culpas. Y los que lo hicieron cometieron un grave error. Lo primero era que había que salvar las vidas, las instituciones, las organizaciones, con un llamado que fuera más allá de sí mismo; el tema de los derechos humanos y la relación con la iglesia significó el reencuentro con el centro. Entonces, yo creo que ahora no tenemos una dictadura, entonces hay que buscar una forma de oposición, y sobre todo pensar en cómo nos organizamos en una oposición, más que entrar a hacer la autocrítica. Después de la caída de la UP, se empezó a hacer una autocrítica uno o dos años después. Claro, había pequeños grupos que se echaban la culpa, pero el trabajo intelectual y los partidos empezaron a hacer esta reflexión. Con ese 40% que tenemos, y con todos estos partidos, cómo organizamos la oposición, independientemente del camino que tome la derecha.

¿Y cuál es el proyecto futuro?

–Preservado este conjunto de organizaciones, el tema del proyecto futuro. Eso significa entender que ni los proyectos actuales, ni los actores actuales, bastan. Por eso yo he planteado la idea de los estados generales. Es decir, sin disolver nada, generar procesos como fueron la renovación socialista en la época de la dictadura, que eran encuentros de todos los partidos, con gente independiente, artistas, intelectuales, dirigentes sindicales, dirigentes en clandestinidad, que era un conjunto de reflexiones, en que no se tomaban decisiones, pero que se va creando una base en que todos se sienten que están creando algo. Y después se verá la manera de organización. A diferencia de otra época, no tenemos el sujeto. ¿Cuál es el sujeto de las transformaciones, de los proyectos? El sujeto popular hoy en día está en otra cosa. Pero el sujeto popular vota por la derecha.

A eso quería llegar. El sujeto popular vota por la derecha, o por el PDG. ¿Cómo conectaron con estos sectores con el sujeto popular?

–En términos estrictos, no hay un sujeto popular. No hay el pueblo, hay muchos pueblos. Hay sectores del pueblo que se constituyen como suma de sujetos individuales, apoyando a uno u otro sector. En la época clásica, del siglo pasado en Chile, el sujeto popular estaba organizado en torno a los partidos de izquierda, y también de los partidos de centro. De hecho, hay que pensar en lo que fue el campesinado en la época de la Reforma Agraria, aunque parte importante del campesinado seguía votando y seguía siendo de derecha. Y de hecho, hasta el día de hoy, en los sectores rurales, la derecha obtiene su mayor votación. Pero uno podía decir, claro, había un actor de clase media, uno de derecha, y uno del mundo de izquierda que correspondía más bien a los sectores populares, y esos sectores sociales se correspondían con partidos políticos.

¿Y cómo es hoy día?

–Hoy día no es así. Entonces, los partidos políticos ya no representan, salvo, quizás, en el caso de las derechas, pero es un conjunto de partidos, y tampoco tiene un sector que permanentemente lo vaya a apoyar. Yo creo que esa es la estrategia actual de Kast, porque, a diferencia de las derechas autoritarias de otros países, todas las latinoamericanas y la italiana, y Trump, son derechas nuevas. Llevan bastante tiempo, pero son nuevas. Esta derecha no es nueva. Es la derecha que se constituyó en dictadura. Es la única derecha gobernante que se constituyó en dictadura. Es como si la derecha que apoyó a Hitler hubieran estado después de la Segunda Guerra Mundial en el poder, porque fueron constituidos ahí. Y lo más importante de entender, es que esta derecha es constituida ahí, en la dictadura, con alguna gente que se pasa, que estaba en el otro bando pero que pasa inmediatamente a ser hegemonizada por la derecha constituida en la dictadura. Todos los partidos de derecha se constituyeron en la dictadura, unos por creación –la UDI– y otros por transformación de lo que había sido la antigua derecha, que ya se había empezado a transformar en una derecha autoritaria en defensiva, cuando viene la Reforma Agraria.

¿Cómo es esta derecha, entonces?

–Tenemos aquí una derecha que tiene un referente, tanto político como de proyecto económico y social, y que entonces no puede, después de lo que fue la derrota de la dictadura en el Plebiscito, y lo que fueron los más de 30 años de democracia, no puede volver a decir 'hay que volver a la dictadura militar', pero sí tiene los referentes. ¿Cuál es el referente cultural? Tiene un proyecto económico, que lo invoca a partir del principio del orden, del miedo. Esta no es una derecha democrática, aunque haya derechistas demócratas. Y ese es un sector que ofrece básicamente orden.

¿En qué está pensando la derecha?

–Ocurrió lo que pasa en todos los países, que se vota en contra el gobierno que está al mando. Y la derecha es consciente de eso, y por eso lo que hoy día está pensando –y eso demuestra el discurso de Kast– es en una unidad nacional, es la idea de hacer de la derecha lo que fue la Concertación para el centro y la izquierda. El gran tema es si la derecha puede tener la capacidad de generar esta hegemonía, como lo generó la Concertación, que le duró cuatro períodos, y eso es el sueño de Kast.



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