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Domingo, 1 de Agosto de 2021
Ex presidente de Argentina

Carlos Menem: luces y sombras del peronista neoliberal que experimentó el amor y el odio de sus compatriotas  

Manuel Salazar Salvo

Menem

Carlos Menem con Xuxa. Ella era mucho más alta, pero él siempre se las arreglaba para figurar más grande.
Carlos Menem con Xuxa. Ella era mucho más alta, pero él siempre se las arreglaba para figurar más grande.

Le gustaba resplandecer, transformarse en el centro de las miradas, codearse con las grandes figuras del mundo. Fue, al igual que Maradona, el más argentino de los argentinos. Ascendió al poder en medio de la admiración de todos y lo dejó entre broncas, escándalos y repudio. Al morir, la mayoría de la prensa y de los políticos chilenos destacaron su preocupación por mantener buenas relaciones diplomáticas con los gobiernos de La Moneda, pero, al otro lado de la cordillera, su figura no fue tan bien recordada.

Hijo de inmigrantes sirios musulmanes sunnitas, abogado, ex basquetbolista, ex futbolista, ex boxeador, ex actor de teatro, piloto de autos de carrera y de aviones, rugbista frustrado, ideólogo de la revolución productiva, jugador de tenis, católico apostólico romano, devoto de la virgen de Luján y del dulce de chocolate, coleccionista de ponchos y de zapatos blancos, jinete de caballos con manchas negras, ex presidente de la Argentina entre 1989 y 1999, nombró como secretario de Estado a un peluquero y el 26 de mayo de 2001 se casó con la chilena Cecilia Bolocco, ex Miss Mundo. Desde 2005 hasta 2021 fue senador nacional, en representación de la provincia de La Rioja.

Carlos Saúl Menem bailó tango con Hillary Clinton en la Casa Blanca; abrazó y besó a Madonna, a Xuxa, a Claudia Schiffer; se paseó muy garboso por los salones del palacio de Buckingham; jugó tenis con Gabriela Sabatini, fútbol con Maradona y golf con George Bush. Hizo que los Rolling Stones lo visitaran en su residencia de Los Olivos y grabó un disco compacto con Charly García. 

A los 71 años, tras su última presidencia, estuvo  preso en su domicilio bajo los cargos de "asociación ilícita"; para vender 6.500 toneladas de armas y municiones a Ecuador y Croacia entre 1991 y 1995. 

Carlos Menem era el primogénito de Saud Menehem y Mohibe AkiI. Nació el 2 de julio de 1930 en Anillaco, en el Departamento de La Rioja, una región desolada, de clima abrasador y suelo seco, semejante a la tierra Palestina. 

Saud llegó en 1912, de 14 años, al puerto de Buenos Aires procedente de Yabrud. Su hermano mayor, Mahmud, vivía en La Rioja desde 1906. Juntos se dedicaron a la venta de baratijas a lomo de mula y gracias a su astucia y al ahorro se transformaron en prósperos comerciantes 

Fundaron un almacén y la bodega El Velazco, multiplicando sus bienes gracias a la usura. Cuando Saud cumplió 35 años regresó a Siria para casarse con Mohibe, una joven de 15 años, musulmana y de muy buena posición económica. Luego, tras Carlitos, el preferido materno, nacieron Munir y Eduardo. 

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Menem con su madre a mediados del siglo XX.
Menem con su madre a mediados del siglo XX.

Carlos se transformó en un joven bajo, delgado y de mirada profunda. Su mayor anhelo era ser galán de cine, un protagonista estelar de la farándula y la bohemia. Por las noches recorría los prostíbulos, jugando a los naipes y a la taba, bailando tangos, susurrando a las minas arrabaleras las letras de los boleros de "Cuco" Sánchez y de Los Panchos. 

Ostentoso y extrovertido, piropeador y coqueto, le gustaba que sus vestimentas chillonas fueran el centro de las miradas. 

Su madre trató de aquietarlo enviándolo a la Acción Católica. A los 18 años, Carlos empezó a leer la Biblia y asistir a la iglesia donde ayudaba como monaguillo en las misas. 

Apenas recibido de bachiller se marchó a estudiar Leyes a Córdoba. Allí tuvo el primer acercamiento con el peronismo cuando, en 1951, su equipo de básquetbol ganó la copa de los "Campeonatos Evita", y el general Juan Domingo Perón y su esposa le entregaron el trofeo. 

En 1955 regresó con el título de abogado a La Rioja, instaló su estudio en una habitación de la casa paterna y se transformó en defensor de presos políticos. 

El gran amor

Poco después conoció a Ana María Luján, una morena de 26 años recién separada y con dos hijos. Ella pertenecía a una familia acaudalada y conservadora de la provincia, pero militaba secretamente en el peronismo. 

Menem comenzó a dejar crecer sus patillas. En 1957 fue nombrado presidente en la clandestinidad de la Juventud Peronista de La Rioja y mientras compartía apasionadas noches con Ana María, vislumbró que estaba entrando en la senda de la fama y el poder. 

Saud y Mohibe deseaban para Carlos una esposa árabe, virgen, de familia reconocida, que pudiera casarse de blanco y darle muchos hijos.

En 1964 los padres de Menem decidieron volver de visita a su tierra natal. Carlos los acompañó en un viaje de seis meses, de los cuales pasó cuatro en Siria y dos recorriendo Europa, incluyendo una escala en Puerta de Hierro, donde el empresario argentino de origen sirio Jorge Antonio lo presentó ante Perón. 

En Damasco lo impresionó una muchacha rubia y ondulante, Zulema Fátima Yoma, una riojana que estaba viviendo circunstancialmente allí porque su madre había querido volver a morir en su tierra. 

Tras un noviazgo a distancia de dos años, en 1966 se casaron por poder en Chilecito. Pero ni así Amín Yoma -un próspero comerciante en pieles y cueros que le llevaba 36 años a su esposa Chaba Gazal- dejó a su hija regresar sola a la Argentina. Cobró fuerzas y la acompañó: el 7 de septiembre fue el compromiso, con intercambio de anillos, y el 10 de octubre el casamiento musulmán en el Club Sirio Libanés. Esa misma noche Carlos se escapó de la fiesta para arrojarse en los acogedores brazos de su amada Ana María. 

Tres décadas después, cuando Menem ya era presidente, Ana María Luján ocupó en la Casa Rosada un despacho de asesora presidencial, con rango de secretaria de Estado. Después pasó a ocuparse de las relaciones comerciales con Taiwán. Poco después del 2000, recibía una jubilación de 3.600 dólares, vivía en un lujoso duplex en el barrio de La Recoleta y agasajaba a su viejo amor con comidas árabes. Hasta mediados de esa década, Menem la visitaba una vez al mes, por lo que fue apodada "La Aduana paralela". 

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La familia Menem Yoma.
La familia Menem Yoma.

Luego de subir peldaño a peldaño las escaleras del justicialismo en La Rioja, Menem se convirtió en su gobernador entre 1973-1976, 1983-1987 Y 1987-1989. Su cabello largo y las grandes patillas eran su sello distintivo, el de su lucha, el de su identidad, el de su populismo. Se las quitó poco después de asumir la Presidencia por primera vez. 

Años de cárcel 

En 1976, su primera gobernación fue interrumpida por el gobierno militar, que lo detuvo hasta 1981. Permaneció confinado en un buque fondeado en el Apostadero Naval de Buenos Aires, y más tarde en el penal de Magdalena. Allí las condiciones de detención eran más llevaderas. Los domingos había asado con vino y circulaba ya entonces Armando Gostanián -dueño de la quinta donde ahora está detenido Menem- dando rienda suelta a su compulsión de distribuir regalos, que en ese momento eran camisas de su fábrica Rigars. 

Un año y cuatro meses después de ser detenido, Menem abandonó el penal y pasó al régimen de "domicilio forzado": debía residir en forma permanente fuera de su provincia. Eligió Mar del Plata. Allí, además de frecuentar el restaurante El Viejo Pop, hizo amistad con el almirante Eduardo Massera, quien quería lanzar su candidatura presidencial apoyado en el peronismo. Compartió la mesa con el boxeador Carlos Monzón, la vedette Susana Giménez y el cómico Alberto Olmedo. El empresario teatral Carlos Spadonne acercaba otras mujeres de los espectáculos nocturnos. 

Tras 19 meses de "domicilio forzado", Menem regresó libre a Buenos Aires. Pronto viajó a La Rioja y reinició su actividad política, aunque le estaba vedado. Esto irritó al gobierno militar, que lo detuvo en su departamento de Cochabamba, el único bien declarado cuando llegó a la Presidencia en 1989. Se le decretó un nuevo domicilio forzado: Las Lomitas, un aislado poblado a 250 kilómetros de Formosa. 

Luego de unos días detenido en un cuartel de Gendarmería, Menem fue alojado en la casa de la familia Messa, donde mantuvo un romance con Marta, una maestra rural hija de sus anfitriones, que dio lugar al nacimiento de Carlos Nair, quien nunca fue reconocido por su padre. Con el tiempo, la peronista Marta se convertiría en una diputada justicialista. 

Al salir de aprehensión, Menem se convirtió en el referente de la renovación peronista y luego se alió con la burocracia sindical y la estructura derechista de su partido para ganar en las internas presidenciales de 1988. 

A los pocos meses de asumir el poder, Menem ya era considerado por el clero y los altos oficiales del Ejército como un hijo de sus propias legiones, los empresarios lo adulaban y trataban de fotografiarse a la luz de su aureola. Llegó al poder creando en Argentina una nueva cultura y el país lo aplaudía. De acuerdo con sus códigos importaban más el fin que los medios, el éxito que los sacrificios, los privilegios más que la solidaridad", ha dicho el escritor y periodista Tomás Eloy Martínez. 

Quizás los argentinos ya no se acuerdan de su primer mandato, cuando Carlos Saúl Menem rescató la economía argentina; pulverizó una hiperinflación que llegó al 4.900 por ciento; privatizó los servicios públicos; fijó la paridad del peso argentino con el dólar; aplacó a los sindicatos; normalizó las relaciones con el Reino Unido después de la derrota en la  Guerra de las Malvinas y acercó los vínculos con Estados Unidos hasta el punto de que su ex canciller Guido Di Tella dijo que estos eran "carnales". 

Eran los días de la "pizza con champán", los trajes de paño brillante, colores pastel y zapatos bicolor. Las horas de esplendor cuando los políticos mostraban soberbiamente sus casas a las revistas de farándula, se mezclaban con las vedettes del momento y el consumismo estaba en su apogeo. 

Carlos Saúl Menem, era el hombre que iba a las playas en su flamante Ferrari Testarrosa a 150 kilómetros por hora y con escolta policial, y que indultó a los militares presos por las atrocidades contra los derechos humanos cometidas durante la dictadura. 

Debacle económica 

Menem dejó al fin de su gobierno más de cuatro millones de desempleados (18,9 por ciento) producto, entre otras cosas, de las consecuencias devastadoras de la crisis del peso mexicano y del denominado "efecto Tequila". Una evidencia demasiado contundente de la debilidad de su aparentemente pujante economía liderada por su ministro de Hacienda, Domingo Cavallo. 

Entonces, los escándalos de corrupción ya le pisaban los talones, y él, impertérrito, parecía caminar sobre ellos sin que lo tocaran. 

"Su década en el poder fue como un gran dormitorio de puertas abiertas. Todo el mundo se enteraba de sus peleas matrimoniales, con su cuñada, con los hijos, con Zulema. Todo el tiempo estuvieron ahí, a la vista de todo el mundo", escribió el analista político argentino Rosendo Fraga. 

"Las grandes pasiones de Menem fueron siempre las mismas: los deportes, el poder pero, sobre todo, las mujeres, los viajes y los automóviles", comentó el historiador Gabriel Christian Taboada. 

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Domingo Cavallo. el ministro de Hacienda de Menem, con Henry Kissinger, feliz con el modelo económico elegido por el gobierno argentino.
Domingo Cavallo. el ministro de Hacienda de Menem, con Henry Kissinger, feliz con el modelo económico elegido por el gobierno argentino.

Algunos de sus más cercanos colaboradores recuerdan que cuando Menem terminó de leer "El general en su laberinto", de Gabriel García Márquez, se sintió el libertador Simón Bolívar, y empezó a regalar copias autografiadas de la novela. 

Otros cuentan que en la cumbre de su poder político repetía a menudo "El Estado soy yo", parafraseando a Luis XIV, el llamado rey Sol de los franceses con su "El Estado fui yo". 

El caso que hundió a Menem 

Entre agosto y octubre de 1991 el presidente Carlos Menem; el ministro de Economía, Eduardo Cavallo; el de Defensa, Ermán González y el canciller Guido di Tella, firmaron los decretos 1697 y 2283 para vender 6.500 toneladas de armas y municiones de guerra a Panamá, un país que no tenía fuerzas armadas desde la invasión estadounidense en 1989. La millonaria venta se realizó a través de Debrol, una empresa fantasma propiedad de Diego Palleros, un teniente coronel retirado del Ejército y conocido traficante de armas. 

Todos sabían que Panamá era un destino falso para cubrir al verdadero destinatario: Croacia, aliado de EE.UU. en la guerra de los Balcanes, que necesitaba armas en forma urgente y sufría un embargo militar de la ONU. 

Según un artículo de la revista Gato Pardo, Washington había dado al gobierno de Menem luz verde para armar a Croacia, país que había alineado su política exterior a la administración Clinton. Así, entre 1991 y 1995 seis barcos de la empresa Croatia Line partieron desde el puerto de Buenos Aires llevando consigo cientos de contenedores cargados de armas rotulados como repuestos. 

El operativo marchó sin contratiempos hasta febrero de 1995 cuando un nuevo pedido de armas llegó a manos del interventor de Fabricaciones Militares (fábrica de armas del gobierno argentino), Luis Sarlenga. Se trataba de 8.000 fusiles FAL y 75 toneladas de municiones con destino a Ecuador. 

Sarlenga negó en principio el pedido porque Argentina era garante de paz en un conflicto limítrofe que entonces mantenían los dos países por el control de parte de la cordillera del Cóndor. Pero el entonces cuñado del Presidente Menem, Emir Yoma, le ordenó a Sarlenga realizar el despacho para lo cual se emitió un nuevo decreto: el 103 que establecía a Venezuela como destino falso de las armas. 

El contrabando de armamento hacia Ecuador fue denunciado en 2001 por el periodista del diario argentino Clarín, Daniel Santoro. tras lo cual se iniciaron una serie de investigaciones. 

Sarlenga fue acusado y detenido por contrabando de pólvora para cañones con destino a Croacia pero el 6 de abril de 2001, abandonado por sus antiguos aliados, Sarlenga rompió un pacto de silencio guardado por seis años y confesó no sólo su participación en el contrabando de armas sino los nombres de los involucrados. 

Su testimonio fue tomado por el juez Jorge Urso como la pieza central de un proceso que implicó al ex presidente Carlos Menem como jefe de una "asociación ilícita" integrada por cuatro de sus ministros, que permitió el tráfico ilegal de armas y se lucró con su venta. 

El regreso del Jedi

Aunque Menem dijo que no extraña la Casa Rosada ni la residencia de Olivos, se apresuró a anunciar que volvería a la presidencia en el 2003. Sus intenciones desataron una nueva polémica. 

Menem y sus mujeres exponían su vida íntima en público. Zulema Yoma supo desafiarlo cuando confesó en 1999 que había abortado. "Lo hizo con la adversidad que significa ese anuncio en momentos en que el menemismo predicaba las posiciones del Vaticano", según la feminista Mabel Bellucci. 

Marcela, una estudiante de Derecho, vivió con Carlos Menem un apasionado romance que duró tres años. Ella tenía 28 años, un cuerpo armonioso, mientras su amante estaba en los 64. Nunca había estado con un hombre tan mayor y con tanto poder. Él preparó el momento de manera especial. 

Esa noche estaban solos en la residencia de Olivos. Menem le acarició la mano y el pelo. Fue apasionado y a la vez muy tierno. Encendió velas en el dormitorio y puso música clásica. "Ningún hombre, en la intimidad, me trató como Carlos Menem. Me hizo sentir como una reina", afirmó. 

Menem era un amante dedicado y celoso, a quien las mujeres no olvidan. Las vedette Amalia "Yuyito" González, Thelma Stefani, Noemí Alan, Beatriz Salomón, Ana Brodsky, Eva Gatica, Nora AJí, Maia Swarovsky lo recordaban cariñosamente. 

"Fuerza, no aflojen", les dijo el 2 de julio de 2001 un emocionado Carlos Menem a quienes festejaron su cumpleaños 71. Su ex colaboradora, María Julia Alsogaray, le regaló una virgencita "para darle esperanza". 

Tan reanimado quedó el "prisionero" de Don Torcuato que, tres días después, lanzó su candidatura a senador por La Rioja, anunciando "el regreso del Jedi".

La amapola chilena

A comienzos del siglo XXI el periodista trasandino Zelmar Lizzardi, histórico redactor de la agencia UPI en Buenos Aires, escribió una nota que reproducimos a continuación:

Voló Carlos Menem a Chile en misión oficial cuando aún era el mandatario argentino. Fue un viaje rutinario como tantos. Habló con su colega Eduardo Frei de negocios y anécdotas. Jugó al golf, comió exquisiteces, bailó cueca y se mandó unos piscos. 

Pero en la obligada recepción ofrecida en la embajada de Argentina, sucedió lo inesperado: estaba el presidente coqueteando con señoras maduras cuando de repente apareció Cecilia Boloco. Fue verla y cambiarle la cara. Saltó y se puso a la orden. 

Charlaron, se intercambiaron piropos y rapidita ella se consiguió un viajecito a Buenos Aires para entrevistarlo en su nuevo programa de televisión. 

Dicen los presentes que fue amor a primera vista. Menem, un caballero, le susurró al oído haciendo gala de sus conocimientos de historia: «del árbol de O'Higgins sólo pueden caer amapolas».  

Poco después ella llegó a la Casa Rosada. Enfundada en un trajecito de mujer seria medio escotado para que vean que no es tan seria, la Bolocco se le presentó con cámaras, micrófonos y un montón de preguntas. 

Era viernes y de pronto el presidente dejó caer la preguntita: 

-Cecilia, ¿qué tenés que hacer el fin de semana? 

De ahí en adelante todo fue fanfarria y persecución de la escolta policial. 

Menem la subió al Tango 02 (el avión presidencial) a un acto en Córdoba por el Día del Maestro y esa misma noche el galán incansable se la llevó al casamiento de la hija de Julio Nazareno, el presidente de la Suprema Corte de Justicia. 

Al otro día, se fueron al cumpleaños del diputado Antonio Cafiero, en Lomas de San Isidro, con payasos, varios corderos y un vagón de whisky. 

El momento cumbre fue cuando Menem la sacó a bailar el tango "Como dos extraños". iAh ... lo que fue eso! Ahí quedó sellado el amor. 

Al día siguiente, Menem se despertó como un toro y arrancó con la Cecilia derecho para Anillaco. 

-Yo te voy a dar mariscos-, le dijo antes de subir al avión. 

Al regreso, la Bolocco, cayéndose a pedazos, declaró: «ehhh ... Ani ... ¿qué? .. ah, es un lugar muy bonito, ... el lago, sí. .. el embarcadero». 

El domingo de noche en La Rioja se festejaba el triunfo del gobernador justicialista Angel Mazza. El inagotable Menem olió fiesta... y allá partió a robar cámara con la chilena a cuestas. Llegó y salió al balcón de la sede de gobierno en típico gesto peronista. Y en un momento, llamó a la Bolocco y la arrimó al costado. 

Lo menos que dijeron los analistas es que generó una crisis de Estado y que a poco de las elecciones la oposición quedó desconcertada. 

Pero una cosa es cierta: el hombre es humano. Y sabe divertirse. Al final, la dejó ir, con una flor en la mano. 

-Chau Ceci, saludame a O'Higgins-, le dijo Menem. 

Concluye mañana

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