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Lunes, 8 de marzo de 2021
Cambio de mando en Estados Unidos

Así se preparan las capitales de los estados de EE. UU. para posibles asaltos trumpistas a sus congresos

Jennifer Earl
The Conversation

Paul Weaver/SOPA Images/LightRocket via Getty Images

Paul Weaver/SOPA Images/LightRocket via Getty Images
Paul Weaver/SOPA Images/LightRocket via Getty Images

El medio estadounidense The Conversation entrega 4 claves para la protección de los distintos parlamentos en EE. UU. ante la amenaza de ataques violentos para la inauguración del periodo de Joe Biden como presidente

El 6 de enero, los estadounidenses presenciaron un fallo letal y alarmante en la planificación y en el control policial del Capitolio. El FBI falló en hacer sonar sus alarmas de inteligencia, incluyendo no alertar una docena de terroristas en lista de vigilancia que viajaron a Washington D.C. el día de la invasión al parlamento de EE. UU.

La Policía de Parques Nacionales de Estados Unidos, la policía de Washington D.C. y la Guardia Nacional -quienes colectivamente custodiaron la protesta "Salvemos 'América'" que tuvo lugar antes de la invasión al Capitolio - se desviaron de las técnicas comunes de manejo de multitudes al permitir a los manifestantes utilizar astas de banderas y otros artículos que posteriormente se emplearon como armas.

También falló la policía del Capitolio en tomar en serio amenazas de supremacistas blancos y otros simpatizantes de Trump. También se quedaron cortos en planificación de contingencia, una dotación adecuada de personal y la utilización de equipamiento adecuado. 

Como experto en vigilancia policial de protestas y violencia política en Estados Unidos, entiendo por qué las agencias en Washington D.C están avergonzadas por sus errores y sienten presión para hacerse cargo de forma más seria de la inteligencia en casos de amenazas violentas durante la inauguración del gobierno de Joe Biden el 20 de enero. 

La inauguración de un nuevo presidente es un evento nacional de seguridad especial en Washington D.C., una designación oficial que implica la entrega de más recursos y de planificación interagencial.

Sin embargo, otras ciudades a lo largo de Estados Unidos también enfrentan el riesgo de violencia.

Riesgo para otras ciudades

El FBI dice que tiene información de inteligencia sobre amenazas de violencia a congresos en estados a lo largo de Estados Unidos durante la próxima semana. La entidad expandió sus advertencias para incluir también otros edificios de gobierno e, incluso, casas de parlamentarios.

Los parlamentos de distintos estados ya fueron atacados en múltiples ocasiones durante el 2020. Manifestantes antimascarillas invadieron el congreso de Michigan durante abril para protestar contra medidas sanitarias para el Covid-19. Manifestantes de derecha en Oregon, a los que supuestamente les permitió la entrada a la casa de gobierno de aquel estado legislador simpatizante de sus ideas, atacaron a policías y dañaron propiedad del parlamento. Y, por supuesto, también hubo un plan fallido para secuestrar al gobernador de Michigan, Gretchen Whitmer, y así derrocar al gobierno del estado. 

Estos riesgos fuera de Washington D.C. podrían verse aumentados gracias a la dificultad a la que se verán enfrentados los activistas de extrema derecha y supremacistas blancos que busquen entrar a la capital para recrear lo que ellos llaman su “momento de 1776”, el cual refiere a la declaración de independencia y busca vincular a los insurgentes con una especie de revolución estadounidense.

Algunos legisladores han presionado para que los manifestantes que protestaron en Washington D.C. para la toma del Capitolio sean puestos en la lista para no volar en avión, lo que prevendría cualquier viaje comercial en Estados Unidos. Airbnb anunció que cancelaría y bloquearía todas las reservaciones en la capital durante la semana de inauguración del periodo de Joe Biden.

Otras partes de la evaluación podrían ser menos obvias. 

Por ejemplo, un estudio de las sociólogas Gilda Zwerman y Patricia Steinhoff muestran que grupos radicales que experimentan con la violencia pueden fragmentarse al ser fuertemente vigilados por la policía.

En lo años 60, por ejemplo, la Nueva Izquierda - un movimiento político enfocado en derechos civiles y la oposición a la guerra de Vietnam - se enfrentó a una vigilancia importante del FBI y de policías locales. Los Estudiantes por una Sociedad Democrática (ESD), conocidos por su activismo anti guerra, terminaron por fracturarse. Antiguos miembros del ESD ayudaron a crear el Weather Underground, un movimiento que bombardeó edificios de la policía y otros objetivos.

Si estos y otros grupos en EE. UU., Japón, Alemania e Italia sirven de guía, dos cosas probablemente ocurrirán a quienes apoyaron la toma del Capitolio.

Una es que los trumpistas que no estaban interesados en la violencia -. o que simplemente no quieren meterse en problemas - pararán de participar en incursiones a edificios de gobierno u otras actividades ilegales. Sin embargo, esto hará eco entre quienes se mantengan activos, impulsando un espiral de violencia en estos grupos.

Segundo, grupos más pequeños y de militancia extrema pueden escalar en cuanto a sus planes, eligiendo tácticas más violentas. Esto incrementaría su sensación de ser grupos revolucionarios, profundizando sus lazos a medida que ponen a prueba su compromiso.

Enfrentarse con agencias policiales con menos experiencia en control de multitudes o manifestantes que la presente en Washington D.C. y hacerlo en un terreno más familiar puede ser atractivo para quienes están comprometidos con la violencia. Esto es especialmente cierto cuando los espacios públicos en la capital están ciendo cerrados y el área está siendo inundada con la Guardia Nacional y la policía.

Cómo los estados se pueden preparar

Las fuerzas del orden en los distintos estados tendrán que movilizarse y compartir información, experticia y recursos para proteger vidas durante la inauguración e, incluso, después.

Basado en mis estudios y los de otros expertos en intentos exitosos de frenar actos violentos, estos son los pasos que han funcionado y que podrían ser considerados por líderes de estado.

1. Compartir la información de inteligencia

Tomarse en serio y compartir ampliamente información de inteligencia acerca de amenazas potenciales de la extrema derecha. Un gran contribuyente a la mala protección del Capitolio el 6 de enero fue el fracaso de las policías en creer y diseminar información confiable de inteligencia  A major contributor to poor Capitol policing on Jan. 6 was law enforcement’s failure to believe and disseminate credible intelligence sobre personas que lucían como ellos y que pueden haber apoyado a su institución en el pasado.

2. No reprimir protestas pacíficas

Enfocarse en quienes están equipados para la violencia. La invasión al Capitolio no es una justificación para vigilar y reprimir a otros grupos de forma más dura, sea durante o después de la inauguración de Biden. Reprimir a manifestantes no violentos es una violación a los derechos consignados en la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.

3. Buscar explosivos

Puede que se encuentren explosivos cerca de puestos de comunicación críticos y otros lugares mediante la utilización de perros rastreadores de bombas, video vigilancia y otras herramientas. Un explosivo bien posicionado puede echar abajo las comunicaciones de un área amplia, dejando a los números de servicios de emergencias inaccesibles. Las bombas son una de las herramientas favoritas de insurgentes dado que pueden ser fabricadas en casa y porque una persona puede causar daño significativo.

4. Plan for more personnel if necessary

Muchas agencias de policía local tienen acuerdos de asistencia mutua con otras agencias locales, y los gobernadores pueden también activar a las tropas de la Guardia Nacional.

Los líderes de estado que se ocupen de estos problemas – tal como algunos ya lo han hecho – y se anticipen en su planificación tienen mejores chances de evitar una invasión a sus propios Capitolios.

 

Jennifer Earl, profesora de sociología, Universidad de Arizona.

Este artículo fue republicado desde The Conversation bajo licencia de Creative Commons. Lea acá el artículo original.

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