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Lunes, 30 de noviembre de 2020
[El domingo político en la TV]

Análisis post plebiscito: La aritmética del poder se rompió

Vagabundo Ilustrado (@vagoilustrado)

Captura de pantalla: resultados plebiscito CHV Noticias

Captura de pantalla: resultados plebiscito CHV Noticias
Captura de pantalla: resultados plebiscito CHV Noticias

Ni el país estaba dividido, ni polarizado, ni la mayoría de la gente quería lo que muchos de los paneles políticos de la TV decían que la gente quería. Y es que 8 de 10, no representan a un país dividido, más bien, grafica a una mayoría abrumadora que exige un país más representativo, más justo, con más derechos sociales, y donde la aritmética del poder no imponga de nuevo que 2 son igual o más que 8. La gente volvió a hablar, y esta vez, en un plebiscito que tuvo carácter de histórico.

En el colegio se nos enseña la división, una operación básica de la aritmética que consiste en separar en partes iguales un total. Para saber si una división es correcta, se multiplica el resultado (cociente) por el divisor. Por ejemplo, 10 ÷ 5 = 2, por lo tanto 2 multiplicado por 5 da como resultado 10. Hasta ahí todo bien.

Entonces, cuando se nos señala que hay un país dividido (y polarizado), poco y nada se entiende, pues 2, no son  la mitad de 10. 

Lo que quedó en evidencia este domingo 25 de octubre, es que la mayoría absoluta del país (8 de 10), aprobaron y votaron -en las mismas reglas del juego establecidas por una minoría históricamente sobrerrepresentada-, terminar con la vieja Constitución y hacer un nuevo pacto social, pues el actual está roto. Y además, 8 de 10 optaron por prescindir de los actuales actores políticos tradicionales por no sentirse representados, ni tenerles confianza, de modo que gente nueva -elegida entre la ciudadanía- redacte esa nueva Constitución y de paso a un nuevo pacto social.

Según datos del Servel del 99,81% de mesas escrutadas; Un 78,27% optó por el “Apruebo” (una nueva constitución), y sólo un 21,73% por la opción “Rechazo” (mantener la actual). Y un 78,99% eligió la opción “Convención Constituyente” (100% elegida y paritaria), y sólo un 21,01% se inclinó por la “Convención Mixta” (50% parlamentarios en ejercicio, y 50% ciudadanos). 

Por casi un año se discutió en torno a este plebiscito, que fue la salida institucional a una crisis social, gatillada por la inequidad, la poca representatividad de esa misma institucionalidad, y la represión sistemática que, tras correrse el velo y exigerse el modelo, se presentó ante el mundo de manera brutal, tal como lo avalan ya varios informes internacionales en relación a la violación generalizada de los DDHH en Chile. 

Y algo de esa sensación de profundo malestar social se vio este domingo durante las distintas coberturas que los canales de televisión hicieron del proceso eleccionario. A la alta participación, aún más llamativa en plena pandemia, con voto voluntario, y una serie de restricciones so pretexto de protocolos sanitarios, que ni el propio ministro de salud respetó cuando hizo un punto de prensa dentro del local de votación -cosa expresamente prohibida por el protocolo que el SERVEL junto con el Minsal establecieron-, aún con todo aquello, la participación de la gente fue histórica, superando en casi 500 mil votos la de la pasada elección presidencial donde ganó precisamente el actual presidente Sebastián Piñera. Resultando ser la elección de este domingo, la con mayor participación desde 1993. 

La cobertura de la TV:

Durante la jornada del domingo, los micrófonos de los canales volvieron a abrirse para la gente común. Allí, en medio de largas filas, la gente expresaba su rabia, su razón para -a pesar de la pandemia-, ir a votar con la esperanza de que las cosas por fin cambiarán. En Valparaíso, un periodista preguntaba a una señora en la fila cuánto tiempo llevaba esperando para votar; “30 años”, le respondió ella

Hombres y mujeres, varios visiblemente emocionados, daban cuñas ante un ejército de periodistas que, similar a las primeras semanas del estallido social, ponían nuevamente sus micrófonos y escuchaban atentos lo que estos tenían que expresar. Esos mismos micrófonos que después del 25 de noviembre –del acuerdo institucional- volvieron a guardarse y restringirse para “los políticos profesionales”, los de siempre, y que cuando vino la pandemia, restringieron a los expertos –un poquito- y las vocerías de los partidos políticos tradicionales, cuota mediante, que volvían a hablar de todo y nada, de epidemiología, farándula, del tema de moda, o la desaparición de alguna persona que, en virtud del rating, entregara réditos electorales.

En Ñuñoa un adulto mayor hablaba de la desigualdad, en Maipú una mujer se emocionaba junto a su hija pequeña sobre el país que le heredaría. En La Florid,  largas filas esperaban poder decir: Basta. En Concepción un grupo de personas protestaba ante las cámaras por “los presos de la revuelta social”, en Antofagasta gente denunciaba la contaminación, y así, cada quien tenía algo que decir y rabia que soltar. Víctimas de la represión que perdieron su vista a manos de Carabineros como Fabiola Campillai, daban sus razones para votar ante las cámaras, mientras Gustavo Gatica votaba y llamaba a cambiar Chile. La tele volvía a conectarse con esa realidad, al menos por un rato.

Y cuando las primeras mesas comenzaban a ser escrutadas y los resultaron comenzaban a salir, las calles se manifestaron. Tanto en Plaza Dignidad, epicentro y símbolo de las protestas, como en poblaciones de la periferia y en las regiones, donde la alegría de los bocinazos daban cuenta del contundente triunfo de una ciudadanía, de una campaña que, con menos del 20% de recursos que la otra (que por lejos más dinero puso), logró ganar, a pesar de todo, incluyendo el oportunismo de partidos y políticos que representaron (y muchos hasta el día de hoy siguen representando), todo aquello que la mayoría expresa querer cambiar. 

Pero en los set de televisión, la mayoría de los canales optó por tener a los mismos rostros y las mismas voces de siempre; representantes de los partidos políticos con representación parlamentaria. Y ya entrada la noche, cuando hubo que hablar del triunfo categórico de esa ciudadanía que rechazó que esos políticos redactaran la nueva Constitución, nuevamente los canales de televisión (la mayoría) insistieron con aquellos rostros y voces de siempre.

Estado Nacional” (TVN) y “Mesa Central” hicieron su formato habitual, con paneles cuoteados políticamente. Nuevamente esa polarización artificial de “Bloque A, versus, Bloque B”, se instalaba. Con ellos, los rostros políticos del “Rechazo” matizaban la derrota y hasta planteaban lo que venía por delante y los acuerdos que con el otro bloque, debían hacer. Así, en un friccionado debate de lo que supuestamente expresaba la votación, se enfrentaban en TVN el exministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre, con el analista y pareja de la Diputada Hoffmann, Gonzalo Müller. 

En Canal 13, Marcela Cubillos -uno de los más prominentes rostros del "Rechazo"- incluso deslizaba cuestionamientos a la legitimidad de la elección, señalando que casi la mitad de gente del padrón electoral no había votado. Eso, a pesar de que el gobierno del que fue ministra, salió elegido con menos votos que los que se totalizaron este domingo. Mientras Felipe Kast discutía colérico con un Gabriel Boric que, asumiéndose como parte de esa clases política que hoy es el problema, planteaba lecturas y propuestas dentro de la institucionalidad para ese cambio, sumándose a veces la presidenta de la UDI, Jacqueline Van Rysselberghe, y la aparición -en un bloque previo- del presidente del PS, Álvaro Elizalde.

Por su parte, “Tolerancia Cero” (CHV- CNN Chile), en la tarde, optó también por un formato clásico de debate con representantes políticos a dos bloques (más panelistas estables). Y en la noche, decidió enfrentar a los dos mejor posicionados candidatos presidenciales según las actuales encuestas; Daniel Jadue y Joaquín Lavín, en lo que resultó -salvo algunos momentos donde la fricción y el choque de cosmovisiones generó algo de tensión-, en un deslavado y plano debate, donde el alcalde de Recoleta, pareció más preocupado en darle preponderancia al plebiscito y lo que este señalaba respecto al modelo a cambiar, que es lo que había decidido este domingo la gran mayoría de la gente. A eso se sumó un Lavín insustancial y cada vez menos reconocible políticamente, que hoy lleva la ambigüedad a límites surrealistas en ese empeño obsesivo, en el cual ya lleva décadas, de seguir vigente y en carrera. 

Mientras, La Red, apostó por un programa-franja de análisis (un Pauta Libre más extendido), matizando con rostros y voces del mundo social como el vocero de NO MÁS AFP Luis Mesiona, o el doctor Kong -figura crítica al manejo de la pandemia por parte del Minsal- entre otros/as. Pero también, con el morbo de entrevistar a José Antonio Kast y Diego Schalper, rostros de la campaña del “Rechazo” quienes, sin mucho más que decir, terminaron en largos silencios y con un dejo de hastío por parte de las periodistas que enfrente, no tenían a alguien con quien sostener un debate o entrevista fructífera, siendo además, acusadas por el líder del partido Republicano, de "sesgada", exigiendo que en el panel de periodistas, hubiese la mitad de gente del "rechazo", hecho que generó molestia en el equipo del programa con el excandidato presidencial de la extrema derecha.

En lo medular, los medios tradicionales y sus programas de contingencia política, volvieron a su formato habitual, a codificar y establecer el relato de una realidad que los comienza a superar. Programas que en líneas gruesas, carecen de voces comunes y pluralidad, particularmente del mundo social, aquellas no provenientes de partidos tradicionales e institucionalizados. Y esa desconexión, como quedó demostrado este domingo, ya se resiente.

En gran medida, y a juzgar por cómo trataron el plebiscito varios de esos canales las últimas semanas, y cómo se enfocaron –la mayoría-  en la violencia de las últimas protestas alrededor del monumento al general Baquedano, en algunos casos, abiertamente criminalizando y asociando a la opción “Apruebo” con la violencia y el caos con una batería de  imágenes “dantescas”, como lo hablé en mi anterior columna (que pueden revisar acá), pero que, en medio del descrédito de los medios, poca recepción lograron en la ciudadanía, según evidenció el resultado final de plebisicito. Así, los grandes medios, salvo contadas excepciones que mantuvieron ciertos marcos periodísticos que hoy por hoy se agradece, fueron en esta pasada, también los grandes perdedores del plebiscito, quedando más en evidencia que la crisis es estructural y generalizada, y que pasa por la desconfianza y escepticismo que la mayoría de la ciudadanía tiene con las instituciones ligadas al poder, ese poder que tiene espacio asegurado en esos programas, mismo poder que ha sido indolente y que ha cristalizado una impunidad que corrosivamente, y por largo tiempo, fue carcomiendo las bases de ese pacto social hasta romperlo, pacto que además fue  impuesto y que hoy la mayoría reclama hacer de nuevo, ojalá, de la manera más transparente y representativa posible.

Entre los datos arrojados en este último plebiscito, de las 346 comunas que existen en Chile, la opción "Rechazo" ganó sólo en 5 de estas: Vitacura, Las Condes, Lo Barnechea, Antártica y Colchane. En el resto del país, la opción "Apruebo" se impuso, en algunas partes, por una abrumadora mayoría. Demostrando la profunda fractura social y desigualdad existente, No es azaroso que las 3 comunas más acomodadas del país, y donde ganó el "Rechazo", coincidan donde reside la mayoría de los ejecutivos empresariales y de los grandes medios de comunicación, De nuevo: 5 comunas no equivalen a 346, esa polarización o división del país en la que insiste el relato de varios medios y dirigentes políticos, es ficticio, irreal y violento. 

Pero caben serias dudas de que la élite de este país, ensimismada, logre comprender a cabalidad lo que pasó la noche de este domingo, y corre el riesgo de que, ante la eventual percepción generalizada de traición y el profundo escepticismo al proceso constituyente, todo termine por explotar y no haya salida institucional posible, porque esa opción, esa carta, ya la utilizaron, y la ciudadanía la tomó este domingo y dio su parecer. de manera contundente y abrumadora.. Este país no aguanta más esa aritmética del poder, donde el 20% le impone su visión a conveniencia al otro 80%, y luego te muestra en la TV que eso es equivalente y propio de un país "dividido."

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